La sorpresa de la elección en Ecuador

La emoción en la jornada electoral ecuatoriana del pasado 7 de febrero, no estuvo en el dueto ganador: Araúz-Rabascall, sino en la manera que se define el segundo lugar, es decir, el cupo al balotaje del próximo 11 de abril. La diferencia entre Yaku Pérez y Guillermo Lasso es tan reducida que, al cierre de esta edición, la ventaja de Pérez era de unos 26.000 votos, es decir, 0,29 puntos. El panorama varía radicalmente en caso de que sea uno u otro el candidato que se enfrente a Andrés Araúz en segunda ronda.

Andrés Arauz va ala segunda vuelta con la esperanza de devolver a Ecuador al camino del progreso.

Por Germán Ávila

 

Nuevamente las encuestadoras se han quedado cortas en la proyección de los resultados de unas elecciones, sobre todo a la hora de leer la intención de voto de sectores no considerados dentro del espectro más mediático. Independientemente del resultado final de las elecciones, ya hay dos conclusiones sobre la mesa: la primera es que al correísmo no le dieron los números para ganar en primera, lo que sí era una posibilidad ya contemplada. La segunda, que el gran derrotado en Ecuador hoy es el proyecto neoliberal puro que encarna Lasso y que sin lugar a duda es herencia del gobierno de Lenín Moreno.

No hay que olvidar que en 2017 la ciudadanía ecuatoriana eligió en segunda ronda a Lenín Moreno como presidente, Moreno venía como propuesta de continuación de la revolución ciudadana que había encabezado Rafael Correa durante los últimos 10 años, y que había logrado posicionar a Ecuador en un lugar de privilegio en Latinoamérica en cuanto a calidad de vida y nivel de ingreso de una creciente clase media.

Ecuador era un país relegado en términos económicos; pese a ser exportador de petróleo, su economía siempre fue débil y la población, indígena en un alto porcentaje, vivió sumergida en una delgada línea entre la pobreza y la miseria. Pese a sus enormes riquezas naturales, Ecuador siempre fue un botín para las multinacionales y los sectores empresariales, al igual que sus vecinos del norte y el sur: Colombia y Perú.

Lenín Moreno, elegido por el partido Alianza País, mismo del hasta entonces presidente Correa, desde el discurso inicial el día de la transmisión de mando, se desmarcó de su antecesor en cuanto a lo que, inicialmente se veía como algunas diferencias de estilo.

Correa había generado un amplio apoyo popular, pero también tuvo fuertes fracturas con movimientos sociales importantes, principalmente con la dirigencia del importante movimiento indígena, que se aglutina mayoritariamente en la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie). Esta temprana ruptura se dio debido a diferencias fuertes en la política extractiva a nivel general y, en términos particulares, el manejo de los territorios considerados como ancestrales.

Finalmente Moreno pasó de proponer un diálogo con todos los sectores de la política nacional, a girar 180 grados respecto a la propuesta para la que fue elegido presidente, y terminó completamente alineado con la derecha continental; a nivel exterior integró junto a Iván Duque y Sebastián Piñera el Grupo de Lima, que nació como un gran bloque derechista neoliberal y con tintes abiertamente fascistas en contra del gobierno de Venezuela, pero que debido a los incesantes desatinos de sus protagonistas, ha devenido en una figura más bien simbólica que cada día pierde más presencia en la medida que las elecciones en varios países han retomado el rumbo progresista en la región.

En líneas gruesas se podría plantear que, en caso de ser Yaku Pérez el candidato que pasa a balotaje con Araúz, sería la primera vez que dos tendencias de la izquierda pasan a definir una presidencia en la región. El cambiante panorama latinoamericano había dibujado con cierta claridad dos tendencias más bien definidas.

Por un lado, la derecha neoliberal que para crecer electoralmente se alió con sectores neopentecostales de extrema derecha y sectores abiertamente fascistas o que enarbolan postulados de las dictaduras del Plan Cóndor. Por otro lado, estuvieron los sectores progresistas, compuestos por escenarios de unidad de diferentes sectores de la izquierda ideológica, a los que se sumaron propuestas más liberales y de centroizquierda.

