Con Jorge Fandermole

Alguna puerta a la maravilla

La nueva fecha del ciclo Rueda, este viernes, a las 21 horas, en la sala Hugo Balzo del Auditorio del Sodre, tendrá como protagonista al cantautor santafesino Jorge Fandermole. Pocos días antes de este concierto, el artista dialogó con Caras y Caretas sobre su relación con Uruguay, sus expectativas para esta actuación y, sobre todo, acerca del valor de la canción como medio expresivo abierto a un extenso abanico de formas de significación

Por A.L.

 

Uno. Contrario al imperio férreo de las leyes físicas, lo musical se erige como ese territorio donde los opuestos pueden dirimir sus diferencias con una legislación que libera los confines del sentido de lo contingente, de lo previsible, de lo evidente. Aquello que parece sencillo e intuitivo, en tal dominio no excluye la precisa acción de la técnica como variable constructiva fundamental. Lo que resulta sensual, físico o conmovedor en la superficie sonora no siempre niega sus virtudes a la exploración racional, a que los interpretantes lógicos hurguen y descubran otra fascinación en las cualidades de sus estructuras formales.

Tal cualidad, que trasciende las constricciones del producto musical comercializable, industrial, se goza con una sencillez única en la obra del creador santafesino Jorge Fandermole. Sea en vivo, sea en la interpretación registrada para un disco, sus canciones ponen en saludable tensión los opuestos: son directas y aprehensibles en su apariencia pero con un interior no evidente, en el que pulsa una sabia búsqueda en lo poético y en las posibilidades formales de lo musical. Un camino creativo que conjuga dos universos de cualidades que se desmarca del mainstream cancionístico regional, abreva sin pintoresquismos de giros y estilos tradicionales a la vez que impregna su lenguaje de una modernidad decantada, sin la presión de la obsolescencia programada.

Si fuera necesario dar al menos una prueba de esto, se podría apelar a su ‘Oración del remanso’, un hito del cancionero popular de la región, sea en la interpretación del compositor en el disco Navega (Shagrada Medra, 2002), en los registros en vivo que circulan por YouTube o en las versiones que han hecho varios reconocidos intérpretes como Liliana Herrero –que es una de las versiones más conmovedoras–, entre otros. Y ahí aparece condensada esta única y a la vez compleja cualidad: un inefable estado gana la percepción hasta encender cada poro, mientras opera por debajo una ingeniería poético musical que termina por componer un paisaje geográfico y humano entrañable, inundado de colores, formas, sonidos, pero que no es ajeno al dolor, al estremecimiento (“Llevo mi sombra alerta / sobre la escama del agua abierta / y en el reposo vertiginoso del espinel, / sueño que alzo la proa / y sube la luna en la canoa / y allí descansa / hecha un remanso / mi propia piel”).

Esta noche, Fandermole vuelve a Montevideo para presentarse en una nueva fecha del ciclo Rueda, producido por el Festival Música de la Tierra (a las 21 horas, en la sala Hugo Balzo del Auditorio Nacional del Sodre). Será un encuentro con el periodista Diego Bernabé y un espacio íntimo para revisitar, al menos, un segmento del extenso repertorio de Fandermole.

 

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Dos. El formato de este ciclo, dice Fandermole, plantea alternativas difíciles de definir de antemano. “Uno desearía armonizar los climas de la entrevista y el repertorio, pero siempre hay un grado de incertidumbre por la espontaneidad de ese diálogo y de lo que de él pueda surgir”, lo que lo convierte en algo particularmente estimulante.

De la entrevista, sigue, espera que redunde en un mayor conocimiento de su arte en el público local. “Íntimamente desearía por un lado lograr claridad en lo que se trate y, lo más importante, poder transmitir alguna singularidad, si es que uno la tiene. La vida de cada uno tiene alguna puerta a la maravilla, tal vez, con suerte, se pueda mostrar algo de eso”.

 

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Tres. Sus canciones, fue dicho, han sido versionadas por artistas muy disímiles, como Juan Carlos Baglietto, Mercedes Sosa, Liliana Herrero, Ana Belén, Aca Seca Trío, entre otros. De esas experiencias, ¿qué aspectos nuevos le ha descubierto a sus composiciones? ¿Qué espera que ocurra con el proceso creativo implicado en una versión?

