Por Gerardo Osorio, desde San Pablo.
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A casi ocho meses de pandemia de la covid-19, el presidente Bolsonaro reflota la idea de privatizar áreas del Sistema Único de Saúde (SUS). Al mismo tiempo, el 29 de octubre, el Ministerio de Salud lanzó el programa “Vigilar SUS”, como una iniciativa que apunta a la cualificación y ampliación de la vigilancia epidemiológica, y como respuesta del SUS a una de las mayores emergencias de salud pública de Brasil.
De esta forma, el SUS volvió a ser pauta mediante campañas en las redes sociales, que buscan promover su valorización y reconocimiento. La gran mayoría de la población, que hasta ahora se había mantenido ajena, emocional y políticamente, a la cuestión de las políticas públicas en salud, se pronunció a través del #DefendaoSUS.
En una coyuntura de crisis sanitaria en la que los gobiernos regionales, como el de Lacalle Pou o Bolsonaro, pretenden negar y desmontar todo lo hecho durante la “era progresista”, la dimensión de lo público adquiere más valor que nunca.
El SUS y la dinámica federativa,: su importancia en la pandemia
Durante los años 90, la tercera ola neoliberal, en los gobiernos de Fernando Henrique Cardoso, tuvo un efecto nefasto sobre las políticas públicas brasileñas, promoviendo una descentralización fragmentadora.
El movimiento contra el federalismo compartimentado, que se había iniciado con la transición y la Constitución de 1988, experimentó algunos retrocesos.
Con los gobiernos del Partido dos Trabalhadores (PT), especialmente en las presidencias de Lula (2002-2008), hubo un nuevo impulso a la visión federalista con la creación de la Ley de Consorcios Públicos, una respuesta efectiva y exitosa para una nueva concepción en el diseño de políticas públicas. El ejemplo paradigmático de lucha contra el carácter centrífugo y competitivo, que existía a nivel federal, es el SUS.
El concepto de sistema ganó fuerza en el país gracias a la experiencia del SUS por su carácter verdaderamente federal que combina el principio descentralizador de políticas nacionales que, al mismo tiempo, le da prioridad a la municipalización.
Esos principios del SUS permiten jerarquizar y regionalizar sin caer en lo fragmentado o en el autonomismo. Estructurado sobre el principio de la universalización, su estructura federativa supone la descentralización no competitiva, ámbitos tripartitos e incentivos federales para evitar la falta de isonomía presupuestal entre municipios.
No significa que Brasil haya alcanzado el ideal en términos de cooperación intergubernamental, aún existen desequilibrios entre lo federal, lo estatal y lo municipal. A diferencia de otros modelos federales, los estados brasileños no han logrado tener el perfil coordinador con los municipios, dejando el liderazgo y el poder propositivo en manos del gobierno central, con excepciones claras como, por ejemplo, el estado de San Pablo o el Consorcio del Nordeste, que incomodan claramente al presidente Bolsonaro.
La experiencia Bio-Manguinhos
De acuerdo con la presentación en su sitio web, el instituto Bio-Manguinhos (región de Manguinhos, Río de Janeiro) es la “unidad de la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz) -vinculada al Ministerio de Salud-, responsable de investigación, innovación, desarrollo tecnológico y producción de vacunas, reactivos y biofármacos dirigidos prioritariamente hacia la demanda de la salud pública nacional”, garantizando la autosuficiencia en vacunas esenciales para el calendario de inmunización del Ministerio de Salud de Brasil (MS).
Fundada en la ciudad de Río de Janeiro en 1900, la Fiocruz fue responsable de erradicar la peste bubónica y la fiebre amarilla de la ciudad. Hoy, además de seguir adelante con su misión de “producir, diseminar y compartir conocimientos y tecnologías dirigidos al fortalecimiento del Sistema Único de Salud (SUS) […] teniendo la defensa del derecho a la salud y a la amplia ciudadanía como valores centrales” la Fundación debe enfrentar la epidemia de covid-19 con programas de vigilancia sanitaria, gerenciar recursos, negociar acuerdos con laboratorios e instituciones, investigar y desarrollar la tan esperada vacuna y, como si no bastase, debe superar los frenos y ataques políticos en pro de concientizar a la población.
El Instituto Butantan, Gobierno de San Pablo
El Instituto Butantan es un laboratorio que fue creado a instancias de Gobierno del estado de San Pablo, como respuesta a un brote de peste bubónica en 1899. Desde febrero de 1901, vinculado al Instituto Bacteriológico, está instalado en la zona oeste de la capital paulista; es reconocido como institución autónoma. De acuerdo con su presentación institucional, “más de un siglo después de su fundación, el Butantan es hoy un centro de investigación biomédica, que integra investigaciones científicas y tecnológicas, producción de inmunobiológicos y divulgación técnico científica, buscando la permanente actualización e integración de sus recursos y con ello, la innovación”. Es el principal productor de inmunológicos de Brasil, responsable por la producción de gran parte de las vacunas utilizadas en el Programa Nacional de Inmunizaciones (PNI). Apunta a ser el principal fabricante global de productos biológicos y terapias avanzadas.
Realiza misiones junto a las más prestigiosas organizaciones internacionales; interactúa de forma asociada con universidades a nivel global; mantiene colecciones zoológicas y museos, llevando adelante actividades de extensión y divulgación. Capacita alumnos en varios niveles; ofrece cursos abiertos a la comunidad sobre animales ponzoñosos, insectos de importancia médica, sueros y vacunas.
Durante la pandemia, ha tenido un rol destacado en la producción de tests y reactivos, además de asesorar al Centro de Contingencia del gobierno de San Pablo en las medidas frente a la covid-19. Junto a Coronavac, empresa china, está desarrollando la vacuna contra la covid-19, no solamente para Brasil.
