Desde el corazón de la tierra: CIDH exige liberación de Milagro Sala

En Jujuy, agosto es muy importante, es el mes de la Pachamama. Durante estos días el pueblo jujeño celebra esta tradición milenaria de las comunidades andinas originarias por la que se realizan ceremonias en la tierra, que recibe hojas de coca, tabaco, comida y bebidas en agradecimiento a lo que la Madre Tierra ofrece y con la esperanza de pedir para recibir lo que vendrá.

Por Cynthia García

 

El 1º de agosto, en la sede de la organización Tupac Amaru, en el centro de San Salvador de Jujuy, todo estuvo dispuesto.

Amautas (sabios) bolivianos dirigieron la ceremonia en el patio donde se cavó un gran pozo como expresión de la boca de la tierra abierta. El olor a incienso, mirra y especias daba cuenta de un trabajo previo de limpieza para después recibir las ofrendas de frutas, empanadas, humitas, dulces, cervezas, gaseosas y alcohol.

Dos piras de fuego acaloraban el fresco de un día plomizo que quemaba la coca, la leña y un ciclo terrenal. Luego de las ofrendas, cada quien se acercaba a la boca de la tierra abierta, arrojaba más comida y bebida y luego pedía lo que deseaba al grito final de ¡jallalla!, palabra que en lengua quechua-aymara une los conceptos de esperanza, festejo y buenaventuranza. Es una voz de fuerza para que se concrete lo pedido y a la vez establecer el compromiso de luchar para lograrlo.

La gran mayoría de los pedidos en esta celebración estaba dirigida a la libertad de Milagro Sala; el nombre de la dirigente seguido del grito ¡jallalla! se confundieron y resonaron por varias horas al unísono.

Allí, en ese espacio de tradición de pueblos originarios, se concentraba la resistencia de quienes viven la persecución política como un dato de su cotidianeidad y la expectativa por la resolución de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que ordenó la libertad de Milagro Sala, o al menos su detención domiciliaria o la libertad con fiscalización electrónica

 

La mirada puesta en el territorio

En la nota publicada el 2 de junio, esta periodista refería a la actividad de la CIDH en Argentina, cuando por esos días sesionó en el país, y planteábamos el evidente interés por la situación de Milagro Sala del organismo y del grupo de trabajo sobre detenciones arbitrarias de Naciones Unidas, quienes la visitaron dos veces en la cárcel. Lo propio hizo la CIDH para luego resolver sobre la medida cautelar planteada.

Luis Paz, abogado defensor de Milagro, plantea el alcance de la resolución: “Estamos con expectativas de que esta decisión de la CIDH se haga efectiva en el corto plazo; más allá de que le han otorgado al Estado argentino 15 días corridos”.

La expectativa del grupo de abogados está fundada en que ha sido una resolución contundente, ratificando además la decisión de Naciones Unidas del año pasado en la que claramente queda establecido el carácter de arbitrariedad de la detención de la dirigente.

Continúa Paz: “La CIDH plantea que la detención de Milagro obedece a una criminalización orquestada por el Poder Ejecutivo de la provincia de Jujuy contra una mujer indigenista y fundamentalmente una opositora al régimen político local. La Comisión Interamericana resolvió con la mirada puesta en el territorio”.

La visita a la cárcel de la Comisión Interamericana fue determinante y el organismo tomó referencia del carácter de dirigente que tiene Milagro a pesar de esta detención que ya lleva 565 días.

El presidente de la CIDH, Francisco Eguiguren, en entrevista con la periodista Alejandra Dandán para el diario Página/12, es contundente al decir que la Comisión, por regla general, rechaza este tipo de cautelares. Sin embargo, tuvo en cuenta el caso de Milagro Sala como algo excepcional porque “se trata de una dirigente social importante, de un caso que concita el interés y un debate en Jujuy entre los sectores que la apoyan y el gobierno provincial”.

Sobrevuela aquí la condición de líder social de Milagro y en ese debate que plantea Eguiguren no se puede soslayar un profundo odio de clase que pesa sobre ella por parte de un sector de la sociedad, odio apuntalado por oligarquías feudales que irradiaron rechazo y desprecio por los más humildes a los que Milagro resignificó representándolos, generando trabajo cooperativo y dirigiéndolos mediante un liderazgo maternal de raíces originarias.

En términos políticos, Milagro logró romper el bipartidismo histórico de la provincia, afectó los intereses de empresas constructoras vinculadas con el negocio habitacional, generando una red de cooperativas de construcción que creaba cuatro veces más trabajo que las empresas privadas y utilizando la rentabilidad excedente para la inclusión social a través de la construcción de centros de salud y escuelas.

