Dolina vuelve a Montevideo

Cambió todo… y para mal

El giro político argentino fue duramente criticado por el escritor, músico y conductor radial Alejandro Dolina, que vuelve a Montevideo para realizar en vivo su programa La venganza será terrible, con dos funciones el domingo 27 de agosto en el Auditorio Adela Reta del Sodre.

Por Leo Nicolini

Semanas antes de su regreso a Montevideo con La venganza será terrible un ícono de las medianoches radiales en el Río de la Plata–, Caras y Caretas conversó con Alejandro Dolina sobre los treinta años de su programa, la cultura regional y la realidad política en Argentina.

 

Salió La venganza será terrible: 30 años; es un libro de recuerdos, contado por múltiples voces, por lo cual es difícil saber a quién reclamarle la devolución del dinero.

Es muy difícil realmente. Y me parece que ese es el punto, ¿no? La responsabilidad de un libro pertenece a aquel a quien tenemos que tocarle el timbre para pedir que nos reintegre nuestro dinero. En este caso no se sabe quién es. Yo he sido cómplice, evidentemente. Pero no el autor material. Los autores materiales son, como bien lo has dicho, multiplicidad de personas, y organizando todo esto está la editorial Planeta, que ha visto la posibilidad, me imagino yo, de hacer un buen negocio. De toda esta mezcla surge una responsabilidad colectiva. El libro que ha resultado es sí un libro de recuerdos, que bien examinados resultan falsos muchas de las veces. Yo suelo contar que al revisar el libro me encontraba con numerosísimas inexactitudes. Decía: “No, pero en realidad esto no ocurrió de esta manera, no estaba fulano sino mengano, no era este sino aquel, no era en aquel teatro sino en el otro”. Y me dispuse a encarar la corrección de todos esos recuerdos. En determinado momento me pregunté cuáles eran los parámetros que yo utilizaba para esas correcciones, y eran mis propios recuerdos. Ahora bien, ¿por qué pensar que mi recuerdo tenía que ser mejor que el de los demás? En principio porque yo estaba más cerca del asunto, pero no había una razón tan fuerte como para asegurar que siempre mis sensaciones iban a ser buenas, y malas las de los demás. Así que resolví dejar las cosas tal cual estaban, y siendo como es la memoria un género ficcional, resolví que quedara así. Si por ahí yo tenía alguna opinión muy contraria, a lo mejor he puesto alguna rectificación, pero no creo que sean más de dos o tres, y en realidad, al mirar los recuerdos, casi todos ellos presentan para mí algún tipo de imperfección.

 

No quiero usar el mote de “intelectual”, pero ¿te reconocés como una persona influyente en la manera de pensar de unos cuantos?

Influyente no. Intelectual probablemente sí porque yo trabajo con la inteligencia, pero yo no veo que eso influya para nada. Especialmente en mis colegas de las distintas radios. Yo no creo que el mundo de la radio argentina vaya para este lado. Creo más bien lo contrario. Yo no digo ni que esté bien ni que esté mal. Por suerte para la radio argentina el camino que sigue es otro. Pero yo no veo que haya programas que tengan esta misma preocupación que tenemos nosotros, y sí tienen otras, con programas casi siempre relacionados con la actualidad, tienen una teatralidad muy distinta a la nuestra. La forma de diálogo entre los participantes, los panelistas digamos, de los programas habituales de radio es enteramente distinta a la que utilizamos nosotros; gente que utiliza un lenguaje muy realista y que no pasa de una experiencia muy primaria, y cuentan durante 15 minutos acerca de a qué hora se levantaron, por ejemplo. Y eso con una gran inocencia. Están, desde el punto de vista popperiano, en una etapa precientífica. O sea, lo que es la crítica, el pensamiento crítico no aparece en ningún momento. El pensamiento crítico no quiere decir que nos estemos refiriendo siempre a la naturaleza del universo. A veces uno puede ser crítico en la definición del propio programa que está haciendo. O en el estudio de la propia comunicación que está haciendo. Hay que ser muy inocente para pensar que a alguien le interese a qué hora se levantó uno.

 

¿Alguna vez quisiste vivir en otro país que no fuera Argentina?

Sí, ahora.

 

¿Por qué se produjo ese giro en política económica y social muy pronunciado en Argentina?

