Se reunió en México la Cumbre del Celac. Varios hechos la hicieron especial. Primera cumbre presencial. La crisis de gabinete en Argentina impidió la presencia de su presidente. Fue en su lugar el canciller F. Solá, que se enteró allí de que dejaría de serlo como consecuencia de dicha crisis. La llegada del presidente Maduro, al mismo tiempo que allí mismo transcurre la mediación noruega entre gobierno y oposición de su país. Y… el papelón de Cuquito.
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Las cumbres de organismos multilaterales no son ideológicas y deben ajustarse al temario. O no sabe y al buen manejo diplomático antepuso el marketing. Habría cierta expectativa por ser su primer presencia en Celac, un mecanismo de concertación e integración regional. Tiene como propósito “avanzar en la unidad e integración política, económica, social y aumentar el bienestar social de sus miembros”.
Le dieron la palabra y dijo “Cuba, Nicaragua y Venezuela son dictaduras”. Se ve que no fue una mera metida de pata, fue una decisión muy pensada. Lo ha hecho en las tres cumbres (Mercosur e Iberoamericana -virtuales-) en las que ha participado.
¿Lo mueve un deseo de cambiar la situación en estos tres países? ¿O le da igual lo que allí pase, pero quiere sacar tajada? Pagar favores, o peor aún, hacer un favorcito a los poderosos aunque no se lo pidan. Si le interesara lo que pasa en Venezuela, hubiera celebrado la presencia inesperada de Maduro y las negociaciones en curso en México.
Su rostro de juez del reality de TV Caso cerrado demuestra que fue todo marketing modelo Durán Barba, que para él ejecuta Roberto Lafluf, pagado por presidencia. Lamentablemente la campaña en el exterior tuvo su contrapartida en Uruguay. La noticia llegó en forma sesgada y lejana de la verdad. En forma sesgada y ajena a la realidad.
En un programa de debates televisivo, argumentó: “Yo aplaudí cuando EEUU intervino cortando la ayuda militar a Uruguay”. No, ese corte fue fruto de las declaraciones de Wilson en el Congreso. En ellas estribé, con apoyos locales, en especial, del congresista Koch, para presentar y aprobar el corte en el 76.
Logramos lo que pidió Wilson a los parlamentarios yanquis: “Que cese de inmediato la intervención de este país en los asuntos internos del mío, que se nos deje solos para encontrar el camino para derribar la dictadura”. Lo que no entendió Cuquito: no pedíamos ayuda ni intervención. Todo lo contrario.
¿Seremos capaces de separar el tema de simpatías o discrepancias con los gobiernos de los países nombrados por Durán Bar…, digo por presidente, del juicio de si estuvo bien o mal? En los grandes medios se fomenta el “tenía razón o no sobre su juicio”. Ediles blancos en el interior criticaron la injerencia.
El Uruguay en que me crié rechazaría unánimemente las declaraciones del presidente. No importaría si uno está de acuerdo o no con esos gobiernos. Lo que está en juego es si Uruguay puede arruinar una cumbre que busca la cooperación económica, juzgando e interviniendo en la situación interna de países miembros.
Lo peor es la mala fe. Cuando se impone el marketing se constata el doble discurso. ¿No acaban de decir (otra mentira) que antes de fin de año tendremos un Tratado de Libre Comercio con China? O sea, con un país comunista, de partido único, etc. ¿Por qué no le condena si se considera juez de la situación interna de otros países?
Yo no puedo creer que Iturralde, que ocupa hoy el sillón que ocupó de Wilson (¡!), no haya consultado cuando celebró los 100 años del Partido Comunista Chino. El 28 de junio envió nota al embajador chino. “El Partido Nacional saluda al Partido Comunista de China en ocasión de cumplir 100 años [y hace votos] para que continúe por los mismos caminos de respeto y consideración”.
Doble discurso. No estaban preparados.