“Una versión –explica– siempre supone una diferencia dentro de la misma identidad de la obra; el intérprete hace la diferencia con su voz, que es una parte corpórea de su interioridad. Siempre espero sorprenderme, y eso realmente ocurre en muchos casos, sobre todo en aquellos cuyas voces son impúdicas porque no se guardan nada de lo propio. También está ese azar fantástico que opera en los arreglos, ya que ahí, generalmente, se suman unas cuantas sensibilidades”.

Más que una conjunción formal y estructural de letra y música, la canción activa un universo simbólico abierto y a la vez singular, poderoso, que media en estados afectivos, emocionales, procesos sociales e intelectuales. ¿Cuál es la clave de ese poder? ¿Por qué la canción puede movilizar las memorias individuales y colectivas con una simplicidad no igualada por otras manifestaciones sociales o artísticas?

“La observación es muy certera, pero la respuesta no me parece muy accesible, por lo menos desde mi territorio, donde prevalecen las dudas y las preguntas. Tal vez ese poder esté relacionado con la reflexión, con la imagen devuelta por la canción de nuestras propias ilusiones, luchas o deseos, desde tiempos y lugares cercanos o muy distantes, justamente a través de esa química que la vuelve como un tercer lenguaje, pero que tal vez logre su efecto, en parte, por la capacidad de atravesar lo cotidiano con el lenguaje poético en ese nivel que emociona, que unos sitúan en el corazón y otros en la corteza cerebral, que es donde la palabra canta”.

 

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Cuatro. Con varios proyectos en carpeta, Fandermole reconoce que su desafío más importante es estar atento a lo que le sigue interesando, “ya que ese terreno se va estrechando con la edad”. Y sigue: “Después está lo operativo: seguir tocando, seguir cantando, completar el repertorio para un disco nuevo, terminar los arreglos, grabar, producir, etcétera”.

¿Cómo articula su trabajo como docente con los de intérprete y compositor? ¿Cómo se retroalimentan estas actividades? “Lo más difícil es asignar tiempos, lo demás es sencillo; cada actividad abona un poco el interés en la otra. Cada año se encuentra uno con generaciones nuevas que vienen con sus propios universos y lenguajes, y si uno está atento, inmediatamente se refresca en estas nuevas intenciones”.

¿Cuáles son (o serían) los proyectos musicales uruguayos que más le han interesado en el último tiempo? “Los más cercanos son los de Ana Prada y Fernando Cabrera, a quienes admiro y disfruto mucho y me dejo influenciar sin el menor pudor, pero antes fueron Leo Maslíah, Eduardo Mateo (del que conozco sólo una pequeña parte de su obra) y Jaime Roos, y antes fueron Zitarrosa, y Viglietti, y antes Aníbal Sampayo y algo de Osiris Rodríguez Castillo. Esta lista excede la pregunta y está incompleta, y de ninguna manera significa que conozca las obras en su totalidad ni mucho menos. Pero a todos les debo una nota o dos, una o dos palabras emocionantes”.

Fander
Jorge Fandermole inició su carrera solista en 1982 y un año después lanzó su primer disco, Pájaros de fin de invierno. Esta fue la piedra de toque para múltiples proyectos, entre los que figuran sus siguientes fonogramas (Tierra, sangre y agua, de 1985; Primer toque, de 1988; Mitologías, de 1992; Los trabajos y los días, de 1993; Rosarinos, de 1997; Navega, de 1992; Pequeños mundos, de 2005), colaboró con una ingente cantidad de proyectos de otros artistas e incursionó en el campo de la docencia musical. Fander es el último título de su discografía, que fue galardonado con el premio Gardel como mejor disco de folklore alternativo 2015. Se trata de un álbum doble: el primer disco contiene un repertorio nuevo e inédito, excepto la canción ‘Hispano’, que fue versionada y registrada por el dúo Baglietto-Vital; el segundo reúne una colección de canciones que fueron editadas en los años ochenta –como ‘Caracará’, ‘Río marrón’, ‘Vidala de las estrellas’–, pero con revisiones en el plano arreglístico e interpretativo. Sobre esta edición ha dicho: “Este disco doble comenzó a grabarse en 2008, cuando aún era un proyecto de registro de viejas canciones. El tratamiento de las canciones obedece a una idea común: todas parten de arreglos básicos compartidos con Marcelo Stenta y Fernando Silva, sobre los que varios músicos queridos y admirados aportaron su particular sonoridad”.

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