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Uruguay, país modelo en la región

Los partidos tradicionales y la renuncia de Raúl Sendic

Por Alberto Grille.

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Caras y Caretas Diario

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Cuando esta edición llegue al lector habrán transcurrido más de 20 días desde que, en el Plenario del Frente Amplio (FA) renunciara quien hasta hace pocos días era el vicepresidente de la República, Raúl Sendic. Por entonces, los líderes políticos de la derecha observaban derrapar al enemigo con un conveniente silencio y los medios, propiedad de esa derecha, se preparaban para una campaña sin precedentes sobre la “carnicería” que iba a ocurrir en dicho Plenario. Con esta mezcla curiosa, entre silencio cómplice y periodismo basura, esperaban darle un golpe mortal al FA, retomar la ofensiva y desplegar sus fuerzas de cara a las elecciones para ejecutar su programa verdadero, que consiste en la privatización de las empresas, los bancos y la enseñanza públicos, la aplicación de una reforma laboral inspirada en la “doctrina Temer” (que empezaría, obviamente, con la supresión de los Consejos de Salarios), la eliminación de los programas sociales del Mides, de los beneficios sociales que otorga el BPS, del Fonasa y de los derechos de las minorías. Los mandaderos de los grandes intereses privados soñaban con volver para gobernar  contra  los pobres, los trabajadores y los jubilados, incluyendo sectores medios y de la producción nacional. Pero la “carnicería” tan esperada no ocurrió. Raúl Sendic presentó su renuncia como vicepresidente de la República a la Asamblea General. En una sesión que duró menos de dos minutos, la Asamblea General aceptó la renuncia de Sendic y designó para sucederlo, siguiendo el orden constitucional, a la distinguida senadora Lucía Topolansky, quien esa misma tarde se reunió con Tabaré Vázquez para coordinar las tareas en común, que refieren a la articulación entre los poderes Ejecutivo y Legislativo y a las negociaciones dentro de la bancada del FA y con los partidos de la oposición. Lo que iba a ser el “fin del mundo” se convirtió en el estricto cumplimiento de principios y procedimientos institucionales por parte del FA, en su carácter de partido de gobierno. ¿Qué pasó en otras tiendas?   Somos la rabia La campaña largamente elaborada para provocar una conmoción que dañase al FA (y de paso a las instituciones  públicas, a los programas sociales e incluso a los derechos ciudadanos) implotó, se derrumbó por el -para algunos- inesperado gesto de Sendic. De ahí en adelante, la furia de la oposición se desplegó y su falta de ideas y propuestas políticas quedó en evidencia. Hubo tres monos sabios que descollaron: Juan Pedro Bordaberry, Luis Alberto Pompita Lacalle Pou y Julio María Sanguinetti. El senador Juan Pedro Bordaberry tuiteó: “Hoy es un día de luto, que un vicepresidente renuncie por estar vinculado en un escándalo es un día de luto. Que renuncie cuando está en medio de investigaciones judiciales es un día de luto”. El autoritario senador mantiene la  costumbre familiar de no soportar los mecanismos de la democracia. Todos sabemos que a Pedro le salta la térmica, como ocurrió la noche  de las elecciones de 2014, cuando fue a decirle a los blancos: “Vengo a ayudarlos a hacer mierda a Tabaré Vázquez”. Hay que hacer constar que Pedro Bordaberry no se puso luto por la dictadura de su padre, ni por los muertos, desaparecidos, presos políticos, partidos y personas proscriptas que la misma provocó. Lo de Pedro no son los procedimientos democráticos, sino las elecciones fraudulentas, como las de noviembre de 1971, que le dieron robada la presidencia a su papá; y las de noviembre de 1984, que le dieron la presidencia a Julio María Sanguinetti, ministro de Industria de Jorge Pacheco Areco, y de Educación y Cultura del difunto Juan María Bordaberry, el gran dictador. Bien lo dijo, en carta pública a Bordaberry, la doctora María Elena Curbelo, maravillosa persona, presa durante la dictadura, rehén de los milicos, verdadera heroína y abnegada médica de Las Láminas en Bella