El 14 de agosto, cumpliendo una decisión largamente anunciada, el ex guerrillero, ex rehén de la dictadura, ex diputado, ex senador, ex ministro y ex presidente de la República, José “Pepe” Mujica renunció a su banca senaturial, para dedicarse a viajar y a “la solidaridad y la lucha de ideas”, que como bien se dijo, “constituyen su hábitat natural”. Pepe, que estuvo once años en prisión en terribles condiciones, y no sólo sobrevivió, sino que escaló por mérito y votos propios las más altas magistraturas de la República, y seguramente hoy es la personalidad uruguaya más reconocida en el exterior, además de ser el titular del mayor movimiento político del país, renunció con una sencilla carta dirigida a la Presidenta del Senado y Vicepresidenta de la República, su esposa, Lucía Topolansky, en la que destaca que “Los motivos son personales, diría “cansancio de largo viaje”.(…) Si alguna vez, al calor de los debates puede herir lo personal de algún colega, pido disculpas muy sentidas. Sin otra particular la saludo y en usted, al cuerpo y a los funcionarios todos, con consideración y estima”. Muy probablemente, su proverbial sencillez, motivó que la despedida fuera sólo con una breve carta. Sin duda alguna, Pepe prefirió no estar presente cuando sus compañeros lo homenajearan con elogios y sus adversarios guardaran silencio en un acto de contenido político muy difícil de calificar. Particularmente curiosa es la actitud de aquellos senadores blancos y colorados a los que Pepe se refiere con particular estima, como Jorge Larrañaga y Tabaré Viera que prefirieron no estar y Guillermo Besozzi y Amorín Batlle que compartió el silencio de los más. No hay como verlo de otra manera. Sus adversarios y enemigos no estuvieron a su altura. Como se sabe, es costumbre (y una de esas costumbres que enaltecen lo que queda de la Política uruguaya), que, por encima de banderías, de enfrentamientos y aún de rencores, los legisladores de todos los partidos despidan al que parte, mucho más cuando lo hace de esta forma. Pues bien, la mezquindad, el resentimiento ante los logros de un hombre fuera de serie que sin duda sufrió más que todos ellos, y también seguramente la envidia del amor popular, los votos y la popularidad interna e internacional que ellos nunca podrán ni siquiera rozar, hizo que la inmensa mayoría de la llamada “oposición”, con la única y notable excepción del Senador Dr. Pablo Mieres, del Partido Independiente, pretendieron ignorar el acontecimiento negando su saludo, o más cobardemente su presencia, ante la partida del Pepe, que honraba ese lugar. En el recinto, según me cuentan, estaban en el momento de la lectura de la carta, que habilitaba el saludo en respuesta, los senadores del Partido Colorado Juan Pedro Bordaberry, José Amorín Batlle, Germán Coutinho, los blancos Luis Pompita Lacalle Pou, Graciela Bianchi, Guilllermo Besozzi y otros. Larrañaga, según me cuentan, eligió retirarse. Ninguno de ellos habló. Acaso alguno solamente por disciplina. Acaso necedad, envidia de votos y prestigio, o simplemente porque entienden la política como una forma de cumplir con sus propios intereses o los de su clase. Solamente Mieres (que dijo algo tan importante como:“Hemos tenido, tenemos y tendremos enormes diferencias políticas con Mujica, pero hay momentos en que hay que hacer un breve paréntesis en la lucha para saludar a nuestro adversario. Estas son las cosas que hay que destacar en nuestro sistema político y que creo que deben seguir caracterizándolo”), y nueve legisladores frenteamplistas saludaron al renunciante. Entre ellos, Mónica Xavier, Ivonne Passada, Rafael Michelini, Leonardo de León y Juan Castillo. En Facebook la escritora Silvia Carrero publicó un mensaje en el que dice: “Quiero saludar a toda la oposición, excepto Mieres. Hoy quebraron con una costumbre de todo el período democrático, sin ningún pudor. Tuvieron una actitud revulsiva en el mejor de los sentidos. No se dignaron decir ni una sola palabra para despedir a José Mujica, ex rehén de la dictadura, ex diputado, ex senador, ex ministro, ex presidente, militante de izquierda. No dijeron ni mu. Y yo aplaudo. Terminaron con la costumbre de saludar al adversario que se retira de la función. No hay antecedentes de tamaño sinceramiento. Nunca dejaron de saludar a todos y cada uno de los integrantes del cuerpo que se retira, sin importar el partido al que pertenece. Jamás de los jamases. Es un pronunciamiento por la vía del silencio. Creo que con el paso de las horas se darán cuenta de que dejar tan en claro el odio de clases no es bueno, y vendrán las excusas. (…) Ya está muchachos y muchachas. Ya pasó. No se preocupen que la gente sabe lo que sienten. Sigan sufriendo, ahora que saben que el viejo dispone del tiempo total para jugársela en la calle, que es donde siempre ustedes perdieron el partido. Salú, viejo.” Por la vía del twitter, el senador Charles Carrera mensajeó:“Cada uno es hijo de su tiempo, pero hay personas que trascienden más allá de su época. Como legado de este tiempo quedarán plasmados todos los avances que tuvimos como sociedad. Y detrás de todo eso, una lección de vida y lucha por un país más justo y solidario. ¡Gracias Pepe!”. Estos saludos, unidos al odio que destiló explícitamente el editorial “El legado de Mujica” publicado por el diario El País, hacen que recuerde el final del memorable cuento “Gatica” del gran escritor Osvaldo Soriano, que recuerda el final impiadoso que tuvo el gran ídolo del boxeo, tan distinto de los años de esplendor que sin duda esperan a Pepe, sobre quien se estrenarán este año tres películas. Termina el cuento diciendo “que la oligarquía quiso arrebatarle la vida poco a poco, con un odio que conviene no olvidar”. La renuncia de Pepe al Senado y la reacción de la oligarquía y sus sirvientes es un episodio que sin dudas conviene no olvidar. Como no conviene olvidar los dos valores que nos trasmite Pepe y que quisiéramos inculcar a nuestros hijos, la tenacidad de quién se sobrepone a las derrotas y la autenticidad de quién vive como piensa.
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