EL ASALTO AL CAPITOLIO EN WASHINGTON

Cuando la derecha empuja

El nuevo año llegó mostrando unas imágenes sin precedentes en su historia. La ocupación del Capitolio por parte de un grupo de seguidores de Trump reveló que las expresiones de ultraderecha que salieron de las sombras en 2016 luego de su victoria han avanzado bajo la mirada cómplice del mismo presidente y sus sectores más cercanos.

Estados Unidos ha sido muy cuidadoso en forjar la imagen de un país con una tradición republicana sólida, ha hecho alarde de una estabilidad única. Sin embargo, los procesos sociales y políticos de ese país no han sido ajenos a las sacudidas propias de cada época.

La carga simbólica del Capitolio de Estados Unidos es muy alta. No solamente por ser el recinto donde se toman las decisiones legislativas del país, sino porque se ha generado todo un relato alimentado por una de las vanguardias de la ideología colonialista estadounidense: Hollywood.

El Capitolio, la Casa Blanca, Manhattan, el avión presidencial Air Force 1 y otros son parte de una construcción simbólica que ha ayudado a posicionar en el imaginario del consumo a nivel global a Estados Unidos como una potencia no solo en términos militares y económicos, sino también culturales.

No es la primera vez que el Capitolio ha sido objeto de alguna acción en su contra, la primera se dio en 1814 durante la guerra entre la recién creada nación estadounidense e Inglaterra, que por medio de un comando dirigido por el vicealmirante Alexander Cockburn incendió el incipiente edificio donde funcionaría el congreso estadounidense y que aún se encontraba en obra.

Luego, en 1915 un ataque con dinamita llevado a cabo por el alemán Erich Muenter causó daños en la sala de recepción. Muenter afirmó haber llevado a cabo dicha acción como represalia por el apoyo brindado por Estados Unidos a Inglaterra en la Primera Guerra Mundial, que estaba en pleno desarrollo, Muenter se suicidó años después estando en prisión.

En 1954 los activistas Rafael Cancel Miranda, Irving Flores y Andrés Figueroa Cordero, liderados por la recordada Dolores Lolita Lebrón, en el claustro de la Cámara de Representantes, luego del grito “¡Viva Puerto Rico Libre!” abrieron fuego con armas automáticas cortas mientras los representantes se hallaban en plena sesión.

Producto de esta acción, cinco representantes resultaron heridos, de los cuales solo Alvin Bentley tuvo una herida de gravedad. Los activistas fueron detenidos de inmediato y condenados a altas penas por conspiración e intento de homicidio. Luego de 25 años de cárcel tres de ellos fueron indultados por el presidente Jimmy Carter y regresaron a Puerto Rico, donde fueron recibidos con honores. El cuarto, Andrés Figueroa, había fallecido en prisión antes del indulto.

En 1983, de nuevo una carga explosiva fue activada en las instalaciones del Capitolio, esta vez en el segundo piso y aunque tampoco dejó heridos, los daños materiales fueron cuantiosos. Este ataque fue atribuido a organizaciones de izquierda radical que protestaban por la participación de Estados Unidos en Granada y Líbano.

Inicialmente ninguna persona fue detenida por este ataque, hasta que en 1985 Laura Whitehorn y Linda Evans fueron detenidas y acusadas por este y otros ataques y condenadas a prisión. Pasaron 14 años privadas de la libertad, hasta agosto de 1999.

De alguna forma, los anteriores ataques, que tuvieron una carga mucho más simbólica que práctica, fueron concebidos y ejecutados como una forma de protestar en contra del ejercicio de poder de Estados Unidos. El ataque (si se le pudiese llamar exactamente así) del 6 de enero de 2021 fue desarrollado por un sector de la población que busca apoyar y mantener en el poder a un presidente que encarna lo más atrasado del pensamiento colonial.

Salvo el ataque realizado por Inglaterra, que se desarrolló en el marco de la guerra con otro país, todos los ataques tuvieron un componente anticolonial, mientras que el de este año ataca las estructuras del modelo estadounidense con el fin de mantener y profundizar el modelo desarrollado por Trump durante los últimos años.

