Hasta siempre, Ñato

Por Leandro Grille.

Foto: Verónica Caballero

Rara vez he sentido la necesidad de dar una razón a mis afectos, mi pertenencia, mis lealtades. Al fin y al cabo, el corazón es un soberano irreductible y, las más de las veces, inexplicable. Pero en la hora de la muerte del Ñato se me hace íntimamente necesario, como homenaje y como desagravio, contar por qué y cómo fue que ese hombre se nos metió en la estima.

He dejado pasar algunos días para serenar mis emociones y poder escribir algo que no sea apenas un testimonio de dolor personal amortiguado por la palabra. Algo que pueda ser leído por otros que no lo tuvieron entre sus cercanos, e incluso por quienes lo hicieron depositario de una bronca visceral los últimos años de su vida.

Aunque hay términos que parecen provenir de un tiempo sepultado, Eleuterio Fernández Huidobro fue un revolucionario hasta el último día de su vida. No fue un converso ni un arrepentido. Y siento que la autocrítica más dura que alguna vez se hizo fue no haber vencido. En la carta de despedida a Fidel, el Che enseñó que en una revolución, si es verdadera, se triunfa o se muere. El Ñato fundó una guerrilla para triunfar. Una guerrilla urbana de las más importantes de nuestro continente. Pero tras la derrota militar, el enemigo le reservó un destino que quiso ser peor que la propia muerte. Fue condenado al soterramiento en vida, en un infierno de soledad y tortura. Durante once años, seis meses y siete días, desde una noche de setiembre de 1973, lo tuvieron cautivo, recorriendo pozos y cuarteles, abandonado al sadismo inenarrable de un ejército empeñado en volverlo loco. A él y a sus compañeros. Junto a los rehenes, el Ñato fue sometido a un experimento de salvajismo para triturar el cuerpo y quebrar el alma durante la eternidad de 4.200 días. Y no pudieron. No lograron convertirlo ni en inservible planta ni en repugnante bestia. Ni siquiera lograron hundirlo en la cerrazón del rencor y del odio, esa otra cárcel sin barrotes donde sucumbe la inteligencia.

El genio político del Ñato fue innegable a lo largo y ancho de 50 años. Apenas superado por su talento literario: fue el narrador de una revolución. Cuando los años de lucha armada, Eleuterio redactó la mayoría de los documentos tupamaros y concibió ideas y acciones de un brillo que no ha sido opacado por el tiempo transcurrido, por los muchos errores ni aun por la derrota. Y el Ñato salió de los abismos del odio escribiendo. Los de mi generación, los que orillamos los 40 años, los que nacimos cuando estaba enterrado en un pozo y nos fuimos acercando a la militancia de izquierda en los albores de nuestra adolescencia, lloramos leyendo las Memorias del calabozo, devoramos los tomos de la Historia de los tupamaros, nos conmovimos con su relato de “El abuso”, la masiva fuga del Penal de Punta Carretas. Nos fuimos aproximando a la épica revolucionaria desde su voz y desde su pluma.

Tuve el beneficio de conocerlo desde la inquieta y temprana adolescencia. De devorar sus libros, de conversar con él, de compartir reuniones y boliches y actos. Por aquel tiempo, yo era casi un niño y él ya era un viejo legendario. Toda una generación de compañeros aprendimos a militar con Eleuterio. Aprendimos a hablar escuchándolo. Aprendimos a discutir discutiéndole. Fue el polemista más brillante que he conocido. Un anormal de la dialéctica, en ocasiones intimidante, magistral en el cruce, bendecido por la elocuencia y sin pretensión de bronce ni de gloria ni de unanimidad.

Ahora que se ha ido, son muchos los que lo reconocen como un iconoclasta, como un tipo de pensamiento rupturista, ajeno a lo políticamente correcto. Yo no lo niego. Pero siento que subestimo su legado si lo reduzco a su granjeada fama de provocador. El Ñato era mucho más profundo que esa caricatura que se nos ofrece. A su ideario político lo caracterizaban el artiguismo, un antiimperialismo innegociable y un gran apego a las categorías clásicas. El Ñato no despreciaba las nuevas agendas, como muchos creen, pero temía que la izquierda fuera soslayando la centralidad de la lucha de clases por una serie de consignas parciales que “no joden a nadie”. Para el Ñato, la cosa era entre pobres y ricos, entre nación e imperio, entre vida y muerte, entre el socialismo y la barbarie.

