Lawfare, pandemia y ultraderecha en América Latina

La pandemia no ha cesado, no se puede plantear el arribo a una conclusión en este momento, se esboza lo que muchos llaman “la nueva normalidad”, una serie de cambios en los tipos de relacionamiento individual y, en varios casos, colectivo. La disputa por el poder, sin embargo, sigue inamovible en los escenarios de definición y los mecanismos que usa el poder están intactos.

Postergan elecciones generales en Bolivia
Jeanine Áñez, presidenta del gobierno de facto en Bolivia.

Por Germán Ávila

Bolivia y Ecuador enfrentan serias disputas por la ilegalización y la deslegitimación de los proyectos alternativos que tuvieron durante varios años y que han sido arrojados por la fuerza del lugar en que los pusieron los votantes.

Cada proceso inició de maneras diferentes, pero llegaron al mismo lugar. De forma casi idéntica, quienes gobiernan en Ecuador y Bolivia, han optado por el uso de la fuerza desmedida para reprimir las protestas mientras han generado operaciones de lawfare para quitar de en medio a las principales figuras de los gobiernos salientes, mientras buscan la manera de prohibir que las iniciativas partidarias que materializaron el ascenso del progresismo en esos países, retornen al gobierno ante un inminente respaldo de los electores.

Lenín Moreno en Ecuador llegó como parte de la fórmula respaldada por el saliente presidente Rafael Correa. Subió con la intención de profundizar los avances democráticos que habían sacado a Ecuador de un atraso importante en términos de infraestructura. Se constituyeron una serie de bases que convirtieron a Ecuador en un país competitivo y una parte importante de la población económicamente activa regresó a su país, luego de haber llegado a tener cerca del 40% residiendo en Europa y Norteamérica.

La Revolución Ciudadana fue el nombre con que se conoció este plan de desarrollo estructural del Ecuador, el referente comparativo principal para ese país siempre fue Colombia, con quien tiene un robusto e histórico intercambio comercial. Ecuador tiene solo frontera con Perú y Colombia, pero el mayor movimiento comercial siempre lo ha tenido con su vecino del norte.

A inicios de los 2000, la recientemente dolarizada economía ecuatoriana no se había acoplado bien a ese nuevo modelo y padecía serias dificultades que iban desde la escasez de monedas (tuvo que empezar a producir monedas propias) hasta las dificultades para cumplir con los contratos firmados con los privados desde los gobiernos anteriores. A esto se le sumaba la volatilidad política que había arrojado del gobierno a tres presidentes en menos de 7 años.

El último de los arrojados del palacio Carondelet fue Lucio Gutiérrez, quien llegó al gobierno con una propuesta alternativa, pero que una vez en el gobierno viró su orientación y a pocos meses de iniciar su gestión, se congració con el gobierno ultraderechista de Colombia y firmó un acuerdo Stand By con el FMI, con un altísimo costo en los pocos derechos que le quedaba a la clase trabajadora ecuatoriana; finalmente la movilización social lo sacó de la presidencia en abril de 2005, dos años después de su posesión.

Luego, la era Correa impulsó la economía interna y generó una serie de beneficios que sacaron a millones de la pobreza, la capa media creció y luego de estar 20 años atrás respecto de Colombia, pasó a llevarle casi 10 años en términos de infraestructura e inversión social. Sin embargo, el proyecto de Correa no logró mantener unida a la compleja dirección de las organizaciones sociales y populares del país, y varios sectores retiraron su apoyo, e incluso se le declararon en contra, dentro de los que se encontraba la Confederación Nacional de Autoridades Indígenas (Conaie), que es el sector social más grande de Ecuador.

