Carlos Quijano: testigo y forjador de una época

El doctor Carlos Quijano (Montevideo, 21 de marzo de 1900 – México, 10 de junio de 1984) es uno de los más importantes referentes en la formación de nuestra identidad nacional. Maestro de juventudes, precursor de la reforma universitaria, abogado, economista, político y maestro del periodismo, alcanzó la cumbre de su accionar con la creación del semanario Marcha. La legendaria publicación, que formó e influyó a varias generaciones, se editó entre 1939 y 1974, cuando fue clausurada por la dictadura, pero, a través de los Cuadernos de Marcha, llegó hasta el 16 de junio de 2001. Ahí escribieron los más importantes intelectuales uruguayos y latinoamericanos del siglo XX.
Por Carlos Luppi

En 1917, Quijano fundó con otros jóvenes reformistas el Centro de Estudios Ariel, militante en las luchas que se habían iniciado en la Universidad de Córdoba. En 1924 se recibió de abogado con Medalla de Oro y partió becado a Francia para estudiar Economía y Ciencias Políticas en La Sorbona, donde obtuvo su segundo doctorado. En París fundó la Asociación General de Estudiantes Latinoamericanos (Agela), de la que fue su primer secretario general, bajo el liderazgo ideológico de José Ingenieros y José Vasconcelos (de una generación anterior) y junto con personalidades como Víctor Raúl Haya de la Torre, Miguel Ángel Asturias, Juan Antonio Mella, Rómulo Bentancourt y Carlos Pellicer.

Regresó a Uruguay en 1928 y fundó la Agrupación Nacionalista Demócrata Social, junto con Arturo Ardao y Julio Castro, por la cual fue diputado en 1928. Su militancia política comenzó en el Partido Nacional, del que se separó para militar en la izquierda en 1958. En 1930 fundó el diario El Nacional, y más tarde –ya en lucha contra la dictadura de Gabriel Terra, de marzo de 1933– los semanarios Acción y Combate. En 1939 fundó Marcha, donde editorializaba sobre la actualidad desde la economía política. Sus influencias más notorias fueron José Enrique Rodó, Carlos Vaz Ferreira y, entre otros, Karl Marx. Señala Mario Benedetti: “En la redacción inicial estuvieron Francisco Espínola, Arturo Despouey, Lauro Ayestarán. La sección literaria estuvo a cargo, en distintas épocas, de Juan Carlos Onetti, Emir Rodríguez Monegal, Ángel Rama, Sarandy Cabrera, Arturo Sergio Visca, Mario Trajtemberg, Jorge Ruffinelli y yo mismo. En el cine hubo sobre todo un binomio crítico inolvidable: Homero Alsina Thevenet y Hugo Alfaro. En teatro: Carlos Martínez Moreno. En música, Mauricio Müller. Fueron colaboradores permanentes Zelmar Michelini y Héctor Rodríguez. Varios lustros después que Onetti, la secretaría de redacción fue ocupada por Eduardo Galeano. En el equipo más o menos estable de colaboradores participaron Mario Arregui, Mauricio Rosencof, Hiber Conteris, Carlos María Gutiérrez, Idea Vilariño, Omar Prego, Enrique Amorim, Cristina Peri Rossi, Milton Schinca, Gerardo Fernández, Manuel Flores Mora, Carlos Maggi, Alberto Methol, Washington Benavides, Silvia Lago, Jesualdo Sosa, Circe Maia, Manuel Claps. […] Entre los colaboradores latinoamericanos estaban Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, Augusto Roa Bastos, Ernesto Cardenal, César Fernández Moreno, Carlos Fuentes, Antonio Skarmeta, Alfredo Bryce Echenique, Manuel Puig, etcétera”. También escribieron allí Juan Pivel Devoto, Wilson Ferreira Aldunate, Héctor Borrat, Elina Berro, César Di Candia y Carlos Real de Azúa. Resulta fácil de entender que se hable de una “generación de Marcha”. En su libro Marcha de Montevideo, dice Luisa Peirano Basso: “Salvando las distancias […] puede decirse que Marcha llega a tener un impacto similar al que tuvo la Enciclopedia del siglo XVIII francés en la cultura y sociedad europeas de su época: conforma una nueva mentalidad que discute los fundamentos mismos de la tradición de la comunidad uruguaya y latinoamericana a partir de la segunda mitad del siglo XX. La Generación del 45, que tanto influye en la evolución cultural del Uruguay, es en buena medida causa y efecto de su enfoque cultural”.

En 1971, Quijano fue uno de los fundadores del Frente Amplio. En 1972 fue de los primeros en avizorar el avance militar y eso le provocó no pocas polémicas dentro de la izquierda. Enfrentó el golpe de Estado del 27 de junio de 1973 con numerosos e ingeniosos ardides, como publicar la frase “No es dictadura” como único título de la edición siguiente a la clausura del Parlamento. Como era de prever, comenzaron a sucederse las prohibiciones. La clausura definitiva del semanario por la dictadura se produjo el 22 de noviembre de 1974. Se hizo con el pretexto de la supuesta pornografía de un cuento premiado y publicado en Marcha (‘El guardaespaldas’, de Nelson Marra), y tras ella Quijano sufrió 81 días de prisión en el Cilindro Municipal junto a Marra, Mercedes Rein, Julio Castro y Juan Carlos Onetti. Allí dio clases a muchos presos políticos sobre economía política, su especialidad. Tras ser liberado, partió en 1975 al exilio mexicano, donde continuó la lucha y las tareas académicas (como catedrático en la Universidad Autónoma de México) y periodísticas.