Es posiblemente esta, la misma razón por la que para los manifestantes fue tan fácil ingresar a las instalaciones del Capitolio lo que ha generado toda clase de reacciones a nivel mundial, pues sin duda alguna, nadie imaginó que la entrada por la fuerza a uno de los lugares teóricamente más custodiados del mundo se hubiese producido simplemente empujando a los guardias de la entrada.

Mucho se ha dicho ya sobre la diferencia entre las manifestaciones llevadas a cabo por la ultraderecha y las que se hacen desde los movimientos de izquierda o aquellos que reivindican la equidad racial. La reacción habría sido radicalmente diferente si los manifestantes hubiesen sido mayoritariamente población afroamericana.

El manejo que se le ha dado a la situación, incluso desde la gran prensa, sin duda alguna busca maniobrar las implicaciones políticas que tiene esta situación para la historia y el momento en que se encuentra ese país. De hecho, fue la primera vez que se produjeron muertes durante el desarrollo de estas acciones, muertes que las autoridades y la prensa trataron de mantener con un muy bajo perfil.

Cinco personas perdieron la vida en la incursión en el Capitolio el 6 de enero. Uno de ellos fue el agente Brian D. Sicknick, quien según el reporte oficial “murió producto de las heridas mientras cumplía con su deber”, y cuya muerte “está bajo investigación”, pero no ha sido posible establecer si las heridas fueron producto de golpes, heridas por arma blanca o de fuego.

El caso de Ashli Babbit es el único sobre el que hubo claridad, pues desde primeras horas se supo que su fallecimiento se produjo por un disparo a corta distancia propinado por uno de los policías a cargo de la seguridad del Capitolio.

Los otros tres fallecidos fueron reportados en la comunicación oficial, en un alarde de la conocida retórica barroca de las derechas, como muertes “debido a diversas causas clínicas”. En otras palabras, en una incursión al Capitolio de Estados Unidos hubo tres personas que murieron porque dejaron de vivir.

Por medios extraoficiales se conoció que Kevin Greeson murió de un infarto en medio de la incursión, posiblemente producto de la activación de un Taser o picana eléctrica que activó por accidente. Benjamin Phillips murió producto de un accidente cerebro vascular y Rosseane Boyland falleció aplastada luego de que al incursionar al Capitolio en medio de la turba cayó al piso y decenas de personas pasaron sobre ella mientras se hallaba en el piso.

Los medios se han enfocado mayoritariamente a controvertir sobre la acción en el parlamento, es muy difícil no entretenerse viendo a un hombre que lleva un sombrero con cuernos en los pasillos del Capitolio, o a un granjero que pone los pies sobre el escritorio de Nancy Pelosi. Sin embargo, es importante virar el ojo hacia el origen de toda la situación.

No hay que olvidar que el origen de toda esta situación se dio por una invitación directa que hizo Donald Trump en una manifestación que tuvo lugar dos horas antes de la incursión en las inmediaciones del Capitolio. Las constantes afirmaciones del presidente sobre lo que a pesar de todas las instancias oficiales de Estados Unidos él llama un fraude, y su invitación a manifestarse frente al Capitolio, hacen que la situación no haya sido planteada abierta y frontalmente por Trump, pero sin duda, fue el producto acumulado de la campaña antiinstitucional desarrollada desde la Casa Blanca.

El momento que vive Estados Unidos y las condiciones en que Trump deja la institucionalidad de ese país son muy particulares. Hablar de un derrumbe institucional puede ser muy prematuro. Sin embargo, no hay duda de que todo lo que ha ocurrido en el último año y medio en Estados Unidos debe verse con atención. La población más sumergida está pasando muy mal y la política estructural de ese país ha demostrado no inmutarse por ello. Si bien las fuerzas de la clase media acomodada y de la ultraderecha armada por la Segunda Enmienda están bastante organizadas, el inconformismo sigue creciendo y ya se puede ver también a grupos de latinos o afroamericanos impulsando iniciativas de autodefensa.

1 comentario en «Cuando la derecha empuja»

  1. La Verdad Ilumina. | el 16 enero, 2021 a las 7:01 pm |

    Falsas banderas,infiltración, disidencia controlada y falsificada, las delicatesen del SISTEMA DE CONTROL DOMINIO Y MANIPULACIÓN / SISTEMA FINANCIERO INTERNACIONAL.

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