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Las puputov del Aufgate

La oposición venezolana hizo famosa aquella bomba casera conocida como “puputov”, frasco lleno de excremento para ser arrojado contra las fuerzas policiales y así impactar en su autoestima, además de las heridas físicas. En este bochorno de la política deportiva de AUF, algunos dirigentes de clubes, medios periodísticos y dirigentes políticos vienen siendo excelentes “puputuveros”.

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Por Ricardo Pose   A esta altura, el escándalo de la AUF, con intervención judicial mediante, pasó a ser uno de los temas de agenda que viene ocupando la atención de casi toda la opinión pública; porque tiene todos los ingredientes para mantener expectantes a diversos sectores de la población. Primero, a los apasionados del fútbol, a escasos minutos de terminado el Mundial de Rusia y con la fiebre celeste calmada a resignación, sorprendidos porque veían como algo muy lejano e imposible llegaba a Uruguay, tal como los escándalos en Argentina o lo de Eugenio Figueredo. Para quienes se escudan en decir que la política no les interesa y sólo los motiva el fútbol, acá recibieron una clase magistral de cómo toda la actividad humana, aun aquella pensada para la recreación, tiene sus expresiones políticas. Claro, esta gente confunde política con partidos políticos. Para un sector más curioso, que olfatea que detrás de estas batallas electorales por la elección del futuro presidente de AUF hay una danza de millones de pesos, los inefables medios -como El País, Búsqueda y El Observador-, algunos periodistas radiales y televisivos y casi todos los periodistas deportivos subieron la apuesta e impusieron el término “Aufgate”, haciendo un símil con otros escándalos de corrupción a nivel internacional. Estando el Ministerio del Interior en el centro de este descomunal lío, varios dirigentes de la oposición estaban esperando su turno, la señal para arremeter en su metodología de desgaste de credibilidad de la función política. Y la señal no se hizo esperar. Búsqueda lanzó, en su edición del 2 de agosto, su puputov contra Javier Vázquez; la única prueba era un audio de un comentario de Walter Alcántara, que dijo que Valdez dijo que dijo lo que dijo. No tenía una sola prueba contundente, pero sí conoce y maneja el efecto de la puputov: después de que te estalla, y por más que te digan que fue por error, el olor a mierda sobrevive un buen tiempo.   Ni para aguateros Si algo quedó claro en este tiempo, es que ni Valdez ni Alcántara pueden ser tomados muy en serio, al menos como fuentes confiables; menudo trabajo tendrá la Justicia para poder determinar en función de gente que se desdice a cada rato. Valdez se siente víctima de unos audios editados por Alcántara para culpabilizarlo y de algún desliz que tuvieron sus dichos sobre la gestión de las autoridades, hechos en un momento de arrebato de carácter. Alcántara sostiene que jamás se mencionó el nombre de Javier Vázquez en una entrevista del diario El País, a pesar de que su voz aparece en uno de los audios, pasándole la información de la gestión de las licitaciones a uno de los candidatos a la presidencia de AUF y mencionando el involucramiento, según le contó Valdez, de un hijo del presidente de la República. Llama poderosamente la atención que personajes que despiertan tan poca credibilidad, que dirimieron a los planchazos -como corresponde entre mediocres jugadores-, al intentar hacerse con una porción de la torta, dieran los elementos para que algunos sectores del mundo periodístico y político hicieran punta. Valdez y Alcántara tienen condiciones para ser pescadores, de esos que te sacan un farol prendido de adentro del agua o una corvina cuyo ojo es del tamaño de un pie de mamut; pero, para el fútbol, ni de aguateros.   Al grito de la tribuna Partido picado, planchazos por doquier, la hinchada contra el tejido, un juez titubeante. Un escenario magnífico para que en ese pandemónium, los más violentos, los de intereses más espurios sientan que llegó su zafra. El Ministerio del Interior viene sufriendo el desgaste de una gestión constantemente cuestionada y con situaciones complejas con respecto a los delitos; su política de comunicación no ha sido siempre lo suficientemente clara para un clima enrarecido, y este escándalo del mundo deportivo lo vuelve a tener en el centro de los debates. Búsqueda, El País y, fundamentalmente, El Observador han puesto sus (¿mejores?)  