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¿Hasta dónde llegará Uruguay en el Mundial?

Por Rafael Bayce.

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Caras y Caretas Diario

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Con el comienzo del Mundial de fútbol, llegan las especulaciones. ¿Pasará la selección uruguaya la serie inicial? En caso de pasar, ¿lo hará en primer o en segundo lugar? ¿Pasará los octavos, más allá de las dificultades generadas por la ubicación alcanzada en la serie inicial? Y luego, en caso de llegar a cuartos, ¿qué posibilidades tiene de llegar a la ansiada fase de semifinales? Y si gana la semifinal, y alcanza la final, ¿tiene chances de ganar el campeonato? Es claro que la selección puede fracasar en cada una de las cinco fases del mundial Rusia 2018, o bien ir superándolas, disputando un mínimo de tres partidos si queda eliminado en el grupo y un máximo de siete en caso de llegar a instancias de semifinales (como sucedió en Sudáfrica 2010). Toda especulación es audaz y falible, pero al menos realizar este ejercicio permite aproximarse a los cruces que pueden suceder o no, y en qué momento del torneo, lo cual depende de los resultados obtenidos, del lugar obtenido en el grupo-serie, y del ‘lado’ del fixture en que se ubique (grupos A,B,C,D o grupos E,F,G,H). Sugiero acompañar la lectura de esta columna teniendo a la vista un fixture del desarrollo completo del torneo para seguir las diferentes posibilidades con mayor facilidad. En efecto, la llamada fase 1, de grupos o series, habilita la clasificación de dos países, uno primero y otro segundo, en cada uno de los ocho grupos. Luego viene la fase 2, de octavos de final, en la que se cruzan 16 equipos: primeros con segundos al interior de los grupos del sector alto-superior del fixture (A-B), del sector medio-superior (C-D), del sector medio-inferior (E-F) y del sector bajo-inferior (G-H). Quedarán, después de esta segunda fase, solamente ocho equipos: cuatro del sector superior de grupos (A-B-C-D) y cuatro del sector inferior (E-F-G-H), que disputarán la fase tres, de cuartos de final. Esta fase clasifica a dos de los países del sector superior del fixture y a dos de los del sector inferior, que serán los cuatro semifinalistas del Mundial. La fase 4, de semifinales, cruza por primera vez en el torneo a equipos del sector superior con equipos del sector inferior, con la intención de evitar la repetición de partidos entre equipos que ya se pueden haber enfrentado antes en grupos, octavos o cuartos, y para provocar enfrentamientos entre equipos de los grupos A-B-C-D con los de los grupos E-F-G-H. De esta fase salen los dos finalistas y los dos que disputarán el tercer puesto, que se enfrentarán en la fase 5 de la competencia.   Uruguay en el grupo A Uruguay ha tenido una gran fortuna en el sorteo de los grupos. Ha habido unanimidad sobre el bajo nivel competitivo del grupo A: los rivales de Uruguay son equipos con peores antecedentes históricos y peores antecedentes inmediatos que la mayoría de los participantes del Mundial. En efecto, Rusia, en otras situaciones peligroso rival por local y país con buenos antecedentes mundialistas, está en un pésimo momento futbolístico, plagado de problemas directrices y de conducción técnica del equipo, sufriendo además la ausencia por lesión de titulares o integrantes probables del plantel. Egipto, por antecedentes inmediatos es el equipo más peligroso, aunque todo indica que sufrirá la baja de su estrella, Mohammed Salah, delantero de clase mundial, candidato a Bota de Oro europea, vilmente lesionado por Sergio Ramos en la final europea Real Madrid-Liverpool. O bien se perderá el partido, o bien lo jugará muy disminuido, con el agravante de que los defensores uruguayos nunca han sido precisamente monjas de la caridad e irán quirúrgicamente por su fragilizado hombro derecho. El calendario de partidos también ha sido muy favorable. Debuta con Egipto en el peor momento de su utilización de Salah y relojea a sus rivales futuros en el encuentro inaugural. Juega luego con Arabia Saudita, que puede tener un planteo conservador contra Uruguay si no perdió con Rusia en el debut, ya que podría jugarse todos los boletos para su clasificación en su último partido con Egipto. De todos modos, para una tentativa de planteo conservador contra Uruguay, no disponen de tradición de juego defensivo retraído ni poseen altura media suficiente como para soportar una presión uruguaya eventualmente desatada en base a centros aéreos, córners buscados y tiros libres fáciles de obtener desde una ofensiva forzada. Y en el tercer partido de la serie, Uruguay enfrenta al local Rusia, en el momento en que menos puede importarle ese resultado, en la medida en que puede estar ya clasificado. De todos modos, asegurar un primer puesto en el grupo importa, y mucho, ya que podría impedir cruzarse con España en octavos. Uruguay, que ya obtuvo una serie de máxima