El FMI cumple 75 años

La historia de la gran traición

El Fondo Monetario Internacional, «síndico de los países desarrollados» según Joseph Stiglitz, cumple 75 años el 22 de julio. Ejecuta implacablemente un rol que traiciona los ideales que le dieron origen: favorece a las potencias en detrimento de los subdesarrollados con un doble discurso innegable y acumula una trayectoria de fracasos que avergonzaría a cualquier oficina gubernamental o municipal del mundo.

FMI. La historia de la gran traición

El 30 de mayo, el FMI publicó su revista trimestral Finance & Development, en cuya tapa (ver recuadro) tituló: El FMI a los 75 y expuso un dibujo que muestra el por muchas razones imposible diálogo entre John Maynard Keynes y Christine Lagarde.

Contiene un editorial titulado Keynes, el FMI y el futuro, donde se afirma que: «Si lord Keynes, quien ayudó a iniciar el orden económico posterior a la Segunda Guerra Mundial en la conferencia de Bretton Woods, visitara el FMI hoy […] encontraría uno moderno capaz de ayudar a los países con nuevas herramientas para analizar los riesgos financieros y los desequilibrios externos y asumir la desigualdad de ingresos, la corrupción y el cambio climático. Se maravillaría de nuestra membresía universal, personal diverso y jefa femenina. […] Keynes entendería la realidad de hoy también. Lo vio todo antes […]. Sin embargo, él no se desesperaría (ante la situación actual). Con su energía característica, Keynes exigiría un compromiso renovado con la cooperación económica global. […] Al igual que el FMI se ha adaptado al cambio desde 1944, seguirá evolucionando e innovando para satisfacer las necesidades de la armonía económica mundial.

Keynes y los 44 delegados que crearon la institución estarían orgullosos».

Pocas veces (no quiero rebajar la estatura del tema, pero es como si alguien partidario de Milton Friedman y el darwinismo social hiciera política homenajeando a José Batlle y Ordóñez) se encuentran en una exposición tan corta tantas mentiras y maquillajes (la hipocresía es el homenaje que el vicio rinde a la virtud), las que además hacen referencia a una traición mayor, que cambió el destino de la humanidad desde 1946.

John Maynard Keynes (1883-1946) fue quien ideó, circa 1942, el conjunto de instituciones multilaterales (un fondo monetario internacional que ayudara a los países con dificultades, un banco mundial que sostuviera un desarrollo equilibrado, un acuerdo internacional de comercio que evitase depredaciones, y hasta un plan que ayudase a reconstruir la Europa derrotada y devastada) que deberían fundarse tras el fin de la Segunda Guerra Mundial para que no volviera a ocurrir un Tratado de Versalles, y se asegurara un desarrollo y un comercio internacional equilibrado que fuese la garantía y el sostén de la paz.

Tenía credenciales más que suficientes para ser consultado al respecto: había escrito en 1919 Las consecuencias económicas de la paz (libro en el que profetizó que las  miserias y humillaciones infligidas a Alemania en el Tratado de Versalles llevarían a un renacer del nacionalismo imperialista alemán y ahí tuvimos la Segunda Guerra), y delineó en su Teoría General del empleo, el interés y el dinero la nueva doctrina antiortodoxa (basada en la intervención del Estado en la economía, y las políticas expansivas dirigidas a asegurar el pleno empleo, el sostén estatal de la actividad privada y el Estado de bienestar) que iba a vencer a la Gran Depresión de 1929 y a todas las grandes crisis inherentes al sistema capitalista (en el  que viviremos el resto de nuestras vidas, por decir lo menos), incluyendo la Gran Recesión 2007-2010.

Pero fue derrotado en los acuerdos de Bretton Woods, y falleció poco después, el 21 de abril de 1946.

 

Los acuerdos de Bretton Woods: la gran traición

Se llama Acuerdos de Bretton Woods​ a las resoluciones de la conferencia monetaria y financiera de las Naciones Unidas, realizada en el complejo hotelero de Bretton Woods (New Hampshire, Estados Unidos), entre el 1º y el 22 de julio de 1944. Allí se establecieron las reglas para las relaciones comerciales y financieras entre los países más industrializados del mundo que regirían a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial.

