No fue una más de las 250.000 manifestaciones (una media de 600 por día) que anualmente, a lo largo y ancho de China ocupan calles o plazas para denunciar los abusos de las autoridades locales, las expropiaciones arbitrarias de tierras, las condiciones de trabajo, violaciones a los derechos civiles y, que el gobierno -contrariando los estereotipos generalizados en Occidente-, lejos de reprimirlas, las utiliza para detectar y corregir sus propios errores e insuficiencias y el Partido Comunista para identificar y castigar a sus dirigentes corruptos. Esta vez eran miles de pequeños ahorristas que se habían dado cita en Beijing para marchar a la oficinas de Comisión Reguladora de Bancos y Seguros de China y denunciar el fraude y la insolvencia de las plataformas P2P (Peer-to-Peer en inglés, Red entre Iguales o Red entre Pares en español) de los microcréditos online. Al contrario de las otras formas de protesta, esta vez las autoridades, en una impresionante demostración de fuerzas, dispersaron a la multitud de autoconvocados antes de que pudieran juntarse y varios miles fueron interceptados en las carreteras, aeropuerto y estación de tren y enviados de vuelta a sus lugares de proveniencia. Las redes P2P, que facilitan el intercambio directo y entre iguales de información, aplicada a las finanzas, ponen en contacto online al ahorrista y a una plataforma de intermediación financiera que a su vez presta el dinero a otros privados o pequeñas y medianas empresas. En el caso de la República Popular los prestamistas eran retribuidos con intereses entre el 10% y el 14% anual mientras que los prestatarios pagaban hasta un 40% para acceder a un financiamiento que el sistema bancario tradicional le niega por falta de garantías suficientes. El préstamo P2P, una de las áreas más difundidas de las Fintech (aplicación de las nuevas tecnologías a las actividades financieras), tuvo en la última década un desarrollo extraordinario y hacen de China el líder mundial del sector. Según consultoras especializadas, son más de 50 millones los ahorristas y 6.000 las empresas del rubro que han concedido créditos por casi 220.000 millones de dólares (más que todos los P2P juntos del resto del mundo). La bomba estalló hace dos semanas cuando la plataforma de microcréditos online china Zhang Yue Li Cai dejó de operar y se volatilizaron más de 400 millones de dólares de decenas de miles de depositantes. Sin embargo la primera alarma ya había sonado fuerte hace dos años cuando la policía detuvo al dueño y todos los empleados de Ezubao, -la mayor plataforma P2P del país- acusados de una estafa piramidal o ‘Esquema Ponzi’ de 7.600 millones de dólares a daño de 900.000 inversores. Recién entonces Beijing decidió regular el sector del financiamiento electrónico y les dio a las empresas un plazo -que venció el pasado mes de junio – para demostrar que cumplían estrictamente con su objeto social: intermediar entre prestadores y prestatarios. Es muy llamativo que en un país como China, supercontrolado y supervigilado y con organismos de todo tipo y color de supervisión para el sector bancario, las operaciones financieras a través de Internet hayan operado más de 10 años casi sin ningún tipo de regulación ni autoridad específica que las controlase. Precisamente la entrada en vigor de las nuevas disposiciones y reglamentación del sector, sumado al encarecimiento del crédito por el endurecimiento de la política monetaria, la desaceleración del crecimiento económico, la guerra comercial con Estados Unidos y la caída de las bolsas, precipitaron el cese de actividades de un número muy importante de empresas. Según consultoras especializadas, al día de hoy son más de 2.000 las plataformas que han dejado de operar o en serias dificultades. Muchas por imposibilidad de cumplir con las nuevas normas gubernamentales, otras por falta de liquidez para hacer frente a la corrida de los inversores a retirar su dinero y el resto porque sus propietarios se fugaron con los depósitos de los ahorristas. Para los propietarios de las principales plataformas P2P la situación es muy grave porque las pequeñas y medianas empresas están perdiendo lo que hasta ahora era su principal fuente de financiamiento. «No se trata de finanzas sino de la economía real», declaró a Reuters Tang Ning, socio de la plataforma Yirendai y llamó al gobierno a “intervenir con urgencia para proteger a las buenas empresas y castigar a las fraudulentas”. En términos relativos la crisis del sector no representa, por su tamaño, una amenaza para la segunda economía del mundo. Lo que realmente preocupa al gobierno y al Partido Comunista son las consecuencias para la estabilidad social de un potencial estallido de las decenas de millones de damnificados. No obstante, hasta ahora la autoridad competente ha decidido no involucrarse más de la cuenta y se niega categóricamente a hacerse cargo o garantizar las pérdidas sufridas por los inversores. ”Somos refugiados financieros, no mafiosos”. “Lo único que queremos es recuperar nuestro dinero o al menos una parte”, protestó Zhang entrevistado por una televisión local de la ciudad de Taizhou. “Grandes ganancias significan grandes riesgos”, declaró Guo Shuqin, presidente de la Comisión Reguladora de Bancos y Seguros de China y advirtió que aquellos inversores que recibían 10% de intereses por sus depósitos “deben estar preparados para perder todo su dinero”. Respuesta de manual. Los teóricos de las finanzas y especialistas en gestión del riesgo están totalmente de acuerdo. El señor Zhang -cuya familia vio esfumarse los ahorros de una vida para comprar una casa- un poco menos.
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