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El Uruguay maniqueo

Por Enrique Ortega Salinas.

Varios temas y el mismo problema: nuestra dificultad de analizarlos de manera objetiva. Vivimos esclavos del más crudo maniqueísmo y quienes tratan de liberarse de sus cadenas y opinar objetivamente, viendo los pro y las contras de cada medida o cómo en un conflicto se reparten las razones, se exponen a descalificaciones de toda clase. Se entiende por maniqueísmo a la actitud de valorar las cosas como buenas o malas sin términos medios al mejor estilo religioso. El término surgió a partir de las ideas de Manes (siglo III d.C.), que sostenían la existencia de dos principios eternamente opuestos, el bien y el mal. Me opongo. Me opongo a analizar el tema de la pensión de Raúl Sendic desde otro ángulo que no sea el jurídico; pero lo que vemos es que quienes simpatizan con él están a favor de que se le pague y los que no simpatizan, en contra. No tengo por qué estar a favor de Carles Puigdemont y su proyecto separatista para sostener que Mariano Rajoy es un tirano y, más que tirano, imbécil, tanto que acaba de legitimar lo ilegítimo con un gorilismo que la monarquía ampara, porque creer o reventar: en el siglo XXI, el rey, un rey, ha hablado en representación de la democracia. Que la consulta era ilegítima, irregular, desordenada y con resultados que no se pueden tomar en serio ni a favor ni en contra es indiscutible, como también lo es que si el Gobierno español hubiera dejado a los catalanes tranquilos, hoy ya nadie hablaría de cuántos ni qué diablos votaron. Al reprimirlos victimizó a los separatistas. Lo que son las cosas… Hace muy pocos meses la oposición venezolana realizó una consulta igualmente ilegítima. ¿Por qué no se la recuerda? ¡Porque Maduro no mandó milicos a robarse las urnas ni apalear viejas! Y si lo hubiera hecho, Venezuela ya estaría invadida y Nin Novoa estaría usando la palabra “repudio” para el atropello y no la melosatragasables palabra “lamenta”, que avergüenza a tantos frenteamplistas ante el mundo, porque en el fondo significa: “Sí, estuvo mal, pero se la buscaron”. Yo puedo estar a favor o en contra del separatismo, pero si fuera canciller, no tomaría partido por algo que tienen que definir los españoles democráticamente, porque eso es injerencia pura. Me duele tanto Cataluña como Las Vegas, o sea, nada. Si votaron a Rajoy y a Trump, que los disfruten. Si a los españoles les gusta la monarquía o no hacen nada por derribarla, si adhieren al Partido Popular (que de popular nada tiene) y a las corridas de toros y a cuanto atentado a la inteligencia se les pueda ocurrir, allá ellos. Ahí están las consecuencias. Y si a los otros les gusta un país paranoico donde cualquiera puede comprar armas con la misma facilidad con que puede comprar condones, a no quejarse si un día sí y otro también un francotirador se sube a un edificio y comienza a acribillar sin discriminación. Repudio los sistemas; estos hechos (sangre en Cataluña y sangre en Las Vegas) son consecuencia lógica e inevitable de aquellos. Conozco dreamers uruguayos que trabajaron por Donald Trump en su campaña y ahora lloran porque les dio una patada donde la espalda pierde su honesto nombre y tendrán que regresar al Sur que les avergüenza, tragándose su discurso pitiyanqui (1). Los defensores de Sendic acusan de traidores, moralistas y puritanos a los frenteamplistas que pidieron su renuncia por lo del título, el “brindis que salió caro”, el Atlantic, el colchón y muchos y tristes problemas de comunicación. Ahora los malos son los miembros del Tribunal de Conducta Política, los de la Junta de Transparencia y Ética Pública y todos los tribunales. Ahora es malo exigir, controlar y criticar. Lo bueno es ser un corcho. Del otro lado, los defensores del rebenque. Lo del intendente blanco, dicen los blancos, no se puede comparar con lo del vicepresidente frenteamplista… y tienen razón. El primero sí cometió enriquecimiento ilícito al hacer que la intendencia negociara con Ancap para que comprara combustible en su estación de servicio. El hijo del expresidente comprende que a pocos días de festejar la caída del hijo del exguerrillero no puede menos que pedir la renuncia del futuro exintendente, mientras que el futuro senador y nada más que senador Larrañaga se cava su propia tumba al defenderlo. El delito ajeno no extingue el propio, me decía un profesor en primer año de Derecho; pero estos, que si no son abogados, están custodiados por legiones de leguleyos, no lo aprenden más. “Lo nuestro no está mal porque ustedes también lo