Es una realidad en que la unidad de los sectores progresistas no es una tarea fácil. No lo es desde la oposición y mucho menos lo es desde el ejercicio de la administración del Estado, en la que los factores que entran a jugar son otros. En ese sentido es importante ver que fueron estas fracturas en los procesos unitarios las que, en varios casos, llevaron a que las elecciones se perdieran en algunos países.

El caso actual de Ecuador es particularmente especial. Andrés Araúz representa a los sobrevivientes del correísmo. Vale decir sobrevivientes debido a la brutal persecución física y judicial de la que han sido víctimas durante todo el gobierno de Lenín Moreno, pues no hay que olvidar que quien fue elegido como fórmula vicepresidencial en 2017, Jorge Glas, continúa preso, hay una importante cantidad de procesos abiertos en contra de los miembros del correísmo y el mismo expresidente Correa ha sido condenado a ocho años de prisión por corrupción en un proceso judicial que ha dejado, igual que en casos como los de Cristina Fernández y Lula da Silva, serias dudas técnicas.

Yaku Pérez por su parte, viene del Pachakutik, dirigencia política histórica de la Conaie, cabeza de las grandes movilizaciones que durante los años 90 e inicios de los 2000 dieron por tierra con los gobiernos de Abdalá Bucaram, Yamil Mahuad y Lucio Gutiérrez. De la misma forma fueron la gran fuerza que arrinconó a Lenín Moreno en Guayaquil durante las protestas de 2019, y que no es difícil pensar que tenían la capacidad para presionar su salida también.

Es aquí donde se parten las aguas, pues las manifestaciones de 2019, así como había ocurrido ya en las elecciones de 2017, muestran cuáles son las que abiertamente se consideran prioridades por parte del Pachakutik. Durante las elecciones que le dieron la victoria a Moreno, este movimiento político anunció su apoyo al candidato Guillermo Lasso, anunciando que preferían el gobierno de un banquero que continuar con lo que afirmaron que era una dictadura (el gobierno de Correa). De la misma manera en 2019, ante la inminencia del retorno de Rafael Correa en medio de un posible vacío institucional producto de una hipotética dimisión de Moreno, la Conaie, en cabeza del Pachakutik, prefirió firmar los acuerdos con el gobierno y levantar las movilizaciones.

Si el resultado cambia y el balotaje es entre Araúz y Lasso, Yaku tendrá un papel determinante a la hora de las alianzas y su postura seguramente será similar a la de 2017, sumándose a Lasso, lo que presionaría un voto a voto cerrado. Si el resultado se mantiene y la disputa es entre Araúz y Yaku, el primer predicamento será para la derecha de Lasso, que deberá definir si se suma al sector de Yaku para evitar el retorno del correísmo, contra el que han luchado desde sus inicios, se suman al correísmo como manifestación de un abierto y creciente racismo, así como de su manifiesto desprecio por las capacidades de los indígenas para gobernar, o asumen la derrota política, se declaran en oposición temprana y llaman a la abstención, el voto en blanco o la impugnación de las elecciones, como siempre presente mecanismo de permanencia en el gobierno, para lo que ya la OEA ha sentado algunos precedentes que no hay que dejar pasar desapercibidos.

Si duda alguna, la posibilidad de que sea la primera vez que un indígena ocupe el Palacio de Carondelet marca historia. El perfil de Yaku Pérez y el sector al que representa en términos de apuesta ideológica es muy poco claro, en este sentido actúa más hacia adentro que hacia fuera, levanta las banderas del ecologismo y defiende los territorios ancestrales, pero se acerca a sectores industriales norteamericanos. Defiende los derechos de sus comunidades, pero se distancia de otras propuestas de sectores sociales progresistas que hacen parte de la unidad que se aglutina en el correísmo, pero al mismo tiempo está lejos de hacer parte de las voces que a nivel internacional ejercen presión sobre Venezuela.

Finalmente, más allá de quién gane las elecciones, es importante tener en la agenda que una buena parte del músculo de la movilización social lo aglutina el sector de Yaku, eso ya ha sido probado, y el hecho de que pase a segunda ronda (o esté muy cerca) lo fortalece muchísimo y le imprime potencia y presencia política en términos de interlocución al Pachakutik.

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