Flor de Liz Feijoo: Proletaria del siglo XXI

La secretaria general del sindicato de la aguja repasó los grandes desafíos del movimiento sindical, habló del multitudinario acto de encuentro del campo y la ciudad y aseguró que la gente marcó un antes y un después que el gobierno deberá leer con atención. Está convencida que la unidad del PIT-CNT «es irrompible» y que si en algún momento se llegara a dañar o fragmentar, «inmediatamente se reconstruirá» porque «es dialéctica».

Flor de liz
Foto: Carlos Lebrato

Textos: Alfredo Percovich

Producción: Viviana Rumbo

Madre de cinco hijos, abuela de Julia, dirigente sindical, feminista, obrera de familia de obreros blancos y wilsonistas, nació proletaria y revulsiva. Su padre, Elis, trabajaba en un campo de Cerro Largo y su madre, Enohé, se vino sola desde Artigas con apenas 13 años. No sabía leer ni escribir. Traía una carta, una valija con poca ropa y casi nada de dinero. En Montevideo la esperaba una familia para incorporarla a la casa a trabajar como mucama. En esa casa, con esa familia, Enohé vivió hasta que se casó a los 30 años con ese hombre llegado de Cerro Largo que ingresó a la casa como chofer de la familia.

Desde muy chica, Flor de Liz comprendió algunas máximas de la vida. Supo que las cunas, escarpines, alimentos y meriendas huelen a inequidad. Y que ser «hija o hijo de alguien» puede leerse de diversas formas, más o menos estigmatizantes, dependiendo del cristal del clasismo con que se mire. Aquel territorio tan ajeno marcó su camino, trazado desde la infancia en busca de la justicia. No suele hablar de ciertas cosas, pero por momentos, recuerda haber sido «la hija de la mucama» que quería ser doctora y que cuando llegaban las vacaciones comenzaba a vivir la felicidad en Cerro Largo o en Artigas, a donde la mandaban a reencontrarse con su historia de abuelos y abuelas, en tiempos de vida al sol y risas intensas.

Flor de Liz tuvo una adolescencia «compleja» precisamente por el clasismo del entorno en el que creció. Fue al Colegio Seminario y allí le hicieron sentir que ella era «la hija de la empleada doméstica», que no era igual al resto. Años duros, de estigmatizaciones y silencios. Afuera de la adolescencia, el terror arrasaba libertades, secuestraba canciones, libros y personas. Flor de Liz maduró rápido intentando comprender en ese tiempo, los ojos y la mirada de espanto, angustia y terror del compañero de clase al que le desaparecieron a su papá. Desde entonces -o tal vez desde siempre- supo que su vida iba a transitar la búsqueda de la justicia. En todos sus términos y dimensiones. Y que el camino no era ni sola, ni en silencio. Sino en territorio de construcción colectiva y con las banderas en alto.

Fue vendedora de libros puerta a puerta, dejó unas cuantas enciclopedias -a pagar- en familias que las necesitaban y nunca volvió a cobrar la segunda, ni tercera, ni ninguna cuota, ofreció tarjetas de descuento, trabajó en un taller de calzado y en otro de marroquinería, vendió vino suelto -muy livianito y rebajado como salario en tiempo presente- hasta que empezó a trabajar en el rubro de la costura y elaboración de ropa. A partir de allí, comenzó su historia más conocida. Un día enojadísima por alguna que otra injusticia en su trabajo como costurera, se fue hasta el sindicato «a discutir y pelear» porque creía que no hacían nada por las trabajadoras. Le hablaron, le explicaron lo que hacían. Y entonces pidió para afiliarse.

Hoy es la secretaria general del Sindicato Único de la Aguja (SUA), es voz referencial de una generación de mujeres dirigentes sindicales que marcaron un camino y su discurso ante el pleno de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) dejó una huella en la historia sindical del Pit-Cnt a nivel mundial.

 

¿Cuál es la realidad actual y el escenario para las feministas en el movimiento sindical?

