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Tras las revelaciones del Parlamento británico

Manipulación de datos para favorecer al candidato

El análisis de datos que circulan en las redes y su manipulación política constituyen una herramienta usada en elecciones que le dieron el triunfo a Donald Trump y, según recientes revelaciones del Parlamento británico, también a Mauricio Macri; Uruguay no está libre de esta tendencia y, según el experto mexicano Ricardo Mansilla, hay que medir “cuáles son los indicios de manipulación de la opinión pública”.

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Las recientes revelaciones del Parlamento británico sobre la manipulación de datos realizado por la empresa Cambridge Analytica en las elecciones argentinas, en favor de la candidatura de Mauricio Macri, ponen en evidencia, otra vez, el uso de las redes sociales en las campañas electorales. Aunque se trata de una práctica que “llegó para quedarse”, como dijo a Caras y Caretas el analista mexicano, experto en análisis de datos y redes, Ricardo Mansilla, deja una nota de duda sobre los procesos electorales, en particular en América del Sur, donde para el año que viene están previstos varios comicios, entre ellos, la elección presidencial en Uruguay. Cambridge Analytica había sido cuestionada por su participación en la campaña de Donald Trump en detrimento de la candidatura de Hillary Clinton, que si bien ganó en el voto popular, no alcanzó el número suficiente de electores para ser consagrada presidente en el Congreso Electoral. La manipulación de datos de millones de personas en favor de Trump hizo que una campaña “desastrosa”, al decir de Mansilla, terminará triunfando. El uso de cuentas falsas, conocidas como trolls o bots, estuvieron en la base de ese triunfo. Consultado por Caras y Caretas respecto a las revelaciones del Parlamento británico, Mansilla dijo que Cambridge Analytica es un “chivo expiatorio” de lo “políticamente incorrecto”. Agregó que “la edad de la inocencia terminó en lo que atañe al uso de internet en la mercadotecnia política”.   El Parlamento británico hizo públicas sus conclusiones sobre la actividad de Cambridge Analytica en las elecciones argentinas. ¿Qué reflexión le merecen? Lo primero que debo decir es que Cambridge Analytica es un “chivo expiatorio” de lo políticamente incorrecto. Puedo garantizar que hay en el mercado, en activo, muchas empresas y grupos con las mismas capacidades técnicas que Cambridge Analytica. Respecto al “uso indebido de los datos”, este es un terreno muy difuso y poco claro, dada la territorialidad de las legislaciones nacionales y el carácter global de las redes cibernéticas. En lo que se refiere a la manipulación de la opinión pública, este es un tema también de fronteras muy borrosas. No existe legislación a nivel mundial que pueda afirmar con basamento científico, más allá de cualquier duda razonable, que una campaña desarrollada en internet influyó en la conciencia colectiva de una sociedad. “Las conclusiones del Parlamento británico, por tanto, no escapan a esas limitaciones. Han acusado a un old etonian (un exalumno de Eton College, como es realmente Alexander Nix) de algo que pudo haber hecho otra empresa. En lo que respecta a la candidata [Cristina] Kirchner, ¿alguien puede asegurar categóricamente que no empleó servicios similares?”.   El año que viene hay varios procesos electorales en América del Sur (Argentina, Uruguay, Bolivia), este año en Brasil. ¿Hay indicios de actividad como la de Cambridge Analytica? Si es así, ¿cómo entiende que puede influir? La edad de la inocencia terminó en lo que atañe al uso de internet en la mercadotecnia política. Medir el pulso de las grandes masas de votantes a través de las redes sociales, elaborar mensajes a la medida para lograr ciertos consensos es algo que ha llegado para quedarse en las campañas electorales. La pregunta no es si hay indicios, eso es obvio, sino cuales son los indicios de manipulación de la opinión pública. La influencia, empero, puede no ser universal. En países como Estados Unidos o Reino Unido, con una gran penetración de internet en la sociedad, estas herramientas cibernéticas sin duda son determinantes. Sin embargo, en países con amplios sectores de la población sin acceso a internet ni a smartphones, la influencia de la manipulación cibernética solo alcanza a la parte expuesta del electorado.   ¿Debemos acostumbrarnos a ese tipo de uso del big data y de las redes sociales? Absolutamente sí. Ese es el porvenir. En la actualidad, el éxito de un candidato depende de cuánto dinero tenga para exhibir avisos publicitarios en la tv y la radio, así como para inundar las ciudades con volantes portando su imagen. En el futuro será más importante cuánto dinero puede gastar en una empresa que analice y manipule los datos de usuarios de las redes sociales en internet. Ahí el big data y la inteligencia artificial serán decisivos.

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Mansilla dictó talleres sobre su especialidad en la Universidad de la República en 2017, ocasión en la que llamó la atención sobre la manipulación de datos (Caras y Caretas, junio 2017). Es docente en la Universidad Autónoma de México (UNAM), ha desarrollado una extensa actividad de estudio de las redes sociales y el big data. En la actualidad forma parte del equipo de la empresa Arithmos DS, dedicada “al análisis de datos y el diseño de plataformas computacionales para la extracción de información de las redes sociales e internet”. Durante la entrevista definió lo que se conoce como big data -datos a gran escala que circulan por las redes- como “las herramientas de investigación que se utilizan para obtener patrones de grandes masas de datos no estructurados. La parte importante es ‘no estructurados’. Esto quiere decir una masa de datos que pueden contener textos, fotos, videos, sonidos, un montón de cosas. Un ejemplo pueden ser las historias clínicas de los pacientes”. Esos datos pueden ser utilizados de diversas maneras, tanto desde el punto de vista comercial como político. “Si uno es capaz de manejar grandes bases de datos, guardar esos datos y saber a quién venderle los resultados de esos datos, uno tiene mucho dinero”, subrayó más adelante. “Uno puede usar esto para hacer políticas públicas, para ayudar al desarrollo urbanístico, cuidar a la población de una epidemia, pero también pueden ser usados para hacer una mercadotecnia muy efectiva y, en ocasiones, perniciosa porque están usando características psicológicas de las personas para estimularlas ha realizar compras o para preferir ciertas cosas. Es una manipulación psicológica profunda”, sostuvo.  

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