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Turbulencias en vísperas de las elecciones

La economía también se agrava en Brasil

Como sabemos, el próximo 7 de octubre habrá elecciones generales en Brasil, la mayor potencia regional y segundo socio comercial de Uruguay; los comicios llegan en un clima de turbulencia extrema por la prisión del candidato más popular, Lula da Silva, y la emergencia de uno de extrema derecha, Jair Bolsonaro, así como por el aumento del desempleo y la pobreza.

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No es necesario acudir a los factores externos, o sea a la turbulencia global provocada por la administración de Donald Trump con su guerra comercial con China Popular, la Unión Europea y ahora Turquía; sus ‘fake news’ (o el imperio de la posverdad, según como se mire), el alza de las tasas de la Reserva Federal que aspira los capitales del resto del mundo, a la decadencia y crisis de la Unión Europea, ni a la baja del precio de los commodities para explicar la incompetencia de los grandes gobiernos fallidos del Cono Sur, Argentina y Brasil. El gobierno que preside el abogado, empresario y político Michel Miguel Elías Temer (1940) desde el 31 de agosto de 2016 (con un interinato que comenzó el 12 de mayo), concluyó su primer año de gobierno con una caída de 3,60% del PIB, tuvo un leve crecimiento de 1% en 2017, y la inmensa mayoría de los observadores y analistas prevén una nueva caída de la actividad económica de entre 1,5% y 3% en 2018. Se recuerda que entre las primeras medidas de Temer estuvo la congelación del gasto público por veinte años, la expulsión de miles de funcionarios públicos, la privatización de numerosas empresas, la ‘flexibilización’ de las condiciones laborales y la aún no concretada reforma previsional, medidas ultraconservadoras y antipopulares que solamente tuvieron como efecto la mayor contracción de la economía, el aumento del desempleo, la pobreza, la indigencia y la delincuencia, sin que se mejoraran los demás indicadores principales. Este año el déficit fiscal se sitúa en 7,8% del PIB, el déficit en cuenta corriente se ubica en 0,7% a junio, el dólar llegó a R$ 4,04 el martes 22, en tanto que el desempleo alcanzó al 12,7% de la Población Económicamente Activa (PEA). La contracción económica, el aumento del desempleo y la pobreza provocaron la caída de la popularidad del mandatario a un inédito 4%. El ministro de Hacienda y hombre fuerte de la economía es, desde el 12 de mayo de 2016, el economista, banquero y político Henrique de Campos Meirelles (1944), reconocido partidario de las políticas contractivas, quien -increíblemente para muchos- fue presidente del Banco Central de Brasil entre 2003 y 2010, los ocho años del gobierno de Lula. Meirelles, ahora candidato presidencial del PMDB, fue presidente, entre otras instituciones privadas, de los bancos Barclays y Goldman Sachs en Brasil, y del BankBoston, donde trabajó durante 28 años dentro y fuera de su país. ¿Cuáles pueden ser sus intereses?   La carrera electoral El miércoles 22 de agosto el Tribunal Federal Electoral cerró la recepción de inscripciones de nuevos candidatos, y con trece ya en carrera, comienza formalmente la más incierta de las campañas electorales de Brasil  en las últimas décadas. La misma fue caracterizada en un editorial de El País de Madrid de la siguiente forma: “El comienzo de la carrera presidencial no augura una solución para Brasil. La inestabilidad institucional, la incertidumbre económica y una profunda crisis política marcan la campaña que se ha iniciado en Brasil y que culminará el próximo octubre. No se trata de una buena noticia para el país más importante de la región que hasta hace pocos años era visto como un ejemplo para todo el mundo de éxito político, crecimiento económico y lucha contra la pobreza”, señalando que Lula (que seguramente no pueda ser candidato) y Jair Bolsonaro consolidan su ventaja, aumentando “la inquietud de los mercados”, léase, del poder real, que se ve amenazado por la turbulencia y las incertezas sobre el futuro presidente. Una encuesta de Datafolha divulgada el miércoles 22 ratificó la nítida preferencia popular por el encarcelado expresidente Luiz Inácio Lula da Silva y el crecimiento del diputado de extrema derecha Jair Bolsonaro. “Si las elecciones fueran hoy, señala el periódico Folha de São Paulo, Lula, máximo líder del Partido de los Trabajadores (y pudiera competir, N. de R.), conseguiría un 39% de los votos, mientras que el excapitán de paracaidistas Jair Bolsonaro, candidato del Partido Social Liberal (PSL), obtendría un 19% de apoyos. El tercer lugar se lo disputarían la ecologista Marina Silva, de la Red Sustentabilidad (Red), con 8%; el exgobernador de San Pablo Geraldo Alckmin, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), con 6%; y el exgobernador de Ceará, Ciro Gomes, del Partido Democrático Laborista (PDT), con 5%. El número de votos blancos/nulos sería del 11% en tanto que el de indecisos de tan solo 3%”. El periódico informa que “ya en el escenario más probable de que el nombre de Lula sea rechazado por el Tribunal Superior Electoral (TSE) con base a la Ley de Ficha Limpia, que no permite que una persona condenada en segunda instancia