Dice John Kenneth Galbraith en su libro La era de la incertidumbre: «La conferencia de Bretton Woods no fue una conferencia entre naciones. Fue una conferencia de naciones con Keynes (que era el economista más prestigioso del mundo y había contado con la confianza de Roosevelt y Churchill). Su único rival fue Harry Dexter White, su amigo y discípulo en la Tesorería de Estados Unidos», quien representó a la Unión y se opuso a todos sus planteos.

Recordemos que Estados Unidos emergió de la Segunda Guerra como la economía y la potencia militar más fuerte del mundo, no había sufrido en su territorio las destrucciones del combate, tenía una industria poderosa y concentraba más del 50% del PIB mundial. «En esas condiciones Estados Unidos, que producía la mitad del carbón mundial, 2/3 del petróleo, más de la mitad de la electricidad e inmensas cantidades de productos industriales, iba a tener un considerable control sobre las decisiones finales de la conferencia, al punto que impondrá su diseño, derrotando la propuesta inglesa diseñada por John Maynard Keynes».

Keynes había ideado un nuevo orden financiero mundial con un organismo internacional de compensación, la International Clearing Union (ICU), que emitiría una moneda internacional, llamada Bancor, así como hoy tenemos los Derechos Especiales de Giro, DEG, de otra naturaleza, relacionada con las divisas fuertes y canjeable en moneda local. Mediante la ICU los países con superávits financiarían a los países deficitarios, y de esta manera se haría crecer la demanda y la actividad económica mundial «lo que finalmente sería beneficioso para todos los países».

Pero, señala Galbraith, «Estados Unidos al final de la guerra poseía el 80% de las reservas mundiales de oro, era un país fuertemente acreedor y no quería estar obligado a gastar su superávit comercial en los países deudores, por lo que este plan no convenía a sus intereses y, aprovechando su influencia política y la situación vulnerable de sus aliados británicos, necesitados de créditos estadounidenses para superar la guerra, presionó para que el plan británico fuera rechazado, mediante la fijación de las cuotas de los países miembros, porque la cuota determina el poder de votación y control».

A Estados Unidos le correspondió una cuota equivalente al 31,1% del total; al Reino Unido de Gran Bretaña, 14,8%; la Unión Soviética, 13,6%); China, 6,3%, y Francia, 5,1%.

«Mediante el control de las cuotas, Estados Unidos diseñó y estableció la sede del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento o Banco Mundial (BM) en su territorio. Keynes, al ver la enorme influencia que iba a tener Estados Unidos en estas instituciones, intentó en vano que los directores ejecutivos del Fondo fueran funcionarios de tiempo parcial subordinados a bancos centrales nacionales», y que por lo menos una sede estuviera en Europa, pero fue derrotado. Estaban ya influyendo fuertemente las realidades que imponía la incipiente Guerra Fría entre Estados Unidos y la URSS.

«El principal objetivo de los acuerdos de Bretton Woods fue poner en marcha un nuevo orden económico internacional y dar estabilidad a las transacciones comerciales a través de un sistema monetario internacional, con tipo de cambio sólido y estable fundado en el dominio del dólar. A partir de Bretton Woods, cuando los países tienen déficits en sus balanzas de pagos, deben financiarlos con sus reservas internacionales o mediante los préstamos que concede el FMI. Para tener acceso a esos préstamos, los países deben acordar sus políticas económicas con el FMI».

Dado que se imponía el pensamiento «librecambista», en lugar de crear un tercer organismo económico mundial, que iba a denominarse Organización Internacional de Intercambios, en 1948 se firmó el Acuerdo General de Aranceles y Comercio (GATT), que posteriormente se transformó en la Organización Mundial de Comercio (OMC).