Si las mujeres no tenemos independencia económica, terminamos siendo sometidas. Y esa siempre fue una pelea que tuvimos que dar. Si tenés que sobrevivir, tus urgencias están allí. Yo entiendo que hoy en el marco de una agenda burguesa, algunas compañeras estén muy preocupadas por el lugar de poder, por el espacio político, por sacar a los hombres, porque sienten que es la oportunidad, porque tenemos que estar. Claro, cuando vos sos una simple proletaria o una simple mujer del barrio, no estás preocupada por eso. Porque claramente tu primera preocupación para lograr algo es tener tu nivel de independencia económica, para que te puedas desarrollar integralmente como mujer, y puedas hacer lo que te gusta hacer. Y eso a veces no va de la mano de una agenda política donde hay determinados estamentos de compañeros políticos que quieren estar en un lugar de poder. Por ello yo creo que si bien el lugar es muy importante para las mujeres -como lo fue el voto en su momento- pienso que no es o no debería ser la primera reivindicación sino que tenemos que luchar todos los días en la calle por otras urgencias. En las fábricas, las prioridades de las compañeras pasan por otro lado y no por los espacios de poder.

 

Creés que hay otras urgencias.

Andá a una fábrica a invitar a una compañera que tiene que correr para ir a buscar a sus hijos a la escuela o lo mismo a la que está trabajando en su casa -que tenemos más de 10.000 mujeres en esa situación- cosiendo, cocinando, lavando, planchando y que la plata no le alcanza para nada, apenas para sobrevivir, andá y decile que venga a una charla sobre paridad. Te va a preguntar de dónde saliste y de qué le estás hablando, porque no es la realidad que tienen la mayoría de las mujeres trabajadoras. Hay una enorme cantidad de mujeres trabajadoras que de verdad necesitan que vos contribuyas a que se produzcan transformaciones en la sociedad para que todos tengamos los mismos derechos de verdad. Y esto pasa por tener un salario digno, que haya igualdad de oportunidades, que existe un reparto más equitativo de la riqueza, para que todas puedan en definitiva buscarse el camino que quieran para ser felices. No pasa solo por decir que los hombres son malos. A pesar de que sí, que el sistema patriarcal hace que los hombres sean lo que son y como son. Pero «matarlos» no podemos, hay que convivir con ellos.

 

Hay quienes sostienen que con la cancelación no se reconstruye y por ese camino además es difícil atacar las causas del patriarcado e incluso tratar de recuperar a los que han ejercido violencia machista.

Por supuesto que el violento también es producto de la educación. Esos violentos no son enfermos, se construyeron. Eso lo combatís con educación, una educación que no sea una educación burguesa, que sea desde la clase obrera para que el conjunto de las y los trabajadores entiendan los que significa la distribución, lo que significa la igualdad de oportunidades. Hay gente que no tiene oportunidades y si no tenés oportunidades ni nada más, estás solo.

 

¿Cómo ves al Pit-Cnt en el escenario actual, luego de la campaña de recolección de firmas y del encuentro del campo y la ciudad en la movilización de esta semana?

En mi opinión, el Pit-Cnt es el vehículo, la locomotora para todas esas transformaciones que necesita el país. Es una guía que debe tener el pueblo, porque el Pit-Cnt es pueblo mismo. Y ahí se conjugan todas aquellas reivindicaciones que son justas para todos. Que serán siempre debatidas, discutidas, consensuadas, pero que conjugan en el seno de una central de trabajadores todo aquello que queremos para transformar la sociedad. Entonces, sin dudas para mí es un orgullo que tengamos una central o una convención nacional de trabajadores como le dicen algunos, de esta magnitud y claridad, de la que además todos somos sus dueños. Y no me refiero solamente a los afiliados, el pueblo en su totalidad es dueño de esto, porque sin el mundo del trabajo no existe nada.

 

En tiempo de cambios y ante distintos escenarios posibles, ¿cómo se sintetiza esa diversidad en un camino de construcción de la unidad?

Es que tenemos una central sindical única y no hay que olvidar que una de sus consignas es que pretendemos y luchamos por un mundo sin explotados, ni explotadores. Todos los que estamos vinculados a esta central sindical afirmamos este paradigma, queremos un mundo diferente donde no haya ni explotados ni explotadores y a partir de ahí podemos tener miles de diferencias pero siempre nos van a llevar hacia ese rumbo, al rumbo de lo que queremos para el conjunto de la población. Y es en la diversidad que generamos la unidad. Y es gracias a esa diversidad que esa unidad es muchísimo más fuerte y es irrompible.

