Nos descubrieron, ¡por fin nos descubrieron!

Por Joselo Olascuaga.

guaicaipuro

Sobre el fin de semana, entró fuerte en la polémica del 12 de octubre Nicolás Maduro, apoyando a Andrés Manuel López Obrador. Entonces desde el ibérico ámbito (y, en Uruguay, desde Subrayado) volvieron las porras al presidente de Venezuela, esta vez por su decisión de abrir, desde ya, el mercado para las navidades, aprovechando el impulso del cambio monetario y el clima de inversiones que está generando el diálogo político en la República Bolivariana, entonces, otra vez, volvieron los inteligentes a recordar que cuando murió Chávez, Maduro dijo aquello de que el comandante le había hablado convertido en pajarito.

A ver: todo bien con todas las creencias, y más con las que representa el papa Francisco, defensor de nuestros pueblos incluyendo a México y a Venezuela, pero el ibérico don Juan cree que la madre de Cristo murió virgen, que el aliento de una paloma dio a Jesús el espíritu santo, que a Chávez un hombrecito rojo con cuernos y larga cola lo ensartó en un tridente y lo puso a picar piedra entre llamas calcinantes, azotado por patovicas sudorosos, pero que a Borrell, cuando muera biológicamente, unos bebés alados van a llevarlo a un cielo que no se ve en este cielo, lo va a recibir allí un señor llamado Pedro, pero no Pedro Sánchez Pérez-Castejón, sino San Pedro, con un halo flotando a diez centímetros sobre su cabeza, que va a presentarlo, a su vez, a otro señor sentado en un sillón arriba de una nube. ¿Y lo escandaliza la mitología naturista de los aborígenes de América porque creen que cuando un inocente muere injustamente se convierte en pájaro chouy?

La verdadera misión del pajarito fue hacer que sus enemigos subestimaran a Maduro. “Maburro”, según ellos, y así les fue y les va.

Sin ir más lejos, en la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, el doctor Luis Lacalle Pou y el mercader titulado por la Universidad de Connecticut Mario Abdo Benítez se trenzaron parejo contra Cuba, defendida por el ingeniero Miguel Díaz Canel, y el que aplastó a los dos diplomados que iniciaron los entredichos fue el chofer de bondi Nicolás Maduro Moros, “cuando quieran, donde quieran, que no hoy aquí en la Celac donde estamos para defender los intereses comunes de nuestros pueblos y no para ideologizarla, debato sobre democracia, dictadura, revolución o lo que quieran, con cualquiera de los dos o con los dos a la vez”. Silencio.

Esta semana habló del 12 de octubre el católico Joe Biden. Bien, sensatamente, en la línea del papa (o más exacto en la de los inmigrantes mexicanos, crecientes y votantes, y en la de su presidente Obrador, que le hace el favor de recibirlo en este delicado momento), pero la semana anterior había hablado Aznar, burlándose del presidente de México, diciendo una verdad, que “Andrés viene del azteca, Manuel viene del maya y López… bueno… López…”.

No lo explicó Deng Xiaoping porque no tuvo necesidad de hacerlo cuando dijo “vamos a generar millones de multimillonarios, pero los vamos a controlar con el Estado, no vamos a permitir que se forme una burguesía” (la toma de partido determina, fundamenta). López Obrador había pedido al Estado español y a la Iglesia Católica que se disculpasen por los genocidios que cometieron. El papa Francisco, inmediatamente, tomó el mismo partido indigenista que Obrador y pidió perdón, pero el gobierno de España le entregó esa zona discursiva (entre tantas) a la extrema derecha autodefinida.

Pero faltaba que hablasen los más habladores en “Occidente”, los que hablan en titulares cuando dicen “hablaron los mercados”.

 

Crisis energética

Mao no hablaba mandarín oficial sino hunanés, xiang. La generalización del mandarín oficial en toda China es un producto académico del siglo XX, pero la misma academia se ocupa, especialmente desde hace medio siglo, también de que no se pierda ninguno de los más de 150 idiomas chinos. En América fue al vesre, los imperios europeos se ocuparon especialmente de que los indígenas perdieran sus idiomas a cadalso y a tortura. “La lengua es el imperio”, le dijo Nebrija a la Católica. La gran mayoría de los idiomas aborígenes no sobrevivió. Entre cientos, el charrúa, del que se conservan unas pocas decenas de palabras que no alcanzan para armar frases.

