El "neoliberalismo", la vida real y la verdad

Milton Friedman y el coronavirus

En las grandes tragedias humanas (como las guerras, las crisis económicas o las pandemias, como en la que nos ocupa), es cuando aparece la verdadera esencia de la condición humana.

inflación, IPC, índice de precios al consumo
Supermercado. Foto ilustrativa.

Por Martín Narbondo

Cuando estallaron la Primera y la Segunda Guerra Mundial todos los involucrados (en particular los obreros sindicalizados internacionalistas que abjuraban de las banderas y los nacionalismos) corrieron a tomar las armas y a morir por sus patrias.

Entendieron que si ellos no defendían la tierra de sus padres y sus hijos con un sano patriotismo (nada que ver con el «nacionalismo malsano» que mencionó el hoy canciller Ernesto Talvi, partidario de suprimir las Fuerzas Armadas), los enemigos los despojarían de todo.

En la Segunda Guerra Mundial, Joseph Stalin llamó a sus hombres (que murieron por decenas de millones) a dar la vida por la Santa Madre Rusia. Podrá gustar o no, pero fue así y volvería a ser así.

Cuando ocurrió la Gran Depresión de 1929 (que debería ser tema de estudio en los secundarios), las recesiones importantes que tuvieron lugar después, y sobre todo en la Gran Recesión 2007-2010, los gobiernos (aterrorizados por la depredación de los grandes operadores del sistema financiero global desregulado) archivaron las recetas «liberales» (que en realidad encubren el predominio de los más fuertes) de no intervención en los mercados, y falacias como la «autorregulación» o «la mano invisible», y tomaron todas las medidas de política económica intervencionista y monetarias expansivas que había que tomar hasta que salvaron a sus naciones y sus habitantes.

Financiaron gigantescas obras de infraestructura, mantuvieron las tasas de interés en «0» o negativas durante años, y compraron decenas de billones de dólares de activos, usando todos los estímulos posibles.

Así fue, y puede leerse en autores promercado o procapitalistas tan incuestionables como Martin Wolf, el editor económico del Financial Times.

Ahora aflige al mundo una pandemia del virus llamado corona, Covid-19.

Además de la cantidad de muertes que ya causó y promete causar, el virus ha provocado una caída descomunal en la economía y amenaza con conducir a una gran recesión global.

¿Alguno de los mandatarios de las grandes potencias y los altos funcionarios de los organismos multilaterales de crédito esperó que el virus operara con libertad, hasta que la autorregulación del mercado de enfermedad y muertes y la destrucción económica y social solucionaran el tema? No. En absoluto. No esperaron ni un nanosegundo. Fueron mucho más rápidos que las poblaciones de sus países.

Intervinieron masivamente en las economías el Banco Popular de China, la Reserva Federal, el Banco Central Europeo, el de Japón, el de Rusia, el FMI y el Banco Mundial.

Las medidas del FMI, la FED, el BCE y bancos centrales del mundo

El primer país en tomar medidas económicas (a pesar de sus entonces excelentes cifras de empleo y crecimiento, y de la presión del presidente Trump, que quiere ganar las elecciones a toda costa y sabe que eso se logra con mayor bienestar de la población) fue Estados Unidos, cuando aún no tenía casos de Covid-19 (ahora tiene pocos porque cerró de inmediato sus fronteras a cal y canto, como hizo Vladimir Putin, otro mandatario que no tiene problemas en intervenir los mercados), a través de la Reserva Federal (FED), que conduce el muy ortodoxo Jerome Powell.

En febrero se conocieron las primeras noticias acerca de la gravedad que tenía el virus aparecido en Wuhan, y el 10 de febrero Xi Jinping, el hombre más poderoso de China desde Mao Zedong, apareció en cámaras con tapaboca y guantes y anunció que la enfermedad era un «demonio» que iba a extenderse por el mundo.

