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Elites, política y desigualdad: Anatomía de la clase dominante uruguaya

¿Cómo se compone la elite económica uruguaya? ¿Qué porcentaje real de riqueza acumula? ¿Cómo se infiltra en las instituciones políticas? Estas preguntas fueron abordadas por investigadores de la Facultad de Ciencias Sociales en las XVI Jornadas de Investigación de ese centro de estudios.

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Uruguay se encuentra en un nivel medio-alto de concentración del ingreso en comparación con el resto de países del globo. Las 25.000 personas más ricas del país, equivalente a uno por ciento de la población total, acapara 34 por ciento de la riqueza total del territorio, es decir, del stock de activos totales. En términos de ingreso (cantidad de dinero que recibe un individuo en el transcurso de un período determinado), los uruguayos que componen uno por ciento de mayores ingresos conservan alrededor de 15 por ciento de la masa de ingresos totales del país. Esto equivale a lo que percibe casi la mitad de la sociedad 40 por ciento) que menos ingresos tiene, o sea, alrededor de un millón de personas. Así, este ratio desigual sitúa a Uruguay en un punto intermedio entre un país nórdico como Noruega, donde ese uno por ciento percibe 7,8 por ciento de los ingresos totales, y un país extremadamente desigual como Brasil, donde el top 1 acapara 28 por ciento del ingreso. Esto fue explicados en la mesa “Los grupos de altos ingresos y riqueza en Uruguay (2009-2014)”, realizada el miércoles 13 en el marco de las XVI Jornadas de Investigación de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República. Allí se expusieron los resultados  surgidos de una línea de trabajo llevada a cabo por Andrea Vigotitto y Mauricio de Rosa, integrantes del grupo de investigación “Desigualdad y pobreza” del Instituto de Economía (Iecon). Su investigación se realizó a partir de datos extraídos de los registros tributarios que, a raíz de la reforma tributaria de 2006, permiten estudiar con mayor precisión a los grupos de altos ingresos. Los investigadores destacaron que “en Uruguay la riqueza está casi doblemente concentrada respecto al ingreso. Esa concentración es mucho más intensa si se tiene en cuenta exclusivamente la riqueza empresarial”. En este sentido, el trabajo del Iecon indica que 90 por ciento de toda la riqueza empresarial la tienen las 25.000 personas más ricas. Para el resto de la población, cuando tiene algún capital en activos, este se compone fundamentalmente de riqueza inmobiliaria o tierras. De este modo, se puede decir que prácticamente toda la riqueza empresarial del país está acaparada por ese top 1 de la población más rica. A su vez, la mitad de la riqueza de la cartera de activos de esta elite es empresarial y alrededor de 40 por ciento se corresponde con riqueza inmobiliaria. A la hora de describir a estas 25.000 personas, los investigadores señalan la indiscutible masculinización del sector. Cuando se analiza la totalidad los perceptores que figuran en los registros de ingresos, prácticamente la proporción de hombres y mujeres se mantiene en 50 por ciento. Pero si se estudia a las las 25.000 personas que más ingresos tienen, menos de 30 por ciento son mujeres. Aunque, por otro lado, hay una importante persistencia entre los integrantes de este grupo privilegiado: “Si llegaste a integrar cinco por ciento [de la población] de mayores ingresos, tienes 90 por ciento de probabilidades de permanecer en ese sector”, señalaron los ponentes. El ratio de persistencia es igual para hombres y mujeres: “A las mujeres les cuesta llegar, pero, una vez que llegan […], permanecen en ese grupo de altos ingresos”, añadieron. Por otro lado, también destacan que el grupo de mayores ingresos y el grupo de mayor riqueza no están integrados por las mismas personas. Entre el mencionado top 1 de ingresos y el top 1 de riqueza, hay una superposición de 40 por ciento, lo que implica que menos de la mitad de individuos integran ambos colectivos. En base a los datos recogidos, los investigadores concluyeron que la cartera de capital-trabajo que posee el sector de mayores