Rossana Taddei en Agadu

Semillas y otros desvíos

El miércoles 19 de julio, en la sala Podestá de Agadu, Rossana Taddei continúa con las celebraciones de los diez años de MINIMALmambo (junto con el baterista Gustavo Etchenique). Darán un único show, que asoma como un punto de inflexión entre el disco de versiones Semillas y las nuevas canciones que el dúo está germinando y por grabar en estudio.

Por G.P.

 

Hace apenas un año, el sello Bizarro editaba el disco Semillas, de Rossana Taddei, un cancionero que dialoga con la infancia y las raíces musicales de la cantante, en un viaje similar al que realizara Caetano Veloso en Fina estampa o Fernando Cabrera en Canciones propias. Es un disco mayor, de notable factura técnica e interpretativa. Es otro punto alto en la obra de la artista.

El disco Semillas significa para Taddei un desvío, como tantos desvíos que ha tomado en su carrera como compositora e intérprete. Porque la suya no es una carrera lineal, hacia adelante, acumulativa. Se parece más, en todo caso, a un viaje de autoconocimiento, de aprendizaje. Y en Semillas, como parte del proyecto MINIMALmambo, tocó armar un mapa de canciones que se sabe de memoria y algunas en las que viene trabajando desde hace años. Suele contar Taddei que en ocasiones, después de los recitales, algunos espectadores se acercan a comprar discos y preguntan en cuál está ‘Cactus’, ‘Zamba del carnaval’ o ‘El curruchá’. Esta circunstancia hizo que se decidiera por grabar un disco como Semillas, con varias de esas canciones que han encontrado un lugar en el repertorio de sus recitales y de las presentaciones en el formato MINIMALmambo.

“Las canciones que incluíamos en los conciertos ya tienen una impronta personal porque las tocamos infinitas veces y siempre van tomando algo más de nuestro sonido”, dice Taddei, lo que revela el camino que hicieron esas canciones hasta hacerse, de alguna manera, “propias”. Casi todas las canciones de Semillas vienen del folclore, y se respeta esa procedencia pese a estar interpretadas en formato trío de rock acústico, con un sonido seco de batería, bajo eléctrico y el acierto de hacer jugar mínimos elementos sonoros.

Taddei va en todo momento al centro de la canción, a la línea de melodía y a la rítmica interior, sin apelar nunca al golpe bajo del “cover fogonero”. Cada versión tiene una frescura y una sensación de inocencia que pueden dar la mágica impresión de haber sido grabada por primera vez, formando parte de un disco en el que se logra un sonido y una tímbrica propia y sin sobresaltos. Esto no hace más que mostrar que se trata de un laborioso trabajo de investigación personal (implicó para Rossana Taddei un viaje emocional a varias de las canciones que marcaron su infancia), pero también colectivo (en todo momento acompañada por Gustavo Etchenique y Alejandro Moya, en un formato trío, acústico, que participó en la creación y fue fundamental a la hora de la grabación, más allá del “color” que le pusieron invitados diversos, entre ellos, Fernando Cabrera).

 

***

 

Has hecho otros discos en los que partiste de poesía para musicalizar. En Semillas el centro es hacer propias las canciones de otros. ¿Cómo viviste este nuevo viaje?

Rossana Taddei: Este disco de versiones nace de un proceso muy natural, porque desde siempre agrego a mis conciertos canciones de otros autores que me emocionan y se da naturalmente que al interpretarlas surja una versión. En todos estos años fui sumando canciones de diversos géneros y eso dio lugar a esta idea de crear un disco con las canciones del genero folclórico y allegados, y homenajear en este álbum a ese primer tramo de este camino sostenido de música. Y es como decís. Hice antes de Semillas dos discos musicalizando poesías. El primero fue Sic Transit y después vino Tra cielo e terra, disco en italiano sobre poesías de poetas suizos ticineses.

 

¿Es Semillas un mapa emocional, un recorrido por canciones que marcaron tu infancia y tu formación como artista?

R.T.: Sí, aunque en realidad es una pequeña muestra, porque las canciones que me marcaron en la infancia fueron muchas más, y no sólo escuchaba o cantaba canciones folclóricas. También formaban parte de mi ambiente sonoro la música italiana, el jazz y la música clásica. Lo que te puedo decir es que me emocionan todas las canciones de Semillas. Por ejemplo, ‘Zamba del Carnaval’, con la participación de Fernando Cabrera, es un momento muy especial del disco. Cantamos juntos y él tocó algunas líneas de guitarra. ‘Río de los pájaros’ es una canción muy bella que conocí cuando volví a Uruguay; si bien tiene muchas versiones, siempre tuve la idea de que algún día la iba a cantar y pasó en este disco. Y ‘Casamiento de negros’ es una canción preciosa, de Violeta Parra, en la que se agrega la última estrofa brillante de Milton Nascimento en su versión. Busqué un arreglo a partir de una línea de bajo que compuse y sobre ella se sumaron Alejandro Moya y Gustavo Etchenique. Quedó un entretejido de bajos y percusión que me gusta mucho.

 

¿Cuánto empatizás con la obra de Violeta Parra?

R.T.: Violeta es una de la principales compositoras mujeres y sus canciones me pegan fuerte desde mi infancia, y cuando versiono sus canciones me siento totalmente libre cantándolas y empatizo sintiéndolas integradas a mí. Todo eso me da libertad para buscar en sus músicas y en sus canciones otras formas de cantarlas, según mi antojo. Ella componía, sin demasiados elementos teóricos, cosas geniales, desde lo musical a lo poético, con un decir directo, con una voz sin impostaciones, natural y conectada desde la tierra la cielo.

 

De alguna manera es inspiradora.

R.T.: Ella es muy inspiradora. Me siento muy identificada con su energía, con su forma de seducir desde la canción y de comunicar sin pelos en la lengua sobre los temas más complejos de este mundo. Su gran sentido del humor también me resulta familiar, como todo en ella, y sin haberla conocido, siento que desde sus canciones estamos cerca de ella. Y también hay otras cosas. Hace un tiempo, armé un grupo de amigas en casa para tejer tapiz telar y vino una maestra a darnos clases. Poco después de finalizado el curso, intento cambiar la urdimbre por una tela de arpillera, porque me permitía viajar con el telar en construcción… Y terminé creando unos tapices bordados que luego descubrí que también hacía Violeta, y con la misma técnica.

 

¿Cómo se dio el juego en formato trío?

R.T.: El trío es un formato que me gusta. Hace muchos años que tocamos juntos con Moya y con Etchenique, nos conocemos muy bien y funcionamos telepáticamente. Esto hizo que el proceso de Semillas fuera muy natural, fresco, directo. Y bueno, fui presentando las canciones, para que pudiéramos iniciar las maquetas. Muchas ya estaban bastante adelantadas en cuanto a arreglos porque, como te decía, venimos tocando muchas de estas canciones hace tiempo. De todos modos, cuando se inicia la grabación, el cerebro funciona de otra manera y aparecen nuevas ideas. Y la forma de abordar la canción para volverla algo permanente requiere un encare con otra mirada. Ya no es la versión que uno se lanza a hacer en el vivo, con la adrenalina del momento único que es un concierto. Para un disco, obviamente el tratamiento es otro. Buscamos un sonido, trabajamos en los arreglos y cuando tuvimos todo pronto, entramos a estudio. Grabamos con la intención de realizar unas segundas maquetas, pero el resultado nos encantó, y cuando nos reunimos con Fernando Cabrera –que grabó en varios temas como cantante y guitarrista, y de alguna forma participó dando sus opiniones acertadas y muy valiosas–, nos dijo: “Esto no es una maqueta, es el disco”.

 

Casi todos son temas de folclore, excepto los que abren y cierran el disco, que son de Gustavo Cerati (‘Cactus’) y Peter Gabriel (‘Don’t Give Up’).

R.T.: Cuando compré el disco Fuerza natural, de Cerati, y escuche el tema ‘Cactus’, me impactó, me sorprendió el aire folclórico que encierra. Y me gustó tanto que inmediatamente me puse a estudiarlo para incluirlo en los conciertos. Se fue dando así: Semillas contiene canciones en su mayoría de origen folclórico llevadas a nuestro estilo, pero también incluye canciones como la de Fernando Cabrera, la de Peter Gabriel y ‘Cactus’, que conviven perfectamente con el resto del disco.

 

Y uno de los puntos de mayor emoción es la canción de Víctor Jara.

R.T.: Esa es una canción que siempre me emocionó. La parte del texto que dice “y mis manos son lo único que tengo, son mi amor y mi sustento” es muy conmovedora. Y si bien se refiere al campesino y al obrero, nosotros, los músicos, trabajamos con nuestras manos y también somos artesanos.

 

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