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Manchas en la memoria

La impunidad incrustada

Hace unos días asistimos al procesamiento del coronel retirado Carlos Anselmo Díaz Vecino por llevar adelante un atentado contra dos placas de la memoria; estos hechos demuestran que existen aún en Uruguay no sólo grandes problemas para avanzar sobre el esclarecimiento de los responsables de los asesinatos y torturas que se perpetraron durante la última dictadura , sino que además existen dentro del ámbito militar personajes anacrónicos que realmente creen haber defendido la patria del enemigo interno y del comunismo internacional.

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Por Matías Matta   Las placas de la memoria son parte y componente esencial de lo que podríamos llamar políticas contra el olvido, es decir, políticas que se llevan adelante con el fin de que, después de décadas de silencio y de “acá no hubo desaparecidos” -o, como dijo otro anacrónico allá por el año 2000, “en Uruguay no desapareció ningún niño”-, nuestra sociedad y sobre todo las nuevas generaciones sepan que existen lugares en Uruguay donde se torturaba a hombres y mujeres a través de plantones, colgadas, picana eléctrica, violaciones y otras atrocidades. Estas placas colocadas para ubicar aquellos centros clandestinos de tortura son marcas que, junto con los procesamientos a militares, logran establecer de alguna forma quiénes fueron los responsables, aspectos estos que dejan al descubierto a algunos personajes de nuestro país, tanto en el ámbito social, así como en el político y, sobre todo, en el ámbito militar. Los culpables no fueron todos ni el Estado en su versión más abstracta, sino algunos políticos concretos que disolvieron el Parlamento, una parte de la sociedad con civiles que apoyaron la dictadura y una parte del aparato militar, que se encargó de torturar y violar a miles de uruguayos y uruguayas. De esta manera, las placas y los procesamientos son la forma en que se identifican estos nefastos personajes de la historia uruguaya, pasando así a ser reconocidos por todos como los culpables y echando por tierra la mejor forma de mantener la impunidad: la ignorancia. Pero, claro, en este proceso quienes quedan al descubierto harán hasta lo imposible para mantener esa ignorancia y, como todo animal que se siente acorralado, su respuesta puede ser tanto violenta como absurda. El coronel retirado Carlos Anselmo Díaz Vecino fue quien, como es sabido, atentó contra las placas de la memoria, demostrando la intolerancia y la prepotencia con que algunos pretenden frenar la identificación de quienes fueron los responsables. Y aunque este hecho puede parecer absurdo por la forma en que se realizó o aislado por su contenido, no lo es. Por su forma, lejos de ser absurdo nos muestra la impunidad con la que algunos todavía creen que pueden actuar; y, por su contenido, lejos de ser un hecho aislado podemos ubicarlo dentro de una serie de acontecimientos pasados. En primer lugar, queremos referenciar una joyita: la carátula elegida por el coronel retirado Carlos Anselmo Díaz Vecino en ocasión de la presentación, en el año 2001, de la cátedra de Estrategia enmarcada en el curso de Estado Mayor de la Escuela de Comando y Estado Mayor del Ejército Uruguayo. El coronel retirado Carlos Anselmo Díaz Vecino es hermano del coronel José Díaz Vecino y, junto con otros militares, como el coronel Ignacio Elgue, el coronel retirado Walter Ulbertz, el coronel José Olivera Laport y el coronel Luis Silva Schinca pertenecen a la promoción 1983, Cruzada Libertadora, esto significa que juntos cursaron la Escuela Militar y egresaron en el año 1983 de esa institución. Los cuatro últimos militares mencionados, algunos de los cuales aún hoy se encuentran en actividad, participaron en el pasado en algunos hechos que vale la pena mencionar. Hechos que demuestran con claridad cuál es la visión que algunos personajes anacrónicos mantienen aún hoy dentro de las Fuerzas Armadas con respecto a las violaciones de los derechos humanos cometidas en la dictadura uruguaya. En el año 2012 los coroneles Elgue, Laport, Schinca, José Díaz Vecino y el retirado Walter Ulbertz fueron denunciados, en un reclamo patrocinado por el abogado Federico Álvarez Petraglia frente al Ministerio de Defensa Nacional, por acusar de traidor, entre otras cosas,  a un militar retirado de su misma promoción. La historia se remonta al año 2011, cuando el mayor retirado Juan Arias (perteneciente a la promoción 1983 y retirado en el año 2004) participó activamente en la organización de una manifestación convocada por la Mesa Permanente contra la Impunidad. Participación que generó la ira de algunos de sus compañeros de promoción los cuales descargaron sobre él todo tipo de insultos y agravios a través de las redes sociales. Junto con la publicación de una foto en la que Arias aparecía participando de dicha movilización, aparecieron comentarios de los coroneles mencionados que lo tildaban de “cagón” y “traidor”, haciendo referencias a su vez a que su participación era