El libro ha causado profunda molestia en el gobierno de Trump

John Bolton y el cuarto donde todo pasó

Durante año y medio, John Bolton fue uno de los hombres fuertes de la Casa Blanca; como asesor se encargó de llevar una parte importante de la relación entre EEUU y Venezuela. Es de Bolton la idea de agudizar el bloqueo económico contra la nación caribeña. Luego de su salida del gobierno en setiembre, ha publicado un libro que causó reacciones de disgusto en el círculo cercano a Trump pues no lo deja bien parado como estadista.

John Bolton y el cuarto donde todo pasó

Por Germán Ávila

John Bolton, al parecer, aprovechó con bastante dedicación las semanas de cuarentena, pues escribió y editó un libro que, desde antes de salir a la luz, ya ha causado reacciones a nivel de Estado en la Casa Blanca.

Bolton fue asesor de Seguridad del gobierno de Donald Trump. Como tal, tuvo tres temas centrales de qué ocuparse y sobre los que tuvo inicialmente cierta autonomía en su manejo: las relaciones con Medio Oriente, específicamente con Irán, Corea del Norte y la situación de Venezuela. En las tres fracasó

Bolton en Venezuela se la jugó por el apoyo irrestricto a Juan Guaidó, mientras esperaba una organización sólida de la oposición alrededor de su figura, generando activismo estructurado al otro lado de la frontera, lo que haría que cualquier mínimo intento de intervención desde Colombia fuese suficiente para ser “la chispa que incendiara la pradera”. Claramente Bolton se equivocó en esa sospecha.

En alguna parte de la historia se terminó entreverando el papel de guardián de la seguridad interna de un país con el de una función creada para desarrollar la política intervencionista que decide sobre el destino de otros países. John Bolton fue un gran representante de la doctrina del país gendarme, que se ocupa de velar por la justicia y las buenas maneras por todo el globo, para lo que invade sistemáticamente cualquier país que le interese “por razones de seguridad nacional”.

Los primeros desencuentros entre Bolton y Trump se dieron a partir de la retirada del asesor como parte del equipo que trabajó en el acercamiento con el líder de Corea del Norte, Kim Jong-un. La reunión finalmente se llevó a cabo el 30 de junio en la zona desmilitarizada entre las dos Corea. Bolton sostenía que esta reunión era completamente innecesaria y que de ahí no se sacaría ningún beneficio para Estados Unidos; aun así, Trump la realizó.

Bolton es un convencido de las salidas por la fuerza, que ahora no haga parte del gobierno Trump, e incluso se haya convertido en su contradictor, no es una muestra del carácter democrático del exasesor, sino de que ahora se ha convertido en la principal figura que dinamita por derecha al mandatario norteamericano. Para Bolton, esos escenarios de diálogo lo único que lograban era debilitar la posición de fuerza que Estados Unidos había logrado hasta el momento, por lo que nunca los compartió.

La gota que rebosó la copa de Trump fue que meses después, en setiembre, el mandatario hizo pública su intención de reunirse con el Talibán, posiblemente una reunión que realizaría en la sede y con el auspicio de las Naciones Unidas. Esta idea fue demasiado para Bolton, quien manifestó su total rechazo a nivel de gobierno.

Días después, la noticia del retiro de Bolton como asesor de seguridad se hizo pública por medio de un tuit, en que Trump afirmaba que le había pedido la renuncia hacía varios días y este finalmente la había entregado. En el hilo de ese mismo tuit, Trump afirmaba que agradecía sus servicios, pero esa era la mejor decisión debido a las diferencias que había entre ellos.

Claro que en esto tampoco hubo acuerdo entre las partes, pues al poco tiempo, el mismo Bolton escribió otro tuit en que desmentía a Trump, y decía que este le había manifestado su intención de renunciar al presidente, quien le había contestado con una evasiva, por lo que su decisión de renunciar era irrevocable.

Finalmente, la razón pareció estar del lado del exasesor, pues en la tarde del día siguiente había una rueda de prensa en la que debía estar Bolton y que no fue cancelada, teniendo que ser atendida por Mike Pompeo, quien tuvo que pasar a dar explicaciones (poco satisfactorias para los presentes) sobre los motivos de fondo de la salida de Bolton como asesor.

Luego de su intempestiva y ruidosa renuncia, Bolton se hizo notar poco, y así lo hubiese intentado, todos los lentes estaban sobre la pandemia, sobre todo después de que ha sido Estados Unidos el nuevo foco mundial del virus. Pero luego de que se dispersara la bruma de la novedad en cuanto a la pandemia, se ha desnudado la crisis institucional que afecta al gobierno Trump.

Las debilidades estructurales en la atención en salud, basadas en un modelo de mercado que deja de lado a los más sumergidos, ha generado un fuerte impacto en la solidez del gobierno norteamericano, que parece esforzarse por querer volver los acontecimientos más graves que lo que están.

A esto, de forma conexa se suman las protestas por la muerte de George Floyd a manos de un policía, que tomaron tanto impacto porque el hecho físico del asesinato en vivo y en directo por redes sociales de un hombre afroamericano es la síntesis de los mayores males que enfrenta la administración Trump a nivel interno: el régimen de exclusión de minorías étnicas e inmigrantes en general y particularmente frente a la pandemia, el racismo y la xenofobia presente en las autoridades policiales a escala nacional y el desprecio del presidente por las demandas sociales que tiene la población a nivel general.

