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Rota el mando en Mercosur

¿Cambia el rumbo?

Por Juan Raúl Ferreira.

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Argentina entregó la presidencia pro témpore del Mercosur (rotativa) a Brasil. Todo un símbolo. Uno de los dos países con mercado y producción (demanda y oferta) grande al otro. ¿Habrá cambios? En el portavoz, seguro. ¿En la política? Lo dudo. Aunque Uruguay celebró el cambio (¿?).

En la ceremonia de traspaso, tras culminar una nueva cumbre del organismo regional, Lacalle (hijo) se peleó con un colega. Para no perder el invicto. Hasta en la cumbre de Andorra, usó el Zoom para pelearse con uno de sus pares. Ya que el canciller es “de carrera”, debiera explicarle que eso no se hace. Ya es obvio y explícito, que en el complejo equilibrio Argentina-Brasil, Uruguay no es más neutral ni mediador, lo que valorizaría su capacidad negociadora. Se rompió una vieja tradición de cancillería.

Recuerdo en el gobierno de transición, siendo canciller Enrique Iglesias, un almuerzo en Brasilia, con Baena Soares y Dante Caputo (ambos colegas de Iglesias, de Brasil y Argentina respectivamente). Hablaron ellos, pero el protagonista fue Uruguay. Así lo dijo Baena al terminar el encuentro: “Qué fácil es entenderse con los argentinos”. Hizo una pausa y agregó: “En presencia de los uruguayos”.

Repetía Haedo una máxima que adjudicaba a autores diferentes: “Siempre equidistantes los orientales de barulleros y argentinos…” y remataba “y siempre más cerquita de los argentinos”. Parece que ahora apostamos solo a Brasil. Pero le falta al equivocado análisis un dato importante de la realidad.

El canciller Bustillo hizo bien los deberes. Hay que cuidar el cargo porque aveces las metidas de pata hacen temblar el tablero. “El Mercosur es una grilla sin prestigio”. ¿No es con la que debemos negociar? ¿Cómo hacerlo desprestigiándola antes? Todos sus silencios como embajador se transformaron en verborragia como ministro.

Pero Bustillo no se limita a hacer los deberes a Bolsonaro (que loco y todo jamás diría algo así), sino que da un paso más. Ahora hace el trabajo sucio. Violando todo principio de no intervención y de negociación y de los dos juntos. No se limita a distanciarse de Argentina. Califica su “postura contra la flexibilización [que] no tiene fundamento”. Y sube la apuesta: emplaza al gobierno de Fernández a fundamentar su postura.

Silencio en algunos temas, verborragia en otros. Inversamente al interés y a la tradición nacional. Silencio sobre Haití. Silencio sobre eventuales y anunciadas intervenciones de EEUU en la región.

Incontinencia verbal sobre las posiciones que adopta soberanamente Argentina y que, en este caso, coinciden con nuestro interés nacional.

Más allá de coincidencias o discrepancias, creo que la apuesta está destinada a perder. Apostar a Brasil a través de Bolsonaro no es una buena idea. Por dos razones fundamentales.

La primera: le queda poco tiempo de mandato: hay elecciones el año que viene. Las pierde. Las últimas encuestas le dan a Lula una mayoría que duplica (y más) la voluntad electoral a favor del actual presidente. Además, lo que le queda de mandato es con poco poder real. Ni repite ni corta el bacalao ahora.

La segunda: hay una cosa que el canciller (y el presidente Lacalle Pou) debieran saber; en Brasil hay una cosa que se llama Itamaraty. En su vertiginosa carrera al canciller nunca le tocó Brasil. Pero un diplomático uruguayo, tenga o no estudios, debe saber: Itamaraty no cambia de rumbo para donde sople el viento. Por eso a la diplomacia brasilera se la conoce con el nombre propio de su cancillería. Es algo más que un logotipo de Durán Barba.

En tiempos de turbulencia en la política interna (ninguna como la que viven hoy), Itamaraty ha sido una garantía que cuando se negocia con Brasil, se hace por algo más que el mandato de un gobierno. Ni que hablar cuando, como ahora, al presidente le queda poco tiempo y poco poder en el tiempo que le queda. Esto es el ABC de quien estudia algo de política exterior. Otra cosa es un error de cálculo muy poco profesional.

No estaban preparados.

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