Fue más que evidente que Xi (cuya carrera ha sido fulgurante y no le debe ser grato dar malas noticias) subyacentemente estaba anunciando el deterioro de la segunda economía mundial (que es además centro de infinidad de cadenas productivas, el mayor importador y exportador del mundo y el principal socio económico de América Latina), cuyo crecimiento podría caer incluso muy por debajo del 5%, lo cual constituiría una catástrofe global.

Pues bien, la FED ya había tomado medidas el 7 de febrero, cuando luego de haber anunciado que podían esperarse varios aumentos de tasas en 2020 por las condiciones de empleo, precio, crecimiento e inflación, las dejó sin cambios el rango (2,25% a 2,5%) en la reunión de esa fecha, e insinuó que el próximo movimiento podría ser una reducción, debido a los sucesos en China y en Europa, donde se presagiaba una temporada turística desastrosa y por lo tanto una gran caída económica.

El martes 3 de marzo la Reserva Federal dispuso el mayor recorte de tasas desde 2008, rebajando 0,75 puntos en una «decisión de emergencia por el creciente riesgo económico causado por la epidemia», dejándolas en un rango de 1%-1,25%.

En su comunicado, la FED señaló que «el coronavirus plantea riesgos evolutivos para la actividad económica (…) «se están monitoreando de cerca las implicaciones para el panorama económico y que usará sus herramientas y actuará de manera apropiada para apoyar la economía».

Powell afirmó que «el recorte dará un impulso significativo para la economía» y adelantó que habría «mayor coordinación formal entre los países del G-7 con respecto a la epidemia».

Pero no se detuvieron los nada neoliberales jerarcas estadounidenses.

El jueves 12, la Reserva señaló que inyectaría 1,5 billones de dólares «para frenar las disrupciones en los mercados financieros relacionadas con el brote del coronavirus», ofreciendo ese día US$ 500.000 millones en valores a tres meses y, el viernes 13, un billón de dólares entre valores a tres meses y valores a un mes.

El domingo 15 por la noche, sin esperar a la reunión prevista para los días 17 y 18 de marzo, la Reserva Federal bajó las tasas a un rango de 0%-0,25%, y anunció la «ampliación de su hoja de balance en al menos US$ 700.000 millones», más de 12 veces el Producto Interno Bruto de Uruguay.

Pero el banco central de Estados Unidos no se quedó ahí: si bien ya venía inyectando liquidez en los mercados y retomó las operaciones de compra de deuda (el Quantitative Easing de Barack Obama y Ben Bernanke), la institución anunció la compra de US$ 500.000 millones en bonos del Tesoro y US$ 200.000 millones en títulos hipotecarios.

El País de Madrid tituló que la FED está lanzando «el mayor paquete de estímulos desde la Gran Recesión, coordinada con el resto de los bancos centrales». Agrega el diario español: «Coordinación es la palabra clave en la jugada. Asediados por una avalancha de noticias negativas y con los grandes países europeos en cuarentena colectiva por el virus, la FED y el BCE (Banco Central Europeo, hoy dirigido nominalmente por Christine Lagarde, pero que está marcado por la «doctrina Draghi» de utilizar todos los instrumentos hasta que Europa crezca) han sumado este domingo a su cruzada a sus pares de otras latitudes para dejar claro que, esta vez sí, van en serio y de la mano. (…) La medida de este domingo se inserta en un plan pactado entre los principales bancos centrales del mundo para facilitarles que puedan otorgar liquidez adicional tanto en la divisa estadounidense como en las suyas respectivas. (El plan) se prolongará «el tiempo apropiado para apoyar un funcionamiento fluido de los mercados».»El economista jefe del BCE, Philip Lane, informó que «no se tolerará el riesgo de fragmentación del crédito en la eurozona. Estamos preparados para hacer más y ajustar todos nuestros instrumentos». Los titulares de los bancos centrales de España, Francia e Italia, integrantes del Consejo del BCE, y que ya están aplicando estímulos en sus respectivos países (US$ 25.000 millones los dos primeros y US$ 14.000 millones el tercero), reafirmaron en conjunto: «Se comprará lo que haga falta para evitar la fragmentación financiera».

