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A 170 AÑOS DEL MANIFIESTO COMUNISTA

La derrota de la Comuna de París

El Manifiesto del Partido Comunista es uno de los tratados políticos más influyentes de la historia; y no tiene muchas páginas. Fue una proclama encargada por la Liga de los Comunistas a Karl Marx y Friedrich Engels entre 1847 y 1848, y publicada por primera vez en Londres el 21 de febrero de 1848. Fue escrito en Bruselas en tiempo récord.

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Por Víctor Carrato   Marx tenía 29 años entonces y Engels, 27. Es una edad adecuada para escribir un manifiesto histórico. Para el historiador marxista Eric Hobsbawm, dos cosas contribuyeron a la fuerza del Manifiesto. La primera es su visión, incluso en el mismo comienzo de la marcha triunfal del capitalismo, de que este modo de producción no era permanente, estable, que el capitalismo no es “el fin de la historia”, sino una fase temporal de la historia de la humanidad, destinada, como sus predecesoras, a ser sustituida por otro tipo de sociedad. La idea central del Manifiesto consiste en que en toda época histórica, el modo de producción e intercambios económicos y la articulación social que de él se sigue constituye necesariamente el fundamento sobre el cual se constituye la historia política e intelectual de esta época. El estudio del modo de producción capitalista y de la sociedad burguesa que se deriva de este es el núcleo del Manifiesto. Pero, además, Marx y Engels entendían estar creando un instrumento para cambiar el mundo. El texto afirma que la sociedad capitalista tiende a dividirse en dos clases únicas, la capitalista y la proletaria. De esta forma en la primera parte de la obra los autores afirman: “Toda historia de la sociedad humana, hasta el día, es una historia de luchas de clases. Libres y esclavos, patricios y plebeyos, barones y siervos de gleba, maestros y oficiales; en una palabra, opresores y oprimidos, frente a frente siempre, empeñados en una lucha ininterrumpida, velada unas veces, y otras franca y abierta, en una lucha que conduce en cada etapa a la transformación revolucionaria de todo el régimen social o al exterminio de ambas clases beligerantes.   Un fantasma recorre Europa “Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo. Todas las fuerzas de la vieja Europa se han unido en santa cruzada para acosar a ese fantasma: el papa y el zar, Metternich y Guizot, los radicales franceses y los polizontes alemanes. ¿Qué partido de oposición no ha sido motejado de comunista por sus adversarios en el poder? ¿Qué partido de oposición, a su vez, no ha lanzado, tanto a los representantes de la oposición, más avanzados, como a sus enemigos reaccionarios, el epíteto zahiriente de comunista? De este hecho resulta una doble enseñanza: que el comunismo está ya reconocido como una fuerza por todas las potencias de Europa. Que ya es hora de que los comunistas expongan a la faz del mundo entero sus conceptos, sus fines y sus tendencias, que opongan a la leyenda del fantasma del comunismo un manifiesto del propio partido”. “Estos documentos siguen siendo de utilidad para analizar lo que ocurre actualmente”, dijo Marien van der Heijden, jefe de desarrollo de colecciones del Instituto Internacional de Historia Social de Holanda (IIHS). En 1844, Engels se encuentra con Marx en París, pues para ese entonces apenas habían intercambiado correspondencia. En el auge de la Revolución Industrial, Marx promete hacer un abordaje fiel de los acontecimientos que iniciaran la gran amistad de los dos revolucionarios, la cual resultó en grandes obras, siendo quizás las más importantes El Capital y el Manifiesto Comunista. Engels también colaboró con Marx en el desenvolvimiento del método de análisis de la sociedad llamado materialismo histórico dialéctico. A partir de 1845, Marx se embarca en lo que será su obra más importante, El Capital, con la teoría del valor, la explotación como apropiación de plusvalía y la teoría explicativa sobre las crisis capitalistas, que quedó inconclusa. Tras el período revolucionario de 1848 y la publicación del Manifiesto del Partido Comunista, en coautoría con Engels, Europa vive