Cuando el liceo con/boca al cine

Por Celsa Puente.

Un conjunto de adolescentes se traslada en fila india, portando sillas en sus cabezas, desde el liceo de la localidad de Achar hacia una gran pantalla ubicada a algunos metros en plena calle. Es la hora del atardecer en esta pequeña localidad, y el reposo que supone el regreso habitual al hogar hoy se ve interrumpido con un aire de fiesta. El sol se está poniendo con el fulgor de sus colores más intensos para dar paso a la oscuridad. El mundo de pronto es territorio de la algarabía, con la música a todo volumen y los movimientos inusuales de un espectáculo que está por empezar e invita a todos a acercarse. Habrá una función de cine y es necesario acomodar las sillas para que la proyección de la inmensa pantalla permita el disfrute total.

Esta estampa, con variados matices, se viene desarrollado desde la segunda mitad del año 2019 en los liceos de algunos departamentos del norte del país: Cerro Largo, Rivera, Artigas y Tacuarembó. Es un proyecto que coordinan y llevan adelante la profesora y psicóloga Beatriz Martínez y la licenciada Daniela Pereira, en el que se propone la utilización del cine para favorecer la promoción y protección de los derechos humanos.

El título del proyecto es de por sí ya muy potente: “El liceo con/boca al cine”. Y desde ese título sugestivo, no puedo sustraerme a analizar el juego de palabras. El liceo aparece como el convocante, el que anuncia y cita, la institución que invita, que tiene además “boca” porque tiene voz. Cualquier desprevenido podría pensar que no hay gran creatividad en una propuesta que parecería solo proveer de algunas condiciones técnicas para ver una película. Justamente, me interesa señalar la potencia que la propuesta tiene, en tanto no solo lleva una pantalla de cine a localidades remotas en las que se produce un acontecimiento que irrumpe en la cotidianeidad, sino que además, y entre otras cosas, hay una preparación acerca del cine y los DDHH a través de instancias de formación. Por otra parte, se potencia la participación en todo momento, incluso a la hora de seleccionar la película que se ofrecerá con apertura a la comunidad de referencia que es especialmente invitada y que hace que el liceo pueda percibirse como el generador de una circunstancia diferente. Siempre sostuve que los liceos son potentes espacios culturales que no pueden quedar circunscriptos a los estudiantes. Son instituciones que pueden y deben promover la participación de toda la comunidad y el ofrecimiento de experiencias diversas sobre todo a nivel cultural. Así es que este proyecto comienza a formar a docentes y directivos para poner en común recursos e ideas que se utilizan para la formación en DDHH a través del cine, dirigida a todos los integrantes de la localidad.

El liceo se posiciona como anfitrión para permitir, a través del visionado de la película, visualizar las diversas formas de la violencia basada en género y generaciones: una pandemia que está instalada en forma grave en el Uruguay y que además no es exclusiva de nuestra sociedad. Por eso, la propuesta va más allá del aula y, sin desconocerla como escenario clave para el desarrollo de los saberes, apuesta con vigor a convocarlos a todos/as en las presentaciones comunitarias.

Las primeras películas se exhibieron en localidades muy remotas con respecto a la capital: liceos rurales como los ubicados en Minas de Corrales, Achar, Fraile Muerto, Masoller o Bernabé Rivera. Son instituciones ubicadas en espacios lejanos que además forman a adolescentes que viven en el medio del campo; muchos viajan decenas de kilómetros por día para llegar al liceo y, por lo tanto, una buena parte de ellos tiene restringido el acceso a espectáculos o experiencias de este tipo. Muchos de ellos no tienen televisores o internet, y cuentan con el liceo como único espacio de producción de experiencias diferentes desde las que percibir el mundo más allá del horizonte familiar.

Es bueno recordar también que el cine es, además de una expresión artística, una fuente de información que permite dar cuenta de las grandes cuestiones de la sociedad a través de los tiempos y en diversos espacios geográficos. Es una herramienta para dar a conocer las culturas, las concepciones del mundo, los grandes conflictos y para despertar emociones. Tiene un gran poder cautivador, y nos permite e intenta, como todo relato que se presenta, conmovernos en el sentido lato del término, habitar al menos transitoriamente los zapatos de los personajes que se presentan, acercarnos a la comprensión de los motivos de sus actos y aproximarnos al borde de sus corazones para conocer sus sentimientos. Es una de las experiencias a través de las cuales se puede fomentar con rapidez la empatía, lo que le da esa condición de constituirse en un recurso educativo excelente. Ayuda a desarrollar la concentración en la imagen y la historia narrada, promueve la capacidad de descubrir otros mundos diferentes al nuestro, pero además el visionado es una actividad que puede realizarse con otros y que permite la apertura hacia experiencias posteriores de profunda riqueza, conversaciones e intercambios que dan cuenta de cómo, aun habiendo visto la misma pieza fílmica en el mismo momento, podemos sentir, pensar y vivenciar cosas distintas. Y esa es una de sus cualidades más hermosas.

Muchas veces, desde la capital o las ciudades más importantes, no percibimos esa escasez de ofertas culturales que padecen quienes viven en entornos más alejados. La inequidad de acceso a los bienes culturales por parte de una buena porción de nuestros compatriotas y el consiguiente efecto que eso tiene en los procesos de desarrollo personales y colectivos deberían sacarnos el sueño. Celebro el trabajo de este proyecto y espero que nos convoque, como reza su título, para abonar a la apertura de experiencias para todos.

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