hicieron”. La irracionalidad triunfa. Mr. Burns, el pediatra blanco, le dijo al exvice genetista que el mismo no podría mirar a los ojos a la gente tras mentir sobre el título de licenciado, pero resulta que Mr. Burns no es pediatra y le mintió a la misma gente sobre su título. Luego está el borracho que atropelló y lesionó a una mujer y terminó siendo aplaudido por pedir su desafuero para presentarse a la Justicia, siendo obvio que el desafuero estaba cantado y hasta el perro de la esquina lo iba a votar. Lo más inteligente era adelantarse. Aplausos. Tanta dignidad me emociona. No muy diferente a la renuncia de Sendic, también etiquetada como acto de dignidad, que evitó la sanción del Plenario, cada uno para su casa y aquí no ha pasado nada. Los blancos han dejado pasar una oportunidad de oro. Las metidas de pata de algunos frenteamplistas les dejaron las próximas elecciones servidas en bandeja de plata, pero los mismos blancos patearon la bandeja. Verónica pide la renuncia de Bascou, pero a la vez la Justicia condena a Verónica y se publicita aun más su alianza electoral con el diablo, algo que siempre termina mal. Palabra de agnóstico. Lacalle Pou dice del intendente exactamente lo mismo que Tabaré dijo semanas atrás del vice: “Yo renunciaría”, frase que traducida al criollo significa: ¡Renunciá, pedazo de un…! (agregue el lector lo que le parezca). Los blancos tienen buena memoria para recordar los errores del Frente Amplio, y está bien, en eso consiste el juego. Pobre iluso el que espere una oposición que no le ponga palos en la rueda al gobierno. Eso sí, los blancos tienen mala memoria a la hora de contar a los jóvenes lo que fue su gobierno entre 1990 y 1995. No hablan del pasado porque no les conviene hablar de su pasado, uno de los períodos más nefastos de la historia nacional. Votaron la ley de ocho horas para los peones rurales, pero hacen propaganda en contra desde su diario oficial (ese que también lo fue de la dictadura) porque tienen en sus filas innumerables oligarcas novilleros (tal como los llama Soledad Platero) con rebenques ansiosos de caer sobre quienes reclamen cosas irrespetuosas e insólitas como el pago de horas extras o 50 pesos más por día. Habrase visto. Rechazamos las demostraciones de fuerza de Kim Jong-un y sus misiles y nada decimos de las nuevas bases militares que Donald Trump le ha puesto a Corea del Norte lo suficientemente cerca como para que el secretario general del Partido del Trabajo lo sienta como una mojada de oreja. Vemos a Corea del Norte como un peligro para el mundo, pero son los Estados Unidos los que tienen 800 bases militares a un costo de 100.000 millones de dólares anuales distribuidas por el planeta. Obvio que por este párrafo no faltará quien me acuse de estar a favor de la dictadura norcoreana, porque como diría un código maniqueo: estás conmigo o en mi contra. Luego está la cereza sobre la torta: los que calumnian desde las sombras del anonimato en las redes sociales. Ya no dicen que Sendic invirtió algunos millones de dólares. Sobran los que dicen que se robó 600, 800, y hasta 1.000 millones o que se esfumaron misteriosamente, cuando la realidad es que terminó su gestión con la mitad del patrimonio inicial. Sobran también los facebookianos que tienen problemas de comprensión lectora e interpretan las palabras ajenas de insólitas maneras. Si digo negro en lugar de afro, soy racista. Si discrepo con la ley de femicidio por considerarla antijurídica, soy machista. Y si no creo en la ley de cuotas, remachista, aunque voté mujer cuando tuve la oportunidad, mientras que muchas de nuestras legisladoras votaron hombre. Por esto y más, es difícil tratar de analizar los hechos de actualidad en términos objetivos. No se admiten matices. No se perdona decir que un opositor tiene razón en algo, como lo digo ahora de Lacalle Pou con respecto a la renuncia de un intendente. Todo debe ser terminante. Continuaré intentando defender a los míos cuando aciertan y martillearlos como a un clavo cuando se tuercen, porque lo mejor que le puede pasar a la oposición es que nos desviemos. Continuaré elogiando a un opositor si hace algo bien y criticándolo si es lo contrario. A Darío Pérez, esto le ha costado el mote de traidor. Bienvenido al club. En esto andamos.   (1) Pitiyanqui es un modismo creado por el puertorriqueño Luis Lorens Torres (1876-1944) para referirse a quienes admiran a los estadounidenses, los imitan y reniegan de su propio pueblo. El término proviene del francés petit, que significa pequeño, y yankee.

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