Unión: “Se olvida usted que en 2004 justamente el Partido Colorado fue el responsable de la mayor mortalidad y desnutrición infantil que conoció la historia de nuestro país. ¿Dónde estaba usted cuando nosotros luchábamos sin pausa y sin tregua junto a los vecinos para disminuir la mortalidad infantil […]? Sr. Bordaberry, su partido tiene las manos teñidas en sangre. Fue su Partido Colorado responsable de la dictadura, responsable junto con los militares de nuestros queridos compañeros desaparecidos, responsables de los miles de presos y torturados. El Partido Colorado fue responsable de la dictadura y, en 2002, de los chiquitos que perdimos producto de la crisis de ese año […]. Por favor hágase responsable de los niños muertos en 2004 y de los miles de presos, torturados y desaparecidos que su partido provocó”. No lo olvidemos; Pedro Bordaberry nunca vistió de luto por la dictadura que ahogó, martirizó y estranguló a la patria. A Pedro Bordaberry siempre le han dolido los mecanismos constitucionales y la voluntad de los pueblos.   Habló Pompita Caras y Caretas ya se ocupó  de las opiniones de Lacalle Pou en ocasión de la conferencia de prensa que dio el 9 de setiembre. Pompita dijo que el FA es responsable por el caso Sendic y calificó la situación como “una crisis institucional”. Veamos: el dirigente político que en los papeles es el jefe de la oposición, Luis Pompita Lacalle Pou, se dirigió al país para hablar de una supuesta “crisis institucional”. Pese a la gravedad de los acontecimientos, Pompita no suspendió sus vacaciones. Faltó a la sesión de la Asamblea General del miércoles 13 de setiembre, que en dos minutos aceptó la renuncia de Sendic y designó a Lucía como vicepresidenta de la República. En esa ocasión, tuvimos otra prueba de la ineptitud institucional y política de Pompita, ya que demuestra que no conoce el alcance de la expresión “crisis institucional”. Reiteramos con gusto lo ya publicado en Caras y Caretas. Crisis institucionales fueron el golpe de Estado de 1933 que dieron Gabriel Terra y su bisabuelo, Luis Alberto de Herrera. Crisis institucionales fueron los muchos intentos de golpe de Estado protagonizados por su antepasado ideológico el general Mario Óscar Aguerrondo, fundador de la golpista Logia de los Tenientes de Artigas. Crisis institucional fue el golpe de Estado de junio de 1973, apoyado por la fracción aguerrondo-herrerista encabezada por dicho general y el doctor Martín Etchegoyen, luego presidente del Consejo de Estado. Crisis institucionales fueron, en el gobierno de su papá Luis Alberto Lacalle de Herrera, el levantamiento policial que dejó al presidente y su gabinete a oscuras y aislados en la casa de gobierno; o el asesinato de Berríos, o la venta irregular de bancos que culminó con varios altos funcionarios en la cárcel. Crisis institucional fue el episodio del Filtro, pensado para ser un baño de sangre que polarizara electoralmente a la población. Crisis institucional fue la Crisis de 2002, provocada por los gobiernos de Lacalle, Sanguinetti y Jorge Batlle y que, como toda gran crisis económico social, fue pagada por los pobres, los trabajadores y los jubilados. Crisis institucionales fueron las estafas contra el estado de las compras de Focoex. Lo de Pompita no es la política; es el surf, el gimnasio y la noche, y acabamos de tener otra prueba. Muy por el contrario de la tontería que dijo en el episodio Sendic, las instituciones democráticas -esas a las que no fue nunca muy afecto el aguerrondo-herrero-lacallismo- funcionaron perfectamente, con continuidad y sin fisuras. Funcionó el Tribunal de Conducta Política (TCP) del FA, funcionó la presentación ante dicho organismo del compañero Raúl Sendic, funcionó la Mesa Política, funcionó el acatamiento del fallo y funcionaron los mecanismos parlamentarios. Estos gestos en apariencia menores enseñan más que una biblioteca entera. Estuvo muy acertado el nuevo senador Charles Carrera: “Si el país estuviera en una crisis, Lacalle no podría estar de licencia”. Le falto decir: “No podría estar de vacaciones brincando en una tabla de surf”.   