Este instituto ha sido cuestionado por Bolsonaro, a instancias de fantasiosos seguidores virtuales y mezquindades políticas.
La vacuna
La disputa electoral expone una vez más la negligencia del gobierno brasileño frente a la pandemia. Días atrás, desde el Ministerio de Salud se anunció la firma de un acuerdo con la intención de comprar 46 millones de dosis de la vacuna contra el coronavirus; el anuncio del ministro fue realizado luego de una reunión con gobernadores, entre ellos el de San Pablo, João Doria, e-aliado político de Bolsonaro y posible adversario en las próximas elecciones presidenciales. Al otro día, el presidente publicó en redes sociales que esa compra no sería realizada, desautorizando a su ministro de Salud, Eduardo Pazuello, acusándolo de traición. Argumenta que no existe justificación para gastar en vacunas en fase experimental, aunque ya ha destinado millones en cloroquina, vermífugos e inclusive abrió líneas de crédito para la compra de dosis y transferencia tecnológica con la vacuna de Bio-Manguinhos. La vacuna de la “discordia” es la Coronavac, que por su origen chino y estar en fase de investigación por el Instituto Butantan, relacionado al gobierno paulista, alcanzaría para afectar las aspiraciones electorales del actual presidente.
La regulación y fiscalización de cualquier vacuna previo a su disponibilidad corresponde a la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (Anvisa), agencia reguladora bajo la forma de autarquía, vinculada al Ministerio de Salud. La ley Nº 8.080/1990 dispone que “la salud es un derecho fundamental del ser humano, debiendo el Estado proveer las condiciones indispensables para su pleno ejercicio”; en su artículo 6° se entiende la vigilancia epidemiológica como “un conjunto de acciones que proporcionan el conocimiento, la detección o prevención de cualquier cambio en los factores determinantes y condicionantes de la salud individual o colectiva, con la finalidad de recomendar e adoptar las medidas de prevención y control de enfermedades o agravamientos”.
Si bien la legislación brasileña garantiza la independencia de autarquía de la Anvisa, al presidente de la República le corresponde nombrar en estos días a cuatro de sus directores. Por las características de esta autarquía y las normas a las que se debe ajustar, es casi improbable que pueda haber una injerencia política en sus decisiones, pero sí en los procesos y tiempos necesarios. Por ejemplo, si a esto sumamos la no obligatoriedad de la vacunación, en caso de que la Coronavac sea la primera vacuna en pasar todos los testeos, se podría dilatar su aprobación.
En el país del futebol, los seguidores verde-amarelos de Jair Mesías se posicionan dispuestos a tomar únicamente la vacuna “de Oxford” o no vacunarse. La negligencia del presidente con relación a sus obligaciones y la manipulación política en cuanto a la vigilancia sanitaria y epidemiológica lo coloca en los límites de la inconstitucionalidad. Se ha investigado, escrito y analizado bastante durante la pandemia acerca de la actitud criminal en cuanto a vigilancia epidemiológica y sus consecuencias en la salud y la vida de millones de personas.
En Brasil, hay cuatro vacunas en fase de investigación y testeo sobre seguridad y eficacia en seres humanos. Los estados brasileños tienen potestad para adquirir y producir sus propias vacunas, pero para que la vacuna tenga un alcance nacional es necesario que se distribuya a través del SUS; para que eso ocurra tiene que ser aprobada por la Anvisa y firmar un acuerdo con el Ministerio de Salud. Los dos grandes institutos que desarrollan vacunas son Bio-Manguinhos de la Fiocruz, dependiente del gobierno central (nivel federal) y el Instituto Butantan, dependiente del gobierno del estado de San Pablo.
Bio-Manguinhos está trabajando con la vacuna de la farmacéutica Astrazeneca y la Universidad de Oxford, conocida como vacuna de Oxford.
Los programas de vacunación en Brasil han encontrado dificultades, éxitos o fracasos en sus campañas. En uno de los países con mayores índices de desigualdad social, donde derechos básicos son mercantilizados, el acceso a la salud es casi un privilegio. El oscurantismo de una cultura de especulación metafísica no favorece la difusión y el acceso a la ciencia. Enfermedades que parecían erradicadas vuelven a aparecer. La erradicación de las enfermedades no se limita a las vacunas; antes son necesarias estrategias que movilicen a los actores vinculados con las áreas de la salud, los recursos y generar la conciencia y el compromiso de la población con el combate al flagelo. Brasil estaría a la deriva si dependiera exclusivamente de su presidente, con su negacionismo obtuso. En vez de una actitud de estadista frente a la pandemia, se ha limitado a mostrar a qué ha venido, junto a su familia y su pandilla.
Noticias falsas de primera mano son las que ofrece el presidente a los ciudadanos brasileños. Como ya es característico, sin ningún tipo de tapujos cultiva la ignorancia y esparce leyendas urbanas desde el lugar institucional que va transformando en espacio de parodia sin gracia.
La crisis sanitaria ha profundizado la crisis económica, millones de brasileños han perdido sus empleos o fuentes de renta. Esto ha provocado que ya no puedan pagar una cobertura privada de salud, migrando para el sistema público, tan criticado y tan poco valorizado hasta ahora. Recordemos que después del golpe contra la presidenta Dilma Rousseff, en 2016, el Congreso brasileño votó una enmienda constitucional que congeló el presupuesto en educación y salud por 20 años, medida muy festejada ya que eso supondría el fin del “despilfarro” del PT. Ese “ahorro” lo está pagando muy caro el pueblo brasileño en medio de la pandemia.