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Editorial

Año Nuevo: Darcy Ribeiro y la esperanza

Por Juan Raúl Ferreira.

Cuando ya quedaban pocos detalles de los arreglos para celebrar en forma sencilla pero divertida la despedida del año, recibí un mail. Es raro que a esas horas lo leyera. Pero venía de un gran amigo. Un prelado de la iglesia brasileña, que conocí en un viaje por Lula, junto a un puñado de dirigentes sindicales y políticos. Este obispo me impresionó mucho y me he mantenido en contacto con él. El mensaje contenía un video con un sermón de uno de sus sacerdotes. Muy breve. Lo escuché.

Después de leerlo, todo el festejo cambió. Me impresionó cómo en poquitos minutos se puede decir tanto de las cosas que realmente importan. El sermón duró unos tres minutos. Fue dicho horas antes de que asumiera Bolsonaro. Filmado en la Parroquia San Miguel Arcángel. No creo en las casualidades, pero esas breves palabras estaban inspiradas en una carta escrita por un gran amigo, fundamentalmente amigo de mis padres, el educador y político brasileño Darcy Ribeiro, que vivió parte de su exilio en Montevideo.

Darcy, del PDT, Partido que lideraba Leonel Brizola, estaba viviendo en Perú cuando mis padres tuvieron que huir de Argentina. Era un momento difícil y algunos militares demócratas le pidieron que se fuera un tiempo, por octubre del 75. Darcy les recibió en su casa, hasta que consiguieran algo provisorio donde residir. Luego un equivocado resultado de un chequeo médico le diagnostica un cáncer terminal. Darcy decide asumir los riesgos y regresar a Brasil, donde años después nos volvimos a encontrar.

La enfermedad no existía. Había sido ministro de Goulart y fue vice de Brizola en  Río cuando este asumió la Gobernación, ceremonia a la que asistimos. Las cosas de la vida, mis padres quedaron en su casa porque quería volver a Brasil antes de morir. No lo detuvieron porque creían, como él, que estaba grave. En marzo del 87 estuvo en el velatorio y entierro de mi viejo. Murió en 1991 siendo senador.

El párroco Julio Lancelotti lee una carta escrita por el propio Darcy, meses antes de morir. La carta leída desde el púlpito dice (traducción mía):

“Fracasé en todo lo que procuré en  la vida. Intenté alfabetizar a los niños brasileños: no lo conseguí. Intenté salvar a los indios: no lo conseguí. Intenté formar una Universidad seria: fracasé. Intenté que Brasil se desarrollara autónomamente: fracasé. Pero estos fracasos son mis victorias. Yo detestaría estar en el lugar de los que vencieron. Darcy Ribeiro”.

Terminada la lectura de la carta, el sacerdote camina lentamente hacia el altar. Yo ya sentía que la emoción me había ganado el alma a minutos de comenzar el año. Un 2019 cargado de enormes desafíos y más incertidumbres que certezas. Esto tanto en la región donde estamos insertados como en el mundo. Y año electoral en Uruguay. Tras una brevísima pausa, el sacerdote cambia el tono y con conmovedora vehemencia culmina con sus propias palabras:

“Este domingo, yo estoy feliz de poder decir, como Darcy Ribeiro: estoy feliz de no estar del lado del que ha vencido. Mi lado será siempre el de los pobres, los vulnerables y los pequeños, los pueblos originarios, los indios, la comunidad LGBT, los sin techo, el pueblo de la calle. Estoy muy feliz, porque no estoy del lado del que ganó. Estamos del lado de la lucha. Estamos del lado de los que van a seguir luchando. Porque es un mandato luchar por la vida, por la dignidad de la vida. Esa carta que escribió Darcy Ribeiro, hoy nos ayuda mucho. Estamos todos felices, porque no estamos del lado de quienes vencieron”. (aplausos)

Estaban por empezar a verse los fuegos artificiales, había que brindar, nos abrazarnos quiénes nos habíamos reunido. Yo no quise hacerlo sin colgar antes en mis redes las palabras de Lancelotti. En lo que va del año las he escuchado ya varias veces. Cómo en menos de tres minutos se puede dar tanta fuerza, transmitir tanta paz y sed de lucha. Todo sobre la base de una carta que, como despedida de esta vida, puede darnos tanta fuerza.

Empecé el año creyendo profundamente que ser felices depende solamente de que no le fallemos a la gente dejando de estar a su lado. Es decir, depende solo de nosotros mismos. Lo otro, lo que no depende de nosotros, nos puede doler, nos debe preocupar, pero el camino de la felicidad pasa por ser fieles a nuestro propio compromiso de escuchar nuestra conciencia y actuar en consecuencia, sin medir los costos que ello  pueda tener. Qué linda manera de haber despedido el año 2018. Sobre todo, qué lindo modo de recibir 2019.

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