Habló Sanguinetti El exministro de Jorge Pacheco Areco, de Juan María Bordaberry, y dos veces presidente Julio María Sanguinetti acusó al FA de faltas éticas y afirmó que “hay un vasto espacio del FA que no cree en la democracia”. Sanguinetti publicó en El Correo de los Viernes un artículo en el que afirma: “Es notorio que hay un vasto espacio del FA que no cree en la democracia […] Actúa bajo sus reglas, pero sigue pensando en la lucha de clases, en el socialismo marxista, en que la justicia -interpretada a su saber y entender- está por encima de las libertades […]”. Agrega que “el episodio Sendic ha sido también revelador. Ante todo, de la debilidad ética que afecta muy especialmente al MPP, al Partido Comunista y a algún otro grupo radical, que son la fuerza principal del partido de gobierno, con el control -además- del fuerte aparato sindical”. Concluye afirmando que “de todo esto surge que el FA ha pasado a ser un problema”. Vamos a tratar de analizar las opiniones de Julio María, que ya parece ser no sólo el ideólogo de una parte del Partido Colorado, la llamada socialdemocracia corrupta, sino de toda la oposición. Empiezo por la cuestión ética, mentada por Sanguinetti. Solamente la debilidad de la memoria humana puede permitir que Sanguinetti, cuyos gobiernos fueron cuestionados justamente por su indecencia, nos hable de ética ciudadana. Pero la historia de los gobiernos en los que participó Sanguinetti, los de Pacheco, Bordaberry, Jorge Batlle y los suyos propios son una catálogo de inmoralidades que tal vez merezcan un recordatorio pormenorizado. Para no hablar de cosas menores, como las concesiones de frecuencias de radio a sus amigos en Montevideo y todos los departamentos del interior, y sin entrar en los negocios de poca plata de los gobiernos colorados relacionados con el bagayo, las coimas denunciadas y las conocidas, la “infidencia”  los acomodos y el clientelismo desfachatado, detengámonos en las dos más grandes inmoralidades que recordamos de Julio María Sanguinetti, las que le costaron y le cuestan al país hambre, dolor y lágrimas. La primera, la peor, la más cruel e imperdonable: la Ley de Caducidad y, peor aun, su interpretación del artículo 4º, que permitió la impunidad de los crímenes de la dictadura por 20 años y el ocultamiento del destino de los desaparecidos hasta el día de hoy. La segunda, que terminó pasándole la bomba del atraso cambiario fabuloso a su sucesor Jorge Batlle, al que ya le había “arrancado el brazo” en 1989, prefiriendo que ganara Luis Lacalle Herrera para que luego pudiese volver él mismo, en olor de gloria. Pudo haber pagado un mínimo costo político y haber hecho la devaluación que el país exigía luego de ganada la elección de 1999, pero igual dejó que le reventara en la cara al neoliberal reaccionario que era Jorge Batlle. Prefirió matarlo políticamente, sin importarle si mataba al país, y así nos fue: tuvimos por su culpa la Crisis de 2002, en la que los más ricos se enriquecieron y los más pobres, entre ellos muchos niños, emigraron, se suicidaron o comieron pasto. Y al fin, el país salió de la crisis, pero, como dijera el contador Pascale, “pero mucho, mucho más pobre”. Sanguinetti la vivió desde sus casa de la calle Zorrilla en el barrio de Punta Carretas, cuyo valor contribuyó a multiplicar al liquidar la cárcel, que quedaba en la esquina, luego de un motín que vino como anillo al dedo. En la Crisis de 2002 no se recuerda que Sanguinetti haya hecho colectas ni ayudado a gestionar un merendero. Es más, algunos de los suyos anduvieron anunciando tumultos, y el libro de Claudio Paolillo da cuenta de su conocimiento del golpe de Estado en marcha contra Jorge Batlle, al punto que le preguntó al entonces vicepresidente Hierro López si estaba pronto para hacerse cargo del gobierno. Esta semana se volvió a hablar del “banco Nelson”, del contador Humberto Capote -a quien Sanguinetti puso en el Banco Central- y de su hermano Betingo Sanguinetti. Después de todo eso, Julio María no debería dar cátedra de nada con su tono de sabelotodo. Mucho menos hablarle de “debilidades éticas” al FA e insinuar “falta de convicción democrática” en el mismo, el partido que tuvo más muertos, presos y desaparecidos