ingresos quita progresividad al impuesto a la renta debido al carácter dual del sistema tributario uruguayo (compuesto por tasas de imposición mayores para los asalariados que para los capitalistas). Esto se explica porque las ganancias que recibe ese uno por ciento de mayores ingresos de la población combinan en buena medida ingresos por trabajo y por capital. “Lo que vemos es que […] en los tramos de muy altos ingresos cae la tasa efectiva que pagan estos individuos por tramo, porque empiezan a cobrar importancia las ganancias por capital”, y este tipo de rentas está gravado con una tasa menor por el sistema impositivo. Por tanto, la combinación del sistema dual uruguayo, con una cartera diferente de los grupos de altos ingresos, hace que caiga la progresividad del sistema impositivo. Esto se hace más evidente si se tiene en cuenta que los individuos que integran esta elite tienden a declarar sus ingresos en mayor medida como procedentes de capital para pagar menos impuestos por ellos.   Mánagers, nuevas elites económicas Por otro lado, en la presentación “Jerarquización y segmentación de las elites empresariales en el campo económico en Uruguay (2000-2015)”, el doctor Miguel Serna y el licenciado Franco González destacaron dos transformaciones claves entre los integrantes de las elites económicas nacionales. “A las típicas clases y elites privilegiadas cuya base de poder estaba en propiedad se empezaron a sumar otros grupos dirigentes, como las denominadas ‘elites manageriales’”, explicó Serna. Esta categoría incluye a los altos ejecutivos, gerentes, y a los integrantes de directorios de grandes empresas y de cámaras empresariales. Este sector, aún incipiente durante la primera mitad del siglo XX, en las últimas décadas se ha extendido, diversificado y globalizado. En su estudio se centraron en analizar, a partir de registros públicos, sitios web, redes sociales y currículum vitae, las características de 198 miembros de directorios y 198 ejecutivos de las 43 mayores empresas uruguayas (39 privadas y cuatro públicas) y a los 64 directivos más relevantes de las cinco grandes cámaras empresariales en el período 2005 y 2016 (Asociación Rural, Cámara Mercantil de Productos del País, Federación Rural, Cámara Nacional de Comercio y Servicios y Cámara de Industrias del Uruguay). Según su estudio, únicamente 11,2 por ciento de los integrantes de los directorios de las grandes empresas son mujeres. Esta proporción se reduce a 10 por ciento en el caso de los puestos de alta gerencia. En la Cámara de Industrias del Uruguay, en la Asociación Rural y en la Cámara Mercantil de Productos del País no se registró presencia de mujeres en el período estudiado. En los casos de la Cámara de Comercio y de la Federación Rural los porcentajes de mujeres en cargos directivos son 4,5 por ciento y 6,7% respectivamente. Por esto se puede concluir que el componente patriarcal continúa siendo regla en el capitalismo del nuevo siglo y que los conocidos como “techos de cristal” continúan vigentes. Por otro lado, en lo referente a la nacionalidad, 100 por ciento de los directivos de las cinco cámaras empresariales son uruguayos. Sin embargo, en el directorio de las 43 grandes empresas la preeminencia de nacionales desciende a 69 por ciento. De ellos, 19 por ciento proceden de Argentina, Brasil o Chile y 12 por ciento son extranjeros de otras nacionalidades. Estas proporciones se modifican en el caso de los integrantes de la alta gerencia de las referidas grandes firmas. En este grupo, 90 por ciento de los ejecutivos son uruguayos, seis por ciento son directivos de la región (Argentina, Brasil, Chile) y el cuatro por ciento son extranjeros de otras nacionalidades. Serna también explicó que los integrantes de los directorios de las cámaras empresariales tienden a ocupar sus cargos una media superior a ocho años. Por otro lado, los miembros de los directorios de grandes empresas permanecen, en promedio, 2,7 años en sus puestos. Con base en estos datos, Serna concluyó que el proceso de globalización de las elites manageriales dista en parte de estereotipo cosmopolita de gerentes y ejecutivos que cambian permanentemente de país y de empresa. Para