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Imparable crisis económica

Argentina: un gobierno sin confianza rumbo a su fin

Ni la gente, ni «los mercados», ni el FMI confían ya en el gobierno argentino debido al descontrol del mismo sobre la economía. Tras dos jornadas de escalada imparable, el dólar cerró a casi $A 40 y la respuesta gubernamental fue pedir más adelantos al FMI, subir la tasa del Banco Central a un imposible 60%, y anunciar un mayor ajuste fiscal. Si este rumbo continúa, el gobierno de Macri , se aproxima a su fin.

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Marcos Peña, el inefable Jefe de Gabinete de Mauricio Macri (su dos manos derechas, el hombre al que siempre cede, inexplicablemente, la cabecera de las mesas que ocupa, incluso en las reuniones con Christine Lagarde), afirmó la tarde del martes 30 que «esto no es un fracaso económico», siendo desmentido por la influyente gobernadora de la Provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal («no debemos negar que estamos ante una crisis económica») y por el ministro del Interior, Obras Públicas y Vivienda, Rogelio Frigerio. La irrealidad que campeó en todo el circulo máximo del poder de Mauricio Macri empieza a ceder. Algunos se dan cuenta que van rumbo al desastre, al estilo del que expulsó del gobierno a Fernando de la Rúa, en medio de terribles desórdenes que incluyeron muertes, en diciembre de 2001. Pero Macri sigue encerrado en su autismo. Tras una serena cadena de radio y tv en la que anunció como gran solución que «estamos negociando con el FMI un adelanto de fondos», mensaje tras el cual el dólar subió con más furia, afirmó para los íntimos que «Marcos Peña» (el hombre que echó a Alfonso de Prat – Gay, el único que sabía de economía de todos ellos) soy yo».   Hablan  los números Veamos los hechos: – El dólar, la variable «sensación térmica» fundamental en nuestra región, cerró (por una estratagema de última hora del Banco Central de la República Argentina, BCRA) a $A 39,97 -luego de tener picos de $A 48- lo que significa una devaluación de 41% en lo que va de agosto y de 114,9%, teniendo en cuenta que la divisa cerró a $A 18,60 al 31 de diciembre de 2018. Nada indica que esta espiral no continúe indefinidamente cuando, terminada la confianza, esa variable fundamental sobre la que tan bien ha teorizado el Dr. Ricardo Pascale, toda la liquidez se dirige a la divisa norteamericana. Esta espiral, que a la larga favorecerá la competitividad de la economía argentina, mejorando sus exportaciones y su turismo (en detrimento de los nuestros, entre otras), tiene por su crecimiento explosivo el efecto de un knock – out, que, además, no fue bien manejado por los principales funcionarios, comenzando por el sonriente presidente, que se limitó a ignorarlo en su cadena, produciendo su incremento. Cabe consignar que el Real se devaluó un 22% en lo que va del presente año, en tanto que nuestro país depreció su moneda nacional un 12%. Argentina fue nuestro quinto comprador de bienes en 2017, y representa el 81% de los turistas que nos llegan del exterior. – El «riesgo país» subió nuevamente a 728 puntos básicos, o sea que si los mercados financieras le prestaran a Argentina (y no lo hacen dado que su gobierno recurre solamente al FMI), a la tasa común deben adicionarse 7,28%. – La primera medida del presidente fue solicitar la reformulación del acuerdo stand – by con el FMI, adelantando los desembolsos. Obviamente es para poder atender los compromisos ya asumidos y suena a desesperación. Es oportuno recordar que con el FMI se comprometió llegar a un déficit fiscal primario de 2,7% por ciento del PIB para 2018 y 1,3% por ciento para 2019, variables alcanzables solamente al precio de un ajuste fiscal que sería políticamente y socialmente intolerable. También se comprometió una inflación de 32% para 2018, cuando la oficial llegó ya a 29,5%. La respuesta del FMI, escueta y sobria, llegó seis horas después del ruego del Presidente de la Argentina. Es obvio que el organismo multilateral, que tiene un directorio y accionistas, y un excelente Economista Jefe en Maurice Obstfeld, no puede seguir apostando su dinero a un país que en 2001 declaró un default con la aprobación masiva del Congreso. – La segunda gran medida tomada el martes 30 de agosto fue llevar la tasa de interés del BCRA a 60%, para contrarrestar la fuga hacia el dólar y frenar la inflación. Cabe consignar que se trata de una tasa totalmente impagable para cualquier actividad lícita, e incluso debe serlo para cualquier actividad ilícita. No hay economía que pueda trabajar, y menos crecer, con semejante costo del dinero. – Los grandes empresarios, como José Ignacio de Mendiguren y Cristiano Ratazzi, entre muchos, que este martes se reunieron en el Council of the Americas, criticaron fuertemente la totalidad de las medidas y exigieron «cambios profundos». – Las previsiones de crecimiento, que ya se habían vuelto negativas, ahora se tornan imprevisibles.   Entorno y proyecciones Este escenario no ocurre despegado de otros acontecimientos: el contexto externo se ha complicado para América Latina con la apreciación del dólar y la suba de las tasas de interés impulsadas por la administración de Donald Trump, que aspiran los capitales de regiones inestables como la nuestra. Asimismo, Argentina está envuelta en un alud de escándalos de corrupción que afectan al kirchenrismo y al macrismo, y que obviamente llevan a desconfiar de todo el sistema político. Ninguno de estos factores exculpa al gobierno de Mauricio Macri, cuyo carácter oligárquico, corporativo, primarizador y voraz por definición; su falta de sentido de la realidad, y hasta la falta de sentido del peligro para tomar medidas que «sorprendan a los mercados» (como le aconsejan sus sabios periodistas obsecuentes, apuntando al alejamiento de Marcos Peña e incluso la restitución de algún margen de Retenciones a las exportaciones del agro), lo hace total responsable de esta tremenda carrera hacia el vacío, que nuevamente asombra al mundo y aterroriza a la región. Una carrera que nos arrastra a nosotros, porque atraso cambiario, devaluaciones regionales sin contrapartida, y confianza ilimitada en nuestras propias posibilidades (cuando somos seguramente el mercado más débil de la región), debería tener a nuestro Equipo Económico dando señales más contundentes, cuando estamos en medio de la negociación de la última Rendición de Cuentas de esta Administración y a meses de una campaña electoral plena, que por lo que se ve, dividirá profundamente al país. Que nadie se alegre de la desgracia que padece el gobierno de nuestros hermanos argentinos, por más caracteres negativos que le veamos. La caída o desprestigio extremo de un gobierno democráticamente electo nos compromete a todos, y mucho más en los tiempos oscuros que nos toca vivir.  

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