Se nos fue el Ñato y se me agolpan las conversaciones, los recuerdos. No hace tanto, cuando la derecha preparaba el regreso de Amodio, sustraído de su ostracismo de vergüenza para venir a horadar la mística de los tupamaros, el Ñato me advertía que volvía un traidor. El pueblo tiene que saber qué cosa es un traidor –decía–, vehemente, gritando, porque un traidor no es un discrepante, ni el que te vota en contra, ni aquel que se aparta de la opinión mayoritaria. Ahora se usa mucho la palabra “traidor”. Con ligereza. Con liviandad. Y así –insistía– se vacía una palabra enorme que tiene un sentido preciso y que es necesario para la historia que no se contamine ni se diluya. Amodio es un traidor porque entregó a la tortura y a la muerte a compañeros que confiaban en él, que habrían dado su vida por él. Y a Amodio ni siquiera lo torturaron.

Pero desde hace un tiempo, al Ñato mismo lo acusaban de traidor los que no entendían su política al frente del Ministerio de Defensa Nacional, los que nunca entendieron su propósito. Su brega por subvertir la doctrina de un ejército preparado bajo la hipótesis de un enemigo interno, presto a masacrar al pueblo al toque a degüello de las elites de la conservación, para transformarlo en un ejército abocado a defender la soberanía ante una agresión de poderes imperiales. El Ñato, conocedor, como pocos en la izquierda, de los ámbitos militares, sobre todo por su larga historia de combatirlos arriesgando todo, concentró los últimos años de su vida en esa tarea hostil e incomprendida de transformar las Fuerzas Armadas en una herramienta de la sociedad, siempre sometida al poder civil y constitucional, sensible a las necesidades de la gente, popular e involucrada en la construcción de un mundo mejor para los más humildes, muchos de ellos, soldados.

Ñato, tengo que despedirte y me asalta la memoria tu voz recitando la leyenda patria:

“Y siempre piensa en que tu heroico suelo

no mide un palmo que valor no emane;

pisas tumbas de héroes…

¡Ay del que las profane!”

¡Ay del que las profane!, Ñato. Me toca el adiós atravesado por la tristeza. Y me toca defender tu memoria de los maledicentes. El cuero inerme de los carroñeros. Tu muerte era la más anunciada de las muertes, pero igual me duele. Porque te quise mucho. Porque te quiero tanto. Hasta siempre, Ñato. Compañero.

25 Comentarios en "Hasta siempre, Ñato"

  1. hace hoy justo una semana que llevabamos al Ñato a u ultima morada, llovia, lagrimeaba EL CIELO Y MUCHOS DE LOS COMPAÑEROS QUE LO ACOMPAÑABAMOS, MUCHOS DESDE SIEMPRE, OTROS QUE LO HABIAN ABANDONADO PERO QUE VENIAN A DESPEDIRLO, los honra, el Pepe tambien se quebro y dijo sentirse solo….Guille me hicistes llorar, es profundo,sentido, emocionante lo que escribistes, gracias y abrazo fraterno

  2. Inmejorable, Leandro Grille. Comparto los conceptos de tu escrito y el dolor por esta odiosa muerte.

  3. Simplemente Gracias Leandro Grille, excelente.

  4. Impresionante y verdadero todo lo que dice. Gracias, Grille!

  5. Gracias Grille por lo que expersas sobre lo que fue y seguira siendo en la memoria el Ñato !!!

  6. Respetaré a sus deudos un poco mas. Hasta ahora, de acuerdo con nota y comentarios
    Pese a que “no creo” personalmente, en la palabrota “muerte”
    ¿ Las entidades mueren ?, si a uno / a, se le da la gana… o si fueron traidores / as…
    Dante, los colocaba feíco a estos últimos… y yo me casaría con Dante…,
    porque vi muuchos de esta repugnante especie, los reconozco a la legua, ¿ y mandarte
    la parte en este caso ?… mm… …mm…
    lio con paulina…
    … me repugna el “homo-habilis”…
    Linda nota y mi silencio…