Este distanciamiento influyó, pero no fue decisivo en las elecciones de 2017 para que Lenín Moreno fuera elegido como reemplazo de Correa, Alianza País, el mismo partido del presidente saliente, estaba destinado a ser la fuerza política de la continuidad en el proyecto alternativo ecuatoriano. Sin embargo, desde el discurso de posesión, Moreno empezó a marcar diferencias con su predecesor. En una serie de movimientos que se demoraron pocos meses, empezó a desmontar muchas de las políticas sociales existentes, en una copia exacta del discurso del gran peso financiero de las mismas para el Estado, al mismo tiempo que se configuraban una serie de escenarios judiciales que quitaban del medio a cualquier figura del nuevo gobierno que se mantuviera leal a Rafael Correa, como fue el caso del nuevo vicepresidente Jorge Glas, quien renunció a su fuero para probar su inocencia en los cargos que se le imputaban y ahora se encuentra privado de la libertad en un proceso lleno de debilidades jurídicas.

Cuando en 2019 la protesta social en Ecuador estalló, Lenín Moreno, que se vio arrinconado en Guayaquil, hizo uso de la fuerza brutal para reprimir a los manifestantes. Las denuncias hechas por uso excesivo de la fuerza y los asesinatos cometidos por la fuerza pública que no tienen explicaciones satisfactorias son decenas o cientos. Finalmente, la contradicción entre la Conaie y el sector de Rafael Correa jugó a favor de Lenín Moreno y los manifestantes se retiraron con una victoria muy pobre para el tamaño de la movilización que se logró.

Finalmente, Lenín Moreno se quedó con la marca del partido Alianza País, y la cacería de brujas que se generó con el sector afín a Correa, ha sido por todos los frentes, pues también se van a eliminar de las elecciones de 2021 las listas del partido Fuerza Compromiso Social (FCS), que ha sido el nuevo escenario electoral desde el que se ha puesto a jugar de nuevo el nombre de los cuadros del correísmo, incluyendo al mismo Rafael Correa como candidato a la vicepresidencia.

La contraloría de Ecuador presionó al Tribunal Contencioso Electoral para sacar del juego a FCS por medio de la imposición de multas contra el Consejo Nacional Electoral por permitir la inscripción de FCS y otros tres movimientos por no cumplir con el número mínimo de firmas requerido por la ley mientras que los representantes de este movimiento afirman tener los requisitos en orden, mientras denuncian que esta situación se debe a un nuevo movimiento de persecución desarrollado desde el gobierno de Lenín Moreno en contra del progresismo en Ecuador.

Un poco más al sur, en Bolivia, el panorama ha sido un poco más caótico desde el inicio. Los números en las elecciones, salvo el referendo que se vio torpedeado por una avalancha de noticias falsas y rumores, siempre le dieron holgada ventaja a Evo Morales. En octubre pasado la disputa podía centrarse en si era o no necesario el balotaje, pero el proceso tenía la premisa asegurada de Evo Morales como el más firme candidato a continuar ocupando su lugar en el Palacio Quemado. Ante las fallas en la transmisión de los datos en tiempo real, se generaron una serie de suspicacias y denuncias que hablaban, bajo el mismo modelo de desconocimiento mecánico de los resultados que ha hecho carrera en contra del chavismo en Venezuela, de un fraude en la primera ronda.

En un sorpresivo anuncio, Evo Morales convocó a la OEA, con el fin de generar un informe que permitiera determinar las posibles fallas en el sistema electoral, para determinar si los resultados podían dar como ganador a Morales en primera ronda, o se precisaba la realización del balotaje. Era claro el interés de la OEA en cabeza de Almagro, en el sabotaje del gobierno de Morales o cualquier otro de corte progresista, sin embargo, el gobierno boliviano puso en sus manos la emisión de un concepto ajustado a derecho.

Lo que ocurría, mientras tanto, en Bolivia, era que los sectores contrarios a Morales que nuclean a empresarios y grandes negociantes de minerales en Bolivia, atizaban las protestas en las localidades donde tenían la mayor presencia, aprovechando la lejanía y dispersión de las bases de Evo en las comunidades rurales, por lo que podían tardar semanas en acudir a un llamado de movilización y concentración.

Al tiempo, los militares y policías asumían el papel de no querer reprimir a quienes protestaban en los disturbios en Santa Cruz o Cochabamba, pero poco a poco cerraban un cerco al mismo presidente Morales. Finalmente, la cúpula del ejército emitió una declaración en que invitaba al presidente a dar un paso al costado, situación aprovechada por la OEA, que, como en pocas ocasiones tomó un papel tan activo en el derrocamiento de un presidente, pues emite un informe con una serie de apreciaciones preliminares, pero que determina de manera concluyente que hubo “irregularidades significativas” en el proceso electoral para la presidencia.

