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Mundo coronavirus |

Todos se sacuden las culpas, ninguno estuvo a la altura

En Bérgamo la muerte se llama egoísmo e interés del capital

El drama de Bérgamo, una ciudad italiana convertida en un matadero por decisiones políticas

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Caras y Caretas Diario

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Imagínese que alguien le alcanza para leer una esquela que solo dijera: «Setenta camiones militares cruzaron la ciudad en medio de un silencio sepulcral, uno detrás de otro, en una marcha lenta en señal de respeto: transportaban cadáveres. Los llevaban a otras ciudades fuera de Lombardía porque el cementerio, el tanatorio, la iglesia convertida en tanatorio de emergencia y el crematorio en funcionamiento 24 horas al día ya no daban abasto», ¿qué pensaría que se describe?

Probablemente, en otras circunstancia imaginaría una situación bélica o mejor dicho, los resultados de ella, pero no, es la descripción que se ha hecho, sobre lo que vieron los habitantes de una ciudad italiana, en estos días terribles del Covid 19: Bérgamo, una hermosa ciudad de Lombardía sumida hoy en la más absoluta tristeza.

Si en Italia, la situación del impacto del Covid 19, ampliamente descrita por muchos medios de prensa es terrible, en esta ciudad de Lombardía, el panorama es mucho más desolador: «¿por qué la situación es tan dramática precisamente en Bérgamo? ¿Qué es lo que ha pasado en esa zona para que en marzo de 2020 haya habido un 400% más de muertos que el mismo mes del año anterior?» se pregunta una periodista de Contexto y Acción.

«La epidemia en la zona de Bérgamo, la llamada Bergamasca, se inició oficialmente la tarde del domingo 23 de febrero, aunque los médicos de cabecera –en primera línea de la denuncia de la situación– aseguran que ya desde finales de diciembre atendían muchísimos casos de pulmonías anómalas en personas incluso de 40 años. En el hospital Pesenti Fenaroli, de Alzano Lombardo, un municipio de 13.670 habitantes a pocos kilómetros de Bérgamo, ese 23 de febrero llegaron los resultados de los tests de coronavirus de dos pacientes ingresados: eran positivos. Dado que ambos habían estado en contacto con otros pacientes y con médicos y enfermeros, la dirección del hospital decidió cerrar las puertas. Pero, sin ninguna explicación, las reabrieron pocas horas después, sin desinfectar las instalaciones ni aislar a los pacientes con Covid-19 (…) Los contagios se multiplicaron por todo el valle. El hospital resultó ser el primer gran foco de infección: pacientes que ingresaban por un simple problema de cadera acababan muriendo por haberse contagiado de coronavirus. «, detalla la información de CTXT.

Para comprender estas muertes, no hay que acudir a la epidemiología, aunque ella termine siendo la que explique la conformación del desastre.

En este caso, como en todos aquellos en que el fenómeno después alcanza inevitables y variadas derivas, lo que las desata no es la decisión de expertos en sanidad, o salud pública, sino las decisiones políticas sostenidas bajos intereses económicos.

«Sin ningún pudor, el 28 de febrero, en plena emergencia por Coronavirus –en 5 días se habían alcanzado los 110 infectados oficiales en la zona, ya fuera de control–, la patronal industrial italiana, Confindustria, inició una campaña en redes con el hashtag #YesWeWork. “Tenemos que bajar el tono, hacer entender a la opinión pública que la situación se está normalizando, que la gente puede volver a vivir como antes (…) El mismo día, Confindustria Bergamo lanzó su propia campaña dirigida a los inversores extranjeros para convencerles de que allí no sucedía nada y de que ni de broma iban a cerrar. El eslogan era inequívoco: “Bergamo non si ferma / Bergamo is running” (Bérgamo no se detiene). ”

La campaña de los industriales, no sólo minimizaba el riesgo, llegó incluso a negarlo, en complicidad con ellos el «alcalde de Bérgamo, Giorgio Gori, del Partido Democrático, también se había unido al clamor de no cerrar la ciudad y el 1 de marzo invitaba a la gente a llenar los negocios del centro con el eslogan “Bérgamo no se detiene”, decía.

Para marzo, en sus primeros días los contagios pasaron de 220 a 997: «Los contagios y las muertes aumentaron imparables, especialmente en las zonas industriales de la Lombardía situadas entre Bérgamo y Brescia. Un mes exacto después del primer caso oficial de coronavirus en Italia, el sábado 21 de marzo, se llegó al triste récord de casi 800 muertos diarios. Los gobernadores de la Lombardía y el Piamonte –otro gran polo industrial– declararon que la situación era insostenible y que era necesario detener la actividad productiva. Conte, que hasta entonces se había mostrado contrario a la medida, apareció por la noche abrumado para decir que sí, que ahora sí, se cerrarían “todas las actividades económicas productivas no esenciales”.

Los industriales reactivaron su desidia: “No se pueden cerrar todas las actividades no esenciales”, decían en una carta al premier detallando sus exigencias. Los industriales lograron que el decreto tardara 24 horas en ser aprobado y que Conte aceptara sus condiciones. En efecto, el Gobierno había elegido de qué parte estar, y no era la de los trabajadores» señala CTXT.

Las masivas protestas sindicales fueron rechazadas por los industriales quienes seguían afirmando que eran incomprensibles: «Las fábricas de la Bergamasca continuaron prácticamente todas abiertas hasta el 23 de marzo, cuando los contagios oficiales en la zona ya eran casi 6.500. Una semana después, el 30 de marzo, a pesar del decreto de cierre de “todas las actividades productivas no esenciales”, había 1.800 fábricas abiertas y 8.670 infectados oficiales en la zona (…) Ahora, frente a los miles de cadáveres y a una población que empieza a convertir su dolor en rabia, todos se sacuden las culpas», ninguna autoridad estuvo a la altura.

En Bérgamo, solo pesó el egoísmo y los intereses corporativos de aquellos que componen el «gran capital», las muertes y los cadáveres trasladados por camiones militares, no fueron del Covid 19, fueron fruto de las acciones e inacciones de políticos e industriales, quienes con sus egoismos los llevaron a la muerte.

 

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