Por Ricardo Pose En un departamento donde de golpe se produce, un día sí y otro también, un arrebato, una rapiña, un hurto y otros delitos, se propicia el escenario para generar una sensación generalizada de inseguridad que algunos actores aprovechan para su propio beneficio político. Así, el grupo Vecinos en Alerta junto con los brigadistas de Vivir sin Miedo convocaron y organizaron una concentración para el 31 de julio en la puerta de la Junta Departamental de Rocha a efectos de entregarle a su presidente una nota dirigida a las autoridades nacionales. La movilización justificada por la realidad no parecía tener mayores aspiraciones que ser una medida que llamara la atención de los poderes públicos, sobre todo tomando en cuenta que en medio de esa sensación de desprotección personal, se suma la generada por autoridades públicas locales encargadas de la seguridad, y tanto cuerpo policial como fiscales proyectan en la aplicación del nuevo Código del Proceso Penal (CPP) la incapacidad de su accionar. Vecinos robados, rapiñados y violentados reciben como respuesta de las autoridades locales que tienen su capacidad de acción limitada; demasiadas casualidades y la mesa servida. La movilización que contó con la presencia de unas 200 personas se concentró frente a la Junta, donde los vecinos que representaban el movimiento, víctimas algunos del delito, leyeron una proclama y la nota que solicitaban se elevara a las autoridades nacionales. Esta nota fue entregada al presidente de la Junta Departamental, el edil Eduardo Veiga, quien la recibió y se comprometió institucionalmente a elevar el petitorio a Presidencia de la República y al Ministerio del Interior. Los audios de la subversión
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- Mientras se desarrollaba la concentración, un audio de uno de los convocantes alertaba a los manifestantes que en esos mismos momentos un importante comercio frente a la plaza principal de Rocha estaba siendo rapiñado. Minutos después, cuando la gente ya había ingresado al local de la Junta, se comprobó que el hecho era falso.
- Dos días antes de la movilización, es decir el 29 de julio, el coconductor Sebastián Martínez, conocido comunicador del departamento, en su programa radial Pan y circo, transmitido por FM Del Sol, convocaba a la movilización manejando los siguientes conceptos: “A los políticos lo que les duele es ver su imagen afectada. Por que hagamos una reunión ellos no se van a ver afectados en lo más mínimo. Si nosotros hacemos una marcha de la plaza a la jefatura, de la jefatura al juzgado, va a pasar inadvertido. El martes debe ser el puntapié inicial para tomar medidas más fuertes sin recurrir a la violencia, por más que esto es una guerra… hay que tomar medidas drásticas que afecten su imagen”.
El desprecio por el funcionamiento institucional demostrado después fue bien funcional a esta estrategia. Pensar que por expresiones de menor rango político se clausuraron CX44 y CX36.
- El otro audio es de Robert Santurio, periodista del portal Rocha al día y corresponsal de Radiodifusión Nacional. En lo que parece un audio dentro de un grupo de WhatsApp, sostiene refiriéndose a la movilización, entre otros conceptos: “Debemos ser rápidos, precisos, contundentes, no esperar a que en la reunión nos vengan a hablar de unión y fraternidad… el golpe hay que darlo dentro de la Junta Departamental… el pichaje ahí, además, no nos puede identificar”.
