La calidad perdida

Por Álvaro Vero.

Las generaciones cambian, los comportamientos humanos adquieren nuevas formas y la población requiere un alto nivel de prestaciones de salud. La tecnología se vuelve ilimitada, casi siempre imprescindible, y crear una cultura de calidad y seguridad, con austeridad y erradicación del error, con cuidado a los que necesitan y a los que los cuidan, y reconocer el valor de las emociones hará que se optimicen los procesos vistos desde el lado del paciente vulnerable que necesita ser escuchado, comprendido y acompañado.

Hay organizaciones que integran esos aspectos a su “misión” y “visión” y otras que se orientan al posible lucro en cuanto les sea posible. En el sistema uruguayo de salud integrado es condición no tener fines de lucro estatutario para integrarse; sin perjuicio, existe contratación de servicios a través de sociedades anónimas y SRL cuyo control escapa o se diluye, o más bien se omite, quedando en la órbita de las conjunciones de intereses del sector.

La heterogeneidad de estas organizaciones no debe sorprender y solo podrán ser encauzadas mediante auditorías y fiscalización correspondientes al rector en salud -MSP-.

Las quejas son habituales, de escasa entidad y de suma gravedad, de servicios externos que no cumplen con los contratos ni reglamentaciones, demoras inexplicables, camas no disponibles, errores de la praxis, pero en la mayoría de los casos por ruptura de la relación médico-paciente, en la confiabilidad, el trato o la calidad del mismo.

En general falla el sentido de compasión o la compasión que espera el paciente como uno de los valores de la profesión médica.

El economista Victor Fuchs (Stanford, California), a quien conocí personalmente en Estocolmo (2008) en su libro Who Shall Live (Quién Debería Vivir, 1974) dice: “Ninguna nación puede proveer a toda su población de todos los servicios de salud que puedan beneficiarla; no es nada nuevo, fue cierto en el pasado y lo será en el futuro con más fuerza. Existen límites aun en la atención de la salud”.

Y debemos entender que esos límites existen en Uruguay con restricciones impuestas a través de las disposiciones ministeriales que derivan de consejo de expertos (PIAS), aunque no han sido actualizadas in totum desde 2008. Pero, además, el porcentaje del PIB que se adjudica la salud es importante comparado con el contexto regional (10%). Por supuesto que la pandemia tendrá su cuota parte de inversión en salud y que el gasto en la misma ya estaba acotado por el déficit previo; pero pesa y mucho.

Esta realidad llama a la eficacia, a la eficiencia y a la efectividad. La vacuna es una de las medidas claras por su beneficio social y aplicar la “medicina basada en la evidencia es otra clara estrategia”.

La calidad tiene sentido más allá del aspecto económico cuando el otro, quien recibe nuestro servicio, es respetado por sus requerimientos; qué quiere y cómo lo quiere. En suma, y limitando bastante las cosas, requiere de un componente técnico científico, el componente de asistencia o estructura y la capacitación de los profesionales.

En Salto se logró por primera vez en el país, en el año 2000, certificación de calidad para la IAMC local en su estructura y procesos, no así en los servicios tercerizados, que son muchos y variados, se lideró, se formó equipo, se capacitó y se dio origen al primer software de historia clínica digital como apoyo a la estrategia. Este desarrollo no fue interpretado por las autoridades a partir de 2016, por sus incapacidades de valorar y una política en que los dueños y accionistas de los servicios adquiridos son a la vez quienes dirigen la IAMC local -por sí o mediante parentescos de primera línea-.

Entonces desapareció el eje de la calidad, no se pueden auditar las internaciones de manera seria, su personal, su escasez, sus contratos laborales y la identidad institucional de cada uno, sabiendo que el dinero de la salud se pierde en inversiones ajenas de los accionistas, no reinvirtiendo en mejorar la atención médica. Son empresas con fines de lucro. Las denuncias abundan, las quejas también. Los accidentes adversos (caídas de la cama, suicidios y otros) no se auditan porque los accionistas gestionan la compra de servicios a sí mismos. El paciente queda en indefensión porque quienes tienen el deber y poder de auditar son parte del juego. Las autoridades nacionales, ocupadas en la pandemia. Los dineros se escurren entre los dedos en tanto que privilegiados se asisten en otros lugares donde existe la calidad.

 

* Médico, especialista en salud pública y administración hospitalaria, internista.

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