 

¿Es irrompible?

Sí, absolutamente irrompible. La unidad se puede fragmentar, pero se vuelve a reconstruir a sí misma porque es dialéctica, porque esto es dialéctico y se vuelve a construir porque en el corazón de nuestra central siempre están latentes la unidad, la solidaridad y obviamente, la organización. Creo que somos un ejemplo en el mundo.

 

¿Cuáles son los grandes desafíos que tiene por delante el Pit-Cnt?

El Pit-Cnt históricamente ha tenido la responsabilidad de dar todas las luchas. Desde siempre, desde que nació. Las primeras luchas por la unidad y por conjugar junto con el pueblo los cambios sociales y la pelea contra un modelo económico que es el que coarta el conjunto de las libertades, derechos y libertades. Porque este es un modelo económico que termina devastando las libertades y oprimiendo a la gente. Y el Pit-Cnt siempre ha sido capaz de realizar grandes demostraciones de salir a dar sus batallas, y cuando llega el momento despliega todo su potencial. Lo que sucedió esta semana no es la primera ni la última vez, es una demostración más de lo que ha sido nuestra historia. Recuerdo la Marcha de la Esperanza en aquellos tiempos en los que el padre del actual presidente de la República aspiraba a volver a gobernar el Uruguay, y corríamos el riesgo de la implementación de su política de recortes, la llamada motosierra. Aquella Marcha de la Esperanza fue toda una quijotada del movimiento sindical y las organizaciones sociales. Los desafíos son parte de nuestra esencia y nuestra historia. Y el encuentro del campo y la ciudad de esta semana era todo un desafío y lo concretamos con respeto, madurez y profundo espíritu artiguista. Creo que las casi 800.000 firmas que logramos juntar marcó «un antes y un después» en este tiempo que estamos viviendo, pero claro que lo de la multitud en las calles de esta semana fue impactante y fue otra señal que el gobierno debería escuchar.

 

Hay quienes sostienen que a pesar de algunas señales tan contundentes, como la cifra alcanzada en la recolección de firmas, el gobierno no solo no abrirá sus tímpanos sino que se viene un tiempo de aceleración de las políticas de recortes y privatizaciones e, incluso, un escenario en el que recrudecerán los ataques antisindicales. ¿Qué creés vos?

Sí, el gobierno ya se endureció. Y los ataques también. Pero en los momentos más cruentos siempre nuestra central de trabajadores estuvo a la altura y eso no cambia ni cambiará. Tendremos que realizar un esfuerzo aún más grande para seguir construyendo y generando esta unidad en el pueblo para conquistar todo lo que nos falta.

 

¿Cómo se presenta la ronda de Consejos de Salarios?

