El borde estrafalario

El universo literario de Felisberto Hernández es llevado a escena en un espectáculo de alto impacto escénico. Los estrafalarios de Hernández es el nombre del nuevo montaje de grupo Kalibán, con dramaturgia y dirección de Diana Veneziano. Última función: sábado 26 a las 20.30 en Platea Sur (Bartolomé Mitre 1472).

Por G.P.

El espacio escénico de Los estrafalarios de Hernández, montaje estrenado este año por Kalibán Usina Teatro, tiene las dimensiones de un corredor. Los espectadores –no más de veinte– se distribuyen en los bordes, contra cada pared, en dos hileras de sillas enfrentadas que llevan a extremar visiones laterales, profundidades que en el desarrollo de la acción se alimentan de trayectos de personajes y objetos rodantes, de muñecas, de sonidos que llegan desde atrás de la escena, de apariciones y artefactos que suben y bajan, o bien permiten la proyección de luces o de un pequeño cortometraje que cierra la historia. No hay respiro, aunque no sea la velocidad sino la sutileza y el impacto moroso de las imágenes lo que va envolviendo a la escena en un sopor acaso estrafalario, raro, sórdido.

El universo felisbertiano es convocado mediante pequeños cuadros escénicos que se desarrollan en ese corredor casi asfixiante. Hay palabras, por supuesto, pero hay más que nada el ejercicio de la frontera, del cruce, de la hibridación de lenguajes: el guion se desarrolla como una sucesión de cuadros en movimiento –a veces incluso estáticos– en los que la luz, el sonido, los vestuarios, los objetos y el límite impreciso entre cuerpos y objetos se tensa para potenciar el “banquete sensorial” de entrar y salir de fragmentos de obras y personajes de la escritura de Felisberto.

En busca de Felisberto

Diana Veneziano es la directora de Los estrafalarios de Hernández. Fundadora de Kalibán, en e 1999, junto a un grupo de creadores entre los que estaban Roberto Suárez y Fernando Beramendi, mantiene y profundiza el sello original del proyecto: desarrollar investigaciones teatrales que integren diferentes lenguajes, con una fuerte impronta de recursos técnicos y un trabajo colaborativo que provoque la construcción de un tejido de imágenes sonoras y visuales capaces de estimular la percepción creativa del espectador.

No es una tarea fácil. Sobre todo, después que Kalibán se convirtió en grupo nómade y abandonó el espacio de la Quinta de Santos (hoy Museo de la Memoria). Veneziano apostó, sin lugar ni espacios a evidentes paradojas, a desarrollar una serie de espectáculos experimentando sobre la memoria, los recuerdos y, aunque en principio tangencialmente, sobre Felisberto Hernández. Primero fue Recuerdos que han soñado (2007) y luego Adiós que me voy (2009).

“Felisberto es un escritor que me apasiona”, cuenta Veneziano. “La primera vez que lo leí yo vivía en Venezuela. Y cuando volví a Uruguay, en 1987, me sorprendió mucho el hecho de que no fuera un escritor muy leído ni conocido. Era difícil, incluso, encontrar libros de él”. Hace un par de años, la directora le propuso al grupo trabajar sobre la obra del escritor. Lo primero que hicieron –diseñadores, actores, músicos y directora– fue la lectura de sus relatos, pero también de bibliografía crítica y biográfica.

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¿Cómo fue la construcción de Los estrafalarios de Hernández?

Para el trabajo dramatúrgico partí de las resonancias y ecos que los materiales leídos generaban y las asociaciones personales que cada uno hacía. Luego experimentamos sobre esas huellas en todos los rubros: improvisaciones, objetos, luz, vestuario, música, generando muchísimo material. La dramaturgia escénica la fui construyendo con técnicas de las artes plásticas y del cine. Este proceso empezó una vez que entramos a trabajar en Platea Sur. Ahí definí el espacio escénico y fui organizando el material que había surgido hasta el momento y el que seguía surgiendo, a partir del trabajo con todos los integrantes del equipo. Esta dramaturgia se siguió escribiendo hasta el último día.

¿Cómo desarrollaste el concepto y definición de “estrafalario”, y el trabajo, en la escena, de la frontera entre lo real y la metáfora, entre los cuerpos y los objetos?

El nombre del espectáculo lo tomé del artículo que Ángel Rama escribió en Marcha, en 1964, con motivo de la muerte de Felisberto. Ahí habla de que al público culto le cuesta aceptar “los estrafalarios” de Hernández, refiriéndose a esos personajes que, según Rama, surgen de su experiencia al recorrer el interior del país. Personalmente, creo que no sólo sus personajes eran estrafalarios, sino que todo el mundo ficcional y real de Felisberto tenía un aurea estrafalaria. En su vida y en su obra los límites entre la realidad y la fantasía, entre lo real y lo imaginario, entre lo vivo y lo inerte, son extremadamente frágiles. Los sueños, los recuerdos y los pensamientos se corporizan; los objetos cobran vida y las personas se cosifican.

¿Cuánta es la importancia, en el teatro contemporáneo, de este tipo de trabajos colaborativos entre lo interpretativo y lo técnico?

Todo forma parte de lo mismo. En primer lugar, porque creo que la cualidad artesanal del trabajo en todos sus niveles es importante. Las ideas, los diseños de objetos y vestuario, son realizados por los propios artistas. Eso hace que lo creativo y lo específicamente técnico se resuelvan de la misma forma, e incluso su manipulación y maquinaria en escena sea hecha por los propios creadores. Este trabajo colaborativo elimina la jerarquía entre los diferentes aspectos del proceso y del espectáculo. Un gesto, un movimiento, una palabra, un objeto, una luz, un vestuario, una música; todo tiene el mismo nivel de importancia y entra en el proceso a partir del diálogo o las tensiones que se producen entre ellos.

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El funeral

Los estrafalarios de Hernández integra, en su montaje escénico, un corto en blanco y negro realizado por el cineasta José María Ciganda. Titulado El funeral, incluye la participación de Walter Diconca, nieto de Felisberto Hernández. “Lo del corto fue una idea que apareció a partir de la lectura del artículo de Rama”, explica Veneziano. “Cuando lo leí, lo vi como una película de cine mudo, como las de Buster Keaton, como esas mismas películas para las que Felisberto trabajó como músico pianista acompañando la exhibición en cines. Ciganda se encargó del guion, de filmar, de la edición, de todo. Y los protagonistas de la historia que se cuenta en El funeral fueron los integrantes del elenco que trabajó en el espectáculo en los distintos rubros, más algún colaborador cercano. Esta decisión tiene que ver con ese aspecto de Kalibán en que lo creativo, lo técnico y lo artesanal son diferentes aspectos del mismo proceso”.

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Equipo Kalibán

Elenco: Luciano Álvarez, Ruth Karina, María Larrousse, Agustina Vázquez Paz. Músicos en escena: Diego Galcerán y Joaquín García. Música: Pollo Píriz. Voces en off: Mario Aguerre, Luciano Álvarez, Diana Veneziano. Trabajo coreográfico: Ruth Karina. Diseño de espacio escénico: Diana Veneziano. Diseño y realización de escenografía, objetos y muñecas: Horacio Veneziano. Diseño de iluminación e imágenes: Ivana Domínguez. Manipulación de objetos: Gustavo Tato Martínez. Diseño de vestuario: Sergio Marcelo de los Santos.

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