Sus grandes preocupaciones fueron la viabilidad de Uruguay, su desarrollo económico y social, la lucha contra los imperialismos y totalitarismos, los dilemas del socialismo y la integración latinoamericana. Pero ningún campo del conocimiento y la acción humana le fueron ajenos: Marcha fue vanguardia en política, economía, literatura, teatro, cine y todas las disciplinas intelectuales. Combatiente contra dos dictaduras –la iniciada en 1933 y la de 1973-84– se caracterizó por la firmeza de sus convicciones y su capacidad de impulsarlas contra viento y marea. Le corresponden íntegramente las palabras que él acuñó sobre Leandro N. Alem: “Alem es un ejemplo cabal de que en política las únicas derrotas irreparables son las de los principios. Fue vencido en luchas cotidianas y pasajeras. Pero era siempre el vencedor. Y al correr de los años, sus fracasos efímeros se trocaron en una resplandeciente victoria”.

Durante su exilio mexicano redobló, si era posible, su capacidad de lucha contra el totalitarismo instaurado en Uruguay.

Murió el 10 de junio de 1984 en la noble patria hermana que recibió a tantos exiliados, en vísperas del fin de la dictadura contra la que tanto luchó. El 27 de junio de 1987, sus restos repatriados fueron trasladados con honores oficiales desde el Paraninfo de la Universidad hasta el Panteón Nacional, donde merecidamente descansan.

Quijano y los partidos tradicionales

El editorial ‘A rienda corta’, del 22 de agosto de 1958, refleja precisamente el momento de separarse del lema Partido Nacional. Allí señalaba: “Somos lo que hemos sido, desde que actuamos. Lo seguiremos siendo cualesquiera sean las denominaciones que se nos obligue a adoptar. Nacionalistas, en cuanto constituimos la fuerza con más categórica y permanente orientación antiimperialista que actúa en el país; en cuanto nos sabemos atados a través del turbión de las horas al federalismo artiguista; en cuanto somos los enemigos, no ya los adversarios, de la antipatria, de los extranjerizantes, de los intervencionistas que, quiérase o no, son en nuestras tierras la rediviva encarnación de los que trajeron las invasiones portuguesas, traicionaron a Artigas y rindieron pleitesía al conquistador lusitano; de los que más tarde, sombrero en mano andaban por las cancillerías europeas, reclamando el protectorado francés o inglés para nuestros pueblos; de los que, todavía más cerca nuestro, marcharon al flanco de los invasores del Paraguay, después de haber entrado al flanco de los invasores de la patria. Es el partido del extranjero que trabaja en las sombras. Suele distinguirse –sello en ocasiones inconfundible– por el uso y abuso que hace de las grandes palabras para ocultar sus mezquinos hechos. El partido, repetimos, de los antipatria que siempre enarbola, por desgracia, la misma cocarda”.

Quijano y el marxismo

Escribió Quijano: “Si alguna formación tenemos, ella no es otra que la marxista. A todo lo largo de nuestra vida, Marx nos ha ayudado a pensar. Nutrió en la época de las primeras y dilatadas lecturas, nuestra mocedad. Renán decía que el vino de las iglesias dejaba para siempre su aroma en el vaso. A Marx, una vez conocido, no se le puede olvidar. Marca e impregna. Volveremos siempre a él, para refutarlo, para contradecirlo, para negarlo; pero también para confirmarlo y confirmarnos”.

Marcha y los grupos conservadores

Quijano y Marcha fueron objeto de crítica permanente por parte del Partido Colorado y grupos conservadores (se recuerda una condena del entonces ministro de Julio María Sanguinetti, Luis Brezzo, contestada en Cuadernos de Marcha por José Manuel Quijano), con dos argumentos básicos: una actitud exageradamente crítica hacia todo y una supuesta negación a asumir tareas concretas, manteniéndose en una suerte de “Olimpo intelectual”. Según Aldo Mazzucchelli: “[Quijano] es el ícono principal de toda una época de Uruguay, y en él se resumen la desconfianza respecto del poder, pero también, como reconoce el mismo [Ángel] Rama, la marginación de las responsabilidades de conducción y realización de las actividades sociales […]. Da la impresión de que ha quedado hondamente marcado como supuesto ampliamente compartido por buena parte de la población que resulta ético decir siempre que no a todo, sin exponer la propia carrera al juicio de los demás, poniendo manos a la obra, y poniéndose en situación de equivocarse o de fallar, […] posición que se caracteriza por plantear permanentemente soluciones fáciles y mágicas atribuyendo siempre a los otros la culpa de todo lo que se considera malo en la vida del país […]”. Citado de ‘Manual para destruir un país liberal’, Posdata, marzo de 2002.

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