Sin embargo, a nuestro continente se le denomina con una palabra indígena, maya, “américa”, aunque después se atribuyó a referencia de Américo Vespucio (latino). Por eso Estados Unidos de América es, en cualquier origen del término, menos américa, latino o aborigen, que México y Brasil y menos Estados Unidos que Estados Unidos Mexicanos y que Estados Unidos del Brasil. No solo porque los Estados Unidos Mexicanos unen cinco civilizaciones y es el menos desunido de los tres Estados Unidos del continente, sino además por los idiomas. En cualquier caso, una forma de distinguir al más norteño por lo que es son sus siglas en inglés, USA. Cuando Hernán Cortés dijo a Moctezuma, hace 502 años, aquello de que “los españoles tenemos una enfermedad del corazón que solo se cura con oro”, no previó la inminencia en América de la extracción de plata, de cobre y de carbón, pero además la competencia de los ingleses, de los portugueses, de los franceses y de los holandeses.

De haberla previsto, Cortés hubiese dicho, “los europeos tenemos una enfermedad del corazón que solo se cura con saqueo”.

Y ya para entonces “hablaban” los mercados, en el incipiente capitalismo. Los que vinieron de los barcos fueron los afros. Eso sí: de barcos europeos, pero no todos llegaron. A muchos los europeos los echaron por las bordas para ganar más, según estuvieran los precios y la demanda, según lo que “dijeran” los mercados. Los europeos vinieron de los barcos, de las cañoneras y de la pólvora que inventaron los chinos que estaban en otra. Además, vinieron europeos de los aviones y del comercio desigual y del negocio de deuda.

Cuando a los europeos los dejamos sin su medicina, cuando Evo mandó parar a Repsol, por ejemplo (porque los españoles habían seguido por el petróleo y cuanta fuente de energía hubiese), y mandó AMLO parar a Iberdrola, salió a cruzarlos Aznar y Borrell salió a decir que si Guaidó se presenta a las elecciones en Venezuela, “lo vamos a acompañar auditando los comicios […] la UE será la única garantía de legitimidad”. Pero, ¿quién te crees que sos, Borrell? ¡¿Pizarro?! Caminaron este continente Bolívar, San Martín, Artigas, Sucre, Alfaro, José y Farabundo Martí, Mariátegui, Sandino, Cárdenas, Gaitán, Goulart, Allende, Fidel, Chávez… Se pasó tu tiempo, viejo. La legitimidad de los comicios en Venezuela la da el Consejo Nacional Electoral bolivariano y los observadores imparciales, no injerencistas.

Por supuesto, todos les hablan a sus mercados electorales, el PSOE y el PP creen que pueden distraerlos de la crisis energética por culpa del seguidismo de Borrell al imperialismo yanqui. Prefiero creer en los pajaritos, las palomas, los querubines y los diablos. Y que no lo permita la virgen. La canciller alemana Merkel explicó la crisis energética europea por la negativa de Borrell a firmar contratos a mediano y largo plazo con Rusia, boicotear el Nord Stream 2 (gasoducto directo de Rusia a Alemania, cuya puesta en marcha ahora se acelera), por seguir a Wall Street en el pensamiento mágico de que, desde lo bursátil, inyectando dinero emitido equivalente a un PIB mundial, podían alterar los ritmos de la economía de verdad y por repetir el discurso de Washington que repite la ministra Arbeleche, cual si la pandemia ayer y hoy la crisis energética no demostraran fehacientemente que el Estado controlando y no achicado, con recursos estratégicos públicos y no privatizados, es la salvación colectiva. Gana Gazprom, estatal rusa, mientras las privadas dejan tirados a los países, Alemania incluido, sin luz y pidiendo todavía más rescates de los que ya recibieron. Las privatizadas nunca rescatan al Estado. Se hacen rescatar por él. Las naciones con Estados fuertes se salvan. Las “neoliberalizadas” se hunden. Merkel señaló a Borrel y, para salvar el cargo, el Almagro europeo pidió más contratos con Rusia. “USA ha perdido”, comentó Zhao Lijian, de la cancillería china.

