México mueve varias piezas en el ajedrez de la región. Con todo su peso político, económico y comercial, su influencia ya se hace sentir en los temas que nos son comunes. Esta semana que termina, hubo dos temas en los que ha jugado con las dos piernas, sobre Venezuela para meter un gol y, a buen tiempo, patear el tablero de la OEA.
Hacete socio para acceder a este contenido
Para continuar, hacete socio de Caras y Caretas. Si ya formas parte de la comunidad, inicia sesión.
ASOCIARMECaras y Caretas Diario
En tu email todos los días
El exilio venezolano viene pidiendo la intervención militar de Estados Unidos. Uno, que fue exiliado, se siente lejano del planteo. ¡Cuántas veces nos recorrimos el mundo pidiendo que cese la intervención exterior en Uruguay! Si de muestra vale un botón, la intervención de Wilson en el Congreso de EEUU, en plena celebración del bicentenario de aquella nación: “La Embajada de EEUU en Montevideo opina, dirige y aconseja sobre el destino de la democracia uruguaya, y se permite manifestar su adhesión expresa a formas institucionales concretas que significan la abolición del derecho de nuestro pueblo a elegir sus propios gobernantes”.
Y concluye: “Lo único que pedimos es que se nos deje solos. Nuestros compatriotas están luchando como pueden para defender principios e ideales y formas de convivencia que nuestro país tomó de la Constitución de EEUU. Ningún uruguayo podría comprender jamás que, en favor de sus enemigos, pudiera seguir invocándose el peso inmenso de las misma nación que hace 200 años definió esos ideales, y hoy lo celebra jubilosa”.
Siempre apostamos al “principio de no intervención” y a la “solución pacífica de las controversias.” México ha dado dos pasos gigantes. Siendo anfitrión de la conversaciones gobierno/oposición en Venezuela, ha logrado ya que todo los partidos y el gobierno se sienten en una misma mesa. Aun el autoproclamado Juan Guaidó ha decidido participar de las próximas elecciones.
Guaidó ha quedado más solo que un progresista en gobierno de un Lacalle.
Este tema va de la mano del otro gran anuncio de México: “Adiós a la OEA,” según titula Infobae. En efecto, México le ha dado forma a una propuesta que, reconociendo, las carencias e incapacidad de incidir de la OEA, propone la creación un nuevo organismo multilateral para la región.
Andrés Manuel López Obrador propone una entidad no intervencionista en lugar de la OEA. Ya lo había planteado en julio en la reunión de Celac. Ahora ya tiene más forma y características de propuesta. ¿Por qué habría de obrar de otro modo? La OEA no representa los pilares básicos de la política exterior de México y la dirigen sus adversarios, para ser generosos y cuidadosos de los términos.
Almagro sale secretario por primera vez con la oposición del actual presidente uruguayo, que luego apoya su reelección. Uno de los dos cambió. Almagro. México fue entonces un voto muy cotizado. Gobernaba el PRI, ahora en la oposición. Francisco Guerrero Aguirre (secretario para el Fortalecimiento de la Democracia) y Javier De Icaza, el más polémico (Dirección de Cooperación Electoral, acusada de generar el golpe en Bolivia) son ambos dirigentes del PRI.
¿Por qué habría de apoyar México? Perdería la oportunidad de generar un organismo de verdadera cooperación, sin injerencia en los asuntos internos de los estados miembros. Una OEA que no acepte el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), mecanismo legitimador, con un barniz de derecho, de las intervenciones de EEUU en la región, (Guatemala, Granada y Dominicana, a modo de ejemplo).
Ojalá Uruguay esta vez, no se equivoque. Son fuertes los lazos e intereses que unen desde hace años a Almagro con Bustillo. Hay quien dice que no toca pito en la política exterior. Otros dicen que ese es el argumento que usa ante terceros para lavarse la manos. Otros creen que el presidente dice tomarle en cuenta cuando le sirve, pero ignora cuando no. ¡Yo qué sé! No es relevante.
Importante, sí, es que nos preocupemos desde ya para que, a la hora de la decidir, Uruguay no vuelva, una vez más, a equivocarse. Es norma de este gobierno, acrecentada desde que el actual canciller ocupa su cargo: obrar contra el interés nacional. Y, sobre todo, siempre apostar a perdedor.