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Mundo

Un ejecutivo de gobierno gorilesco

Los gorilas en Bolivia amenazan con meter bala

Mientras el secretario de la ONU llama al diálogo, miembros del gabinete de Áñez preanuncian represiones

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Caras y Caretas Diario

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Los acontecimientos en Bolivia vienen siendo seguidos con preocupación por el secretario general de la ONU, António Guterres, quien ha reafirmado el “apoyo del organismo multilateral a la realización de elecciones transparentes, creíbles e inclusivas”.

De acuerdo a información de Prensa Latina, la oficina del portavoz del secretario general de la ONU, ha emitido un comunicado donde el máximo representante de la organización mundial aboga por el pleno respeto de los derechos civiles y políticos de los bolivianos.

Guterres, ha hecho una exhortación “a todos los líderes políticos y sociales en ese país a contribuir a la preservación de la paz”, así como a “garantizar, en medio de las protestas, el paso de ambulancias, oxígeno y medicinas en condiciones de seguridad y permitir la entrega de bienes y servicios esenciales para la población frente a la pandemia de Covid-19”.

De acuerdo a Prensa Latina, el secretario general de la ONU, ha expresado su beneplácito “por la disposición del Ejecutivo, la Asamblea Legislativa Plurinacional y el Tribunal Supremo Electoral, así como de los partidos políticos y organizaciones sociales”, con vistas a entablar un diálogo que permita “resolver los desafíos políticos, sociales, económicos y de salud que enfrenta Bolivia”.

En el comunicado se exhorta a todos los actores implicados en el conflicto del país “a mantener la moderación para evitar una escalada de la violencia”.

A pesar de este llamamiento, en la jornada de hoy, según consigna el medio de prensa, “el ministro de Gobierno de Bolivia, Arturo Murillo, aseguró que “meter bala sería lo políticamente correcto” para finalizar las protestas sostenidas durante varios días por el aplazamiento de las elecciones”.

Una posición que, de acuerdo a lo que se ha venido conociendo e informando, el gobierno de facto ha puesto en marcha, no sólo desde que se produjo el golpe de Estado contra Evo Morales, sino, desde el momento mismo en que se generó una militarización generalizada del país ante los cortes de rutas y masivas manifestaciones convocadas por la Central Obrera Boliviana y otras organizaciones sociales.

El ministro del gobierno de facto, ha señalado en entrevista concedida a la cadena de noticias CNN, que el gobierno no descarta “el uso de la fuerza para resolver la crisis política”, aunque el diálogo sigue siendo la primera opción.

Una afirmación poco creíble, no sólo por los hechos que ya se han ido denunciando en redes sociales y medios de comunicación, respecto a represiones, armados de grupos “paramilitares” que intentan romper las movilizaciones por la fuerza, sino, además, porque en la misma entrevista con CNN, el jerarca del gobierno de facto de Añez señaló “que trataban de evitar una guerra civil, pero tenían las horas contadas para ello”.

Las movilizaciones en Bolivia, incluyen bloqueos en las principales rutas y masivas concentraciones de ciudadanos, quienes en el curso de la presente semana han ido incrementando su presencia ante la falta de acuerdo entre los movimientos sociales y sindicales y el Gobierno de facto con respecto al calendario electoral.

Las principales arterias de La Paz y del vecino departamento de El Alto, son los territorios que concentran a la mayor cantidad de manifestantes quienes aseguran el mantenimiento, en señal de protesta, de unos cien bloqueos de carreteras en repudio abierto al Tribunal Supremo Electoral que fijó la celebración de los comicios para el 18 de octubre, en lugar del 6 de septiembre.

En respuesta a esta demanda popular, la respuesta del máximo organismo electoral boliviano fue que su decisión es: “definitiva” e “inamovible”, calificativos que pueden llegar a ser el preámbulo de un probable “baño de sangre” dirigido a someter las fuerzas de las protestas.

La represión que viene siendo especialmente fuerte en Cochabamba, El Alto y La Paz, parecen ser los ensayos de una escalada mayor que configuran esa “política correcta” que señalaba el secuaz de Añez y aprendiz de gorila, Arturo Murillo: la de “meter bala”.

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