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Argentina devaluó 51% en 2018

Impactos negativos desde Estados Unidos, Europa y Argentina

Dos ‘cisnes negros’ volaron sobre el mundo la semana pasada: la Reserva Federal elevó sus tasas por 7ª vez desde el fin de los estímulos, y se anunció el fin de la política monetaria expansiva que en Europa lleva adelante el BCE de Mario Draghi, lo que empeorará su situación. Mientras tanto, Brasil y Argentina siguen devaluando, empujando a Uruguay.

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El 13 de junio la Reserva Federal de los Estados Unidos, que preside el abogado Jerome Powell (sucesor de Janet Yellen -titular entre 2014 y 2018- la sucesora y continuadora de las políticas expansivas keynesianas de Ben Shalom Bernanke), dispuso el séptimo aumento de los tipos de interés desde que comenzó el retiro de las políticas de estímulos, el 16 de diciembre de 2015. La tasa de interés de referencia estuvo en la banda 0,0% – 0,25% desde 2006, constituyendo, junto con la compra masiva de bonos y otros instrumentos, la base de las políticas que terminaron con la Gran Recesión. Justamente la mejoría de la situación de EEUU, que hoy crece a su tasa histórica (se proyecta 2,8% para 2018), y exhibe una inflación de 2,8% y un desempleo de 3,8%, llevó a las autoridades a elevar los tipos de interés (que hoy se ubican 1,75% – 2%), para evitar el ‘recalentamiento’ de la economía. Se anuncian dos aumentos más este año atípico, que puede estar signado por la ‘guerra comercial’ de EEUU contra China, Canadá, México y sus antiguos aliados históricos del G7, lo que redundaría en una disminución de la actividad económica global, según la opinión del FMI, que conduce realmente su economista jefe, Maurice Obstfeld, hombre del MIT, cuyos informes han criticado severamente las políticas económicas de Donald Trump. Los efectos inmediatos, que impactan obviamente en nuestro país, son el alza del dólar y el encarecimiento del costo del crédito. Se discute cuál será la tasa a largo plazo, pero no se espera que supere el 3,5% en 2020. No parece una cifra excesiva, pero el expresidente de la FED (2006–2014) Ben Bernanke, actualmente alto ejecutivo del fondo de inversiones Citadel, declaró la semana pasada que ‘el momento de la rebaja de impuestos y del alza del gasto es equivocado’, y que ‘podría producirse una recesión cuando remitan el efecto de los estímulos fiscales en 2020’. Es un hombre de Harvard y del MIT, que tiene sobre sí el haber vencido la Gran Recesión, y -como puede leerse en su notable autobiografía- es dueño de una enorme autoestima: nadie puede pensar que habla por hablar. Es realmente una señal de alarma. El ministro Danilo Astori, en relación al proceso en marcha sostuvo que “la normalización de la política monetaria de Estados Unidos (que ha sido acertadamente definida como ‘el fin de la era del dinero barato’) no es buena para Uruguay” y que “hay una tendencia al incremento de los costos financieros”. Europa: el fin de las políticas expansivas El segundo ‘cisne negro’ (en realidad los dos fueron crónicas de decisiones anunciadas)  voló sobre la Unión Europea. Ante la imparable presión alemana –paradójicamente fortalecida por el destrato que Donald Trump dio a sus aliados históricos del G7- el titular del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, anunció el Quantitative Easing europeo, la compra masiva de activos, que tan bien funcionó en EEUU y Europa, a la que también sacó de la recesión y donde disminuyó sensiblemente el desempleo, mediante la creación de 8,4 millones de puestos de trabajo. El QE tendrá un último tramo en el tercer trimestre del año por un monto menor, de 15.000 millones de euros (ante los 30.000 millones actuales), y finalizará con 2018 a la par  y podría comenzar el aumento de los tipos de interés en el segundo semestre de 2019. Escribe acertadamente El País de Madrid: “El 22 de enero de 2015, Europa cruzó un Rubicón político y financiero. Tras más de un lustro de crisis existencial, la eurozona no conseguía sacarse de encima el frío de la deflación y la densa niebla que le acompañaba en forma de riesgos de estancamiento secular. Alemania y las sacrosantas reglas europeas impedían una expansión fiscal de raíz keynesiana. Y Draghi, solo ante el peligro, permitió salvar la bola de partido con medidas audaces: convenció a la canciller Angela Merkel y anunció la versión europea del Quantitative Easing, compras de activos públicos y privados (…), y se adentró en territorio negativo en los tipos de interés. Con 2,4 billones de euros gastados después, la eurozona encara su sexto año de crecimiento, el paro ha caído por debajo del 9% y Draghi, casi a regañadientes por los riesgos que aún sobrevuelan la economía continental, anunció el principio del fin del QE”. Por si fuera poco, Draghi reclamó en un encuentro realizado en Sintra que los países de la Eurozona aumenten los salarios de forma de subir la inflación y completar la recuperación económica. El hombre del MIT sostuvo que “para la política monetaria, la cuestión clave es cómo el crecimiento alimenta los salarios y en consecuencia la inflación (…) puesto que la mayor parte de las rentas salariales se destina al consumo, que espolea la demanda agregada”. Buena lección para países donde los ajustes fiscales recaen sobre los trabajadores y jubilados, y la recaudación muestra un menor IVA (o sea, un menor consumo), como contrapartida del aumento de la recaudación de los impuestos que gravan a aquellos. La Eurozona, que ahora estará privada de estos instrumentos que la sacaron de la recesión y el desempleo masivo, enfrenta además el riesgo de la franca enemistad de Donald Trump (manifestada en el G7) y el crecimiento de los movimientos extremistas. Por otra parte, el halcón alemán Jens Weidmann, gobernador del Bundesbank y mayor opositor interno de Draghi en el BCE, se perfila como su sustituto, lo que implicaría el retorno a la más dura ‘austeridad’… para los países periféricos de Europa.   