resultado de que andaba como “gurí cagado y con el culo sucio”, entre otros insultos. El mayor retirado Juan Arias accedió a reunirse con Caras y Caretas y, en una extensa entrevista, contó que había entrado al Ejército por vocación, que se criaron juntos con Carlos Anselmo Díaz Vecino y que existía una simbología en el atentado contra las placas “porque grafiteó de verde, ¿ta? Hay todo un mensaje, una simbología”. Afirmó que es verdad que la impunidad se encuentra incrustada y que él no se siente una víctima por las agresiones recibidas, ya que los militares cuando se retiran y pasan un periodo de cuatro años “en estricta observación en cuanto al cumplimiento de ciertas normas y reglas, que es distinto al ciudadano civil”, se reinsertan a la sociedad como ciudadanos comunes con deberes y obligaciones. Aunque aseguró que este tema por momentos lo desgasta, aclaró que no quiere bajar los brazos porque “de ejemplo veo a esas mujeres que las violaron, que les mataron sus esposos, novios, sus parejas y no bajan los brazos; Lila Cuesta iba y estaba parada frente al cuartel en invierno, en verano, con trueno, con lluvia, con sol, con cuarenta grados, con cero grado”.   Como es de público conocimiento, en el año 2003 fue sancionado, mientras estaba con los cascos azules en el Congo en una misión de paz, debido a las declaraciones que realizó a una periodista de AFP. ¿Cuáles fueron esas declaraciones? El contexto era que estaba cumpliendo una misión para Naciones Unidas habiendo sido designado por el Ejército y, en particular, por una misión oficial a solicitud del Ejército al Ministerio de Defensa y siendo nombrado por el Poder Ejecutivo, por el país, en misión oficial como integrante de las fuerzas uruguayas en Naciones Unidas. El contexto fue que estaba en la misión del Congo en Bunia; se dio una especie de casualidad que yo estuviera allí, para cuando surge esa situación con la periodista de AFP Helen Vesperini, en particular cuando se da el episodio de de las declaraciones. Helen no tenía mucha noción de Uruguay; estábamos hablando en inglés, ella con su inglés afrancesado y yo con mi inglés ‘uruguayizado’. Esas declaraciones las agrupé en cuatro puntos; ella no tenía conceptos desarrollados de nuestro país. Le dije: ‘mi país es un país chiquito y pobre y no creo que estuviese diciendo algo disparatado. ¿O acaso Uruguay es grande y rico? Le dije que yo había ido allí por una mejora económica… por allí luego se desvirtúa y se dice que yo vengo acá por plata. No, yo no era un mercenario, yo era un militar uruguayo que fui a una misión que estaba encuadrada en una misión de paz. El soldado va por una mejora que le permita comprar el terreno y hacer su casa. Ella me preguntó si había un gobierno democrático en Uruguay. Sí, respondí, hay un gobierno democrático, pero tuvimos un golpe de Estado y una dictadura. En ese momento, por la situación que se estaba viviendo allá, teníamos 5.000 refugiados y 100 periodistas, y en ese contexto fueron tomadas mis declaraciones. Que para las autoridades de la época, el doctor [Jorge] Batlle era el presidente, el ministro era Yamandú [Fau] y el comandante del Ejército era el general [Carlos] Daners y yo fui castigado por ese tipo de declaraciones que salieron. Yo acepté hacer esas declaraciones porque ella estaba haciendo tiempo para hablar con el comandante de la tropa en ese lugar, que no era yo, pero me tocó, no lo hice adrede ni nada que se le parezca. Pero luego, ante mis superiores, tuve que explicar de la mejor manera.   ¿Cuál de esas cuatro cree que es la principal declaración que motivó las sanciones que le fueron aplicadas? Fueron tomados esos cuatro puntos; esas cuatro marcas de opinión fueron tomadas agrupadas y denotaban un desprestigio para los integrantes de la fuerza y yo estaba muy lejos de querer mostrar un desprestigio. Yo era un militar; ahora, debajo del uniforme de militar hay un hombre, el hombre ríe, llora, sufre, está feliz. El hombre, al que le corre sangre por las venas, tiene muchas condiciones por su valor y tiene muchas condiciones de ser un hombre, un ser humano, por sentir miedo, de repente, pero fue en aquel momento.   Debido a esas sanciones en 2004, pediste el pase a retiro, el cual, según tengo entendido, se demoró más de lo habitual en el Ministerio de Defensa Nacional. ¿Creés que esto tiene que ver con las declaraciones? No, porque los pases a retiro tienen todo un trámite; no hay ninguna implicancia con lo que fueran las declaraciones. El militar lleva una calificación por su actuación como militar, por su actitud, por su conducta y por su condición física; por lo de la actitud militar y la capacidad militar, fui calificado y no hice reclamo alguno. La sanción -impuesta por mis superiores- la entendieron así y yo tampoco hice reclamos, simplemente llegado el momento y ante mi posibilidad en relación a mi solicitud de pasar a retiro voluntario, no tuve inconvenientes.   