Por Víctor Carrato Zabaleta se convirtió en el primer arrepentido de la empresa de los Rocca en la causa de los cuadernos. El directivo admitió que él fue el encargado de realizar los pagos a Roberto Baratta, el extaxista y quinielero que se hizo millonario como subsecretario del ministro De Vido. Entre las declaraciones más destacadas, repasamos las siguientes: “Roberto Baratta me llamó por teléfono, esto habrá sido 10 días o una semana antes de la primera entrega que se me imputa hoy en la indagatoria. Esa primera conversación fue muy amable. Me dijo que era Roberto Baratta, era viceministro de De Vido y que había hablado con Luis Betnaza, director institucional de la empresa, y que este le había dado mi número para que me llamara. En esta conversación Baratta me dijo que le tenía que dar unos dólares, a lo que le dije que no, que solamente le podía dar pesos ya que no contaba con liquidez de dólares, pero luego de verificar con Luis que eso efectivamente fuera así”. “Luego de la llamada lo hablé con Luis Betnaza y este me dijo que tenía un compromiso con el gobierno porque si no le iban a cortar la luz y el gas de las plantas de Siderar y Siderca. Betnaza me habló en esa ocasión de una cifra que en pesos equivalía a un millón de dólares, según lo que recuerdo”. “Yo le respondí que dólares no le iba a dar porque no tenía y me dijo ‘arreglate con Baratta y fijate qué podés hacer’. No teníamos en esa época ninguna obra pública. Incluso nos habíamos retirado de la concesión de la ruta 7 porque Néstor Kirchner nos pedía dinero”. “Luego de lo que relaté, efectivamente vino Baratta a buscar el dinero. Estimo que fue el bulto más grande de todas las entregas que le hicimos, calculando que pudo haber sido unos dos millones de pesos aproximadamente. Esa entrega se hizo en un bolso de viaje que trajimos nosotros, que Baratta agarró y dejó en el piso del asiento trasero del auto en el que venía, que era un Toyota Corolla. Estoy convencido de que siempre vino con el mismo auto, siempre con chofer en cuyo rostro no reparé”. “En las ocasiones siguientes, las entregas fueron paquetes hechos con sobre de papel madera que tenían pliegues, que se abrían para tener más amplitud en los que entrarían aproximadamente $ 400.000 en cada paquete”. “Siempre antes de cada entrega, Baratta me llamaba por teléfono, posiblemente alguno de los dos teléfonos que mencioné y todas las veces me exigía dólares. Me decía que los pesos no les servían. Me profería distintas amenazas como cortarnos el gas o importar tubos de China diciéndome: ‘Ahora vas a ver dónde te vas a meter los tubos que tenés en Campana’”. “El mecanismo de entrega de dinero era el descripto. Las citas que se me hicieron conocer en mi indagatoria en general eran así. Todas las entregas fueron en el segundo subsuelo del edificio de Techint, sito en Della Paolera 297”. “La única cámara que había en cada uno de los dos subsuelos registraba solamente al peatón que ingresaba desde la cochera al cuerpo central del edificio. Es decir, nunca pudo quedar registrado el ingreso del auto en el que se retiraba el dinero”. “Aclaro que no es cierto que yo marcara con mi tarjeta la entrada a la cochera. Yo directamente le ordenaba al personal de seguridad que levantara la barrera. Es cierto lo que dicen las citas del cuaderno en cuanto que una o dos veces lo esperé afuera, me subí al auto de Baratta e ingresamos a la cochera. En alguna oportunidad que llovía, para no esperarlo afuera, dejé avisando en Seguridad que si venía el auto y preguntaba por Héctor lo dejara pasar. No reconozco al tal Alex que figura en una de las citas”. “Siempre fui yo el que entregaba el dinero a Baratta. Estimo que entre todas las entregas fueron 15 o 20 millones de pesos en total. Recuerdo que en una de las últimas veces Baratta me dijo ‘acordate que nunca me diste dólares’. Luego de la última entrega, nunca más lo vi a Baratta. Los motivos por los cuales no continuaron las entregas lo desconozco”. Betnaza confirma Luis Betnaza, hombre clave del Grupo Techint, declaró el viernes 10 de agosto, ante el juez Bonadio y señaló a tres exfuncionarios del Ministerio de Planificación Federal