en la dictadura inaugurada en 1973 por el gobierno de su Partido Colorado, encabezado por el líder con el que contribuyó, con su voto, a llevar a la presidencia en las elecciones fraudulentas de 1972, Juan María Bordaberry. Identifico la dictadura porque, ya que hablamos de “convicciones democráticas”, es bueno recordar que el Partido Colorado, que nació con el desfalco del tesoro nacional y posterior golpe de Estado del general Fructuoso Rivera en 1836 (el mismo hombre que le ofreció la cabeza de José Artigas a Pancho Ramírez y que perpetró el genocidio de Salsipuedes con su sobrino Bernabé), produjo a todos los dictadores en la historia de Uruguay, como Lorenzo Latorre y Máximo Santos, Gabriel Terra en 1933 y Juan María Bordaberry en 1973. Si puede, doctor Sanguinetti, desmienta esta “falta de convicción democrática”. En su partido sí que hay un “vasto espacio que no cree [ni nunca creyó ni creerá] en la democracia”. Dejo para otro día la carta en la que dijo que no había niños desaparecidos y el tema del Escuadrón de la Muerte porque, sinceramente, las cosas que se dicen de Sanguinetti sobre esto último no las puedo creer. Eso sí, me alegra que su artículo concluya afirmando que “de todo esto surge que el FA ha pasado a ser un problema”. Efectivamente, el Frente Amplio es un problema para los partidos golpistas y oligárquicos de Uruguay. Por eso, para mí el hecho más saliente de la semana es la rabia y la impotencia que vi en las caras y discursos de los líderes de la derecha uruguaya cuando se supo que el FA había superado su crisis en unidad y sin el derramamiento de sangre que esperaban, ellos y los medios masivos de difusión. Se demuestran dos cosas a la vez: primero que los partidos tradicionales carecen de todo programa que no sea perjudicar al FA, aunque destruyan el país; y segundo, que no tienen ni siquiera un plan b, que hasta son incapaces de armar una respuesta coherente cuando pierden una jugada largamente trabajada. Para mí la principal noticia de la semana es la confirmación, no sólo de que el Frente Amplio es el único partido político que tiene el país, sino que además la oposición no sirve para nada, “no está preparada para ganar”, como dijo hace un tiempo Sanguinetti, y “no está preparada para gobernar”, como dijo este mismo año Jorge Larrañaga.   Cómo nos ven afuera El analista, periodista y escritor argentino Claudio Fantini estuvo en Uruguay para presentar su último libro, titulado Abadón, y dio un reportaje a Montevideo Portal en el que afirmó que “desde afuera lo que se ve es como una cátedra del FA. En Argentina es muy difícil imaginar a un partido formando un tribunal que va a investigar y a juzgar la conducta de un vicepresidente”. Tras formular diversas consideraciones sobre la situación mundial y regional, Fantini fue preguntado por su opinión acerca del proceso uruguayo en relación con la decisión del TCP sobre Raúl Sendic y derivaciones posteriores. Al respecto señaló: “Hay dos formas de analizar esto: desde Uruguay y desde afuera. Desde afuera lo que se ve es como una cátedra del FA. En Argentina es muy difícil imaginar a un partido formando un tribunal que va a investigar y a juzgar la conducta de un vicepresidente. Es como una lección para nosotros: ‘ves que hay sociedades que son exigentes’. Lo lógico es cómo se actuó acá, que la sociedad todavía tiene capacidad de escandalizarse”. Por su parte, el portal Infobae publicó un largo artículo de Darío Mizrahi, titulado ‘Lecciones y aprendizajes para América Latina de la renuncia del vicepresidente uruguayo’, del cual extraemos los principales pasajes. “Las denuncias contra Raúl Sendic por irregularidades en su gestión al frente de la petrolera estatal evidenciaron que el país no está a salvo de la epidemia de corrupción que afecta a la región. Sin embargo, la respuesta ante el escándalo fue completamente diferente a la de sus vecinos. ‘En Brasil aparecen 16 millones de dólares en lo de un diputado, y acá en frente [por Argentina] vimos a unas monjitas que andaban con bolsones de plata, y nosotros discutimos unos calzoncillos. Demos dimensiones a las cosas, por favor’, dijo el expresidente