En cierto aspecto será histórica para nosotros ya que estamos incluyendo la tarifa para el trabajo en domicilio, algo que es fundamental para muchísima gente que trabaja en su casa y que ahora tendrá reglamentado el trabajo a fasón. Además de las reivindicaciones salariales y una plataforma programática que implica romper las pautas salariales y defender los derechos adquiridos, tenemos un gran desafío como Sindicato Único de la Aguja en estos Consejos de Salarios, establecer el salario del trabajo a domicilio de la fasonera, en este caso fijando una tarifa y dándole valor a una prenda que se fabrica. Las compañeras y compañeros trabajan solos en su casa o en muy pequeños talleres, en su mayoría familiares; no tienen trabajo propio sino que lo hacen para determinadas empresas o muchas veces para intermediarios. Este tipo de relación laboral en nuestro sector siempre existió y hasta incluso estaba regulada, pero paulatinamente se fue perdiendo. Existía incluso la llamada «libreta de domicilio» reconocida en el BPS. Pero a  partir de la década del 90, cuando se empiezan  a cerrar las grandes fábricas, la regulación fue desapareciendo pero no así los talleres a domicilio, que poco a poco se fueron convirtiendo en talleres informales. Reconocer el valor de ese trabajo, equiparándolo al de una fábrica, con los mismos derechos que un trabajador dependiente, significa también reconocer el derecho a la licencia , el salario vacacional, el aguinaldo o hasta a un despido. Por eso creo que será un antes y un después para miles de trabajadoras y podrá ejemplificar para otro tipo de tareas, de otras personas que también trabajan en su domicilio, haciendo tareas de manufactura, y si bien es utilizada su mano de obra, no es reconocido su trabajo del punto de vista legal. Pensemos cuántas trabajadoras bordan, tejen o hacen cotillón, bolsitas de papel y mucho más y no cuentan con un marco legal con aportes. Son años perdidos de jubilación para la trabajadora. Muchos productos se colocan  en el mercado o incluso en el Estado -por ejemplo- que cuando licita no controla que una empresa con tres trabajadores jamás puede hacer una producción de mil pantalones en el plazo que se lo piden. La informalidad a la que se ve expuesta la trabajadora de la vestimenta, la costurera, la modista, la fasonera, la que desde su casa termina siendo una mujer aislada, dependiendo de un magro salario, hace que esa dependencia económica  la límite para acceder a los derechos que pueda tener una asalariada fuera de su casa. A pesar que fuera de su casa las mujeres por lo general siempre ganan menos que los hombres y  que cuando están en su casa realizan un sinfín de trabajo no remunerado. Entonces para nosotras estos temas son fundamentales. Porque un trabajo digno es uno de los ejes más importantes para cualquier sociedad, Significa independencia económica y para las mujeres, la independencia económica  es uno  de los  factores claves para  luchar contra la violencia de género. Es muy triste cuando dependemos de un mísero salario, muy triste cuando no se puede acceder a un techo, pero mucho más triste aún cuando escuchas -demasiadas veces- que te dicen que viven con su agresor porque no tienen dónde ir porque no tienen recursos para pagar otro lugar en el que vivir.

 

Volvemos a hablar de emancipación, de urgencias, de machismo y feminismo

Sí, en lo personal entiendo que la emancipación de la mujer trabajadora se dará de lleno el día en que la emancipación de la clase mas explotada logre su plenitud. Pero hoy debemos reconocer que los derechos que se han conquistado para la mujer, son el fruto de la lucha de muchísimas compañeras, cada una con un granito de arena. Tiempo atrás, eran muy pocas las compañeras con la posibilidad de estar en un estrado. Sin embargo, hoy cada día son más y más. Como Laura o Natalia que emocionan con son su voz defendiendo Ancap y el rol de las empresas públicas, o Vanessa con toda la garra defendiendo desde el Supra a nuestro puerto que el gobierno regaló por 60 años. ¿Falta? Sí, muchísimo, pero sobran las ganas, abundan los sueños y los sueños siempre se ensanchan. Eso volvió a quedar demostrado -insisto- con la recolección de casi 800 mil firmas en contra de una ley nefasta. Y lo mismo sucedió con esa enorme, gigantesca movilización  del interior más profundo, de cada barrio, cada fabrica, por que las causas  del pueblo son justas. Y porque “con libertad , no ofendo ni temo”, porque nuestro movimiento sindical siempre estará a la talla y porque la clase obrera siempre confía en sí misma.

¿Cómo ves, ahora en perspectiva, aquel discurso tuyo ante la asamblea de la OIT?

Me sentí muy honrada, fue un gran orgullo colectivo poder estar ahí, en representación de mis compañeras y compañeros y hablar ante representantes de todos los países y sindicatos. Fui la primera mujer uruguaya en representación del Pit-Cnt que habló en ese ámbito, más allá que ya habían ido otras compañeras para participar en comisiones y otros espacios igualmente importantes, como las compañeras trabajadoras domésticas que ya habían estado en la OIT. Fue tremendo. Cuando volví no quería dar notas porque creo es apenas un ratito que te toca en tantos años de lucha. Cuando te toca un instante de visibilidad, como le puede tocar a cualquiera, no podés olvidar que representás a un colectivo, eso es lo más importante. Vos transmitís un mensaje que viene desde un colectivo, no es mi mensaje, sino que representas a un colectivo. Es el Pit-Cnt el que habla y no Flor de Liz. Yo aprendí eso, que no somos nada solos y que no soy yo, somos nosotros y nosotras, son las y los compañeros de la aguja, por eso siempre digo que soy una trabajadora de la aguja, una obrera de la aguja, porque es lo que represento, lo que siempre fui, lo que siempre sentí que era. Eso soy.

 

Compartir: