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El eterno retorno

La extrema derecha avanza en Europa y amenaza a Merkel

Impulsada por la Gran Recesión que afectó a Estados Unidos y Europa, la xenofobia y el racismo que siempre traen las grandes migraciones y potenciada por el abandono de valores que trajo Donald Trump, la extrema derecha gana terreno en Europa y el mundo. El sueño de “un mundo ordenado” (y hasta algunas posturas correctas como el combate al euro) atraen a los jóvenes que huyen de la insustancialidad de la socialdemocracia. ¿Vuelven los regímenes de la década del 30 del siglo XX? La tentación totalitaria aumenta día a día.

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En 1977, el maestro Ingmar Bergman (de cuyo nacimiento se cumplieron 100 años el 14 de julio) presentó su film El huevo de la serpiente, con Liv Ullman y David Carradine, que tuvo malas críticas “porque trata de un tema afortunadamente cerrado” (los experimentos eugenésicos realizados con personas pobres en Alemania en 1923), como dijo un diario importante. Sin embargo, se trata de un tema muy actual, tanto que el Premio Goncourt 2017 fue otorgado al cineasta y escritor Éric Vuillard (1968) por su libro El orden del día, que en apenas 141 fulgurantes páginas nos retrotrae al origen de la barbarie nazi al recordar cómo se gestó el acto que la financió y sostuvo, haciéndola posible, y nos muestra que esos factores de poder real siguen estando presentes hoy. Según el relato, el 20 de febrero de 1933, Hitler y sus lugartenientes se reunieron secretamente en el Reischstag con los representantes de las empresas más importantes de Alemania, que estaban dispuestos a apoyar la barbarie a cambio de ser preservados del “comunismo”, es decir, de los reclamos que afectaran sus intereses. Entre los presentes estaban los propietarios de Agfa, Allianz, Bayer, Basf, IG Farben, Krupp, Opel, Siemens, Telefunken, Varta y otras empresas, en un total de 24, que aceptaron las propuestas para financiar al Tercer Reich. ¿Es necesario recordar que los uniformes nazis fueron creados y elaborados por Hugo Boss, arquetipo actual de empresa global de lujo? Están presentes también la mayoría de las otras, convertidas en multinacionales. En su momento varias de ellas usaron mano de obra esclava procedente de los campos de concentración. ¿Estarían dispuestas a hacer los mismos pactos con personajes similares? Lo que esta tremenda novela recuerda es que no estamos libres del pasado, afirmando que “nunca se cae dos veces en el mismo abismo. Pero siempre se cae de la misma manera, con una mezcla de ridículo y pavor.” ¿Hay conciencia del peligro que se cierne sobre el mundo, al que nos vamos acostumbrando como la rana puesta en agua tibia cuya temperatura va aumentando? ¿Alguien pensó que podría existir un presidente de Estados Unidos que sólo coquetea con los autoritarios y desprecia las democracias; que ha usado hasta el hartazgo a mujeres como objeto y dio lecciones de cómo y por dónde se “debe agarrarlas”; que ahora amenaza con provocar un “apagón del gobierno”, un paro del Estado, si la oposición no le da recursos para construir un muro de vergüenza que lo aísle de México y le evite tener que estar separando a los padres emigrantes de sus hijos, que no se sabe dónde van a parar? El 27 de julio, El País de Madrid publicó un editorial titulado ‘El susurro’, en el que afirma que “la ultraderecha está ganando cada vez más terreno. Europa tiene que reaccionar”, y señala que hoy el fantasma que la recorre -a diferencia del que en 1848 anunciaban Marx y Engels- es el extremismo de derecha de personas como el editor Götz Kubitschek, que quiere ser “el generador de ese susurro” que mueva e impulse a la ultraderecha alemana, inspirando a partidos como Alternativa para Alemania (AfD). El País habla de una vasta conspiración: “No hay nada improvisado […] detrás de las proclamas contra Bruselas y la defensa del nacionalismo alemán, las señas de identidad de AfD, están los andamiajes argumentales de gente como Kubitschek. Hace falta conectar con las emociones de la gente y lo mejor es hablarle en susurros”. Aunque no lo dice, el editorial no ve respuestas concretas a este panorama ni en la socialdemocracia ni en la derecha europeas, y el panorama que pinta no es nada alentador: “La globalización, sobre todo después la crisis económica que estalló en 2008, ha dejado tiritando a la intemperie a millones de personas en distintos lugares del mundo. Tienen miedo. Han perdido su trabajo, no encuentran muchas salidas en lontananza. Y por eso les resulta muy convincente ese susurro hipnotizador que los consuela como víctimas y les promete recuperar la gloria perdida. Luego vendrán, poco a poco, las movilizaciones, las banderas y los rituales, y después, las urnas. La ultraderecha está ganando cada vez más terreno. Europa tiene que encontrar la manera de desarmar ese susurro”.   El avance en cifras y nombres El editorial señala que “en 2005 los partidos de extrema derecha en Europa sólo sumaban 9 millones de votos; hoy son 28 millones. Sólo 5% del total europeo, sí, pero tiran hacia su lado. En Hungría y Polonia gobiernan, superando el 40% [también lideran en Austria -presidente de turno de la Unión Europea- y Turquía, constituyen la segunda fuerza política en Alemania y Francia y están latentes en el poderoso franquismo español, N. de R.]. En Suiza es el primer partido. Están ya en los parlamentos de 18 países y en Alemania una formación ultraderechista ha entrado en el Bundestag por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, con 92 escaños, de 709. Es el tipo de cosa inimaginable hace unos años”. Los nombres de Víktor Orbán en Hungría, Andrzej Duda en Polonia, Sebastian Kurz en Austria, Recep Tayyip Erdogan en Turquía, con sus políticas antiinmigratorias, o racistas o xenófobas, eximen de mayores comentarios, o habilitan desarrollos posteriores. Si nos referimos a gobiernos democráticamente electos, pero de tendencias autoritarias y xenófobas, podemos referirnos al excelente artículo ‘La decadencia de la democracia pasa desapercibida’ (de julio de 2017), del reconocido economista y escritor ítalo-argentino Roberto Savio, quien afirma que dicha ideología “no se reduce a Trump, Erdogan, Orban, Szydlo y el brexit. También China, India, Japón, Filipinas, Israel, Egipto, Rusia y muchos otros países tienen gobiernos nacionalistas y autoritarios”. En Alemania, nada menos que la canciller Angela Merkel (CDU), a la que nadie puede acusar de izquierdismo, y que impuso la “austeridad” asesina que ahoga a la periferia europea, incluyendo a España, Portugal, Grecia, pero también a Francia e Italia y demás países de la zona “no alemana”, está ahora amenazada por la coalición que forman su ministro federal del Interior, para la Construcción y la Patria (Sic), el bávaro Horst Seehofer (CSU), con los ultraderechistas de Alternativa para Alemania (AfD), y es partidario de una política antiinmigratoria radical. Podría ser el próximo canciller de Alemania. A nivel global, un caso emblemático es el del presidente filipino Rodrigo Duterte, impulsor de miles de asesinatos y ejecuciones extrajudiciales, que recibió elogios de Donald Trump por su “increíble trabajo”. Lo peor de esta situación es que estamos ante la presencia de una tendencia y que no hay respuesta contundente (por decir lo menos) en la izquierda, ni en la socialdemocracia ni en la derecha moderada. Nunca más válida aquella expresión de Mahatma Gandhi en el sentido de que “no me asusta la maldad de los malos, [sino que] me aterroriza la indiferencia de los buenos”.    

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