José Mujica horas después de que su protegido, Raúl Fernando Sendic, presentara su renuncia a la vicepresidencia de la República, envuelto en denuncias por uso indebido de fondos públicos. Con su habitual picardía, Mujica describió con bastante claridad la excepcionalidad de su país en la región. Uruguay, la nación menos corrupta de América Latina según el índice de Transparencia Internacional -ocupa el puesto 21º a nivel mundial-, está empantanado desde hace meses en un escándalo de esos a los que no está acostumbrado”. A continuación, describe someramente los mojones que jalonaron la caída de Raúl Sendic y al punto señala: “No obstante, hasta hace 15 días, el caso Sendic no tenía mucho de particular. A lo largo de América Latina sobran ejemplos de altos funcionarios envueltos en tramas de denuncias, irregularidades, abuso de los privilegios del cargo y mentiras. Lo llamativo fue la respuesta del sistema político uruguayo en estas últimas semanas, difícil de imaginar en cualquier otro país de la región. En un primer momento, el FA reaccionó como cualquier partido político ante una denuncia que salpica a uno de sus principales dirigentes: se abroqueló en su defensa y denunció una conspiración de sus adversarios. Sin embargo, a medida que la indignación de la opinión pública crecía, fue recalculando. El giro definitivo se produjo el 4 de setiembre. Antes de que la Justicia se expida sobre las acusaciones, se manifestó el Tribunal de Conducta Política del partido. En un fallo lapidario, sostuvo que Sendic incurrió en un ‘proceder inaceptable en la utilización de dineros públicos’, con explicaciones ‘que no son una versión veraz y coherente de los hechos’. Ante semejante resolución, al Plenario Nacional del FA, que se reunía el sábado 9 para decidir qué hacer, no le quedaba más remedio que aplicarle alguna sanción. Sabiéndose sin apoyo, Sendic eligió simplificar el trámite para todos y presentó su renuncia indeclinable, que se efectivizó el miércoles siguiente. Lo reemplazó la ex primera dama Lucía Topolansky, esposa de Mujica, padrino político del exvicepresidente. Que un vicepresidente y máxima promesa renovadora de un partido de gobierno renuncie por gastos indebidos con una tarjeta de crédito pagada por el Estado resulta, por lo menos, curioso en la región de Odebrecht. Es muy probable que lo hecho por Sendic ni siquiera sea un delito, ya que los ejecutivos de Ancap tenían cierta discrecionalidad para usar el plástico que les ofrecía la empresa. Por eso, su dimisión dice mucho acerca de Uruguay”. “El caso de Sendic ilustra que la democracia uruguaya tiene estándares más altos que la mayor parte de la región. Yo me enteré en agosto, cuando fue el Congreso de la Sociedad Latinoamericana de Ciencia Política, en Montevideo. En ese momento, los colegas uruguayos nos decían que era muy probable que renunciara. Era interesante porque había politólogos de toda la región, y nos preguntábamos cuál era el verdadero motivo, porque nuestra experiencia indicaba que no podía ser por el uso incorrecto de una tarjeta de crédito. Nos costaba mucho a todos entender algo que para los colegas de Uruguay era evidente: que esa denuncia era un problema para el FA”, contó Aníbal Pérez-Liñán, profesor del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Pittsburgh, en diálogo con Infobae. Está claro que el factor que cambió la suerte de Sendic fue la resolución del TCP. Que un partido que está en el gobierno hace 12 años tenga una instancia decisoria con la autonomía suficiente para condenar de esa manera al vicepresidente de la República revela una fortaleza institucional difícil de encontrar en América Latina. “El tribunal fue muy terminante y muy duro -dijo Antonio Cardarello, profesor del Instituto de Ciencia Política (ICP) de la Universidad de la República consultado por Infobae-. Está formado por gente que pertenece al FA de larga data, son viejos militantes, algunos de los cuales han ocupado cargos en el pasado. Pero son todos de una conducta y una honorabilidad intachable, y eso le da mucho peso al fallo que se emite. Una vez que se hizo público, no cabía duda de que el partido iba a