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La verdad

Por Eduardo Platero.

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Caras y Caretas Diario

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Vivimos en el siglo de la información. Nunca como ahora, en la historia de la humanidad, recibimos diariamente tal cantidad de información. Ni comparación con la que recibían los que terminaron por ser uruguayos, en una época en la cual las embarcaciones demoraban habitualmente meses en atravesar el océano y traer las novedades de la vieja Europa. Y lo que demoraba un chasque, provisto de una buena tropilla, para atravesar el territorio desde Montevideo a Paysandú.

La gran mayoría de la información que recibimos o enviamos es totalmente irrelevante y como tal la tratamos. No es nada fuera de lo común observar lo que cliquean en sus telefonitos, o lo que van hablando, que se refiere a que el gato hizo pis en la alfombra o que están yendo a la casa de quien los está escuchando del otro lado. Pero también recibimos una cantidad casi inmanejable de información que sí es relevante, pero que viene sin contexto, descolgada de toda idea de proceso y que, sin embargo, nos es machaconamente repetida de forma tal que se nos va grabando. Sin contexto y descolgado nos lo han repetido sutilmente, ligado a otras cuestiones, y termina por dejarnos la impresión de que hemos sido informados suficientemente. Termina por ser “opinión”. De esta manera, lo machaconamente repetido y sutilmente ligado a otras informaciones, también descolgadas y repetidas, termina por ser “opinión pública informada”.

Por ejemplo, si yo dijera o “informara” que “hace un tiempo hubo graves incidentes en Las Piedras”, lo más probable es que muchos, si no todos, pensasen en algún partido de fútbol que se fue de las manos o un lío en el hipódromo. Ahora no, la cosa es ordenada, pero en mi época de burrero, cuando no había partidores y no se filmaba la totalidad de la carrera, los líos eran frecuentes. ¡Ni te cuento cuando no había “ojo eléctrico” que fotografiase la llegada! Cuando lo pusieron, en general los líos terminaban con los amotinados intentando quemarlo.

Podría agregar a la información inicial y urgente una lista de los muertos y heridos en el estilo de parte policial: “Masculino mayor de edad que resultó con una herida de arma blanca que le ocasionó la muerte” y seguir con una prolija lista de muertos y heridos. Y agregar si cayó “decúbito dorsal” –es decir, panza arriba– o “decúbito ventral” si estaba boca abajo.

Recién cuando se advirtiese la cantidad de muertos y heridos, los presuntamente informados empezarían a sospechar que habría sido una verdadera batalla, pero allí, recién allí, se me haría necesario empezar a distinguir las motivaciones de los bandos y las consecuencias del encuentro. Pese a ello, podría continuar con mis flashes informativos urgentes un buen tiempo antes de aclarar, o reconocer, que esa gran batahola formaba parte de un proceso insurreccional iniciado contra las autoridades designadas por la corona española en mayo del año anterior en Buenos Aires.

A lo que quiero llegar es a que no somos correctamente informados y, en cambio, se utilizan los medios de información, supuestamente neutrales y objetivos, para adoctrinarnos. Formatearnos, para utilizar una palabra de estos tiempos.

Hace muy poco Trump le metió unos cuetazos a un aeropuerto sirio como castigo por un supuesto bombardeo con las prohibidas armas químicas de destrucción masiva. Ahora (después de torrentes de información sesgada) se nos informa que un organismo de Naciones Unidas (posiblemente) comprobó que hubo bajas producidas por el gas sarín, pese a lo cual no pudo determinar si el mismo vino en una bomba del gobierno sirio o se escapó de algún depósito. Asimismo se agrega que la mayoría de los muertos fueron producto del bombardeo convencional.

¿Sirve de algo esa información? ¿A esta altura? Yo pude verla una única vez, no se repitió. Pero luego de comerse el postre de chocolate, Trump dio la orden, los cohetes se lanzaron, causaron su cuota de destrucción y la misma ha sido informada como el justo castigo a la utilización de las nefastas armas químicas de destrucción masiva que parece que mataron menos que las convencionales y permitidas. Y menos que la represalia ejemplarizante.