Además, junto a la organización Tupac Amaru, fue fundamental en el impulso y avance de las causas de lesa humanidad.

Hasta 2011 Jujuy no había iniciado procesos judiciales de memoria, verdad y justicia, y con una marcha multitudinaria que hizo la Tupac Amaru junto a organismos de derechos humanos se logró la renuncia del juez federal Carlos Olivera Pastor, que frenaba los procesos de causas de delitos de lesa humanidad; a partir de entonces se nombró a Fernando Poviña, quien fue el primer juez que avanzó en la investigación de la complicidad civil de Pedro Blaquier, dueño del ingenio Ledesma, en la desaparición de personas durante la última dictadura (1976-1983).

Blaquier, además, financió la campaña de Gerardo Morales en 2015. Todo eso tal vez explique que el gobernador Gerardo Morales intentó eliminar a su rival político generando las condiciones de su encarcelamiento.

 

La furia de Morales

El gobierno provincial, a pesar de invitar formalmente al organismo internacional, puso todas las trabas posibles para que eso no ocurriera. Finalmente la CIDH, en su visita del mes de junio, se reunió con Morales, quien en las últimas horas, en un acto con el presidente Mauricio Macri en Jujuy, descargó toda su furia contra la resolución y las autoridades del organismo.

El presidente argentino llegó a la ciudad de San Salvador para realizar una presentación en la Federación Gauchesca y el “festival de la Pachamama”, una banalización de la auténtica celebración de los pueblos andinos.

El acto tuvo mucho de lo que critica en campaña la alianza Cambiemos: ómnibus, gente llevada, aparato político.

–¿Por qué vino al acto de Macri?

La señora tiene rasgos originarios, jujeños. A su lado, su hija, con un bebé en brazos. Responde: –Vine obligada, por el plan que la cooperativa le da a ella. Son 1.800 pesos.

–¿Lo votó?

–Sí, y a Morales, pero ahora estoy arrepentida.

En el acto Macri habló de “amor”, de “turismo” y de “aeropuertos”.

Afuera, sobre la colectora de la ruta, un grupo de obreros con cascos amarillos (los mismos que aparecen en cada puesta en escena para las pocas apariciones públicas del presidente) desdecían con sus caras los buenos pronósticos de crecimiento que se escuchaban por los altoparlantes.

Al pasar por allí esta periodista escuchó decir a uno de ellos: “¿Qué hacemos acá parados?”.

También nos topamos con un grupo que llevaba carteles contra el ajuste y con un hombre que portaba una pancarta con la leyenda “Me arrepiento de haberlo votado”.

Mientras, en el ámbito del acto y antes que Macri propusiera el amor como solución a todo, Morales descargaba su enojo contra el fallo de la CIDH: “Acabamos de pedirle a la Pacha para que nos ilumine para sostener la paz lograda, para que exista justicia en Jujuy. Es el cambio propuesto como pueblo, a pesar de la mala noticia de aquella resolución de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Son, los he visto y he hablado con ellos, se han terminado convirtiendo en una facción de burócratas que vive en Washington y no sabe cómo vivimos en Jujuy”, manifestó a los gritos.

Lo cierto es que la puesta en práctica del proceso de libertad de Milagro debería pasar por los carriles de notificaciones entre el Estado Nacional y el Poder Judicial de Jujuy –que tiene arbitrariamente detenida a la beneficiaria de la medida cautelar; las partes de este proceso, Argentina y la CIDH, están anoticiadas de la medida– y luego comunicar el auto de libertad a Milagro. Todo lo demás es dilación de un sistema de poderes que actúan en complicidad y el enojo del gobernador no hace más que refrendar que Milagro Sala está presa por la inoperancia para llevar adelante procesos democráticos de poder en el marco del Estado de derecho.