reaccionar como terminó reaccionando. […] Los partidos uruguayos están entre los más institucionalizados del continente e incluso me atrevería a decir del mundo. Se criticaba que el gobierno se había comido en algún sentido al FA, pero esto demostró que sus estructuras funcionan”. Tampoco se pueden pasar por alto las características de la sociedad uruguaya. Es evidente que los políticos no son ajenos a la estructura social en la que están insertos. Si Uruguay es un país menos corrupto que otros, es también porque sus ciudadanos son menos tolerantes con la trampa y con los atajos. “Uruguay tiene una ciudadanía muy igualitaria en un sentido social y político, y eso aporta. Hay una resistencia muy fuerte al privilegio, y hay una idea muy instalada de que ‘nadie es más que nadie’. Es un elemento muy arraigado en la forma de hacer política”.   Hacia adelante En estas semanas ocurrieron varios episodios dignos de destacar: finalizó la Expo Prado 2017, en la que los dueños de la tierra (sea heredada por la gracia de Dios o robada a otros, como le pasó al pobre Carlos Reyles, cuyas tierras fueron birladas por los antepasados de Bordaberry) festejan en forma cada vez más estruendosa lo que llaman “la fiesta del campo”, y que en realidad es la demostración de su fuerza y poder sobre la sociedad uruguaya. También en estos días, Andrés Betingo Sanguinetti, hermano y confidente del expresidente Julio María Sanguinetti, debió pagar una fianza de 30.000 dólares y permitir que se le pusiera una tobillera electrónica para permanecer en libertad mientras se tramita su extradición a Andorra como parte de la investigación de las coimas de Odebrecht. El expresidente Sanguinetti dijo: “Mi hermano era funcionario de un banco de Andorra, no era ni jerarca, ni gerente ni nada. Era un tercer escalón y no tenía ni capacidad de abrir cuentas”, y afirmó contundentemente que “es una injusticia que lo citen de este modo compulsivo; no cometió ninguna ilicitud. Es un muchacho serio y decente”. Lo declaró en radio Carve y lo citó El Observador. También fue nuevamente mencionado el contador Humberto Capote, exdirector del Banco Central, que habilitó el cambio Nelson, y era quien llevaba la contabilidad ante dicha institución supervisora. El exdiputado blanco Antonio Zoulamian continúa siendo investigado por delitos financieros en la Justicia penal. El diputado del Partido Nacional Wilson Ezquerra, encontrado culpable de atropellar con su camioneta -con un elevado nivel de alcohol en su sangre- a una mujer de 60 años, señaló que no se amparará en sus fueros si es nuevamente citado por la Justicia. Por su parte, el intendente de Soriano, Agustín Bascou, también blanco, tiene 15 días hábiles para demostrar que tenía fondos en sus cuentas en el momento en que libró cheques que luego no pudieron ser cobrados. Bascou, que enfrenta 14 embargos, admitió deudas por US$ 7,5  millones. Búsqueda informó que tiene deudas con los bancos Itaú, HSBC, Scotiabank, Santander y BROU. Según el semanario, la deuda con Itaú asciende a US$ 5,8 millones, y la del BROU a US$ 1,6 millones. El FA denuncia que Bascou además es responsable de que la gasolina que compra la Intendencia de Soriano se adquiera en la estación de servicio que hasta hace unos meses el jefe comunal tenía en propiedad con su esposa. Se menciona que la misma operación con combustibles se habría hecho en otra comuna blanca, se acumulan las denuncias sobre irregularidades en la Intendencia de Maldonado, en la que el intendente Enrique Antía sigue haciendo gala de su fama de incombustible luego de sumar denuncias muy sospechosas con terrenos, excepciones inmobiliarias, subvenciones, compras directas observadas por el Tribunal de Cuentas y contrataciones publicitarias fraudulentas a empresas fantasmas que se repitieron también en las intendencias blancas de Florida y Lavalleja. El FA, que tiene muchas cosas que cambiar y perfeccionar, cuenta con las mejores fortalezas democráticas y éticas para seguir ganando elecciones y gobernando para un mejor Uruguay. Sobre lo que hay que mejorar, seguiremos conversando, y con apuro.

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