Uruguay ante los ‘cisnes negros’ Las perspectivas de la Eurozona, que es nuestro tercer socio comercial si la consolidamos y cuyo potencial podría aumentar considerablemente en medio de la ‘guerra comercial’ desatada por Estados Unidos, no son buenas. Por lo tanto, el contexto externo, regional y global es extremadamente adverso a nuestro país, que tampoco – hay que pensar en los temas estratégicos y no solo en los del corto plazo- ha definido una vía de inserción comercial (como puede ser el TLC con Chile), que posibilite que Argentina, Australia y Nueva Zelanda no nos dejen fuera de nuestros principales mercados de exportación.   Argentina en picada política y económica En unas pocas semanas, arrastrado por las consecuencias del desbalance económico que él mismo creó, el presidente argentino Mauricio Macri subió las tasas de referencia del Banco Central (BCRA) a 40%, anunció un acuerdo con el FMI (organismo repudiado mayoritariamente por la población), el que fue anunciado el jueves 7 de junio por el entonces ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, y el entonces presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, en conferencia de prensa. El anuncio de los detalles del mismo (un monto global de US$ 50.000 millones, flexibilidad cambiaria que evitara la reiteración de cualquier forma de ‘convertibilidad’, y la existencia de cláusulas de ‘salvaguardias sociales’ (todo lo cual indicaba que el FMI apoyaba sin medida a Macri y no deseaba repetir los anteriores fracasos), no trajo, sin embargo, la anhelada tranquilidad, ni devolvió la confianza a los mercados. El jueves 14, el influyente presidente del BCRA, economista Federico Sturzenegger, fue echado de su cargo y sustituido por el también economista Luis Caputo, hasta entonces ministro de Finanzas y hombre de la extrema confianza del presidente (otro excardenal Newman), en tanto que la antigua cartera de Economía volvía a unificarse bajo el mando del economista Nicolás Dujovne con el título de ministro Hacienda y Finanzas. Se cerraba así el círculo abierto cuando Macri  al expulsar de su gabinete al economista Alfonso de Prat – Gay (economista, excardenal Newman), y dividir la cartera de Hacienda y Finanzas y dos, cuyo poder estaba limitado, además por un poderoso Banco Central y un muy influyente ministerio de Energía. El presidente Macri sustituyó también al ministro de Energía Juan José Aranguren y al ministro de Producción, Francisco Cabrera. Podemos, pues, con toda propiedad, hablar de una gran crisis política, ya que estos cimbronazos en la cima del poder hablan de cualquier cosa menos estabilidad. Ahora se ha aceptado que la economía debe estar bajo un mando unificado, pero se ha puesto al frente a un hombre débil y sin la formación y experiencia de Prat – Gay, que fue presidente del BCRA en el crucial período 2002–2004, bajo las presidencias de Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner, siendo ministro de Economia Roberto Lavagna, acaso el funcionario más exitoso al frente de esa cartera en los últimos 50 años. ¿Cómo han reaccionado los mercados y la gente, mientras los ministros salientes y entrantes formulan declaraciones con una calma pasmosa, como si estuvieran en el mejor de los mundos y las perspectivas fueran excelentes, lo cual no se cumple ni siquiera en lo deportivo, en pleno Mundial de Rusia? El dólar, termómetro de la ansiedad económica y social, continuó su carrera imparable, y cotizó a la venta a $A 28,66 al cierre del martes, lo cual implica una devaluación de 11% en lo que va del mes y de 51% en lo que va del año. La tasa de las Lebacs (Letras del Banco Central) subió al 47 %, pero la incertidumbre ante la inflación mensual impide que constituyan un dique de contención ante el dólar, refugio de siempre. El viernes llegaría el primer desembolso de US$ 15.000 millones, que descomprimirían la situación. Pero la confianza, valor esencial del funcionamiento económico, parece haberse perdido totalmente. Las manifestaciones espontáneas están a la orden del día y se anuncia un gran paro general para el 25 de junio. El programa de TV que se emite en TN, antikirchnernista y promacrista, conducido por  Alfredo Leuco, afirmó que el gobierno argentino (cuyo presidente resolvió, en gesto muy significativo, no concurrir al tradicional festejo del Día de la Bandera, en Rosario) “atraviesa su hora más difícil”, que “Macri perdió el control de las calles, del dólar y de la inflación”, y concluyó en que “se perdió totalmente la confianza”. Nuestro país, entretanto, devaluó 9% en 2018, con lo cual el retraso ante nuestro cuarto cliente comercial pero primer cliente turístico seguramente impactará negativamente en nuestra economía. Nada de esto debe alegrarnos, entre otras cosas porque los impactos negativos serán muy fuertes en nuestro país, excepto por la demostración del fracaso de un modelo de gestión que privilegia a los más poderosos en detrimento de la enorme mayoría de la población.