Keynes había triunfado en imponer como doctrina económica dominante, contrariando a la ortodoxia, una fuerte intervención del Estado para estimular la actividad económica, con políticas de expansión monetaria (aunque implicaran aumentos en el déficit fiscal) y un impulso masivo a las obras de infraestructura que operaran como multiplicador del empleo y la circulación del dinero. Convencido por Keynes, Franklin Delano Roosevelt dio esos contenidos a su New Deal (Nuevo Acuerdo), y la Gran Depresión fue vencida a principio de los años 40, echando las bases del “Estado de bienestar”, e iniciando la llamada “Era Dorada” del capitalismo (con un Estado intervencionista, muy alta imposición a los sectores más ricos, sindicatos fuertes, alta regulación financiera y focalización de las políticas en la inclusión social), que duró hasta 1973.

Pero, como vimos, sus ideas fueron derrotadas en el diseño de los organismos multilaterales de crédito implementados en 1944 en Bretton Woods: el FMI, el Banco Mundial y la futura Organización Mundial del Comercio.

En lugar de contribuir al “desarrollo para la paz” de todos los países, el FMI  (como surge con claridad de los informes de consulta del Artículo IV, que se han analizado en Caras y Caretas) pasó a promover políticas monetarias y cambiarias expansivas para las grandes potencias; e imponer políticas contractivas, privatizadoras y contrarias a la equidad para los países periféricos, acompañado por el Banco Mundial, en tanto que se impuso una nueva división internacional del trabajo entre países productores de bienes con alto valor agregado, de contenido industrial y tecnológico, y una periferia dedicada principalmente a proveer materias primas con escaso o nulo valor agregado.

 

La gran mentira del FMI

Como se ve, no sería pues posible una conversación amable entre John Maynard Keynes (que murió al poco tiempo de la firma de los Acuerdos de Bretton Woods a consecuencia de un ataque cardíaco que su mayor biógrafo, Sir Robert Skidelsky, atribuye al disgusto en su monumental volumen Hopes Betrayed, o sea, Esperanzas Traicionadas) y la renunciante directora gerente del FMI, Christine Lagarde, una abogada corporativa que fue procesada en Francia, su país, donde ocupó diversos ministerios.

Las tesis de Keynes fueron derrotadas y se crearon un FMI y un BM que pronto se transformaron en «síndicos (meros representantes de los intereses de los accionistas) de las potencias desarrolladas», como afirmó Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía 2001, que bien los conoce por haber sido presidente del Consejo de Asesores Económicos (1995-1997) del entonces presidente William Bill Clinton, y primer vicepresidente y economista jefe (1997-2000) del Banco Mundial.

Su evolución tuvo altibajos: el FMI, carcomido por los altísimos sueldos que pagaba a sus propios funcionarios (mientras imponía ajustes fiscales salvajes a las naciones pobres) y por el abandono de varios de los receptores de sus «programas» (entre ellos Argentina, Brasil y Uruguay), estuvo a punto de colapsar, pero fue salvado cuando el G20 lo eligió en 2009 como Organismo Ejecutor de sus programas, y lo recapitalizó, en lo más profundo de la Gran Recesión 2007-2010.

El FMI volvió con la misma soberbia y doble discurso de antes, y tres de sus directores ejecutivos, Rodrigo de Rato, Dominique Strauss-Khan y Christine Lagarde, están procesados por la Justicia.

Los grandes fracasos del FMI
A pesar de su rol de supervisión global, el FMI no previó ni solucionó ninguna de las grandes crisis ocurridas tras la Globalización de 1989-1991: ni la crisis de México de 1994 (que sí fue pronosticada por el economista argentino Guillermo Calvo); ni la crisis del sudeste asiático de 1997, comenzada en Indonesia; ni la de Rusia de 1998; ni la de Brasil de 1998-1999, que determinó su macrodevaluación de enero de 1999. Tampoco previó ni solucionó la crisis argentina de 2001, provocada por el mantenimiento de la «convertibilidad», ni la uruguaya de 2002, provocada por decisiones endógenas. Por el contrario, todas ellas fueron alentadas por las políticas contractivas y de fijación artificial del tipo de cambio promovidas por el FMI. El organismo multilateral tampoco predijo la crisis subprime, que llevó a la Gran Recesión 2007-2010, que fue prevista en 2003 por Paul Krugman, en artículo publicado en The New York Times, oportunamente reseñado en Caras y Caretas. Financió y apoyó efusivamente a las dictaduras monetaristas y genocidas de la década del 70 en América Latina.