perros cancerberos a la caza de todo aquello que pudiera servir para golpear y brindar elementos a la oposición. Este comentario surge de analizar lo poco serio de sus investigaciones, solamente fundamentadas por supuestas fuentes que ni siquiera los convierten en periodismo de investigación independiente. Claramente publican material que acaso puede ser usado, con el mismo nivel de superficialidad e irresponsabilidad, por algún operador político. Búsqueda utilizó un audio e intentó imponer aquello que en otros tiempos le daba mejores resultados, realizando un silogismo simple. Un audio de una conversación, en la que a todas luces un hombre despechado, como por el abandono de su amante, tira dardos contra el gobierno; Javier Vázquez es empresario en el mundo del software, hijo del presidente y sobrino del subsecretario del Ministerio del Interior, la institución que daría la aprobación técnica a la empresa ganadora de la licitación, DDBA, para las cámaras de reconocimiento facial. Silogismo sencillo. Sin embargo, jamás pudieron comprobar la relación entre DDBA y Javier Vázquez; y como suele pasar con la impunidad de la que gozan la oposición política y la prensa  en este país, lanzada la bomba de mierda, nadie se hace cargo.   Centro a la olla El 11 de agosto, un sábado para ser más preciso, Ignacio Chans, articulista de El Observador, que se ha convertido en el cronista especializado del Aufgate (¿puputuvero?), publicó un artículo titulado ‘Documentos muestran que el Ministerio del Interior mintió y sí direccionó elección de cámaras de AUF’. Tirándose en palomita para cabecear, aun fuera del área chica, Pablo Mieres solicitó públicamente la renuncia de las autoridades del Ministerio del Interior; Pablo Abdala hizo su correspondiente llamado a Comisión de Deportes al subsecretario Jorge Vázquez, manifestando además su indignación republicana en las redes, apoyada y retuiteada por un coro histérico, del que podríamos destacar a los legisladores Fernando Amado, José Amorín y Amin Niffouri, el cadáver de Víctor Lisidini, el mercenario de la palabra Gerardo Sotelo y cuanto militante de teclado pulula por ahí. Es interesante observar cómo todos estos personajes hacen comentarios a partir del título del artículo; un golazo de media cancha de comunicación efectista, sin dudas, de Chans. Pero ¿qué dice en esa nota?   Es la tecnología, estúpido De los documentos del Ministerio del Interior que a esta altura ya circulan por varios medios -así que son pocas las  exclusivas, confiables y multitudinarias fuentes con las que dice contar Chans, que en algún momento dijo tener los audios  que estaban en poder de la Justicia (sic) y otros selectos (doble sic)-, es muy extraño que el periodista no reparara, se detuviera, nos ilustrara, al menos compartiera, la parte más importante del mismo: “Pliego de condiciones particulares. Sistema de videovigilancia y control facial de acceso para el estadio Centenario, el estadio Campeón del Siglo, el estadio Gran Parque Central y otros escenarios mediante unidades móviles”. En dicho pliego, en su memoria descriptiva, en el punto 6.1, “Consideración de diseño y entorno”, con respecto a la precisión establece claramente: “El sistema de reconocimiento facial debe proporcionar tasas de coincidencia (match rate) de al menos 85% y tasas de falsos positivos (falso positive rate) inferiores a 3% cuando se trabaja en un entorno controlado”. A esta altura ya se ha aclarado que en las primeras pruebas técnicas la empresa Servinfo arrojó una tasa de 49%, y eso durante las horas de día. Una mejora posterior de su equipo elevó el nivel a 76%, pero igual están por debajo del 85% requerido. La empresa DDBA tuvo tasas en el entorno de 99,97% o, si lo prefieren, un no reconocimiento de 0,03%. No parecería necesario, salvo para Chans y el coro que ha erigido, enfatizar que el asunto central del éxito del programa está en el elemento técnico, y que si el sistema falla por invertir chirolas en un programa más económico y se producen incidentes que se podrían haber evitado, la responsabilidad política, una vez más, recae institucionalmente en el Ministerio del Interior, por lo cual es más que legítimo que este direccione, si se quiere insistir con el término, cuál debe ser la empresa a cargo de brindar el servicio. Chans, de quien a esta altura sospechamos que debe recibir, al igual que Pablo Mieres (¿Valdez?), alguna gratificación por parte de la empresa Servinfo, omite olímpicamente este detalle y centra todo su análisis en cuestionar cómo pudo ser que se diera la licitación a la empresa que había dado el presupuesto más caro. Realiza un análisis presentado a modo de problema de matemáticas de tercer año de escuela, al que extrañamente se suman actores a los que dábamos un poco más de crédito por su inteligencia. Ni siquiera el atendible reconocimiento a la falta de rigor periodístico de alguno de sus colegas que realizó en su audición Ignacio Álvarez fue tomado en cuenta. Así que no tenemos más remedio que volver a concluir que estamos ante una nueva maniobra política de desgaste, fallida en varias de sus intenciones y metas. La pregunta es hasta cuándo, individualizados los constantes puputuveros, van a seguir gozando de impunidad.  

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