Esa luminosa melancolía: La Foca presenta «La fórmula» en la Balzo

El grupo La Foca estrena las canciones de su séptimo disco en el escenario de Sala Hugo Balzo. La fórmula marca una línea de continuidad con el celebrado Ceres y Venus, de un pop climático y luminoso, con una fuerte carga de melancolía. Un recital altamente recomendable, pactado para este domingo 11 a las 20 horas.

Por G.P.

¿Es posible que la melancolía, aplicada a la música pop, se vuelva luminosa sin perder la encantadora cualidad de estado leve y sosegado, de tristeza sostenida en sonidos más o menos oscuros? Esta formulación no solo se sostiene en un plano teórico. Hay toda una corriente, denominada miserabilism, que reúne a artistas capaces de generar este tipo particular de viajes emocionales. No califica como género ni estilo. Simplemente los atraviesa. Es una capa transversal. Es un territorio en el que se cruzan Leonard Cohen y The Cure, Joy Division y Fiona Apple. El Darno y Buceo Invisible, los Buenos Muchachos y Laura Gutman.

La aparente contradicción melancolía-luminosidad deja en evidencia uno de los puntos claves de un dilema bastante significativo en la historia del pop. Es una contradicción que opera como motor de una carga sónica envolvente y acaso irresistible. Se suele hablar de músicas que se precian de ser adictivas, de las que nos hacen ingresar  en escuchas hipnóticas. Hay pruebas objetivas, en el tipo de acordes, en determinada tímbrica, en la utilización de sonidos repetidos que se cierran sobre sí mismos, o que a lo sumo se mueven espiralados y difícilmente cambien de dirección. No debe olvidarse otro detalle esencial, directamente relacionado con la manera en que estas vestiduras sonoras se complementan con discursos poéticos existencialistas interpretados -por lo general- con levedad, cierta apatía y tonos bajos.

Acá, y me refiero en el acá a Uruguay, a la escena del rock, hay un puñado de grupos que comparten un aire melancólico. Razones hay muchas, y exceden por cierto la matriz musical. Es una sensación que está en el paisaje urbano. Y es reconocible en el ADN de una movida que conecta con los primeros años 80, con la emergencia de una banda que marcó con su intensidad bastante más de lo que se piensa: Los Estómagos. De ellos deriva un linaje variopinto y que tiene como emblema -por ejemplo- a los Buenos Muchachos. Si bien el cóctel de los Buenos contempla otros viajes, cercano a una nostalgia de la psicodelia de Pink Floyd pasada por la bipolaridad eléctrica de los Pixies, siempre está presente la escuela postpunk pandense. Algo similar sucede con Buceo Invisible: si bien no es rastreable relación directa con los 80, también expresan, con certeza, similares dosis de melancolía dominguera montevideana, seña que sirve para identificar a una de las familias sonoras más interesantes y propias del rock local, que como el miserabilism anglo atraviesa géneros y fórmulas musicales.

Entre los varios eslabones que conectan esta cadena hay una banda que viene desarrollando, desde hace unos veinte años, una historia que ha dado en los últimos años dos discos superlativos: Ceres y Venus (2016) y La fórmula (2019). La Foca tiene dos o tres particularidades que hacen a la identidad de su sonido, y si bien el esencial es el entramado de guitarras envolventes, también debe anotarse la fuerte relación creativa que la banda mantiene con el cineasta argentino Ezequiel Acuña (ambientan varias de sus películas) y con el nodo alternativo que generaron los Jaime Sin Tierra (Juan Stewart siempre anda en la vuelta como productor o participando de la mezcla).

Si volvemos a las guitarras, más cargadas y al mismo tiempo más transparentes en los últimos discos de La Foca, queda clara la clave del asunto. Gustavo Compagnone y los hermanos Federico e Ismael González manejan un equipo que se entiende a la perfección, con capas espiraladas que llevan a climas de luminosa melancolía. El grupo de amigos se completa con el trabajo de Diego Lorenzo en el bajo y Ruben Larrosa en la bata, que son los que en definitiva manejan algo más que el tiempo: son decisivos en el tono y están en absoluta sintonía con la voz de Federico.

«Vamos a la oscuridad/ sabemos que es hermosa», se escucha en el estribillo de una de las canciones de La fórmula. Es un viaje no exento de riesgos, para el que hay que estar bien dispuesto y ser paciente. La Foca parece manejar la ansiedad y no importarle los vaivenes del gusto hegemónico. Sus integrantes demuestran que se dejan llevar solamente por lo que tienen entre manos, por los sonidos que crean, por una «fórmula» que disco a disco van perfeccionando. En eso también se parecen a los Buenos y a Buceo, bandas que suenan mejor en cada nuevo disco y en cada nuevo show. Hay una frase muy certera de Campagnone, uno de los guitarristas, que define con precisión a la obra de La Foca y a su forma de desarrollarse en el tiempo: «A mí me gusta pensar que estamos grabando un gran disco (en el sentido de la extensión) y que cada vez lo vamos haciendo crecer un poco». En ese sentido, La fórmula vendría a ser nada más que la séptima etapa.