una serie de rebeliones, en algunos casos violentas, denominadas las revoluciones de 1848. En Francia, una revolución llevó a la caída de la monarquía y al establecimiento de la Segunda República Francesa. Marx respaldó el levantamiento. Se traslada a Colonia, en 1848, donde organiza un nuevo diario, Nueva Gaceta Renana. Su nueva publicación alcanza un éxito inmediato, en el contexto de una época de fuerte sentimiento social y compromiso revolucionario. En consecuencia, es prohibido por el gobierno renano. Entonces se marcha a Londres, en 1849, donde elabora El Capital en las salas de lectura del Museo Británico. El primer volumen de esta obra no verá la luz hasta 1867, tras 18 años de trabajo. “Ante todo, el Manifiesto ha resultado ser, como se proponía, un medio para poner de relieve el desarrollo de la gran industria en Europa. Cuando en un país, cualquiera que él sea, se desarrolla la gran industria, brota al mismo tiempo entre los obreros industriales el deseo de explicarse sus relaciones como clase, como la clase de los que viven del trabajo, con la clase de los que viven de la propiedad. En estas circunstancias, las ideas socialistas se extienden entre los trabajadores y crece la demanda del Manifiesto Comunista. En este sentido, el número de ejemplares del Manifiesto que circulan en un idioma dado nos permite apreciar bastante aproximadamente no sólo las condiciones del movimiento obrero de clase en ese país, sino también el grado de desarrollo alcanzado en él por la gran industria”. (Prólogo de Engels a la edición polaca de 1892)   EL PAPEL DEL ESTADO Otro aspecto fundamental del Manifiesto es la perspectiva instrumentalista del Estado dentro de la sociedad burguesa, derivada de uno de los pasajes más famosos de la obra: “Por fin conquista para sí la burguesía, en el moderno Estado representativo, el predominio político exclusivo, a partir del establecimiento de la industria moderna y del mercado mundial. El gobierno del Estado moderno no es más que una junta que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa”. El Manifiesto del Partido Comunista, es un documento para un determinado tiempo histórico. Para Robert Griffiths, secretario general del Partido Comunista de Reino Unido, “todavía es de enorme valor”. Con la mayor colección de libros sobre comunismo en Reino Unido, la Biblioteca Marx de Londres ha visto en los últimos años un incremento de las solicitudes de membresía entre los jóvenes, especialmente de estudiantes de universidad. “Tenemos muchas personas en la biblioteca. De modo que hay una desesperada sed de conocimiento sobre estos temas entre los estudiantes de Reino Unido”, dijo Alex Gordon, presidente del Comité Fiduciario de la Biblioteca Marx y la Escuela de los Trabajadores. Pepijn Brandon, investigador del IIHS, señaló que “más que revivir a Marx, hay un renovado interés en pensar cuestiones sistémicas sobre la forma en la que funciona el capitalismo y sus orígenes”. “Desde las crisis, especialmente desde la crisis financiera de 2008, Marx ocupó todas las portadas de los diarios económicos de Occidente, incluso las del Wall Street Journal y The Economist. Todavía hoy se publica casi a diario algún artículo sobre Marx”, dijo el cineasta Peck. “El éxito de algunos investigadores, como Thomas Piketty, es atribuido al hecho de que utilizan el instrumento marxista para analizar la situación económica del mundo”, dijo Peck. “Piketty logró mostrar la enorme desigualdad imperante hoy en día, la cual es más seria que hace 50 años”. El epitafio en la lápida de Marx dice: “¡Proletarios de todos los países, uníos!”, presente en la última línea del Manifiesto Comunista y la frase de la Tesis XI sobre Feuerbach (editada por Engels): “Los filósofos sólo han interpretado el mundo de distintos modos, pero de lo que se trata es de transformarlo”. El manifiesto no llegó lejos. A finales de la década de 1940 se publicó una traducción al sueco y en 1850 una al inglés, de las que no queda rastro. Durante la primera mitad de la década de 1860 se publicaron dos ediciones de baja tirada en Londres y Berlín. A mediados de la década, los escritos de Marx estaban, prácticamente, fuera de circulación.