6 comentarios en «La historia de la gran traición»

  1. Un relato histórico desde la creación del fondo monetario que realmente no lo tenía presente.
    Por eso desde ya le agradezco la nota.
    La estabilidad económica y financiera es necesaria en el mercado mundial creo que eso estamos todos de acuerdo.
    Lamentablemente en lo que se ha convertido es un organismo que mira por los intereses de pequeños grupos de determinados países.
    Lo que va dejando en cada país donde participa es pobreza y más pobreza.
    Podremos no entender de macro economía, pero si ser observadores de los desastres que ha ocasionado en el mundo.
    Basta mirar nuestros hermanos argentinos para darnos cuenta en qué poco tiempo se puede tirar todo lo que se hizo en estos años.
    La poca memoria puede llevarnos a caer nuevamente en desgracia.
    Gracias Carlos Luppi con sus artículos he logrado aprender algo en una materia que nunca me gustó pero que la vida enseña qué tendría que estar en educación secundaria y en cualquier carrera que se estudiara.
    Saludos para usted.

  2. LA HISTORIA DEL FMIL ES TENEBROSA, SÓLO HA SERVIDO A LOS PEORES INTERESES Y NUNCA A LOS GOBIERNOS POPULARES. HICIERON MUY BIEN ARGENTINA BRASIL Y URUGUAY EN CANCELAR SU DEUDA Y SUS «RECOMENDACIONES» DE AJUSTE FISCAL PERPETUO.
    AUNQUE A VECES ME PREGUNTO SI EL FONDO SE FUE DEL TODO, O HA ESTADO POR ACÁ CERCA, POR MEDIO DE SUS PERSONEROS.

  3. POR UNA VEZ ME GUSTA UN TÍTULO DE LUPPI, EL FMI HISTORIA DE UNA GRAN TRAICIÓN.
    SIN DUDA QUE TRAICIONÓ A ESE MUNDO EQUILIBRADO QUE SE DESEABA DESPUES DEL FIN DE LA GUERRA.
    AL FIN Y AL CABO SERVIR SÓLO A LAS GRANDES POTENCIAS ES TRAICIÓN AL RESTO DEL MUNDO.

  4. Hasta que en este choque de Civilizaciones no haya un vencedor Socialista verdadero, el mundo Occidental seguirá a merced de estas organizaciones mafiosas. El Nuevo Orden Mundial DEBE ser a favor del Socialismo real, es decir: Poner el Capitalismo a servicio de la sociedad, y no como es ahora…la sociedad al servicio del Capital.
    http://unisudamericana.blogspot.com.br/…/estado-de…

  5. QUERIDO COMPAÑERO CARENA, COMPARTO SUS DESEOS.
    PERO MUCHO ME TEMO QUE NI LA REVOLUCIÓN NI EL SOCIALISMO ESTÉN CERCANOS, Y QUE TENGAMOS CAPITALISMO PARA MUCHÍSIMO RATO.
    EN BUENA MEDIDA, DIGÁMOSLO TODO, POR NUESTROS PROPIOS ERRORES.
    ENTONCES TRATEMOS DE VIVIR Y MEJORAR LA SITUACIÓN EN QUE VIVIMOS.
    Y QUEDA MUY CLARO QUE ESTE FMI ES PRECISAMENTE UN ENEMIGO DEL DESARROLLO Y LA EQUIDAD.
    COMPARTO CON USTED: LA MISIÓN ES PONER EL CAPITALISMO AL SERVICIO DE LA SOCIEDAD.
    EL TEMA ES VER CÓMO HACERLO.

  6. POR SUPUESTO QUE EN URUGUAY, ESTA MISIÓN SOLO PUEDE LLEVARLA ADELANTE EL FRENTE AMPLIO.
    NI LACALLE POU Y SUS MISERABLES SIRVIENTES, NI TALVI, NI MIERES QUE, POR EL CONTRARIO, QUIEREN EL CAPITALISMO AL SERVICIO DE SUS INTERESES DE CLASE.

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