Un poco más acá en el tiempo, en 2011, participaste en una movilización convocada por la Mesa Permanente Contra la Impunidad. ¿Qué fue lo que pasó con algunos de tus compañeros de promoción luego de esa instancia? Yo me retiré en 2004, cumplí cuatro años de mis deberes y obligaciones del secreto profesional militar y en 2008 me reinserto en la sociedad como un ciudadano más, con mis derechos y mis obligaciones. No debemos dejar escapar el contexto; en 2009 se va a una votación para anular la Ley de Caducidad, una votación en la cual el soberano determina con su votación y hay un resultado. Para quienes entendíamos que esa ley no debía de existir, fue contrario el resultado, y hay que aceptarlo, fue el voto de la población. En 2011, habiendo sufrido el revés de 2009 del voto rosado, se llevan adelante, a través de la Mesa Permanente Contra la Impunidad, actividades en las que yo participo. En una de ellas (2018) se tomó la foto de Facebook. Es una foto que una compañera, fotógrafa profesional, me saca me regala, pero se da la particularidad que mis compañeros de promoción, cuando descubrieron esa foto, no sabían dónde era; En esa foto yo lucía, a la altura de mi pecho, el cartel de organizador porque yo pertenecía a la mesa, pero no salió; la foto salió del pecho para arriba y yo no escondo nada. Yo estaba el 18, a las 18, en 18. Estoy trabajando como cualquier trabajador y, por mis intereses estoy sindicalizado como cualquier ciudadano, que es lo que soy. De todas maneras, no estoy permanentemente con ellos; yo llegaba con temas puntuales relacionados con lo que yo fui, militar durante 25 años de mi vida, es un montón de tiempo. Me desprendí de mi carrera, de mi vocación. Ingresé a la Escuela Militar por vocación y me retiré con la frente bien en alto.   Claramente, por los insultos que recibió, y me refiero en especial al insulto de “traidor”, hay una diferencia importante entre Juan Arias y algunos de sus compañeros de promoción con respecto al contenido y al significado de una movilización de ese tipo. ¿A qué cree que se debe esta diferencia tan grande? Cuando yo me recibí, lo hice en la misma promoción que los que me insultaron; me recibí haciendo un juramento por mi honor y por defender la Constitución y las leyes de la república, la soberanía de este país, soy un militar profesional igual que ellos. Pero luego, con el correr del tiempo, uno va madurando y va adquiriendo su posición ante determinados hechos. Hoy no tengo la oportunidad de dialogar porque no me la dan, porque no se sientan a conversar conmigo, a tal punto que mi hija un día me dijo: “Papá, no se van a sentar nunca a tomar un café contigo”. El asunto del término “traidor” lo llevé al máximo responsable en jerarquía, que era el ministro de Defensa, y no tuve respuesta. Lo mínimo era que el ministro, ya que ellos estaban en actividad, pensara en el ejemplo que era para sus subalternos; y así, yendo a los hechos de esta impunidad incrustada, ¿qué ejemplo, desde el punto de vista del honor, es lo que el coronel Carlos Anselmo Díaz Vecino hizo esa noche, bajándose, encapuchado, de su auto? Porque muy diferente hubiera sido si Carlos Anselmo Díaz Vecino, a cara descubierta y a la luz del día, dice: “Yo no estoy de acuerdo con esta placa y hago esto con esta placa”, cuya colocación está regida por una ley.   Hablaste de la defensa de la Constitución y de un proceso de maduración que usted experimentó. ¿Ahí tal vez radique la diferencia entre tu visión de los acontecimientos en la dictadura y la de sus compañeros de promoción? Nunca hubiera imaginado, cuando era más joven,  que dentro de un cuartel se encontraran los restos de muertos -en condiciones que hoy conocemos-. El maestro Julio Castro fue ejecutado; no hay cómo ocultar que fue ejecutado con una bala. En el cuartel donde yo prestaba servicio murió Nibia Sabalsagaray y yo no lo supe; tú hoy me podrás decir: “¿Y cómo no se enteró, Juan? No, no me enteré. Yo no pude soportar que mi hija me dijera: “Pero Papá, ¿vos no sabías lo que pasaba?”. Porque luego, en ese proceso de maduración, es cuando vamos tomando conocimiento, porque estaba todo marcado en la memoria, pero no se escuchaban las voces, porque en la vuelta a la democracia, en el primer gobierno del doctor Sanguinetti, no prosperaron los reclamos de Luisa Cuesta, no estaban las marchas del 20 de mayo. Porque todos, en aquella formación que se recibió el 21 de diciembre de 1983, juramos defender la Constitución. Por eso digo: ¿qué ejemplo pudo haber sido el coronel Díaz Vecino para sus subalternos en un hecho así?   ¿Cómo fue la formación de la promoción 1983 con respecto a los hechos ocurridos en ese mismo período de la dictadura? Ingreso a la Escuela Militar en 1980; en noviembre de ese año se vota un referéndum con perspectiva de la continuidad de los gobiernos de facto que estaban instaurados y en los cuales yo estaba inserto, por mi carrera, en un período, porque yo ingresé en el 80 y me recibí en el 83. Al recibirme, quien estaba presidiendo los actos era el Goyo Álvarez. Los programas de formación de los oficiales estaban dentro de los márgenes de lo que era, en su momento, el gobierno militar.  

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