El nacionalismo cierra el circuito Golpe 1. Algunos funcionarios de la Junta habilitaron el ingreso de la movilización más allá de las barras previstas para el público, que permitió que mucha gente ingresara al recinto donde sesionan los ediles. ¿Se vieron desbordados? ¿Habilitaron el ingreso? Habría que investigar. Cualquier ámbito legislativo parte de la lógica que allí están funcionando los representantes del cuerpo electoral, por lo que funciona sin presencia de ciudadanos en el recinto, salvo lo previsto de asistencia a la barra y donde se le prohíbe incluso a manifestaciones. Además de permitir un funcionamiento acorde a la investidura, hay una cuestión de garantías de la integridad personal, donde el calor del debate político tiene los límites, o debería, de las actas y no de una rueda de boliche. Golpe 2. A pesar de que el presidente de la Junta ya tenía en su mano la petición, desde la bancada de ediles del Partido Nacional, en representación del edil Cosme Molina, se pidió la alteración del orden del día para autorizar que un grupo de ciudadanos representantes de los movilizados leyera lo que ya se había leído y entregado fuera de la Junta. Vale tomar en cuenta que para ese momento la movilización ya ocupaba la Junta y, reiteramos, la proclama había sido entregada. El debate se centró en llamados a aplicar el reglamento tanto para habilitar o no el ingreso como para las condiciones de funcionamiento de una Junta ocupada por la vía de los hechos. El edil frenteamplista Jaime Píriz rebate que, a pesar de ser solidario y víctima de lo que ocurre en el departamento, entiende que no se puede violentar la forma de funcionamiento. El circo Pide la palabra el edil nacionalista Molina, entrando a debatir el tema que aún no se había votado para alterar el orden del día; se le llama la atención para que vuelva al punto y, subiendo el tono de su intervención, lo que es acompañado desde las barras y por la gente en el recinto, lleva al presidente a levantar la sesión en medio de los gritos airados de los ediles nacionalistas: “Este es el Frente Amplio, el partido del cambio”, mientras intentan evitar quedar sin quórum. Parecería que la imagen a afectar no es la de todos los políticos. Las patas de la sota Apenas levantada la sesión, la bancada de ediles del Partido Nacional emite un comunicado en cuyo sexto punto plantea claramente una estrategia develada y torpe de quienes se empiezan a mover con arrogancia, animados por los niveles de movilización que están logrando. Dice su punto 6: “Que bajo estas circunstancias, no queda duda, que sin perjuicio de continuar en lo que pueda resultar, aunque sea una mitigación de esta afligente situación, hoy -aquí y ahora- resulta de trascendental relevancia efectuar todos los esfuerzos necesarios, en nuestra vida social y cotidiana, tendientes al cambio de este gobierno, que tenga como objetivo el que corresponde a una nación democrática y republicana: el bienestar de los ciudadanos y la posibilidad de vivir en paz y libertad en pos del desarrollo personal y social de todos quienes la integran”. Los viejos odios Rocha parece ser históricamente el territorio donde las fuerzas de ultraderecha se mueven con mayor soltura; desconocemos si en acuerdo o desacuerdo con sus autoridades nacionales. “El domingo 7 de noviembre de 1971 ,en un amanecer de calurosa primavera partió la Caravana de la Victoria desde la capital. El cronograma había previsto un pasaje por Velázquez (villa de 1.000 habitantes), un acto antes del mediodía en Lascano (ciudad de 5.500 h.), almuerzo en un establecimiento rural cercano a Velázquez, acto en la ciudad de Castillos (ciudad de 6.500 h.) en la tarde y acto central por la noche en la plaza de la capital departamental (Rocha, 20.000 h.). Un recorrido de unos 250 kilómetros en amplio triángulo cuyo vértice norte se ubicaba en Lascano y su base entre Castillos al este y Rocha, al oeste, esta última a 215 km de Montevideo. Las bandas fascistas habían llevado a cabo una campaña preparatoria en Lascano. Se sabía que allí tendría lugar la primera escala de la gira frenteamplista y la celada fue preparada de antemano con la consigna de impedir el acto y expulsar a los ‘rojos’. El Ejército y la Policía habían estado haciendo allanamientos en los domicilios de los frenteamplistas del pueblo y los agitadores de la JUP hacían circular rumores terroríficos de todo tipo, repartían volantes y carteles con tanques rusos que aplastaban al pueblo y hombres barbudos que arrancaban los niños de los brazos de sus madres. Contrariamente a lo que se podía creer, no se trataba de levantar a la población para