El PIB creció 2,2% en el primer trimestre
Según el Informe Trimestral de Cuentas Nacionales /Enero – Marzo 2018, publicado por el Banco Central del Uruguay (BCU), “en el primer trimestre del año 2018 la actividad de la economía uruguaya creció 2,2% en términos interanuales. Con relación al período inmediato anterior, en términos desestacionalizados, el Producto Interno Bruto (PIB) presentó una tasa de variación de 1,1%”. Hubo un desempeño positivo de la mayoría de los sectores de actividad, destacándose los aumentos en Transporte, almacenamiento y comunicaciones (6,7%) y en Comercio, reparaciones, restaurantes y hoteles (4,0%). El valor agregado de la actividad Agropecuaria cayó 4,8%; en Industrias Manufactureras el valor agregado aumentó 2,9%, Suministro de electricidad, gas y agua cayó 6,0%, el sector Construcción aumentó 2,1%, y Otras actividades presentó una tasa positiva de 0,4%. La demanda interna creció en volumen físico, principalmente debido al incremento en el Gasto de Consumo Final (2,4%). Las Exportaciones presentaron un buen desempeño interanual (4,6%) con una incidencia positiva de las ventas al exterior de bienes. Las Importaciones por su parte crecieron a una tasa interanual de 3,7%.
   

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