  7. Gracias pór tan buena nota,y un adios al Ñato.-

  8. NO COMPARTO. EN MI OPINION, HASTA NUNCA. Y ESCRIBE: “Y no pudieron. No lograron convertirlo ni en inservible planta ni en repugnante bestia”, PERO SI TRAIDOR, COMO BIEN LO DICEN, Julio Marenales, Ricardo Perdomo Perdomo, Esteban Pereyra Mena, Alejandro Zavala, Sergio Lamanna, ALGO QUE EL MISMO CONSIDERA DELEZNABLE Y LE PONE ESE SAYO A amodio pçerez. Y MAS ADELANTE: “ Para el ñato, la cosa era entre pobres y ricos, entre nación e imperio, entre vida y muerte, entre el socialismo y la barbarie Y SZE OLVIDO, PIENSO QUE A PROPOSITO, ENTRE CIVILES Y MILICOS. PANEGIRICO VOMITIVO.

  9. Gracias al Ñato por haber existido y a ti por escribir lo que mi corazón expresa pero mi mano no puede. Salu

  10. gracias, gracias y más gracias, un abrazo compañero hasta siempre

  11. Muy fuerte y sentida despedida y nada mejor dibujadas estas ultimas epocas del Ñato ¡¡¡¡¡gracias por este regalo!!!!con el debido respeto y admiracion lo comparto….Hasta la eternidad Compañero

  12. No comparto! Es cortito!

  13. gracias Ñato por soportar y luego trabajar hasta el limite de tus fuerzas!!!

  14. Comaparto tu nota, Leandro. Un abrazo.

  15. Fue un hombre. Real y realista, pragmático y práctico. Se equivocó como todos y tuvo aciertos. Marcó un estilo y una época. Disentió, abaló y acató. Queda en la historia porque fue sujeto en ella. En el acuerdo, la admiración y el descontento, merece mis respetos. Hasta siempre Ñato.

  16. Y por qué si Ud. tuvo la oportunidad de hablar en su juventud de hablar y mantener largas charlas con él, no hablaron de Democracia?? no se les pasó por la mente, si no te gusta un gobierno, no tomes las armas, es malo es antidemocrático, luchá con el voto en la mano, esgrimí con esa arma. Esa otra arma la que él gustó, es la culpable de su calabozo, la de hacernos sufrir al resto de los uruguayos, por su culpa. De nada valen los poemas románticos, plagados de nostalgias, plagados de culpas escondidas, disimuladas. A mi no me gusta este gobierno, lo estamos pasando muchos muy mal, pero no se me ocurriría, hacer la estupidez que Uds hoy se lamentan por el resultado. Ustedes son y terminarán ante la mirada de los jóvenes que le ven el cascarón, como el cruel Menguele, terminó querido al final de sus años , por ser un adorable médico viejito, bueno,
    haciendo obras de caridad con los pobres, pero porque no les interesó a los pobres su pasado. Pero era un nazi, disfrazado de protector. Aquí, está pasando lo mismo. con los
    Tupamaros, asesinos.Ahora son de algunos unos ídolos……pero de fango, para los memoriosos.

    • paulina Tevienotroscorsos de Dalealaserpentina | sábado 13 de agosto de 2016 en 8:10 pm | Responder

      …¿ lo que acontecería Blanca ?… es que al boxeador Parrekkko Kkkekkko ?,
      jaamás lo votó naadie… no se divisó tu “demo-no-se-que”…

  17. Ya no quedan dudas,entraste en la historia de este País,ya tenes detractores como los grandes que hicieron este País,no te conocí políticamente,siempre traté de ser un amigo más como hombre,tampoco usamos nuestra amistad por algún provecho,solo amigos de hombre a hombre y disfrute mucho de esa amistad y del respeto que mantuvimos recíprocamente y la dignidad de haberte conocido a una persona auténtica que vivió como pensaba,eso es mucho y totalmente escaso

    • Podemos continuar por mucho tiempo,para mí un superlativo en estrategia,en valentía,en honestidad y en hombría ,cosa que tal vez se deba a la vida misma,Leer la historia lleva mucho tiempo y capacidad interpretativa

  18. comparto creo que todos los conceptos tuyos soy quien piensa (ojala de los …)que el pais esta donde esta por mucho de lo que genero el ñato.
    son interminables los recuerdos a su lado .

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