el experto, lo que se está dando es más bien un proceso de “desnacionalización parcial de las elites”. “Las elites nacionales siguen siendo nacionales, pero al mismo tiempo asumen funciones globales”, señaló. “Los empresarios tradicionales tenían su empresa en un país del que no se movían, y ahora [quienes tienen un consorcio de multinacionales] tienden a enviar a sus hijos temporalmente a sucursales del exterior o van ellos mismos por algún tiempo”. Por otro lado, el estudio demostró que “lo local importa” en la globalización y, por tanto, las fuentes tradicionales de poder dentro del empresariado, como son las cámaras empresariales, tienden a estar integradas por locales. Esto sucede también en la gerencia de las empresas multinacionales, en las que, si bien la propiedad es extranjera, los directorios de las distintas sucursales tienden a estar integrados por personas nativas o regionales.   Empresarios en la política Por último, en la mesa “Los empresarios en la política en Uruguay en tiempos de cambio (2000-2015)”, a cargo también de Miguel Serna, esta vez junto al sociólogo Eduardo Bottinelli, se evaluó la proporción de empresarios presentes en los partidos políticos e instituciones nacionales, llegando a la conclusión de que existe una clara sobrerrepresentación de los mismos comparada con su presencia en el conjunto de la sociedad. En su estudio, los autores analizaron los casos de 375 políticos del Poder Ejecutivo (presidente, ministros y subsecretarios) e integrantes del Parlamento (cámaras alta y baja), observando que 20,2 por ciento de ellos son propietarios de sociedades. Esta proporción, si bien es elevada, es menor al promedio de América Latina (en torno a 25 por ciento), pero es parecido a otros países de desarrollo humano similar, como Argentina. Los investigadores identificaron cuatro grandes fórmulas de reclutamiento de empresarios en la política. En primer lugar están los políticos profesionales, originarios de las clases patrimoniales rentistas, es decir, políticos que tienen un capital o un patrimonio que les otorga flexibilidad en términos de carga horaria para dedicar su tiempo a la actividad política. En segundo lugar, destacan el “reclutamiento lateral de empresarios”, o lo que se conoce como “intrusos” políticos. Son personas que tienen éxito en otros ámbitos y se incorporan a la política de una forma más discontinua. El tercer tipo de reclutamiento son los mánagers, altos ejecutivos y expertos profesionales, quienes aprovechan su experiencia en actividades de gestión y en manejo de información para participar en la política. Por último, figuran los “empresarios de la política”, quienes ponen recursos económicos a disposición de determinados partidos y agrupaciones y con eso buscan una recompensa que puede ser tanto en términos políticos como en materia de prestigio o de estatus. Por otro lado, los autores del estudio identificaron importantes diferencias en la participación de los empresarios en función del partido político. El Partido Nacional es la formación que mayor proporción de empresarios posee, con un guarismo de 32,3 por ciento, predominando dentro de ellos los productores rurales (18,3 por ciento). Le sigue el Partido Colorado con 22,4 por ciento de integrantes empresarios, y por último el Frente Amplio, con 13,9 por ciento. Finalmente, en la exposición se destacó -empleando la metodología de Análisis de Correspondencias Múltiples- que “aquellos perfiles de políticos con mayor grado de profesionalización política y más alto capital económico se encuentra más próximos a posiciones ideológicas identificadas con el centroderecha y la derecha”, mientras que los perfiles de políticos con mayor capital cultural y aquellos ligados a ocupaciones más tribunicias (profesores, maestros y trabajadores no calificados) se encuentran más próximos a posiciones de izquierda y centroizquierda. Además, dentro de la derecha, aún prevalece la distinción campo-ciudad entre el Partido Nacional y el Partido Colorado, atrayendo el primero en mayor medida al sector de los productores rurales y el segundo a los empresarios de corte más urbano.

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