​ El interés por la obra de Marx se reavivó por su papel en la Asociación Internacional de Trabajadores entre 1864 y 1872, así como por el surgimiento de dos partidos de clase obrera en Alemania fundados por miembros de la Liga de los Comunistas. La defensa de la Comuna de París por parte de Marx lo llevó a ser considerado un líder subversivo temido por los gobiernos. En marzo de 1872, durante el juicio por traición de los socialdemócratas Wilhelm Liebknecht, August Bebel y Adolf Hepner, la acusación leyó el Manifiesto del Partido Comunista durante una sesión del tribunal. Gracias a esto los socialdemócratas alemanes pudieron publicar legalmente una gran tirada del texto en forma de actas del juicio. Engels escribió un nuevo prefacio para poner al día el texto tras las revoluciones de 1848, aunque no pudo distribuirse legalmente. En este período se publicaron al menos nueve ediciones en seis idiomas.   La Comuna de París La Comuna de París fue un breve movimiento insurreccional que gobernó la ciudad de París del 28 de marzo al 28 de mayo de 1871, instaurando un proyecto político popular socialista autogestionario. La Comuna gobernó durante 60 días promulgando una serie de decretos revolucionarios, como la autogestión de las fábricas abandonadas por sus dueños, la creación de guarderías para los hijos de las obreras, la laicidad del Estado, la obligación de las iglesias de acoger las asambleas de vecinos y de sumarse a las labores sociales, la remisión de los alquileres impagados y la abolición de los intereses de las deudas. Muchas de estas medidas respondían a la necesidad de paliar la pobreza generalizada que había causado la guerra. Sometida casi de inmediato al asedio del gobierno provisional, la Comuna fue reprimida con extrema dureza. Tras un mes de combates, la reconquista del casco urbano provocó una fiera lucha calle por calle, la llamada “Semana sangrienta” del 21 al 28 de mayo. El balance final supuso unos 10.000 muertos, el destrozo e incendio de más de 200 edificios y monumentos históricos y el sometimiento de París a la ley marcial durante cinco años. Los sucesos de la Comuna de París tuvieron lugar antes del cisma entre anarquistas y marxistas, pero ambos movimientos políticos la consideran como propia y la celebran como la primera toma de poder de las clases proletarias en la historia de Europa occidental. Marx la describió como el primer ejemplo concreto de una dictadura del proletariado en la que el Estado es tomado por el proletariado, y Bakunin respondió que -al no depender de una vanguardia organizada y no haber arrebatado el poder al Estado francés o intentado crear un Estado revolucionario- la comuna parisina era anarquista. Las represalias se llevaron a cabo contra prácticamente toda la población. Se declaró un crimen haber apoyado a la Comuna en cualquier modo y se acusó a miles de personas. Más de 20.000 parisinos, comuneros, fueron fusilados masivamente en lo que ahora se llama “El Muro de los comuneros” en el cementerio de Père-Lachaise, mientras que otras miles de personas fueron llevadas a Versalles u otras localidades en las afueras de París para ser juzgados. Pocos comuneros escaparon. Durante días, columnas de hombres, mujeres y niños hicieron, escoltados por militares, un camino hacia barrios o campos baldíos de Versalles convertidos en prisiones temporales o más bien en campos de concentración. Quizás sean los primeros campos de concentración que registra la historia. El gobierno arrestó a aproximadamente 40.000 personas y las persecuciones siguieron hasta 1874. Más tarde, muchos fueron juzgados y condenados a muerte, aunque otros muchos fueron ejecutados sumariamente. Otros fueron condenados a trabajos forzados o encarcelados en fortalezas penitenciarias en territorio francés; otros más fueron deportados temporalmente o de por vida a unos penales situados en islas francesas del Pacífico. Aunque existen discrepancias sobre la motivación de su construcción, la basílica del Sacré-Cœur de París fue erigida en el lugar donde comenzó la insurrección de la Comuna, y en la época se mencionaba que fue erigida para “expiar los crímenes de los comuneros”.  

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