Retrospectiva Costigliolo en el MNAV

El camino geométrico

El montaje de dos exposiciones dedicadas a la obra de José Pedro Costigliolo, en los espacios que la Fundación Atchugarry gestiona en Manantiales y en Miami, se completa con una retrospectiva que reúne más de 100 obras del pintor en el Museo Nacional de Artes Visuales. Una exposición de visita imprescindible que permite admirar la obra de un artista clave del arte geométrico y no figurativo.

Por G.P.

Una muestra retrospectiva puede resultar sumamente eficaz para mostrar diferentes estadios creativos de un artista visual, para subrayar aprendizajes y referencias, líneas estéticas, desplazamientos, recurrencias, superposiciones o puntos de inflexión. Está en el curador-montajista, en su ojo clínico y en su intuición, afinar una trama argumental que construya uno o varios relatos de interés para el espectador. Cuando eso sucede el abordaje retrospectivo se enriquece, en lecturas que suelen estar más allá del uso -generalmente resbaladizo y erróneo- de una simple línea de tiempo. Porque todo viaje creativo, por definición, es complejo, y desarrolla más contradicciones que certezas en sus naturales bifurcaciones y desvíos.

El desafío de realizar una retrospectiva de José Pedro Costigliolo está signado por un problema no menor y paradójico: no queda otra opción al analizar su obra que establecer y subrayar el relato retrospectivo desde la trama temporal. Porque si hay algo que define a Costigliolo, uno de los mayores representantes del arte geométrico en Uruguay, es la sensación de work in progress, de transcurso, de camino. Por lo tanto, no hay otro recorrido posible. Y esto, que podría parecer una solución fácil, es inevitable si lo que se desea es abrir a diferentes lecturas y posibilitar puntos de fuga, con el fin de exponer los movimientos e intensidades de una obra que -al igual que la que consagró a su esposa María Freire y la de otros artistas que trabajaron sobre la abstracción y la nueva figuración- está más cerca del juego y del mero disfrute visual que de cualquier otra interpretación o simbolismo. La obra de Costigliolo es, ante todo, visualidad pura. Como bien señala Santiago Tavella en el texto de la exposición colectiva La memoria inmediata, realizada en el Subte en 1998 y que valoriza la obra de Costigliolo como referencia en el siglo XX uruguayo, «más que lirismo, lo que hay en su obra es un claro protagonismo de lo sensitivo a partir de la vista, el ojo, la retina».

Enrique Aguerre, como curador de la primera gran muestra sobre Costigliolo desde la que se hizo en 1986, desarrolla un relato que permite visualizar las particulares investigaciones del artista sobre formas no figurativas y sobre el color, en relación con pequeños movimientos y desplazamientos temáticos vinculados no tan lateralmente a la técnica elegida. Si en los primeros ejercicios, retratos y autorretratos fechados en los años 30, el joven artista muestra una buena técnica planista y un gran talento, en la siguiente década se mete directamente en la abstracción, sin abandonar del todo lo figurativo pero aumentando la graduación del color en el uso del acrílico. Ahí empezará un viaje sin retorno, porque las formas y composiciones acaban con la abstracción y luego vendrá, ya en la década del 50, la búsqueda entre espacio y formas, como por ejemplo las líneas negras que disparan inquietudes no figurativas y de juego visual puro. Están presentes, y se muestran en la retrospectiva del Museo de Artes Visuales antes de llegar al éxtasis de los grandes acrílicos jugados a composiciones hechas con cuadrados, rectángulos y triángulos, dos períodos de interés que lo muestran probando con la témpera y acercándose al efecto vitral, o bien retomando líneas más difusas y de su primera etapa, de una bruma geométrica marcada por varios trabajos en acuarela.

De todos modos, queda claro que el acrílico provoca los impactos más fuertes, permitiendo esa sensación de multitud, de recurrencia y de estallido visual que tiene buena parte de la producción de Costigliolo de finales de los 60 y primeros años 70.

La vida de las formas, como construcción retrospectiva que reúne un número más que significativo de obras (en su mayor parte de la colección de Fundación Atchugarry), revaloriza la obra del pintor geométrico a nivel local, al tiempo que el llamado ‘fenómeno Costigliolo’ crece en el exterior. Se ubica al artista uruguayo como referencia en el arte geométrico y concreto latinoamericano entre los años 1930 y 1970, y es más que significativo que obra suya haya sido adquirida por el Malba (Buenos Aires), el Museo Reina Sofía (Madrid), el Blanton Museum of Art (Austin), el Museum of Fine Arts (Houston) o la Colección Phelps Cisneros.

 

Compartir:
Leer entrada anterior
Presidente de la ARU disparó contra las políticas sociales
Uruguay abrió once nuevos mercados en 2018 para exportar productos agropecuarios

La labor del Gobierno uruguayo posibilitó la apertura de once mercados para exportar carne vacuna, ovina y aviar, semillas de...

Cerrar