El mismo día 15 de marzo, el gobernador del Banco de Japón, Haruhiko Kuroda, señaló que «el Banco de Japón seguirá de cerca la situación y proporcionará amplia liquidez para garantizar la estabilidad en los mercados financieros a través de operaciones de mercado y compras de activos» para garantizar la estabilidad del sistema financiero.

El gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, declaró ante el Comité del Tesoro que «el banco tomará todas las medidas necesarias para apoyar la economía y el sistema financiero de Reino Unido, de conformidad con sus responsabilidades».

Por supuesto, es incalculable la cantidad de recursos que debe estar invirtiendo China Popular, que ha venido haciendo keynesianismo declaradamente por lo menos desde que en 2008, cuando el hundimiento de Lehman Brothers pareció marcar el comienzo de una nueva Gran Depresión.

Como se ve, no hay neoliberales, ni partidarios de dejarle al «juego de los mercados» ni a la «mano invisible» el control de sus asuntos en las grandes potencias. Solamente los países subdesarrollados contraen sus economías cuando están en crisis. Y así les va.

 

Y el FMI, ¿que tanta «austeridad» aconsejó?

Ahora el FMI no cree más en la austeridad ni en la «mano invisible».

Veamos dos extractos de comunicados del organismo multilateral: «Declaración conjunta de la directora gerente del FMI y el presidente del Banco Mundial. 2 de marzo de 2020. El Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Grupo del Banco Mundial están preparados para ayudar a los países miembros a afrontar la tragedia humana y el reto económico que constituye el virus Covid-19. (…) Emplearemos al máximo los instrumentos que tenemos a nuestra disposición, que comprenden financiamiento de emergencia, asesoramiento en materia de políticas y asistencia técnica. Concretamente, contamos con servicios de financiamiento rápido que, colectivamente, pueden ayudar a los países a responder a una amplia gama de necesidades (…)». Firman Kristalina Georgieva y David Malpass.

«Palabras de apertura de Kristalina Georgieva, directora gerente del FMI, en la rueda de prensa celebrada junto con David Malpass, presidente del Grupo Banco Mundial, sobre la respuesta al coronavirus; 4 de marzo de 2020.

¡Buenos días! Arrancamos temprano con David Malpass, en una teleconferencia a las 7 de la mañana con el Comité Monetario y Financiero Internacional (CMFI), el órgano rector que representa a nuestros 189 países miembros.

Pero antes de proseguir, querría expresar mi profundo pesar por todo el sufrimiento que está causando este estallido del coronavirus.

(…) Qué puede hacer el FMI. El FMI cuenta con recursos para dar apoyo a los miembros: gracias a la generosidad de nuestros accionistas, tenemos una capacidad de préstamo global de alrededor de un billón de dólares.

Podemos ofrecer a los países de bajos ingresos un financiamiento de emergencia con rápido desembolso de hasta US$ 10.000 millones (50% de la cuota de los miembros en cuestión), al que pueden acceder aun sin un programa propiamente dicho con el FMI.

Otros miembros pueden acceder a financiamiento de emergencia mediante el Instrumento de Financiamiento Rápido. Este servicio puede brindar aproximadamente US$ 40.000 millones a los mercados emergentes que podrían solicitarnos apoyo financiero.

Existe también un Fondo Fiduciario para Alivio y Contención de Catástrofes -el Ffacc- que brinda a los países habilitados donaciones para el alivio de la deuda con el FMI. El Ffacc demostró su eficacia durante el estallido del ébola en 2014, pero tiene ahora apenas US$ 200 millones, frente a una posible necesidad de más de US$ 1.000 millones. Aliento a los países miembros a ayudar a recargar integralmente este servicio financiero, de modo que esté listo para la crisis actual.