como las personas que le pidieron dinero para que el gobierno argentino intercediera ante Hugo Chávez por la delicada situación del personal de las empresas que el grupo tenía en Venezuela. Luis Betnaza, director institucional corporativo del Grupo Techint, reconoció la veracidad de las anotaciones del chofer Oscar Centeno y dijo que él le había ordenado a Héctor Zabaleta que combinara con Roberto Baratta el modo de entrega de “los aportes”. Betnaza calculó en un millón de dólares el aporte que hizo Techint a pedido de altos funcionarios de la cartera conducida por Julio De Vido. Les pidieron la plata como “gastos que no debería afrontar el gobierno argentino para solucionar un problema de una empresa privada”. Se refería a la situación dentro de la acería Ternium-Sidor, en Venezuela. Un comunicado del Grupo Techint informó que “Betnaza declaró que para salvaguardar la integridad física y la repatriación de más de 200 empleados del Grupo Techint y sus familiares en Venezuela, que vivían un contexto amenazante durante el proceso de nacionalización y traspaso hostil de Sidor por parte del régimen chavista, accedió a efectuar contribuciones ante la exigencia de funcionarios de la administración kirchnerista en la Argentina”. La compañía de Paolo Rocca denunció que todavía no fue indemnizada por la expropiación y nacionalización de otras empresas del grupo, operaciones posteriores al desprendimiento de Sidor. “Otras tres empresas del Grupo Techint (Tavsa, Comsigua y Matesi) fueron expropiadas y nacionalizadas por el régimen chavista en 2009. El Grupo Techint todavía no recibió monto indemnizatorio, pese a que el Ciadi (Centro Internacional de Arreglo de Diferencias relativas a Inversiones) falló en favor de la empresa en 2016”, dice el comunicado. Betnaza no se acogió a la figura que otros empresarios adoptaron. Quien sí lo hizo fue Héctor Alberto Zabaleta. Conexión uruguaya Hasta fines de 2015, el director de administración de Techint, Héctor Alberto Zabaleta, los abogados de Techint Fernando Segundo Prado y Carlos Enrique Rodríguez y el gerente italiano, Umberto Bocchini, tenían poderes para manejar las cuentas de dos empresas uruguayas: Fundiciones del Pacífico SA, creada el 27 de mayo de 2010, y Sociedad de Emprendimientos Siderúrgicos. Ambas empresas son propiedad de la sociedad San Faustín SA, con sede en Luxemburgo y Milán, que controla las empresas del Grupo Techint: Tenaris, Ternium, Tecpetrol, Tenova, Humanitas y Techint. Las cuentas por las que se movía el dinero estaban manejadas por integrantes de Techint, en su mayoría argentinos. La multinacional Techint, ítalo-argentina, que tiene sedes en Milán y Suiza, operaba a través de diferentes offshores ligadas. Entre 2009 y 2014 canalizó US$ 8,5 millones que provenían de sociedades radicadas en Panamá y Uruguay. Las tres tenían cuentas en el mismo banco: la Banca della Svizzera Italiana (BSI). Las cuentas de estas tres compañías a su vez se nutrían de fondos que les giraba otra sociedad de Techint en Uruguay: Fundiciones del Pacífico SA. En noviembre de 2014, fue detenido en Brasil Renato de Souza Duque, quien dirigía el área de servicios de Petrobras entre 2003 y 2012; el delito por el cual se lo acusaba era el cobro de coimas. Meses después fue detenido João Antonio Bernardi Filho, quien confesó ser el testaferro de Duque. Entre las coimas que administraba Bernardi Filho figuraba la de la empresa Techint, que vendió tubos y caños a Petrobras por 1.600 millones de dólares. La ruta del dinero de Bernardi Filho tenía como eje una sociedad en Uruguay, llamada Hayley SA. Una empresa que nunca tuvo empleados. Tenía contratos ficticios con las constructoras a través de los que canalizaban millones que llegaban a una cuenta en Suiza en una sucursal de Millennium BCP Banque Privée. Hayley SA fue creada el 19 de mayo de 2009 por el contador uruguayo Enrico Fabián Repetto Mariño, cuyo estudio funciona en Juncal 1327, piso 10. Cuando se disolvió en 2017 la empresa Gabiao Investment, en el acta dejaron asentado que tenía un único accionista, el contador uruguayo Enrico Fabián Repetto Mariño, quien en 2011 fue vicepresidente de Tecpetrol, la