A los 90 años y cumpliendo con 12 cadenas perpetuas se murió este martes el represor argentino Luciano Benjamín Menéndez. Fue la máxima autoridad en Córdoba durante la dictadura iniciada el 24 de marzo de 1976 y responsable de la represión en Jujuy, Salta, Catamarca, La Rioja, San Juan, Mendoza, San Luis, Santiago del Estero y Tucumán.
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Estaba internado desde hacía unas semanas en un hospital cordobés y cumplía arresto domiciliario por las condenas que recibió por sus múltiples crímenes: desapariciones, asesinatos, secuestros, torturas, violaciones y robo de bebés.
Recuerda el matutino Página/12 que Menéndez tuvo a su cargo el área 311 en que la dictadura cuadriculó el país para su plan de exterminio. Manejó diez provincias en un plan sistemático de secuestros, torturas, apropiación de bebés y desapariciones que ha quedado demostrado en cada uno de los juicios por delitos de lesa humanidad realizados desde 2008.
Fue conocido por los alias de “Cachorro”, “Chacal” o “Hiena” y tuvo bajo su mando el destacamento de Inteligencia 141 General Iribarren, del que dependía el centro clandestino de detención La Perla, conocido como “la ESMA cordobesa”, por donde se calcula que pasaron 2.500 detenidos.
Hay testimonios de los sobrevivientes que indican que la “Hiena” solía visitar La Perla y presenciaba fusilamientos al borde de las fosas, o aparecía durante las sesiones de interrogatorios y las torturas.
No solo fue un criminal sino que también aportó lo suyo desde el punto de vista ideológico ya que se le adjudica haber sido el inventor del “pacto de sangre”: hacía participar de los secuestros y fusilamientos a todos los oficiales para que en el futuro “no se dieran vuelta”.
Tras el regreso de la democracia, logró desactivar varias causas en su contra amparado en las leyes de impunidad y en 1990, a pocos días de que comenzara un juicio en su contra, recibió el indulto del presidente Carlos Menem. En 2005 la Corte Suprema declaró inconstitucional el indulto y en 2008 el represor recibió su primera sentencia por crímenes de lesa humanidad.
Menéndez, durante las ocasiones en las que debió hablar en el banquillo de los acusados, dedicó sus alegatos a defender con pasión el terrorismo de Estado. “Nuestros enemigos fueron los terroristas marxistas. Jamás perseguimos a nadie por sus ideas políticas”, dijo antes de ser sentenciado a perpetua junto al dictador Jorge Rafael Videla en 2010 por los fusilamientos de presos políticos en la Unidad Penitenciaria 1 (UP1) de Córdoba.