 

El mercado dijo “eureka”

El momento exacto fue un mes antes de la primera reunión de Xi Jinping con Donald Trump, que ocurrió en la casa de campo presidencial del Estado Florida, en 2016. La asamblea Nacional Popular de China llamó a un activo de unos 1.500 delegados de todo el país, para que Xi fuese a Florida con mayores potestades. Poco después, en el foro de Davos, Xi se presentó líder mundial del libre mercado. Los chinos habían corrido la cortina de la primera consigna de Deng, “jamás aspirar al liderazgo”, las siguientes eran “no mostrar el brillo” y “desarrollar las capacidades”. Cuando abrieron esa cortina nos descubrieron… ¡por fin nos descubrieron! Ya eran el mayor socio comercial de la mayoría de los países del “nuevo continente”, incluido EEUU. Ya habían designado a La Paz para el 90 más China, ya tenían TLC con gobiernos americanos de muy distintos signos, pero, a partir de entonces, se plantearon ser “socios estratégicos económicos y políticos” del Caribe y Latinoamérica. El único líder mundial que habló en la recientísima cumbre de la Celac fue Xi Jinping. ¿Y por qué el mercado dijo “eureka”? No, nene, no. Los mercados no hablan.

A principios del milenio, entrevisté para Posdata al director teatral Antonio Baldomir. Sobre su madre me dijo: “Mi madre y mi abuela no tocaban el tema de sus rasgos y cuando yo lo hacía, todos (yo también) preferíamos decir que descendíamos de gitanos. ¡Cómo habrá sido ser indígenas para preferir el estigma de gitanos! No lo digo por las masacres, ni por las villas miserias ni por las charrúas que estrangulaban a sus recién nacidos para evitarles la vida en cautiverio. ¡¿Cómo habrá sido –digo– en la infancia de mi abuela?! Y todavía hoy… la palabra “chiruza” (o “china”) por insulto. La humillación del marrano: “Yo salgo a papá y al papá de papá. Ni me asomo a la línea materna de indias esclavas sobrevivientes de la chusma”.

Mi persona estudió guaraní con Guillermina Méndez en Coviadeon, cursé seis años de euskera en Instituto Euskal Erría, otro idioma sobreviviente y resistente al mismo invasor que destruyó el idioma charrúa. Sé decir “nire amona guipuskoatarra, hernaniarra zen; nire aitona guiposkoatarra, errenterriara zen; eta nire amona charrúa, minuane zen. Ezkerrik asko”. Gracias por haberlo conservado. Gracias por seguir hablándolo. Gracias por habernos pasado la fórmula para esta victoria vicaria, de que nunca nos abandone el sonido de las palabras “guidaí” y “askatasuna”.

 

4 comentarios en «Nos descubrieron, ¡por fin nos descubrieron!»

  1. Gonzalo+González | el 17 octubre, 2021 a las 11:16 am |

    Brillante, diferente, inteligente y contundente.

  2. Para los que se ríen del pajarito de Maduro, aquí les dejo esta anécdota que cuenta Domingo Arena sobre Batlle y Ordóñez. En el caso de Maduro se trata de un creyente, no así en el de Batlle, sin embargo…
    Cuenta Domingo Arena que Batlle “apuntaba un detalle emocionante: recordaba que una tarde, mientras paseaba por el jardín, llegó hasta él una magnífica mariposa, para posársele sobre su mano extendida, lo que hizo acariciar la esperanza de que la extraña y romántica visita pudiese ser un mensaje de su hija, partida meses antes”.

  3. Acá preferimos olvidarnos que los pueblos originarios, dueños de estas tierras, fueron exterminados en tanto pueblos, quedan sus descendientes, ya sin idioma, pero hacemos de cuenta que son invisibles. El 12 de octubre se llama «Descubrimiento de América», el nombre Solís sigue campando por sus respetos, la flora nativa arrasada, la historia mal contada. 15 años de gobierno de izq. han dejado todo esto intacto.

  4. Maravillosa narrativa, excelente revision de nuestra historia.
    Hay un dicho que no se donde se origino pero me gusto tanto que lo tengo en mi celular:» Si no sabes hacia donde vas, mira hacia atras y sabras de donde vienes.»
    Gran verdad! Pobrecitos los pueblos que olvidan su pasado, pobrecitos los individuos que olvidan o ignoran sus antepasados..!
    Marivollo estudio amigo Olascuaga, tiene Ud. un admirador fervoroso en mi muy humilde persona «mestiza» y muy orgulloso de mis ancestros.

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