 

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Ceres y Venus es un gran disco de La Foca. Un punto de inflexión. Volvieron a hacer otro gran disco en La fórmula. Sin embargo queda uno sensación de continuidad, como que es difícil encontrar la historia propia, la identidad del nuevo cancionero…

Diego Lorenzo: Tiene algo de continuidad, como vos decís, porque no nos habíamos desprendido de Ceres y Venus y ya estábamos tocando muchas de estas canciones. Pero también tiene su propia historia, o por decirlo de otra manera, tiene otra búsqueda, otra manera de pensarlo o sentirlo. A mí Ceres y Venus me lleva más hacia un lugar y un tiempo pasado, mientras que La Fórmula me genera más una búsqueda introspectiva, hacia atrás pero también pensando lo que viene.

Federico González: Bueno, si bien no lo pensamos como una continuación del anterior, es un disco que habla justamente sobre la continuidad. De nosotros como banda, o de la vida en su conjunto. Al momento de componerlo nos agarró reflexionado sobre esos aspectos. Fuimos honestos con lo que nos pasaba y logramos dejar algunas pistas plasmadas en varias de sus canciones. También es cierto que las canciones nuevas siempre llevan a las viejas adentro; es imposible despojarse de ellas, más allá de que al mismo tiempo intentan ir hacia otros lugares. En ese sentido, creo que en este disco, sin abandonar el pop, nos metimos un poco más en las estructuras climáticas y de guitarras envolventes típicas del llamado shoegazing. Y volvió Juan Stewart, que todo lo embellece.

 

Me interesa que cuenten el proceso creativo. ¿Cómo es la fábrica sonora de La Foca?

Ruben Larrosa: Es simple. Fede llega con los embriones, los presenta en la sala de ensayos y lo normal es que allí se apañe esa criatura y en menos de una hora la misma ya tenga cuerpo… porque alma ya traía.

D.L.: En ese punto empieza la búsqueda interna de cada uno de cómo aportar a la canción, por dónde puede ir «la mano», tanto en notas, clima, intensidad.

Gustavo Campagnone: Intentamos, por decirlo de alguna manera, conectar con las canciones. Conectar para mí es recibir lo que trae la canción y luego volcar lo que se genera a partir de lo recibido. Y al final del proceso, como grupo, logramos conectar entre todos haciendo una especie de sinergia «musical» de lo que formulamos y de cómo lo interpretamos. El proceso de grabación termina de darle la identidad al disco con aportes de amigos, y ahí es muy lindo, porque el disco final termina siendo mejor del que preparamos. Incluso nos sorprende.

 

¿De donde salen los bocetos de las canciones?

F.G.: Suelo llevar canciones creadas en una guitarra española. Las reproduzco en la eléctrica y ese es el puntapié inicial. Las bases y las guitarras aparecen como un milagro que se repite. Creo que le escuché decir a Fernando Cabrera que cada vez que termina un tema dice algo así como qué milagro, lo hice de nuevo. Esto lo aplicaría a nuestras canciones. Lo que empezó con una criolla en el living de casa, es una nueva canción de La Foca. Y de verdad que no lo puedo creer.

 

¿Les molesta, o les pesa, que se suela referir a la música de La Foca como melancólica?

F.G.: Buena pregunta. Depende de cómo la refieran. No tengo problema con la melancolía, ya que la ubico en un lugar luminoso, de recuerdo, de reflexión , de poder contarlo, de poder emocionar, de  poder hacer el bien. El problema es que creo que nosotros somos más que eso. No lo digo como una bravuconada, sino porque las bandas, como tantas otras actividades de las personas, son bastante más complejas. Hay más cosas en La Foca, y ojalá las puedan descubrir también.

G.C.: A mí me gusta mucho el vínculo y la referencia con la melancolía. Recorrimos un camino largo para llegar hasta ese lugar y me gusta el orden en que se fue dando. Además, hay gente que lo aprecia, así que mejor, imposible.

D.L.: Y agregaría que hay un punto donde la melancolía es parte fundamental también… Porque somos de Montevideo, y entonces tenemos todo eso adentro: Cabrera, el tango, Estómagos, Traidores. Todo eso tiene melancolía, como también la tiene la mayoría de música que nos gusta. Igual no creo que abusemos ni apostemos a la melancolía, creo que es un matiz (más) que tenemos.

R.L.: De todas maneras en La fórmula surgió mucha luminosidad… Pero es verdad que esa gama de colores mencionada nos sienta muy bien.

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