división petrolera de Techint, y figura en otros cinco directorios de la empresa. En los registros del banco BSI, por donde se canalizaban los fondos, es Repetto Mariño el que figura con un poder sobre las dos offshores de Panamá y como “contable de confianza del grupo multinacional Techint”. Borran pruebas Techint se deshizo de todo rastro de Zabaleta, investigado como el gestor de una red internacional de sobornos. Techint borró los correos electrónicos de Zabaleta y desmanteló las oficinas del piso 17 donde tenía montado una oficina para la administración de dinero negro a cargo de este directivo. El ejecutivo manejó durante años una estructura de cuentas bancarias en Suiza y sociedades fantasma destinadas a pagar sobornos. Los correos de Zabaleta son esenciales en la ruta de las coimas. Otra prueba es central: sus registros de llamadas a Suiza. Pero la Justicia aún no ha solicitado esta última prueba. La empleada que recibía sus órdenes en Suiza, Ana María Giorgetti, declaró en la causa italiana que ella manejaba las cuentas secretas de la compañía pero que cada movimiento era ordenado por Zabaleta por teléfono o por e-mail. Desde junio, las copias de los discos rígidos de dos computadoras personales de Paolo Rocca y del servidor informático de Techint permanecen en una caja fuerte en los tribunales federales a la espera de un peritaje. La información que contienen es tan sensible que los abogados del CEO de la compañía vienen reclamando que las pruebas sean devueltas, confirmaron fuentes judiciales. Sin embargo, podría haber sido mucho más sensible de lo que ya es si la compañía no hubiese borrado los e-mails de Zabaleta y desmantelado sus oficinas, como comprobaron los oficiales de la Policía Federal que ingresaron a la sede de la empresa. El miércoles 1 de agosto, la policía llegó al edificio de la calle Della Paolera 297, donde actualmente están registradas oficinas del grupo, con una orden de allanamiento del juez Bonadio, pero el encargado les dijo que Techint ya no funcionaba allí. Con la picardía del corto plazo, los desvió hacia Bouchard 557. Con una nueva orden de allanamiento, regresaron por la tarde. Un abogado de apellido De Las Carreras se hizo presente e intentó desviar a los policías para evitar que ingresaran al edificio donde realmente estaban las últimas oficinas de Zabaleta: Della Paolera 299, a escasos metros del primer intento de allanamiento. El abogado condujo a los efectivos hacia Bouchard 557, otra vez. Cuando la policía ingresó se percató de que allí nunca habían funcionado las oficinas de Zabaleta. Cuando lograron entrar al piso 17 de Della Paolera 299 nada quedaba de la estructura que aquel ejecutivo había manejado y donde el acceso era restringido para los empleados del grupo. Tenía puerta blindada, unas pocas secretarias y una caja fuerte, según pudo reconstruir este medio en los últimos meses. Barrieron con las oficinas originales. El piso fue remodelado, dijo a los policías el abogado. Ahora solo hay unos boxes desmontables. Ni puerta blindada ni caja fuerte. Ningún rastro de la caja negra que investigan en Italia. La misma de donde salieron los millones de pesos entregados a Roberto Baratta, ex mano derecha de Julio De Vido. La Federal se retiró con poco: el legajo interno de Zabaleta. . El allanamiento clave a Techint fue hace dos meses, en junio, mucho antes de que se conociera la existencia de los cuadernos, pero nunca había trascendido hasta ahora. El juez federal Luis Rodríguez y el fiscal Eduardo Taiano llegaron un día de junio a la sede de la compañía en Retiro en busca de los discos rígidos y los correos electrónicos de los hombres investigados en la ruta de las coimas de Techint. Lo había solicitado un grupo de fiscales de Milán en septiembre de 2017. Secuestraron el servidor de la empresa; la información de dos computadoras personales de Paolo Rocca, y la de otro alto ejecutivo del grupo. Pero cuando pidieron la computadora y mails de Zabaleta, Techint tuvo que admitir que habían borrado todo rastro del ejecutivo. Incluidos sus e-mails, los que, dijeron, son “irrecuperables”.
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