facilidad y con facilidades aumentadas por avatares sanitarios de dos de sus rivales directos, también enfrenta a esos frágiles y disminuidos rivales en la mejor secuencia posible desde lo que es posible aventurar en este momento. Es muy posible, entonces, ser optimista respecto a Uruguay en su grupo: es muy difícil no clasificar a octavos de final y es bastante probable obtener un primer lugar en el grupo que pueda no sólo fortalecer la moral, sino evitar a España en la fase siguiente. El único gran problema que Uruguay debe enfrentar es una característica psicosocial históricamente presente en los deportistas uruguayos: su preferencia por partidos y grupos difíciles y la contracara de su horror por partidos y grupos fáciles. La clave es el temor al ridículo que puede aparecer si un resultado a priori sencillo no se obtiene. Poblaciones con un control social íntimo y a cargo de pequeños grupos (familia, barrio, amigos) son hijos de proezas para su autoestima y prestigio, y les incomodan las instancias que pueden ponerlos en ridículo. La ecuación costo-beneficio para producción de autoestima y prestigio los hace jugar incómodos cuando se arriesgan ridículos relativos durante los partidos, y prendidos y concentrados cuando se juega “para demostrarles a los que no creían en nosotros”. El miedo al ridículo y el amor a la proeza están enmascarados de modo políticamente correcto como rebeldía ‘gaucho-charrúa’, en la búsqueda de prosapia identitaria. No sería raro, lector, que este maduro y completo plantel, equilibrado, con variantes y cracks como pocas veces en la historia reciente, juegue relativa e inesperadamente peor que lo esperado. No se puede ni se debe ignorar esta diabólica característica psicosocial uruguaya, quizás anclada en una historia nacional de ‘pequeño agrandado entre gigantes’, que forjó predilecciones por proezas inesperadas frente a compromisos amenazantes por el ridículo que encierran. De todos modos, no creo que ese complejo psicosocial llegue al extremo de hacer peligrar la clasificación, pero sí que puede afectar fuertemente el rendimiento del plantel en el grupo, que así podrá reasumir su adoración ‘rebelde’ por la proeza. No sería raro que el verdadero Uruguay, de estatura mundial, asome a partir de octavos de final, quizás contra Portugal. Ojalá me equivoque y la madurez y fortaleza del plantel y del grupo, más las estrellas con que cuenta, puedan revertir ese peligro que nos acecha en competencias deportivas casi desde siempre.   El escalón Portugal Aunque la clasificación para octavos no parece estar en peligro, de todos modos el primer puesto, quizás esperable por cualquier analista mundial, es más que importante y decisivo, ya que permitiría evitar encontrarse con España, probable primero en el grupo B que nos toca y uno de los grandes favoritos del mundial. Es preferible el cruce con Portugal, equipo de menor fuste y cuyo gran peligro es la presencia de Cristiano Ronaldo. Uruguay, de todos modos, es de los equipos que tiene las mejores armas para controlar a Cristiano y minimizar su capacidad, en especial su juego aéreo, para el que Uruguay dispone de jugadores grandes, físicamente poderosos, afiatados en su complementariedad (Cáceres, Godín, Giménez), pudiendo hasta fortalecer su línea de defensiva para ese partido con la inclusión de Gastón Silva en la zurda y pasando a Cáceres a la derecha. También dispone Uruguay de gente alta para ayudar en su obstrucción en jugadas de pelota quieta: Vecino, Bentancur, Cavani y Suárez.   Lo que vendrá     Habría, en los papeles, posibilidades razonables de victoria frente a Portugal. Si se pasa esa serie de octavos, la mayor probabilidad de cruce sería con Francia, que aún no ha armado un equipo sólido pese a contar con un plantel de joyas futbolísticas y se ha dado el lujo de dejar afuera a Benzema, a Ribéry, a Lacazette, a Rabiot. Es probable que Francia pueda ajustar un juego de equipo durante la primera serie del torneo y llegado a cuartos se convertiría en un peligrosísimo rival. Asumamos, nuevamente y con renovado optimismo, que Francia no consigue armar un equipo sólido desde ese gran plantel de estrellas y que Uruguay puede con esa proeza. Quizás entonces la semifinal esperable sería con Brasil, probablemente el mejor equipo del mundo al día de hoy. En ese momento podremos agitar el fantasma de Maracaná, aunque este Brasil nos haya aporreado allá y acá. Si esa nueva proeza brillara, probablemente Alemania sería el finalista a enfrentar, quizás el rival más duro futbolísticamente para Uruguay. Entonces, salvo una eliminación en el grupo, todo es posible para un Uruguay de quien no espero un buen desempeño de grupo, no por falta de virtudes individuales ni colectivas, que sobran, sino de fantasmas psicosociales que los uruguayos padecemos y que podrán desaparecer a medida que se avanza en las fases finales de la competición.  

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