“Palos en la rueda para no dejar gobernar”, “se basan en decir mentiras”, “no vuelvas atrás en los derechos”, “defendemos la libertad”, son algunas de las consignas que desde integrantes del Poder Ejecutivo, sumado en cuerpo y alma a la campaña, por el No vienen expresando por todo el país.
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Si hasta el dirigente más ubicado al centro del espectro político de los multicolores como Pablo Mieres basa su discurso en que los partidarios del Sí mienten, para algunos tímpanos pocos dados a filtrar los conceptos que permiten apostar a la reflexión y al diálogo, el adversario se convierte en un enemigo al que hay que combatir.
Cuando se expresa que de ganar el Sí se “sovietizará” el Uruguay y habrá que dejar salir en masa a violadores, rapiñeros y asesinos presos, entonces no solo hay que votar No, sino combatir en el territorio a los “culpables” de que vuelvan las políticas de inseguridad.
Cuando se dan señales de que gracias a la LUC se respalda el accionar policial a pesar de los desbordes de algunos funcionarios y se pondrá el peso del Estado al servicio de quienes no acompañen las medidas sindicales, entonces los primeros y los segundos se empoderan; los primeros uniformados tomando a golpes de puño a un civil durante un control de tránsito, a una violación en masa durante el patrullaje y los segundos, acosando a los trabajadores que quieren afiliarse a su organización sindical o pretenden organizar a los trabajadores en su lugar de trabajo.
Son manijazos hacia quienes no necesitan mucha manija para dejar aflorar un odio y un rencor acumulado durante 15 años de gobiernos de izquierda en los que se autoexcluyeron del accionar político republicano.
Invisibilizar
A pesar de responder hasta el momento a reacciones individuales sin formar parte de un plan concreto, sí tienen un objetivo alentado por los manijazos.
El objetivo central es hacer desaparecer de la escena pública la presencia del Sí como opción; la elección de la papeleta celeste para los partidarios de mantener los 135 artículos en la batalla simbólica no fue una decisión casual de la mayoría de los miembros de la Corte Electoral, consientes que “marcaban la cancha de entrada”.
Apelar a los derechos de una empresa internacional para prohibir el uso de la imagen de la Pantera Rosa es un antecedente casi exclusivo en la política uruguaya aunque hay que reconocer su genialidad.
Uno esperaba y de hecho llegaron las acciones legales por la utilización de la imagen de tótems políticos como José Batlle y Ordoñez, pero apelar a recursos legales sobrevalorando el poder de convencimiento del felino rosa demuestra alguna debilidad.
El escenario de la disputa por los muros es un clásico de la política uruguaya en las campañas electorales.
En general, el muro como territorio conquistado para estampar mediante pintura o afiches el mensaje político siempre ha sido una cuestión de “oportunidad”; es decir, el que llega primero pinta, y ante el menor descuido se apropia del mismo el adversario.
Sin embargo, en esta campaña, muchos muros con pintadas por el Sí han sido enchastrados sin apostar a ninguna calidad técnica o al recurso de la picardía.
Son señales que se alejan de la disputa del relato político visual y toman un tono casi amenazante.
Se ha naturalizado que las actividades de pintadas por parte de ambos colectivos se suban a las redes y generan un nuevo relato político.
En diciembre una humilde pintada por el Sí en el departamento de Paysandú fue tapada inmediatamente luego de realizarse por un partidario del No que para todo el que quisiera verlo en tiempo real o diferido, la tapaba al grito de “estos chupapijas no joden más”.
Apelando al miedo
La campaña en la Ciudad de la Costa se ha puesto espesa, o al menos ese es el clima que quieren generar. Durante una pintada por el Sí en la nochecita donde algunos militantes observaban desde la ruta Interbalnearia el trabajo de sus compañeros, un conductor ofuscado detuvo su vehículo, se bajó increpando a uno de los militantes parados en la ruta y no consiguiendo la reacción de los mismos a sus provocaciones, los empezó a tomar a golpes de puño.
Un matrimonio de más de 70 años volvía en su vehículo desde Rocha a su domicilio en Ciudad de la Costa; en una de las ventanas llevaba colocada la banderita con el Sí, cuando empezaron a ser perseguidos por una camioneta 4×4 que se les vino primero encima, luego pasó a cerrarlos obligándolos casi a salir de la ruta, luego se colocaba delante y frenaba la marcha y cada tanto, el conductor de la camioneta sacaba la mano y les mostraba el dedo del medio.
Según la pareja, en diálogo con Caras y Caretas, fueron 10 minutos de terror en los que no sabían que era lo que iba a pasar y aunque no han decidido quitar la banderita de su vehículo, lo están meditando.
Durante Rutas de América, cuando la etapa llegaba al departamento de Treinta y Tres, un grupo de partidarios del No se abalanzó sobre unas señoras que repartían folletería del Sí, se las quitaron y rompieron.
Las anécdotas de este tipo se cuentan diariamente, y es de esperar que cesen a medida que se aproxima el 27 de marzo.

Superabuelita
Si bien la rambla de Pocitos es casi un coto de los partidarios del No, es una postal cotidiana ver a los partidarios del Sí compartir la jornada de difusión callejera en el “territorio de sus contrincantes”.
La misma postal que significaba ver a Idiana Garandan con sus 88 años parada en “su territorio” de la avenida Agraciada en Montevideo con una balconera del Sí durante una caravana de los partidarios del No.
Uno de los integrantes de la caravana denunció a la Policía que la anciana habría golpeado con su bastón a uno de los vehículos.
Lo que un guardia civil podía haber resuelto recabando datos en el lugar de los hechos, fue suplantado por la rápida respuesta de dos patrulleros policiales que fueron a hacer deponer de su “combativa y peligrosa” actitud a la octogenaria.
No es responsabilidad personal de los funcionarios policiales, pero en este punto convendría recordar que del ridículo no se vuelve.
El hecho generado por la presencia policial que retiró a la anciana del medio del cantero central que aún portaba la ofensiva balconera y la peligrosa arma de su bastón incendió las redes y el senador Charles Carrera se batió en una contienda virtual con el director de Seguridad del Ministerio del Interior, Santiago González, profundizando el debate político con conceptos contundentes de cara al 27 de marzo.
La superabuelita fue más pragmática y sin terciar en la polémica aclaró que ella no golpeó con su bastón ningún vehículo, entre otras cosas porque necesitaba sus dos manos para sostener la balconera, y que para ella fue más “grave” quedar fichada, no se sabe muy bien bajo qué cargos por la Policía, que ser retirada del lugar por los efectivos.
Bajar la pelota
El manido argumento de que estas acciones responden a personas con las que no es posible aplicar la disciplina partidaria cada vez resulta más desgastado.
Ante la generación de los mismos, es una actitud bien saludable la condena no solo al hecho en sí, sino a la manija previa.
Sin llegar por suerte y por el momento a tener que lamentar consecuencias graves de daños físicos o personales, flaco favor le hace a la convivencia republicana que gente de cualquiera de las opciones llegara a la conclusión, por miedo o por evitarse malos momentos, que lo mejor es dejar de expresarse públicamente.
En tiempos de redes ya bastante hay con atajar las noticias falsas, para además tener que lamentar el accionar de energúmenos.