En síntesis. Nuestro mensaje al público es:

el FMI está totalmente comprometido con el objetivo de brindar respaldo a los países miembros, en particular a los más vulnerables.

Contamos con las herramientas para ayudar.

Estamos coordinando estrechamente con las instituciones socias.

Gracias nuevamente, y le doy la palabra a David (…)».

Como se ve, la autorregulación de los mercados y la «mano invisible» ya no mandan en el FMI, aunque sea porque está en peligro su propia supervivencia.

Antes bien, parecería que volvieron los tiempos en que se buscó y logró con la intervención gubernamental en la economía, las políticas monetarias expansivas y las regulaciones financieras construir la «Edad Dorada del Capitalismo», que duró entre 1945 y 1973.

Hasta Richard Nixon llegó a declarar que «todos somos keynesianos». También Ronald Reagan lo fue, y en exceso.

Ya hemos visto cómo reaccionan los jerarcas de las grandes potencias y de los organismos multilaterales cuando su mundo está en peligro.

¿Cómo andamos por aquí?

 

Los «abanderados de la libertad»

En nuestro país desde hace ya algunos años, han aparecido en los grandes medios de difusión unos arrebatados alegatos sobre la libertad de mercados y hasta por la libertad en general, que parecen totalmente innecesarios.

Se ataca en nombre de la libertad la intervención en la economía, y hasta hay un señor que escribió que el Banco Central del Uruguay no debería intervenir.

Ahora bien, Uruguay no ha tenido problemas de libertad desde 1985 en adelante, y según el índice Freedom House, Uruguay es el país más libre de las Américas, superando a Canadá y hasta a Estados Unidos.

Freedom House es una organización no gubernamental fundada en 1941, con sede en Washington DC y financiada en un 85% por el gobierno de Estados Unidos.

El informe Libertad Global 2020 de la organización Freedom House (FH) ubicó a Uruguay como el país de América Latina con mayor libertad.

Según el informe, de los 195 países evaluados, 83 (43%) son calificados como libres, 63 (32%) como parcialmente libres y 49 (25%) como no libres.

Uruguay figura en el sexto lugar a nivel mundial, superado por Finlandia, Noruega, Suecia, Holanda y Luxemburgo. Tiene un puntaje de 98 sobre 100.

Algunos de esos mediáticos que declaman por libertad en Uruguay simpatizan con Milton Friedman, el «liberal» que asesoró personalmente al dictador genocida Augusto Pinochet y a los equipos de las dictaduras neoliberales que destruyeron Argentina, Chile y Uruguay en la década del 70 y violaron todas las libertades y los derechos humanos.

Acaso en estos momentos Friedman y sus admiradores estarían abogando por dejar que «los mercados» operen con libertad y que los gobiernos y los organismos multilaterales de crédito no intervengan para derrotar el Covid-19 o las recesiones, ya que estos pueden eliminar los factores menos competitivos y aumentar darwinianamente la productividad.

Entretanto, las potencias desarrolladas y los organismos multilaterales han vuelto al keynesianismo, como lo hacen en cada crisis, para resolverlas.

 

2 comentarios en «Milton Friedman y el coronavirus»

  1. Jui. Genial nota. «San Keynes» nos bendijeará… jui…

  2. ESPEREMOS PAULINA, ACABO DE VER A LA OCDE PIDIENDO UN NUEVO PLAN MARSHALL PARA EUROPA.
    KEYNES SABÍA COMO TRABAJAR EN EL CAPITALISMO QUE TENIA QUE SER INCLUSIVO PARA FUNCIONAR.
    LOS DEPREDADORES NEOLIBERALES NO DEJAN NADA PARA NADIE Y CADA TANTO LA CRISIS GLOBAL ESTALLA.
    NO ERA SAN KEYNES, PERO RESOLVÍA ESTAS COSAS.

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