Hacete socio para acceder a este contenido

Para continuar, hacete socio de Caras y Caretas. Si ya formas parte de la comunidad, inicia sesión.

ASOCIARME

Cosse

Por Leandro Grille.

Suscribite

Caras y Caretas Diario

En tu email todos los días

Mientras Uruguay comienza la sumersión definitiva e indefectible en el clima de la campaña electoral que nos conducirá a la elección del próximo gobierno de la República, se despeja el panorama de los aspirantes y se suceden las postulaciones y los pronunciamientos sectoriales. Ya hay nombres que están apuntados para la compulsa desde hace mucho tiempo, como Edgardo Novick o Luis Lacalle Pou, pero surgen otros que pasan del rumor a la presentación. Como ejemplo, entre los colorados, hace unos días largó el economista Ernesto Talvi, al frente de un colectivo llamado “Ciudadanos”, ídem al influyente partido político español que dirige Albert Rivera, formación joven y francamente de derecha, pero que, paradójicamente, se define de “centroizquierda”, “liberal” y “progresista”, que son más o menos las mismas autodefiniciones que eligió Talvi para presentar su candidatura en sociedad. En el Frente Amplio, el último fin de semana, el Partido Socialista oficializó la precandidatura de Daniel Martínez. El actual intendente de Montevideo todavía no la aceptó, pero ya todo el mundo da por descontado que va a competir en la elección interna y, además, con los números de hoy, es el favorito. Martínez se suma así al ministro de Trabajo, Ernesto Murro, propuesto por Pepe Mujica, y a la ministra de Industria, Carolina Cosse. Falta mucho porque todavía no se sabe si la lista se cierra ahí o si la completarán el líder sindical Óscar Andrade y el presidente del Banco Central, Mario Bergara. Me interesa analizar la candidatura de Carolina Cosse desde una perspectiva distinta a la de género, porque si bien es muy importante su condición de ser una postulante mujer en un país donde nunca ha gobernado una mujer y en una época en la cual la discriminación basada en género ya no se aguanta más, advierto que el fundamento de sus apoyos radica en otra cosa que representa, y que creo que es trascendente rescatar para la política y para la izquierda, gane quien gane la interna, sea quien sea que le toque presidir el país a partir de marzo de 2020. Desde mi modesto punto de vista, la ingeniera Cosse es una de las pocas dirigentes políticas que entiende la importancia de la democratización de la ciencia y de la tecnología para el futuro y la prosperidad de la sociedad y, por eso, nos propone un Uruguay vinculado al pensamiento creativo más que al comercio de recursos naturales con algún tipo de agregación de valor. Toda su gestión al frente de Antel y del Ministerio de Industria tiene ese sello hipertecnológico que parece que viniera de otro mundo y no de nuestra geografía, históricamente encomendada al agronegocio como única posible fuente de riqueza nacional. Hace seis semanas, cuando el presidente Tabaré Vázquez la designó para hablar en la conmemoración del 188º aniversario de la Jura de la Constitución. La ministra Cosse, con emoción visible, se encargó de combinar de un modo natural el legado ideológico de Artigas y la proyección de un país que debe prepararse para la inteligencia artificial. Lo más probable es que en los 188 discursos precedentes nunca antes alguien se haya atrevido a introducir conceptos como la robótica o la inteligencia artificial o la revolución tecnológica que representa la internet en el discurso conmemorativo de la Constitución patria. Carolina Cosse lo hizo y creo que nadie, honestamente, podía esperar otra cosa, porque incluso cuando fuera un acto de remebranza de un hito histórico del siglo XIX, es cuando se pone high-tech que surge lo distintivo de ella: es en esa salsa futurista donde se siente cómoda.   En una campaña electoral tan larga, hay muchos temas que estarán en debate: la seguridad pública, la economía, la seguridad social, las relaciones laborales, las políticas sociales, la política exterior, la salud o la educación. Son temas importantes y taquilleros. Pero hay temas que ocupan poco rato en la polémica, de los que casi ni se habla o bien se subestiman en relación con el impacto que tendrán en el proyecto de sociedad que queremos. Como si estuviéramos desvariando o hablando de una ficción utópica sin anclaje en la realidad. Entre esos asuntos cruciales y esquivos se encuentra el tipo de desarrollo que postulamos. No es incompatible, pero no es lo mismo, jugar el crecimiento económico a negociar acuerdos para abrir más mercados y en mejores condiciones para nuestros commodities o hacer políticas de estímulo para recibir más inversiones extranjeras en industrias extractivas, que imaginarse un futuro basado en la creación y el conocimiento aplicado en industrias de base tecnológica. Todo esto marcado con un impulso formidable a la formación de jóvenes para incrementar de modo sustancial la cantidad de científicos, ingenieros, programadores, tecnólogos, entre otras disciplinas indispensables, si de lo que se trata es de edificar un Uruguay cuya economía no dependa tanto de la producción de carne o soja o celulosa de unos cuantos miles de productores, mientras buena parte del resto de la población se dedica a tareas administrativas o servicios, y empleos mal calificados y también mal remunerados, que no satisfacen ni las aspiraciones económicas legítimas de la gente ni nada parecido a la vocación o a las ganas de hacer lo que uno hace. En una candidatura pesan muchas cosas que no tienen que ver con esto. Pero esta dimensión de imaginar el futuro que queremos, el tipo de desarrollo, el tipo de sociedad que nos gustaría ver y la forma en que que podríamos llegar a alcanzarla, tendría que incorporarse de algún modo en todas. En otras palabras, habría que empaparse un poco más de ese lenguaje entre la política y Julio Verne porque la vida sigue y nuestras elecciones no tratan sólo de seguridad y plata en el bolsillo.  

Dejá tu comentario