Será por el cambio de paradigma, el neoliberalismo produce estas cosas. Es así de simple y de sencillo. Es una desgracia lo que ha ocurrido. Ha cambiado todo. Hay gente que ha empezado a perder su trabajo y otra que ha empezado a ganar menos, y se ha tomado ya una deuda impresionante, de la cual afortunadamente habíamos podido salir. Los paradigmas económicos son otros también; han desaparecido los subsidios a la producción y, en cambio, se han quitado las retenciones a los agroexportadores. Es decir, todo en general contribuye a una reducción del costo del trabajo, considerar el trabajo como un costo más y reducir ese costo, y todo esto genera, evidentemente, desigualdad. Pero eso no sería nada. Todo esto viene acompañado también, diría yo, de una gestualidad, de una teatralidad social que influye en la vida y la relación de los ciudadanos. Pensamientos y actitudes que nosotros creíamos superadas, pensamientos acerca de la represión, pensamientos acerca de las dictaduras, pensamientos acerca de las libertades que cada ciudadano debe recibir se han modificado, y las actitudes más reaccionarias han pasado a ser vistas como glamorosas y muy aceptables. Todo esto genera un trato social, una circunstancia social en Argentina bien distinta a la que vivíamos, y bastante áspera. Que uno suba a un taxi y aparezca un tipo que señale la conveniencia de matar a todos los delincuentes, supongamos, o de reprimir a todos los que reclamen alguna cosa metiéndolos presos. Todas esas demasías, que parecían bastante superadas en nuestros países, aparecen de nuevo, y mucho, y aparecen sugeridas con orgullo. Los conductores de taxis o las personas que uno conoce en la calle dicen: “Bueno, pero esta gente… hay que matarlos a todos”. Dicen así. Y es difícil. Eso produce todavía un daño supernumerario, después del daño económico, del daño social, aparece este daño que tiene que ver con la convivencia. Que la hace más áspera y hace que las personas que tienen, después de todo, una moral del conflicto social se sientan un poco escandalizadas.

 

Hay una cuestión de enmascaramiento, una moda del marketing político en la derecha, frente a un énfasis muy fuerte en el contenido ideológico de las propuestas neoliberales. Surgen un poco en ese seno actitudes recalcitrantes de la población.

Sí, actitudes que están naturalizadas, además, y forman parte del sentido común. Pero esto sucede en Argentina mucho peor que en otros lados. Claro, sucede más en los países en donde lo que podríamos llamar el progresismo perdió el gobierno. O sea, en la República Oriental no ocurre tanto, pero en Brasil y Argentina sí.

 

¿Tenés esperanzas de que se revierta la situación en Argentina?

Tengo esperanzas, aunque no indicios. Vamos a ver. Con el neoliberalismo la única posibilidad es que dejen el gobierno. Es decir, que en el próximo turno no ganen las elecciones y se pueda cambiar de gobierno. Va a quedar un campo destruido muy grande, pero es la única posibilidad de que esto termine. El neoliberalismo es así, funciona de esta manera. No es que haya un gobierno que cometa errores. No, en absoluto. Puede ser que cometa algún pequeño error de gestión en asuntos munícipes. Puede ser que, en asuntos municipales, después de todo construyan sendas para las bicicletas que nadie use. Bueno, eso podría considerarse un error de gestión. Pero, por lo demás, son todos aciertos. Aciertos para ellos, aciertos que benefician a los más ricos. Es un gobierno de los más ricos, y en ese sentido se maneja.

La venganza en el Sodre
Habrá dos presentaciones en el auditorio Adela Reta del Sodre el domingo 27 de agosto; una función a las 17 y otra a las 20 horas. ¿Quiénes van a participar? ¿Será un programa habitual? Van a estar Patricio Barton, Gillespi, va a estar el Trío Sin Nombre y voy a estar yo. Esos somos los que vamos a protagonizar el programa. Es básicamente el mismo que hacemos por la radio, pero, evidentemente, cuando lo hacemos en teatro hay una teatralidad aun mayor, pero que no es una sensación de algo inefable, sino que, por ejemplo, no hay pausas, no hay discos, las cosas musicales son cantadas allí, las canciones que corresponden a la charla central son cantadas en vivo. Y el programa comienza y se desarrolla sin pausas. Todo es corrido. Eso produce una mayor teatralidad, pero también la misma gente, con su presencia, los mismos ámbitos desmesurados –como en este caso el Sodre, con su extraordinaria concurrencia y con su realidad edilicia, que es tan sobrecogedora–, evidentemente, alteran los contenidos.

5 Comentarios en "Cambió todo… y para mal"

  1. Un genio Alejandro, y LVST es lo mejor!!!
    Salud en su regreso al Uruguay

  2. Escucho y fui a verlo a Dolina desde hace mucho tiempo. Lo encuentro muy
    inteligente con clara y brillante dicción, muy buena voz.Son pocas las oportunidades de Difusion en Montevideo.El programa de de radio en muchas
    oportunidades quisieron bajarlo de cartel.No entiendo la razon.
    Agosto de 2017

  3. Andate a vivir a otro pais viejo gaga

  4. Un personaje insoslayable. Representa parte de lo mejor de Argentina, un país lleno de artistas, intelectuales, investigadores científicos, tapados por la mediocridad y la idiotez. Idiotez que se consume y se imita, allá y acá, gracias a los canales de televisión privados y los ‘periodistas’ del escándalo y la farándula.
    Nuestro gobierno debería de una buena vez tomar medidas profundas sobre ese tema.

  5. Es inteligente Dolina. Y concuerdo con Kaploc

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