En este panorama poco amable para Trump, llega atacando por derecha John Bolton con el libro El cuarto donde sucedió (The room where it happens), que llega con una serie de revelaciones pormenorizadas (desde la óptica de Bolton, claro) de los acontecimientos más relevantes de la política internacional durante su paso por la Casa Blanca.

El libro habla de episodios como el concierto en frontera colombo-venezolana en febrero del año anterior, que, si bien no puede considerarse como una iniciativa directa del gobierno norteamericano, sí llevaba consigo la idea del aprovechamiento de la derecha para generar acciones de desestabilización contra el gobierno de Maduro.

Bolton afirma que esperaba una mayor organización del lado colombiano, en el momento crítico, cuando los camiones se empezaron a incendiar en el puente fronterizo. Bolton dice en su libro que estaba convencido que desde Colombia había un plan B y hasta un plan C para ingresar por la fuerza en medio de la confusión, así como señala que esperaba que muchos más militares y policías desertaran del lado venezolano.

También plantea que al gobierno colombiano “se le enfriaron los pies” al temer un choque militar contra Venezuela. El exasesor afirmó que no veía por qué un país que había pasado 50 años en una guerra irregular iba a tener algún inconveniente en confrontar un ejército regular como el venezolano.

Este tipo de cosas no pasan de ser narraciones subjetivas de un testigo de excepción, pero no ofrecen mayor peligro al no revelar nada que no se sepa o al menos se haya dejado ver antes. Pero la alarma en el gobierno estadounidense y la razón por la que han tratado de impedir, incluso por medios jurídicos, que el libro vea la luz, es que revela también varios elementos del estilo de trabajo de Donald Trump, quien finalmente termina descrito como una persona desprolija en su forma de gobernar, un mandatario que está del lado de sus intereses particulares, muy por encima de los intereses de la egocéntrica nación americana, lo que sea que eso signifique.

Bolton muestra a Trump como un gerente y no un estadista, además un mal gerente. Una persona que no tiene una organización y un plan de Estado, que no desarrolla una política exterior con base en objetivos, por más irreales que fueran. Para Bolton, Donald Trump solo improvisa, razón por la que cambia de manera tan radical de parecer respecto a situaciones de la gruesa política internacional.

Un día quiere bombardear todo Oriente Medio, pero a las dos semanas quiere conversar con el Talibán. Agudiza las sanciones contra Venezuela, despliega tropas por todo el Caribe y hace guiños a los comandos mercenarios, ofreciendo recompensas un día, y tres semanas después habla de la posibilidad de realizar una cumbre con Nicolás Maduro, a quien no hace mucho señaló categóricamente de ser el jefe de un cartel de narcotraficantes. Esto lo convertiría en el primer presidente en plantear una cumbre de Estado con un narcotraficante, o definitivamente está reconociendo a Maduro como presidente de Venezuela, con lo que todo su discurso anterior se viene abajo, y por los dos lados pierde.

Este tipo de vaivenes son los que Bolton le atribuye a un estilo de gobierno basado en “ir viendo qué pasa”, ante lo que no hay Estado que resista, menos cuando se trata de sostenerse como estandarte hegemónico en Occidente. Por lo pronto, las reacciones no se han hecho esperar y Mike Pompeo ya cataloga como traidor a Bolton, quien tendrá un gran público para su libro, que seguro revelará más detalles entre líneas que dudosamente servirán a los intereses de Trump en su pedregoso camino a la reelección.

 

5 comentarios en «John Bolton y el cuarto donde todo pasó»

  1. Con retrazo los medios yanquis, se desdicen de sus mentiras contra Venezuela, cuando negaban todas las pruebas que el gobierno de Maduro presentaba, de las felonías llevadas a cabo por eeuu y Colombia, con las marionetas Leopoldo López terrorista, y Juan Guaidiota terrorista, una vez más, los medios yanquis con atraso, terminan teniendo que decir la verdad, y darle la razón, a todo lo denunciado por Maduro y su legítimo gobierno de Venezuela.

    https://www.youtube.com/watch?v=vRHAl8_pJ-Y

  2. El gestapo medio de The Wall Street Journal, termina confesando que el terrorista leopoldo infame López, planeo el intento de asesinato y golpe de estado terrorista contra Maduro.
    Lo que no dicen, es que se planeó dentro de la embajada del reino de Españistán, infame país anacrónico y terrorista, desde hace centurias.

    https://www.wsj.com/articles/venezuelan-opposition-guru-led-planning-to-topple-maduro-11593163801

  3. Esse yanki de sospechosa estirpe, el John Bolton, fue y es un peligro para nosotros los latinoamericanos, mismo que a algunos de «los nuestros» no les guste ese parentezco com inmigrantes pobres y sus descendientes, con ex esclavos y con los milenares pueblos originários, se piensan europeos y colaboradores de ellos son, por comportamiento colonialista.
    Ahora el perro Bolton, desesperado, muerde la mano de quien fue su amo y señor. Bien hecho para toda esa manada de buitres, que se coman entre ellos y dejen de intervenir en nuestras soberanas naciones.

  4. Excelente comentario! Vil cobarde y servidor al mejor pagador lo es sin duda pero no es el mas peligroso de la tanda de criminales que actuan detras de trump.
    Aun quedan dos criminales de mayor calibre, el pompeo y el elliot abrhams servidor y asesino desde la presidencia del tristemente celebre ronald reagan.

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