Con Milagro Sala “Me quiero encontrar a mí misma de nuevo”
Al hacer la fila para entrar a ver a Milagro al penal, una de las mujeres que trabaja en una escuela y venía a visitarla cuenta: “Las docentes están contentas por la salida de Milagro porque dicen que ella va a pelear para que les aumenten el sueldo”. Mientras tanto, en las cercanías del ingenio La Esperanza, y ante el inminente despido de 400 trabajadores, se realizaba el corte de la ruta nacional 34 en protesta por la situación y reclamándole a Morales que deje de hacer campaña echando gente. Hace unos días, un spot publicitario del gobernador planteaba que la única manera de “salvar” el ingenio era a través de los despidos porque, si no, no llegaban las inversiones para comprar La Esperanza. El estado provincial tiene una participación accionaria en el ingenio y Morales hizo campaña en 2015 prometiendo soluciones a una larga historia de emergencia y quiebra. En prisión, Milagro también realizó la celebración a la Pachamama. Afuera de las celdas, al aire libre, todavía está el humo del fuego que se quemó en la ceremonia y un círculo de papeles de colores con las ofrendas. Entrar a la unidad 3 del penal de mujeres de Alto Comedero, donde está detenida Milagro, requiere paciencia, soportar la revisación y una hilera de trámites y condiciones. El ritmo del servicio penitenciario, las puertas siempre cerradas con pasadores y candados, las distintas postas para preguntar los mismos datos: nombre, documento, ocupación, los gritos de las carceleras llamando a las detenidas por el apellido, avisándoles que están llegando las visitas. El nieto de Milagro, un niño de aproximadamente diez años, espera detrás de la reja, juega con una pelotita. “Me puse perfume”, dice como para sí mismo. Las puertas se abren, el nene pasa corriendo: “¡Sala! ¡Sala!”, grita, como las carceleras, pero en su ritmo infantil aliviana el aire pesado del encierro. Su abuela aparece, le sonríe, lo envuelve en un abrazo que seguro dejará huellas. Todas las visitas nos abrazamos con Milagro. Ella agradece en esas fusiones corporales sin fisuras e invita a la mesa que ya se está armando. La familia trae alimentos, se preparó comida también en el penal; los cubiertos y los vasos son de plástico. El mesón de cemento queda rodeado, también están allí las otras compañeras, presas políticas, integrantes de la Tupac que comparten la prisión con Milagro. Ella come algo de pollo y es una buena noticia porque su estado de salud preocupa. Adelgazó mucho en la cárcel, los ojos negros enormes en el rostro delgado, el pelo de india largo, raya al medio, con una trenza que le cae sobre la espalda. Lo primero que Milagro dice es que en Jujuy los medios han sido víctimas de Gerardo Morales: “Lamentablemente en Jujuy todos los medios nos golpearon. Los medios han sido víctimas de Gerardo Morales porque para obtener pauta publicitaria la condición era golpear a Milagro”. Por momentos Milagro habla en pasado, como si ya no estuviera presa, siente como muy duros todos estos meses, no solo por los compañeros y compañeras de la Tupac que están en la cárcel, sino porque Morales se dedicó a perseguir y destruir a la organización: “Destruyeron el barrio [el que construyó la Tupac Amaru]; antes no había droga y ahora corre como agua”, dice mientras acomoda en la mesa más empanadas para los visitantes, que la escuchamos atentas. Sobre el fallo de la CIDH cuenta que no quería atender a su abogada Elizabeth Gómez Alcorta que la llamaba: “Me quedaba una sola llamada [de las cuatro que puede realizar por día] y yo quería llamar a Raúl [su esposo] en la noche para recordarle que tome su medicamento. Le digo a la celadora: ‘Que llame más tarde’”. “Pero es urgente –me repetía–. Al final fui y era la noticia de la resolución. Fue una sensación bonita, sentí una pequeña luz de justicia”. Sin embargo, Milagro siente que no se va a ir contenta de la cárcel porque quedan sus compañeras en prisión: Gladys Díaz, Mirta Aizama y Mirta Guerrero permanecen en el penal de Alto Comedero, al igual que Graciela López, una mujer luchadora que puede soportar el encierro porque se siente una presa política desde el primer día. Graciela cuenta que vio un gran operativo el día lunes: “Todos los jefes del servicio penitenciario estaban reunidos porque se decía que era inminente la liberación. Querían despedirla, la reconocen como presa política”, dice con orgullo Graciela, y continúa mientras le acaricia la cabeza a Milagro en un gesto de cariño y contención: “Milagro está contenta. Tiene el mismo ánimo todo el día”. Cynthia García: ¿Qué esperás de la presencia de Macri en Jujuy? Milagro Sala: Desgracia. Cada vez que viene Macri, luego hay desgracia en los lugares adonde va. Para nosotros es una vergüenza que digan “festival de la Pachamama”. Cada vez que viene, después la miseria le queda a la gente. CG: ¿Tomás conciencia de tu liderazgo a nivel mundial? MS: No, no lo pienso. Primero me quiero encontrar a mí misma de nuevo.

5 Comentarios en "Desde el corazón de la tierra: CIDH exige liberación de Milagro Sala"

  1. paulina Guyunusa de Vaimaca | viernes 4 de agosto de 2017 en 8:03 pm | Responder

    … lpmqtp…

  2. Ladrona y violenta. Las cosas por su nombre.

Deja un comentario.

Tu dirección de correo no será publicada.


*


Compartir:
Leer entrada anterior
Huelen a mierda

Por Alberto Grille.

Cerrar