Fernando Amaral, el actor todo terreno

Anda con varios personajes en su mochila, actualmente integra la comedia Jirafas y Gorriones de Federico Guerra (La Cretina) y dirige Vitalicios en el Teatro Alianza. Prepara El Crítico de Juan Mayorga para la próxima temporada. Después de las vacaciones filmará Agárrame fuerte de la dupla Guevara-Jorge. Conversó con Caras y Caretas una calurosa tarde veraniega en el jardín del espacio cultural La Cretina.

Amaral

Texto: Rosana Cheirasco

 

Para este actor todo terreno, montevideano de pura cepa, todo comenzó en su pequeño mundo de una cuadra en calle Mburucuyá en el barrio Tres Cruces. “Allí arranqué, siempre fui muy morisqueta, muy de hacer números para los amigos”. Confiesa que nunca tuvo vergüenza: “En los apagones de los setenta y ochenta recuerdo que los vecinos de la cuadra iban para mi casa y yo improvisaba un show”.

Después vinieron los años del colegio José Pedro Varela: “En las fiestas escolares siempre actuaba”.

Hace muchos años que Fernando Amaral es un nombre central en la cartelera montevideana. Desde que en el año 2008 coprotagonizó Leonardo y la máquina de volar, junto al legendario Berto Fontana, “la obra que me cambió  la vida”, todo transcurre entre escenarios y sets de filmación.

Actualmente integra el elenco de Jirafas y gorriones, la comedia que acaba de estrenar de Federico Guerra y que va los jueves y viernes en La Cretina, el centro cultural que ambos fundaron en 2018, que se transformó en uno de los principales referentes de la ciudad.

En setiembre y octubre protagonizó Valor facial, escrita por Stefanie Neuquirch. En paralelo está en cartel en Teatro Alianza Vitalicios, su primer trabajo como director.

Este hijo de un vendedor de la empresa Philips y una maestra nacida en Tucumán, que ejerció muy poco, cuenta que en su casa había una buena biblioteca que le despertó un gusto muy precoz por la lectura.

Cuando la crisis de 2002 afectó a los uruguayos se mudaron al barrio de La Blanqueada a una linda casa de Propios y Arrieta, de la que guarda los mejores recuerdos, su mandarino, el cedrón, el limonero y la parra, bajo la que cobijó sus primeros sueños adolescentes. Los años de cuatro, quinto y sexto de secundaria los hizo el el colegio Corazón de María de las Hermanas Franciscanas.

Fue por ese tiempo que Amaral ingresó a la Orden de los Hermanos Menores de San Francisco. Pero ese llamado no prosperó. Luego vino su año de literatura en el IPA y su frustrado ingreso a la EMAD. “Me enamoré de El Picadero, era un lugar mágico donde recibí una formación muy práctica todo el día con el elenco adentro del teatro y me olvidé de cursar en la Escuela Municipal de Arte Dramático. Desde ese día mantiene un promedio de cinco a seis trabajos por temporada. Los tiene contados: lleva 85 papeles en teatro.

Vivir del teatro, dedicarse únicamente a la actuación y poder pagar la cuentas con ello es una quimera que no todos los actores uruguayos pueden soñar. Amaral es uno de los pocos que lo ha logrado.

La Cretina

Ser dueño y director de un lugar como la Cretina, que se llena casi todas las noches, es un verdadero milagro. A este viejo edificio que supo albergar la imprenta del Poder Judicial él y su socio Federico Guerra lo sienten como un verdadero hijo.

El boliche es un punto de encuentro de músicos, actores y de mucha gente que lo tiene como su lugar favorito para reunirse y festejar lo que sea. Amaral confiesa que durante la pandemia La Cretina les permitió salir adelante y está tan agradecido al público que los acompañó, que no se cansa de decirlo.

 

Teatro y cine

Leonardo y la máquina de volar, aquella obra en la que encarnaba a un aprendiz del genio florentino, es para Amaral “un antes y un después”. Daniel Hendler lo invitó para su primer trabajo Norberto apenas tarde (2010). Luego Hendler lo volvió a convocar para un rol secundario que aceptó gustoso en El candidato. A diferencia de el teatro, un medio en el que manifiesta no tener ningún tipo de dificultad, para encarar un personaje cuando prepara un guión cinematográfico dice que hay que dejar todo y consagrarse al ensayo de la película.

Tiene una invitación, para el próximo mes de marzo para filmar Agarrame fuerte, con guion y dirección de Ana Guevara y Leticia Jorge, “será un personaje chico, filmaremos en el balneario Solís y estoy muy entusiasmado”.

El año próximo, en materia teatral, se viene con todo. Además de reponer Jirafas y Gorriones, lo espera un papel central que dará que hablar. Será el crítico teatral de la obra homónima de Juan Mayorga, bajo la dirección de Fernando Rodríguez Compare, en Alejandría Café de las Artes de la calle Gaboto.

 

Jirafas y gorriones

Quien lo sigue de cerca en el teatro sabe que Amaral es un actor versátil que puede hace tanto comedia, drama o ciencia ficción. También es bueno cuando de humor se trata, surge naturalmente de su voz, de su gestualidad, de su andar, de su cuerpo. Pero nos cuenta que él se siente como pez en el agua en la comedia: “Es lo que me sale sin proponérmelo”.

Jirafas y Gorriones, la pieza que interpreta ahora, es una comedia de Federico Guerra constituida por una extraña sucesión de acontecimientos. Texto presentado formalmente como una serie de microescenas, que va hilando los vínculos de los personajes hasta convertirse en una historia a través de la cual el dramaturgo nos hace asistir a una suerte de disección de la condición humana.

En cada segmento vamos observando diferentes perspectivas del egoísmo, la violencia, la incapacidad de ver al otro, como una clave para explicar el mundo actual esencialmente compartimentado.

(Jueves y viernes, La Cretina, 21 horas).

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