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Elecciones en la AUF: El gran bonete

Es difícil escribir sobre las elecciones para presidente de la Asociación Uruguaya de Fútbol, máxime que en Caras y Caretas el deporte es un contenido poco frecuente; sin embargo, tenemos un compromiso de mantener informados a los lectores que no podemos dejar de cumplir.

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El posible favorito para la elección era, hasta hace una semana, el expresidente de la AUF Wilmar Valdez. Se trata de un escribano, que fue presidente de Rentistas y que accedió a la presidencia de la asociación luego del desplazamiento de Sebastián Bauzá, con el apoyo de una mayoría de clubes y de aquellos que se consideran más cercanos a la empresa Tenfield, que posee, por contrato vigente hasta 2025, los derechos exclusivos de televisión. Durante su gestión, se continuó con el proceso de selecciones, se obtuvieron resultados exitosos en copas internacionales, se sortearon difíciles circunstancias financieras por los embargos de las empresas que tenían adquiridos los derechos de las eliminatorias, estalló un grave conflicto con los jugadores por los derechos de imagen que culminó con el cambio de autoridades de la Mutual de Futbolistas, se negociaron los contratos con la marca de indumentaria y con el patrocinio comercial de la institución. Simultáneamente se gestó un gran descontento en la mayoría de las instituciones de la primera divisional porque sintieron un gran menosprecio de las autoridades ejecutivas. Tal disgusto  puso en tela de juicio su continuidad al frente de la institución. En estas circunstancias surgieron dos contendientes poderosos que desde hace muchos años aspiran a conducir el fútbol uruguayo: Arturo del Campo, expresidente de Danubio, y Eduardo Abulafia, expresidente de la divisional B. De esta forma se llegó a la semana pasada. Wilmar Valdez corría con el caballo del comisario, contando con el explícito apoyo de las autoridades de FIFA y de Conmebol, los principales jugadores de la selección uruguaya, la inmensa mayoría de la prensa deportiva, la Mutual de Jugadores y la Gremial de Árbitros. Sus adversarios apenas contaban con algunos de los clubes de primera división, que se dividían entre los dos. La empresa Tenfield, concesionaria de los derechos de televisación, se mantenía al margen, aunque Abulafia parecía sugerir que contaba con su apoyo y la aprobación tácita del gobierno nacional. Todo parecía discurrir en forma normal hasta que el diablo metió la cola. El fin de semana pasado aparecieron algunos audios de intercambios sostenidos por Wilmar Valdez, grabados clandestinamente, en los que se escucharían conversaciones que comprometerían su gestión, pasada o futura. En torno a esos misteriosos audios, que al parecer pocos conocen, se han tejido infinidad de versiones e innumerables personajes y circunstancias que han ayudado más a oscurecer que a esclarecer. En la misteriosa trama aparece un personaje secundario convertido en estrella principal que sería quien grabó los mismos, el Sr. Walter Alcántara, un “muchacho buscavidas” que, estando en la mala, solicitó la asistencia de Valdez sin éxito y se propuso castigarlo. El contenido de los audios permanece en la oscuridad aunque Jorge Barrera, Julio Ríos, Arturo Del Campo y Wilmar Valdez lo conocen. La fiscal Silvia Pérez investiga sobre los mismos. Los rumores se multiplican y los que no conocen el contenido especulan sobre ellos. Unos dicen que habría un pedido de coima, otros dicen que mencionaría al hijo de Tabaré Vázquez y a presiones del Ministerio del Interior. Otros sugieren que revelaría cosas íntimas que comprometen la vida familiar de Valdez. Los audios motivaron la inmediata renuncia de Valdez a la candidatura de la AUF y toda la sociedad se pregunta sobre los motivos que puede tener una persona para renunciar a un sueldo de 40.000 o 50.000 dólares mensuales, a los viáticos de su actividad internacional y a esa vida de ensueño que todos imaginan en el privilegiado núcleo de dirigente de la FIFA, quienes, como los “ejecutivos”, van del sillón al avión sin escalas. Todos hablan de los audios, pero nadie sabe a ciencia cierta cuántos son ni qué dicen. Tal vez no sean más de tres, pero hay quien habla de 15. Tal vez Valdez no diga nada en ellos que lo comprometa penalmente, sino que establece silencios y respuestas que pueden dar lugar a especulaciones e interpretaciones diversas. Al parecer, Jorge Barrera no halló en ellos ninguna eventualidad que justificara una acción penal, pero de alguna manera Valdez halló motivos suficientes para descolgarse de sus proyectos. Se podría aventurar que Valdez, que en los últimos dos años habría mantenido decenas de conversaciones con Alcántara, sea temeroso de que inadvertidamente haya otras grabaciones más comprometedoras que las que se conocen y las que se presentarán en la Justicia. El motivo de la renuncia no sería lo que se dice en las grabaciones conocidas, sino lo que podrían contener otros audios aún ocultos. Los audios que conocieron las cinco personas mencionadas anteriormente hablan de conversaciones entre Valdez y Alcántara sobre la remodelación del Centenario, las cámaras del Campeón del Siglo, las luces del Franzini. En estas conversaciones no habría ningún delito y Valdez parece haber dicho que no se habría visto presionado. Quizás la fiscal no halle mérito para abrir una causa penal o siga el espinel y comiencen a pasar por la fiscalía empresarios, abogados, dirigentes y jugadores a declarar como testigos o imputados. Wilmar Valdez, quien declaró como testigo, espera pronta resolución de la fiscal, archivando las actuaciones, lo que eventualmente lo pondría a salvo de la Justicia y de las actuaciones de Alcántara, que probablemente no quiera más líos. Si así fuera, volvería a estar en el primer punto del orden del día el proceso electoral de la AUF, en el que habría dos contendientes -Del Campo y Abulafia- y el segundo cuenta con clara ventaja. Los jugadores y árbitros anunciaron su voluntad de detener el fútbol si la elección se realizaba el pasado martes, pero tal vez esta amenaza pretenda impedir la elección de Abulafia y se encuadre dentro de la disputa entre las autoridades de la Mutual con Tenfield. Al día de hoy, Abulafia parece tener los votos, pero aún debe pasar los filtros de Conmebol, que se atribuye una injerencia en la AUF que la mayoría desconocía y algunos no aceptan por considerarla arbitraria e ilegal. Pero si Abulafia no obtiene un dictamen favorable de la comisión que juzga la idoneidad y ética de sus dirigentes -lo que algunos consideran muy probable-, se complica todo. En ese caso, Del campo -que parece haber sido derrotado- vuelve a tener chance; Valdez, si resulta alentado por sus apoyos y por un fallo de la Justicia que no encuentre méritos para iniciar una causa, también puede agarrar viento en la camiseta, e Ignacio Alonso, que se ha manifestado renuente a postularse, puede encontrar en el apoyo de un número importante de clubes motivo para reconsiderar su negativa a ser elegido presidente de la entidad rectora del fútbol uruguayo. Es curioso que ahora aparezca el nombre de Fernando Nopitsch, expresidente de Wanderers y actual secretario general de la Intendencia de Montevideo. Más curioso aun es que Eduardo Ache siempre está.  

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