compita por un cargo electivo, Bolsonaro encabezaría las preferencias con un 22% de respaldo, seguido por Silva con 16%, Gomes con un 10% y Alckmin con un 9%. El porcentaje de votos blancos/nulos ascendería al 22% y el de indecisos a 6%”, por lo cual el resultado se vuelve imprevisible (el candidato oficial, Henrique Meirelles no llega a 1%, N. de R.). Como sabemos, Lula está encarcelado desde abril, condenado a 12 años de cárcel por corrupción y lavado de dinero. El PT intentó registrar la semana pasada su candidatura, pero lo impidió la legislación electoral. Se afirma que en caso de que su nombre sea rechazado, su actual compañero de fórmula, el exalcalde de San Pablo, Fernando Haddad, asumiría la postulación y la líder comunista Manuela D’Avila sería la candidata a vice. Según Datafolha, “la transferencia de votos lulistas a Haddad por ahora es baja, y este recibiría solo un 4% de apoyos sin Lula en la contienda”. Uruguay vivió un caso similar cuando Wilson Ferreira Aldunate, el candidato más popular para las elecciones de noviembre de 1984, fue encarcelado por la dictadura cívico militar y se lo mantuvo preso, proscripto y silenciado hasta cinco días después de la elección tutelada en la que ‘triunfó’ Julio María Sanguinetti. Tuvo un sustituto muy respetado, el Dr. Alberto Zumarán, pero no se consiguió transferir los votos y la derecha continuista se mantuvo en el poder. En Uruguay, el politólogo Álvaro Padrón señaló hace dos años y medio que el proceso largamente elaborado por la derecha brasileña tenía por finalidad encarcelar a Lula y privarlo de la posibilidad de ser candidato por ser el único candidato en condiciones de triunfar y realizar transformaciones profundas en el aparato productivo y la realidad social. Continúa la prensa brasileña: “Encuestas de los institutos Ibope y MDA divulgadas el lunes apuntaron números similares a los de Datafolha y la incertidumbre electoral generó inquietud en los mercados. Ni Lula ni Bolsonaro están comprometidos con las reformas económicas impulsadas en los últimos dos años por el gobierno de Michel Temer (congelamiento de gastos, flexibilización laboral y la propuesta de modificación del sistema previsional). Ayer, la moneda brasileña se desplomó a su valor mínimo frente al dólar en más de dos años y medio, 4,03 reales por cada unidad (…), mientras que la Bolsa de San Pablo, la mayor de América latina, cayó un 1,5%”. Lo único cierto es que el resultado es totalmente incierto.   Impacto en Uruguay De acuerdo a los informes del Instituto Uruguay XXI, Brasil es desde hace años el segundo socio comercial de nuestro país en materia de comercio exterior, mientras que viene afianzando sostenidamente su participación en materia de servicios e inversiones. En 2016, China fue el principal destino de las exportaciones uruguayas, con una participación de 22% en el total exportado. “Pese al contexto recesivo de su economía, las ventas a Brasil experimentaron en 2016 un crecimiento de 2% respecto a 2015 (15%), y superaron los US$ 1.322 millones. Dicho crecimiento permitió que la participación de Brasil en las exportaciones uruguayas crezca 2 puntos porcentuales. Los lácteos impulsaron el crecimiento de este mercado, especialmente a través de la leche en polvo y el queso. En ambos casos, los precios promedio tuvieron retracciones (7% y 21% respectivamente), pero fueron compensados por crecimientos en volumen que más que duplicaron los registrados en 2015 y permitieron que se mantenga como el principal rubro exportado a ese mercado. Otros rubros destacados en este mercado fueron Malta, y Plásticos. Por último, destacan las ventas de arroz, cuyos volúmenes pasaron de 27.000 a 240.000 toneladas, totalizando US$ 104 millones”. En 2017, China fue el principal socio en 2017, con US$ 2.549 millones (28%). Lo siguen en importancia Brasil (13%), Países Bajos (6%), Estados Unidos (6%) y Argentina (6%). Si se considera la Unión Europea en su conjunto, las exportaciones totalizaron en 2017 los US$ 1.453 millones (16% del total). “En julio de 2018 Brasil fue el segundo destino de nuestras exportaciones con el 15% del total de las ventas del mes. Los productos que más se exportaron al país fueron productos plásticos por US$ 15 millones, lácteos por US$ 11 millones y autopartes por US$ 8 millones. Se destaca el aumento en las ventas de plásticos y sus manufacturas, que creció un 36% en el mes de julio”. Es previsible que este escenario se deteriore en los próximos meses (las ventas a Brasil cayeron 11,8% a junio), y sería otra mala noticia para Uruguay, ya muy complicado en su contexto externo. Pero lo peor sería la victoria del candidato ultraderechista Jair Bolsonaro, al amparo de la inestabilidad y la inseguridad en Brasil. Este candidato se maneja muy bien en el espacio de las redes sociales y, como varios líderes ultraderechistas, se dirige a los trabajadores con mensajes convincentes. Eso ocurrió en Italia, ocurre en Francia y pasó, increíblemente, en los Estados Unidos, con el resultado conocido. Uruguay ya tiene candidatos de derecha disfrazados de ‘progresistas–liberales’. No sería raro que tuviéramos pronto un candidato declarado de derechas con un mensaje popular.    

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