Joaquín Macedo, La Mojigata

La transformación generacional de una murga

Año a año, La Mojigata crece; esta temporada apostó a un muy buen espectáculo con esta “Batalla Cultural”. Joaquín Macedo, uno de los históricos en la murga, nos cuenta del trabajo y las vueltas que ha ido teniendo la murga.

Por Edgardo Buggiano

 

La murga canta mucho, se la ve compacta y mantiene el estilo divirtiendo y criticando a la vez, lo que no es fácil.

Antes era más fácil porque generacionalmente éramos más homogéneos, ahora quedamos cuatro de 43, Nachito, Facundo, Lalo y yo, a los que se ha agregado toda una gurisada nueva. La idea de los textos es más que nada la autocrítica, por eso nos divertimos, porque lo que decimos es hacia nosotros mismos, esa dualidad en la que cada uno dice algo, pero que en realidad es para él.

 

Más allá de eso, pasan por todo el espectro político, quizás lo digan todos, pero ustedes lo dicen de una forma diferente de acuerdo a lo que vi hasta ahora, con mucho humor y con mucha comunicación con la gente.

Vos sabés que nos pasó algo muy particular; lo primero que empezamos a ensayar fue la presentación y enseguida el salpicón, que si lees el texto, es un informativo político, no es más que eso, no nos jugamos nada, ni una opinión filosófica ni nada, dijimos esto va de relleno, era el candidato a salir. Pero cuando lo empezamos a hacer en los tablados, la gente se divertía y le empezamos a encontrar el gustito, por supuesto se quedó y está porque realmente dio resultado. Nosotros creíamos que era un informativo irónico de todo lo que vivimos los uruguayos hace poquito tiempo; Manini, Sartori, Larrañaga, la reforma, Martínez… pero se ve que hay una forma particular de decirlo en la que nos divertimos tanto en ese salpicón particular, en el que, a mi criterio, no hicimos nada original, pero divierte. Debe ser lo que decís vos, la energía que le metemos.

 

¿Cuántos años tiene ya La Mojigata?

Veinte años.

 

Hubo una gran transformación de la murga, aunque también está lo que decís al comienzo, mucho cambio de gente; ha ido virando el rumbo.

Se ha ido transformando muchísimo. Si bien pudimos mantener un estilo -vos ves a la murga y decís ‘esta es La Mojigata’-, hubo transformaciones, sobre todo en la comunicación. Nosotros hasta 2012, cuando hicimos un parate de cuatro años, éramos un grupo muy homogéneo, teníamos una forma de comunicar que no era tanto en el canto, teníamos otros recursos. Ahora nos dimos el gustito y nos animamos a cantar, más allá de que a algunos les guste más o menos. Nosotros hacemos murga porque en primer lugar nos gustaba cantar, después vimos que el género estaba buenísimo para meterle otros contenidos; básicamente es cantar murga. Ahí le tuvimos que buscar la vuelta, cuando salimos en Murga Joven parecíamos un corito de las Carmelitas Descalzas, buscamos la forma de sobrevivir en esa forma comunicacional de las murgas, creo que ahora hacemos más las cosas cantadas, nos gusta más de esa forma, nos animamos a cantar una retirada exigente, me parece que eso es lo más importante. Por otra parte, vino una generación de gurises y gurisas mucho más jóvenes, con una formación de canto mucho más avanzada que nosotros; ahora son todos músicos, la platillera hace música, todos.

 

Pero además la batería participa actuando, en el repertorio, salen de las puntas, en realidad salen de todos lados.

Esa es la idea de la murga de siempre. Quiero mandarle un saludo a uno de los fundadores de la murga, que no pudo salir porque estaba internado, el Licho Costa, esto fue todo para él.

 

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