Largometrajes ganadores de la 45a edicion del Festival de Gramado

La 45a edición del Festival de Gramado incluyó variadas propuestas fílmicas: ficción, documental, salas de cine, televisión, se detalla una impresión sobre algunos de los filmes ganadores del Kikito, trofeo que evoca al dios del buen humor.

Por Nicolás Valdés

 

Una realidad del cine latinoamericano es que la exhibición de un amplio porcentaje de su producción prima en los festivales de cine. Bajo la impresión de quien suscribe y en términos generales, estos filmes se producen con mayor libertad artística respecto a las películas blockbuster. Suena paradójico cuando los recursos materiales son limitados.

El Festival de Gramado intenta conectar la industria audiovisual de habla hispana con la brasileña: no sólo desde la exhibición, sino con una apuesta hacia las coproducciones.

 

¿Quiénes ganaron?

La 45a edición del Festival de Gramado incluyó variadas propuestas fílmicas: ficción, documental, salas de cine, televisión. Se detalla una impresión sobre algunos de los filmes ganadores del Kikito, trofeo que evoca al dios del buen humor.

Mirando al cielo, de Guzmán García. Resultó elegida por el público. Lejos de tratar temas preponderantes en la cultura uruguaya, como la política y el fútbol -García participó en los filmes Mundialito y Maracaná-, ahonda sobre las experiencias de un grupo que, sin ser figuras públicas, intenta generar un cambio social mediante el teatro. Resulta gratificante para alguien que conoce la metodología de “Teatro del oprimido”, creada por Augusto Boal, cuya filosofía se fundamenta en las ideas de Paulo Freire: impactar aunque sea en un pequeño sector de la sociedad.

Sin embargo, poco dinamismo en la acción y una amplia cantidad de actores dificultan que el espectador intime con la narración. Además, la elección de escenas para complementar la entrevista resulta superflua en relación a la historia que se intenta contar.

Pinamar, de Federico Godfrid. Siendo la opera prima de este joven director que ganó el Kikito a Mejor Director en el Festival de Gramado, se destaca el casting de actores: Juan Grandinetti, cuyo personaje en la película es Pablo, obtuvo el premio a Mejor Actor en el Festival de Punta del Este, y Gramado lo elige nuevamente, en esta oportunidad junto a su compañero Agustín Pardella.

Una oscura fotografía evoca la soledad que los balnearios suelen experimentar durante el invierno y, a su vez, refleja la tristeza que implica perder  perder un ser querido, el hogar…

Una palabra fundamenta por qué las relaciones en este filme se refuerzan a medida que se desarrolla la historia: empatía. Sin intención de destripar la película, vale la pena quedarse hasta que comiencen a correr los créditos, ya que el último plano genera una conexión directa con el espacio que envuelve la historia.

La última tarde, de Joel Calero. Es un largometraje que invita a conocer en profundidad a sus protagonistas: un matrimonio proveniente de clases sociales antagónicas que decide hacer efectivo el divorcio después de estar separados durante 19 años. Al igual que una obra aristotélica, la acción transcurre en menos de 24 horas, dentro de un juzgado y el único conflicto a tratar recae en qué posibilidades tendrá de dejar de existir o no la unión matrimonial. El diálogo es reforzado mediante la técnica del plano y contraplano.

Aunque su desarrollo resulte denso, dado que se ahonda mucho en la charla entre los personajes, es la escena reveladora del secreto de la protagonista -clímax del largometraje- la que evidencia cómo el director intenta describir los personajes de modo de brindar pistas para que el espectador reconstruya el pasado del matrimonio.

También es interesante el título: si uno ve el filme, entenderá que la última tarde no es una en particular. El filme cuestiona, por sobre todo, la homogeneidad y estabilidad de las cosas.

Sinfonía para Ana, de Virna Molina y Ernesto Ardito. Mejor Película Extranjera en el Festival de Gramado y Ópera Prima de ficción rodada por estos realizadores documentalistas. Basada en la novela homónima de Gaby Meik, narra la historia de Ana, alumna del Colegio Nacional de Buenos Aires, escenario principal de la obra -que abrió por primera vez sus puertas para filmar una película- y recrea la tragedia que significó el golpe de Estado de 1976 en Argentina para muchos jóvenes. Solamente en este colegio hubo 106 desaparecidos. Es una película que merece ser vista en tiempos en que el Estado argentino parece estar ausente.

Como Nossos Pais, de Laís Bodanzky. Mejor Película Brasileña en el Festival de Gramado. Mientras un filme típico crearía un prólogo sobre una familia perfecta y feliz, desde el comienzo este nos enfrenta a una familia más real, que no está preocupada por agradar al espectador. Rosa, protagonista del filme -interpretada por Maria Ribeiro-, refleja una innovadora corriente feminista que comienza a expresarse en la actual realidad latinoamericana. La película desmitifica los valores sagrados heredados por la cultura occidental y los torna humanos. Quien conozca Casa de muñecas notará analogías; además este drama escrito por Ibsen adquiere un rol central en el desenlace de la película.

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