¡Ya fue! Ya se cocinó una “verdad” tan falsa como la posesión de las nefastas armas por parte de Irak, que, cuando las tuvo, fueron los yanquis quienes se las proporcionaron para utilizarlas contra los kurdos y luego se desprendieron de ellas y de su propósito de tener armas atómicas y el mítico cañón de largo alcance capaz de amenazar a Israel. Pese a ello, y a las voces de advertencia, se construyó la mentira e Irak fue invadido, saqueado, ocupado y destrozado.

Pregunto: ¿cuántos de ustedes recuerdan que de las veinte muertes que a la fecha machaconamente nos repiten que se han producido en Venezuela, hubo nueve personas electrocutadas cuando intentaban saquear un supermercado? Y de ninguno de los otros se nos ha informado claramente las circunstancias de su muerte.

Ni siquiera sabemos bien la entidad de la participación popular en las protestas contra Maduro, así como tampoco se nos ha informado de cuánta gente reunió este en sus concentraciones de apoyo.

Masivamente nuestros medios de información han calificado al régimen como dictadura, le han quitado legitimidad y nos azuzan para que aceptemos un golpe o una invasión. ¡Y no estoy santificando a Maduro! Que las está pasando muy mal, que vive una situación desesperante y no ha sido capaz de encontrar una salida. Pero la Mesa por la Unidad Democrática (MUD) es aun menos aceptable.

Me duele Venezuela, pero no comulgo con ruedas de molino. La gente parece estar al borde del agotamiento, sufriendo una carestía terrible, una escasez grave y una violencia creciente, pero no quiere a la MUD y no sale masivamente a la calle.

Pero no es Venezuela el motivo de mis reflexiones, sino la Verdad. ¿Cómo hacemos para saber la verdad cuando todos quienes nos informan lo hacen desde una posición a priori y con la intención de alinearnos en esa dirección?

Daría la impresión de que las cosas se están acelerando al punto tal de que estas reflexiones pueden llegar tarde y ya tengamos una nueva situación en Venezuela. Es poco lo que podemos hacer, salvo desear que sea lo menos traumática posible y que las conquistas del pueblo venezolano no sean desconocidas. Por cierto muy poco. Pero me considero cumplido si consigo transmitirles mi desconfianza hacia las verdades que los medios nos presentan como la verdad. Por lo menos para ser prudentes y no emitir juicios empujados por la gritería.

Un pequeño espacio final para nuestra casa. El Dr. Pedro Bordaberry ha hecho pública su voluntad de alejarse de la política. No será candidato a nada en la próxima elección y terminará el mandato como senador haciendo uso frecuente de licencias. No sorprendió ni ha sido motivo de mucha especulación; se veía venir. Se ve venir el colapso del Partido Colorado y no quiere estar debajo del tinglado cuando la viga mayor caiga en la cabeza de quien esté al frente.

Algunos lo vemos así y otros consideran la segunda acepción de la palabra crisis, aquella que habla de “oportunidad”. El tiempo dirá. Con o sin Partido Colorado, el país está dividido en dos mitades, por un lado el Frente Amplio y, por el otro, “la oposición” No es buena una división tan tajante, pero es lo que hay. Creo oportunas y necesarias las iniciativas para buscar alianzas circunstanciales o permanentes. Es lo que tiene que hacer un gobierno que ha quedado en minoría en una cámara.

Pero hay una verdad axiomática en política y en la vida. Nadie se alía con aquel que está tan débil que permite abrigar esperanzas de vencerlo.

Creo que es aplicable el dicho “Si quieres paz, prepara la guerra”. Si querés alianzas, atendé tu frente interno, reforzá tu organización.

Y, por último, un gran abrazo a mis compañeros, a los trabajadores, en vísperas del 1º de Mayo. En nuestro día. Un fraternal abrazo y el recuerdo de lo que nos costó la unidad y de cuánto la necesitamos.

No somos, no podemos ser indiferentes a los gobiernos, pero estamos solos. Solos e independientes. Podrá pasar cualquier cosa en Uruguay y en el mundo, pero con lo único con que podemos contar en toda circunstancia es con nosotros mismos; en nuestra organización y en nuestra unidad, conscientes de que las diversidades no hacen a la profunda realidad de clase.

¡Feliz 1º de Mayo, compañeros!

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