Esa fue la chispa que hacía falta para encender a Bolivia, Morales tuvo que huir, salvando su vida y durante varios días hubo un vacío en el gobierno, mientras las protestas contra el golpe se empezaban a multiplicar. En ese momento, aunque no había un gobierno, ni un gobernante, la policía cambió radicalmente su actitud de no intervenir en las protestas y empezó a reprimir sin compasión, con ataques brutales con fuertes contenidos racistas en contra de indígenas y colonos.

Jeanine Áñez finalmente asumió la presidencia en un acto en que había más militares que funcionarios y uno de sus primeros actos fue firmar el permiso para que las fuerzas del Estado reprimieran a quien considerasen necesario con las herramientas que considerasen necesarias. Los resultados no se hicieron esperar y en cuestión de horas se produjeron las célebres masacres de Senkata y Sacaba, que dejaron como resultado casi 20 muertos, más los que de manera aislada pero sostenida se daban en las demás manifestaciones.

A partir de ahí, la historia en Bolivia y en Ecuador se encuentran, continuó una fuerte persecución a los funcionarios del gobierno, vandalizando sus casas y encarcelando a cualquiera que apoyara a Evo Morales, al mismo presidente se le abrieron varios procesos y debe permanecer en el exilio.

Más allá de quienes reconozcan la legitimidad de Jeanine Áñez luego del golpe, era claro para todo el mundo que ese gobierno debía ser de transición y convocar a elecciones de manera inmediata. Pero primero se encargaron de intentar boicotear a como diera lugar la participación del Movimiento al Socialismo, de Evo Morales, en las justas electorales. Luis Arce ha sido el designado candidato, sin embargo, las elecciones, que habían sido convocadas para marzo, se tuvieron que aplazar por la pandemia y fueron programadas para el 6 de setiembre.

Otro punto coincidente entre Bolivia y Ecuador ha sido el pobre manejo que ha tenido la pandemia en los dos países, que se han convertido en el símbolo de las dimensiones que puede llegar a tener. Aún circulan las imágenes de las decenas de muertos en las calles de Guayaquil, sin nadie que los vaya a levantar.

Es la pandemia la excusa escogida ahora por Áñez para tratar de aplazar nuevamente las elecciones; tratará a como dé lugar de mantener la continuidad del proyecto de la ultraderecha religiosa en Bolivia; las encuestas continúan favoreciendo a Luis Arce y cada mes que pase trae consigo la posibilidad de generar nuevas maniobras para alejar el progresismo del gobierno.

5 comentarios en «Lawfare, pandemia y ultraderecha en América Latina»

  1. Qué pensarán los rubios sajones cuando ven a una india desclasada? Asco como mínimo…

    • Jejejeje….excelente! Parece una bruja y se ha convertida en una CRUELA DE VIL para los pobres Bolivianos. Imposible concebir tanta maldad en una mujer, que ademas es madre????
      Si la cara es el espejo del alma, ahi la tienen bien representada.

      • Quisiera agregar: Los rubios sajones cuando se trata de pirateria y despojo de paises ricos no tienen reparos en quienes usan…hecha la fechoria des-hecho el contrato.
        La lista es larga pero siempre quienes traicionan a su pueblo por unos miserables dolares y luego terminan acribillados y sus pueblos sumidos en la miseria y el caos.

  2. A Evo seguro lo odian… pero a ésta la desprecian…

  3. La derecha cambió el ingreso al gobierno mediante dictaduras militares, por algo más sofisticado, que es dar un golpe de estado de callados, poner un presidente y empezar a inventar cargos contra el presidente que sacaron a la fuerza.
    Con los medios de prensa a su favor, inventar, mentir y desinformar no les cuesta nada.
    Siempre se necesitan traidores para sacar a un presidente electo y en América siempre hubo muchos traidores.

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