que saliera a la calle manifestándose contra el acto frentista, sino todo lo contrario. Lo que se pretendía, y se logró, era atemorizar a los vecinos para evitar que concurrieran y se encerraran en sus casas. De este modo se dejaba el campo libre para la acción de pequeños grupos de provocadores organizados para atacar la caravana. Las bandas fascistas, los parapoliciales y la ‘escolta policial’ habían montado un dispositivo activo de provocación. El estrado para el acto había sido levantado a un costado de la plaza. Un grupito de abnegados militantes locales esperaban allí la llegada de la caravana. Los vehículos estacionaron junto al estrado, de proa al recorrido de salida de la ciudad con el sedán Pontiac Chieftain 1952 de la seguridad del FA (verde con techo blanco), dispuesto para encabezarla. En cada una de las cuatro bocacalles de la plaza se había ubicado un Jeep policial formando una barrera y detrás de las mismas había algunas docenas de individuos vociferantes. En total un centenar de provocadores que supuestamente eran mantenidos a raya por la Policía. La verdad es que el número de provocadores no era grande, aunque sí eran muy agresivos, lo que puede haber impresionado a observadores poco experimentados. De espontaneidad, nada; la provocación había sido cuidadosamente preparada abarcando todo el departamento. Fuera de la plaza sitiada, en las calles, había más o menos la misma cantidad de personas que en el acto. Todas las viviendas y comercios estaban cerrados, los vecinos atisbaban detrás de las celosías. Los discursos se escucharon a pesar de la gritería, pero también hubo pedreas por elevación por lo que el acto debió abreviarse. Terminada la oratoria (tres intervenciones de los visitantes), todo el mundo empezó a subir a los vehículos y en ese momento las barreras policiales fueron levantadas anticipadamente con el propósito deliberado de permitir que los exaltados se abalanzaran. En avanzada un sujeto cruzó la plaza en diagonal llevando un paquete voluminoso y al llegar a cuatro o cinco metros del Pontiac de la escolta levantó el envoltorio y lo lanzó con todas su fuerzas. El paquete contenía un enorme adoquín para destrozar vidrios y descalabrar a los ocupantes, pero impactó contra el parante de las puertas hundiéndolo. Treinta o cuarenta atacantes que portaban bolsas con piedras las arrojaban a boca de jarro contra los ómnibus y demás vehículos que abandonaban la plaza. Después prendieron fuego el estrado y los equipos de amplificación. El epicentro de la provocación ahora se había desplazado a Castillos. En medio de las chilcas del descampado estaban ocultos tiradores con armas cortas y largas, en número no determinado, aunque desde los ómnibus se pudo ver una media docena. Encabezaba la caravana el ómnibus donde viajaban Seregni y Crottogini, detrás el coche de la escolta y enseguida los demás vehículos. Al llegar al sitio, los emboscados empezaron a disparar de abajo a arriba, en un ángulo de unos 30º. Algunas balas impactaron en el ómnibus. Inmediatamente los seis integrantes de la escolta descendieron y con las armas desenfundadas corrieron a lado y lado del ómnibus, mientras el coche se hacía a un lado y seguía la marcha lentamente mientras la caravana tomaba velocidad. En menos de un minuto los vehículos superaron el sitio de la emboscada y los integrantes de la escolta subieron al coche que había quedado ahora a retaguardia y separado por unos 30 o 40 metros de la caravana que se alejaba a velocidad. En ese momento aparecieron súbitamente los Jeep policiales cerrando el paso al coche de la escolta a todo el ancho del camino y ordenando su detención. Era una operación preconcebida, una jugada de pizarrón, cuyo objetivo era capturar a la escolta que habían identificado perfectamente en los episodios de Lascano y que sabían portadores de armas de fuego. Los Jeep no venían siguiendo a la caravana, no podrían haber llegado tan rápida y sorpresivamente si no hubiesen estado apostados de antemano en una esquina cercana donde acechaban el lugar del tiroteo esperando su momento. Lo que posiblemente no sabía en aquel instante el subcomisario que dirigía el operativo, y mucho menos los integrantes de la escolta frenteamplista, era que los disparos de los francotiradores emboscados habían matado de un balazo en el cráneo a una niña que miraba el paso de la caravana desde el patio de su casa, a la vera del camino más arriba. La trampa se había cerrado”. Epílogo Lo ocurrido en la Junta dista mucho de aquellos lamentables sucesos, pero las fuerzas entreveradas entre los legítimos demandantes aún son portadoras de aquellos odios.